CAPÍTULO XIV - «EL DÍA DE LA MUERTE »

 |
Nuestro saludo al c. Deland Marcelo Navarro, activo dirigente de la "Célula Haya Vive Vencera" quien difunde los comunicados "MISTICA" con información que enseña y va rescatando aquellos valores de Unión y Fraternidad que caracteriza a nuestro Partido y es el legado del Jefe.
|
Toda la noche del día anterior había durado la agonía de Haya de la Torre. No se percibía ya casi ningún gemido.
Era el 2 de agosto de 1979.
Un día antes los médicos se habían reunido con el alto mando del partido para explicarles que la vida de Víctor Raúl era cuestión de horas y que la muerte llegaría en cualquier momento.
A las siete de la mañana de ese día, 2 de agosto, en Villa Mercedes, Jorge es llamado por el grupo de enfermeras que hacían la guardia; le piden ayuda para poner en mejor posición a Víctor Raúl. Camina lentamente por el pequeño pasadizo que separa la sala del dormitorio; al entrar a este sólo escucha el sonido tenue de las máquinas que controlan el pulso de Haya de la Torre. Lo coge por un costado, muy lentamente, como tratando de no despertarlo. De pronto, observa cómo su Jefe abre los ojos y expresa una leve sonrisa al verlo. Alarga las manos, en su último esfuerzo, coge la muñeca de Jorge, la aprieta tres veces y vuelve a sonreír angelicalmente. Era el saludo aprista. Era el último contacto en vida con el hombre que lo acompañó siempre con lealtad y arrojo. Vuelve a cerrar los ojos y pausadamente suelta la muñeca de Jorge, quien le mira fijamente el rostro; no puede contener la emoción, gruesas lágrimas corren por sus mejillas. Las máquinas, ajenas a todo este drama, siguen sonando lentamente, indicando que Víctor Raúl, todavía, está con vida.
Jorge sale muy lentamente del dormitorio. Se detiene un momento en el pequeño comedor contiguo y parece verlo en la silla sentado. Se pasa las manos por su pronunciada calva. Se frota fuertemente el rostro con los dedos. Haya de la Torre había reaccionado. De pronto le pareció escuchar aún aquella vieja frase: «Ayer estuve en Moche, hoy día parto para Trujillo».
Con los ojos vidriosos, sigue caminando y casi a media voz musita:
– Fue el saludo aprista – tres veces le había apretado la muñeca.
En la sala principal hay un grupo de jóvenes que están en silencio. No hablan, están mirando hacia el vacío. «Tony» en el jardín está echado junto a la puerta que da al dormitorio de su amo. No quiere alejarse, ahí está aullando. Mueve insistentemente la cola.
Eran las 8 de la mañana del 2 de agosto.
Nunca como ese día fueron llegando los jóvenes que estuvieron cerca a Víctor Raúl. Desde Barranco, presuroso él, llega Alan García con su clásica casaca marrón. Trata de ingresar al dormitorio del Jefe.. Abre la puerta y mira fijamente el rostro de Víctor Raúl, quien parece dormir tranquilamente.
Recordaba, en esos momentos, las palabras aleccionadoras de tantos años. Trata de contener las lágrimas, pero, ahí está, llorando. Cierra la puerta y camina por el pequeño callejón hasta la sala. Mira a los que están presentes y sin decirles nada enrumba hasta el jardín. En el camino encuentra a «Tony» que está sentado en la puerta del dormitorio de Haya de la Torre. Alan se acerca, lo acaricia y «Tony» responde batiéndole la cola. En cuclillas y casi al oído le dice:
–No estarás solo, amigo.
Armando Villanueva y Luis Negreiros entran y salen de Villa Mercedes. Tratan en lo posible de disimular su dolor. En la puerta principal hay una nube de periodistas que impertérritos hacen guardia esperando alguna noticia sobre Haya de la Torre.
El día fue transcurriendo muy lentamente. Los jóvenes, esa mañana, habían poblado Villa Mercedes. Estaban los que siempre lo acompañaron en sus últimos años.
Los médicos entran y salen del dormitorio. Jorge se comunica por teléfono con Hortensia Pardo, le dice que Víctor Raúl está muy mal. Ramiro Prialé, con el rostro desdibujado y sentado en un sillón, fumando y moviendo el rostro apesadumbrado de un lado para otro, mira fijamente al vacío y de pronto parece preguntarse: ¿Por qué? ¿Por qué?
Con unos lentes oscuros, caminando lentamente, llega Carlos Enrique Melgar. Él había estado unos meses antes con Haya de la Torre en Houston, allí donde se ganó el apelativo de «Modesto». Taciturno y fumando, camina de un lado a otro. A ratos se quita los lentes y, con un pañuelo, va secando las lágrimas que a borbotones derrama. Todavía en sus oídos le repiquetean las palabras de Haya de la Torre cuando, ya casi al final del viaje a Houston, le dijo:
–Carlos Enrique, espero que después de mi muerte seas un celoso guardián de la unidad del partido – nunca olvidaría esa frase.
Eran las tres de la tarde del 2 de agosto.
Poco a poco la gente fue abandonando las instalaciones de Vitarte. Los dirigentes comenzaron a partir rumbo al partido. Muy pocos permanecieron en Villa Mercedes. Sentados en un sillón, como adivinando algo, se quedaron Óscar Oré, Luis Felipe Soller y Carmen Rosa Deza. Al costado de ellos, casi rendidos por el sueño, estaban los doctores José Ramos, Álvaro Celestino y Santiago Carranza. Eran los médicos de guardia, quienes se acostumbraron a estar las veinticuatro horas del día en Villa Mercedes.
Mientras tanto, Jorge ingresa a la cocina por breves momentos y conversa con Nury. Está muy acongojado. Vuelve a salir y sigilosamente llega hasta la puerta del dormitorio del moribundo.
Escucha el sonido de las máquinas que controlan el pulso del ilustre paciente. Las agujas se mueven y le indican que Haya sigue vivo.
Mirando al vacío, como tratando de convencerse de que no es cierto, están ahí Óscar, Luis Felipe y Carmen Rosa. Eran los únicos jóvenes de la promoción que en esos momentos permanecían en Vitarte. Tratan de aproximarse al dormitorio. Abren muy lentamente la puerta, como tratando de no hacer bulla y, de pronto, encuentran el rostro de Haya de la Torre. Está tendido en la cama y sólo escuchan el leve sonido de las máquinas. De pronto, en medio del silencio sepulcral que reinaba esa noche en Vitarte y mirando fijamente a Víctor Raúl, se les van derramando poco a poco gruesas lágrimas. Cierran lentamente la puerta y avanzan por el pequeño pasadizo rumbo a la sala. Caen pesadamente en los sillones y mirando hacia el techo, ahí, siguen llorando.
Son las siete de la noche del 2 de agosto.
El doctor Tapia y Mispireta salen casi corriendo del dormitorio y con la voz trémula preguntan por Jorge Idiáquez. Él, en ese momento, se encontraba en la cocina tomando un café bien caliente. Lo llevan a un costado y algo le dicen. Jorge tiene el rostro totalmente demacrado, sólo el reflejo de las luces hace que brille. La palidez invade terriblemente su cara. Óscar, Luis Felipe y Carmen Rosa están atentos a sus reacciones. De pronto, se aproxima al teléfono y comienza a llamar a los dirigentes. Luego de algunos minutos llega Armando Villanueva acompañado de Luis Negreiros. A grandes trancos ingresa al dormitorio, donde permanece por un buen momento.
La multitud arremolinada está en el local del partido y escucha, casi en silencio, el comunicado del Comité Ejecutivo Nacional dando cuenta, paso a paso, de la enfermedad de Haya de la Torre. Nadie quiere creer que esté tan mal. Los jóvenes de la JAP comienzan a gritar: «Víctor Raúl, Víctor Raúl». La gente se aprieta nerviosamente las manos. Muchos no resisten la noticia. Ahí están, llorando.
En Villa Mercedes los ladridos de «Tony» y «Pinta» son más intensos. Las hojas van moviéndose con mayor intensidad. El viento sopla sin cesar. Mientras tanto, los carros que transitan por la carretera Central ahí están, pasando con su clásico saludo aprista. Los periodistas siguen haciendo guardia en la inmensa puerta de hierro que los separa de la residencia.
Los médicos han llamado a Jorge y a Armando al dormitorio de Haya de la Torre. Permanecen por un largo rato. Mientras tanto, en la sala de la casa hay angustia. Nury se pasea de un lado a otro, acompañada de Marcela Bustamante; Rosita, la fiel cocinera, ensimismada, parece no atinar a nada y permanece sentada moviendo a cada rato los dedos de sus manos. Valeriano, el guardián de la casa, entra y sale y nerviosamente consume una taza de café.
De pronto, Jorge sale del dormitorio de Haya de la Torre , caminando con la mirada en el vacío y sin decir nada a nadie, avanza hacia la cocina y llama a Nury. Vuelven a ingresar al dormitorio y permanecen allí por un buen momento. Sale Jorge nuevamente y se dirige a la sala. Ahí están Óscar, Luis Felipe y Carmen Rosa, con el rostro casi suplicante; quieren alguna noticia sobre su Jefe. Jorge les dice casi angelicalmente que todo está bien, pero, sin embargo, se dan cuenta de que tiene los ojos vidriosos. Casi no resiste las lágrimas. Voltea y vuelve al dormitorio de Haya de la Torre.
Poco a poco va avanzando Armando Villanueva por el estrecho pasadizo que comunica el dormitorio con la sala y pide a todos los presentes que se reúnan. Su rostro está totalmente desencajado y casi no puede hablar. Se agarra insistentemente la frente y se muerde los labios. Luego que están casi todos juntos en la sala les dice:
–Es duro lo que les voy a decir: HA MUERTO NUESTRO JEFE.
No resiste las lágrimas, y rompe en llanto.
Un poco más tarde el mismo Armando baja hasta la puerta de hierro y ante todos los periodistas dice:
– ¡HA MUERTO VÍCTOR RAÚL! ¡VIVA HAYA DE LA TORRE !
Eran las 10:45 de la noche del 2 de agosto de 1979.
CÉLULA HAYA – VIVE VENCERÁ
Por nuestra democracia interna
Por el respeto de nuestros estatutos
Por la Restitución de la Constitución del 79
WILBERT BENDEZÚ CARPIO
COORDINADOR GENERAL
VISITA NUESTRA PÁGINA WEB RENOVADA
PARLAMENTO ANDINO – CAPÍTULO PERÚ
HACER CLICK AQUI
http://www.congreso.gob.pe/parlamento-andino/parlamento-andino.htm
www.freewebs.com/wilbertbendezu
|