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La historia de la lucha de los trabajadores y el movimiento sindical en la última centuria no podrá dejar de mencionar la presencia del APRA en la defensa de sus conquistas, las cuales se plasmo en muchas leyes que en los noventa el fujimorismo borro en un santiamén, tirando así al tacho el avance de los derechos los trabajadores que había costado muchas vidas.
Los 90 trajo también para los trabajadores un nuevo concepto, la flexibilidad laboral, introducida con la justificación de generar mayor empleo, lo que en la practica jamás produjo, fue un concepto muy difundido por los laboralistas del neoliberalismo y que para mejor entender se puede indicar que ésta significó la desprotección de los trabajadores, con el único objeto de lograr la perpetuidad de salarios miserables eliminando o en el mejor de los casos mermando la fuerza y la organización sindical, único instrumento de defensa de los mas desprotegidos en esa reilación capital-trabajo.
Para cumplir con la estrategia antilaboral se emitieron dispositivos que permitía la atomización de la organización sindical, andamiaje jurídico que hoy aun sigue vigente sin mayor diferencia que aquel que implemento y desarrollo Fujimori y que fielmente Toledo continuara con el libreto neoliberal situación que debió enmendar un gobierno que surge de una historia sindical, de enorme y gran martirologio y que se precia inclusive de ser adalid del Frente Único de Trabajadores.
Testigos de lo afirmado en el párrafo anterior están los miles de despedidos durante el periodo oscuro del fujmorismo, y quienes tuvieron dizque el privilegio de trabajar sufrieron el incremento de las horas de trabajo, recorte de vacaciones y derechos adquiridos y regulados por Convenio Colectivo, la congelación de las remuneraciones por mas de 10 años, amen de los legendarias renuncias voluntarias con incentivos, esas a las que te tenias que acoger, quieras o no, pues las puertas de la calle estaban siempre abiertas.
En la región, espero no nos equivoquemos, el Perú es el único país que no tiene un texto como la Ley General de Trabajo que regule relación capital-trabajo, una relación, por todos sabidos, desproporcionada y abismalmente adversa a los trabajadores, que se enmarque en los nuevos conceptos que introducen la correcta aplicación de la justicia laboral, y es que los detractores de la misma hacen que los derechos laborales sean contrarias a Ley y al crecimiento de las empresas.
La Ley General de Trabajo, que viene siendo un instrumento concensuado entre los actores laborales y patronales, con presencia del Estado, en las actuales circunstancias de crisis política que atraviesa el país se constituiría en uno de los canales de solución a los conflictos laborales, instrumento cuya discusión y aprobación por parte del congreso viene siendo postergada, y en esa desidia premeditada se nota la mano de los mismos laboristas y operadores del neoliberalismo infiltrados en el actual gobierno y hoy vemos una muestra de su influencia y poder que se evidencia cuando logran a la fecha evitar su discusión en el Pleno del Congreso, bajo nuevos argumentos, todos ellos retardarios.
La Ley no es un instrumento pro laboralis, pero significa un avance, la naturaleza de su discusión y elaboración no lo ha permitido, pues en la búsqueda de consensos ambos lados han tenido que hacer concesiones e inclusive con el riesgo de desnaturalizar la naturaleza de algunos conceptos, como por ejemplo los contratos sujetos a modalidad concretamente los de Necesidad de Mercado, cuyo rasgo principal es su eventualidad, y que como conocemos la misma que obedece siempre a un incremento del mercado y es lo que hace que el empleador contrate solo y en tanto se mantenga ese pico que le significa la demanda del mercado, sin embargo el proyecto a considerado que estos contratos tengan la duración de un año, lo que distorsiona esta modalidad de contratación, siendo este uno de los errores que le corresponderá por ejemplo dilucidar el pleno.
La historia sindical del aprismo compromete a sus representantes en el congreso a hacer los puentes con quienes coincidan en la defensa de los derechos de los trabajadores, que si nos comemos sapos con el fujimorismo sea la defensa de los trabajadores el digestivo adecuado para retomar una línea correcta en la política general del gobierno.
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