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Barack Obama le cambia el color a Estados Unidos de América

Arrolladora victoria del candidato demócrata. El candidato demócrata Barack Obama hizo historia anoche al convertirse en el primer presidente negro de la nación más poderosa del mundo.

Washington y Chicago. AP y EFE.

 
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Regocijo. Obama se presentó con su familia ante sus seguidores, a quienes dedicó este triunfo electoral sin precedentes.
 
 
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Euforia. Los seguidores del candidato demócrata celebraron con fervor el cambio de gobierno. Estaban hartos de Bush.
 
 
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El virtual presidente electo de Estados Unidos, Barack Obama, dijo que su elección es "la respuesta" a las peticiones de muchos y que representa que "el cambio ha llegado".

"El sueño de esta nación está vivo", sentenció.

Obama compareció a las 5 GMT (medianoche, hora de Perú) ante decenas de miles de personas congregadas en el Parque Grant de Chicago, poco después de que el candidato republicano a la presidencia, el senador John McCain, aceptara su derrota.

En los primeros minutos de su discurso, Obama afirmó que con su victoria los estadounidenses "han enviado un mensaje al mundo. Que no somos una colección de estados rojos (republicanos) o azules (demócratas). Somos y siempre seremos los Estados Unidos de América".

El senador por Illinois, que el 20 de enero se convertirá en el primer presidente negro del país, agradeció a su esposa e hijas su apoyo y declaró que echa de menos a su abuela, que murió el lunes.

Mientras, 70.000 gargantas congregadas en las cercanías del estrado cantaban el lema de la campaña "Sí podemos".

"No empezamos con mucho dinero o apoyos. Esta victoria se edificó con gente normal y corriente que dio lo que pudo. Esta es vuestra victoria", exclamó.

Obama, que apareció tranquilo y relajado tras una campaña electoral que para muchos parecía eterna, no vaciló una sola vez durante sus 16 minutos de discurso.

Minutos antes, había recibido el saludo telefónico de John McCain y del propio George W. Bush,

"Qué noche tan asombrosa para usted, su familia y sus seguidores", le dijo el actual Presidente, antes de prometerle una transición fácil hacia la Casa Blanca.

EXPLOSIÓN EN VOTOS

Una hora antes, el Parque Grant de Chicago había explotado cuando la cadena de televisión CNN anunció que Obama había superado la barrera de 270 votos electorales.

Abrazos, gritos y lágrimas de júbilo y brazos en alto eran las imágenes que dominaban. El sentimiento en Chicago era que la ciudad se había convertido en el centro de un momento histórico para el país.

No era para menos. Obama hizo historia con una sólida victoria sobre John McCain tras ganar en estados reñidos como Ohio, Iowa, Florida y Virginia, que se sabía definirían estos comicios.

Esos estados habían votado por George W. Bush en el 2004 y eran considerados vitales para las esperanzas de Obama.

Su victoria en Virginia es especialmente notable si se tiene en cuenta que no votaba por un demócrata desde 1964.

El candidato demócrata asestó también otros dos golpes duros a John McCain al triunfar en Nueva Hampshire y Pensilvania, estados tradicionalmente demócratas que su rival intentó incorporar a las filas republicanas.

Pensilvania era considerado un botín particularmente codiciado, con sus 21 votos electorales.

Hillary Rodhman Clinton, la esposa de Bill Clinton, había logrado una victoria holgada ante Obama en ese estado en las internas demócratas y McCain pensó que eso le abría una posibilidad.

ESPERA EN FAMILIA

Obama observó los primeros resultados en un hotel del centro de Chicago y luego se fue a su casa a cenar con su familia, tras una agotadora campaña de 21 meses.

El triunfo en Pensilvania fue recibido con particular bullicio, ya que ese era el estado demócrata al que McCain le había dedicado su mayor esfuerzo. En términos generales se cumplieron los pronósticos y la diferencia la marcaron Ohio, Iowa, Virginia y la Florida.

Los demócratas ganaban además bancas en las dos cámaras del Congreso y reforzaban así su mayoría.

Joe Biden, compañero de fórmula de Obama, retuvo su banca senatorial en Delaware. Si logra la vicepresidencia, esa banca será ocupada por una figura elegida por el gobernador demócrata de Delaware.

Los demócratas John Kerry (Massachusetts), Frank Lautenberg (Nueva Jersey) y Richard Durbin (Illinois) conservaron sus bancas en el Senado, lo mismo que los republicanos Lamar Alexander (Tenesí) y Susan Collins (Maine). La republicana Elizabeth Dole, no obstante, perdió su banca ante el demócrata Kay Hagan en Carolina del Norte.

PARTICIPACIÓN HISTÓRICA

Los estadounidenses formaron el martes largas filas para depositar su voto en las elecciones, en las que se pronostica una asistencia sin precedentes a las urnas y las cuales podrían cambiar el rostro de una nación asediada por su peor crisis económica en casi 80 años y que mantiene tropas de ocupación en Irak y Afganistán.

Las entrevistas con los votantes indicaban que casi seis de cada 10 mujeres apoyaban a Obama, y que los hombres preferían al demócrata por un ligero margen. Poco más de la mitad de las mujeres blancas apoyaba a John McCain, dándole una ligera ventaja en un grupo que respaldó en forma arrolladora al presidente George W. Bush en el 2004.

La economía era por mucho el tema más relevante en las mentes de los votantes.

Una encuesta a boca de urna, aplicada por The Associated Press, detectó que seis de cada 10 votantes en Estados Unidos mencionaron la economía como el problema principal del país.

Ninguno de otros cuatro temas enumerados en la lista –energía, Irak, terrorismo o atención a la salud– fue elegido por más de uno de los 10 entrevistados.

Los resultados se basan en una muestra parcial de casi 10.000 electores a la salida de las urnas, así como en entrevistas telefónicas hechas la semana anterior a quienes emitieron su voto anticipado.

CONTROL EN EL CONGRESO

La oposición demócrata logró mantener el control de la Cámara de Representantes de Estados Unidos, en unos comicios marcados por una cifra récord de participación en las urnas.

"Es la noche que hemos estado esperando", dijo la presidenta de la Cámara de Representantes, Nancy Pelosi, pese a que varios estados aún no han arrojado resultados oficiales.

En estos comicios, los estadounidenses acudieron a las urnas para elegir no solo al próximo presidente del país sino también para renovar la totalidad de los 435 escaños de la Cámara de Representantes, un tercio del Senado y 11 gobernadores.

Los demócratas, que antes de los comicios contaban con un total de 235 escaños contra 199 republicanos y una vacante en la cámara baja, lograron mantener el control de ese órgano legislativo y podrían aumentar sus escaños a lo largo de la jornada.

Los republicanos, por su parte, ven agriarse sus esperanzas al sufrir una aplastante derrota en Connecticut, donde el representante Christopher Shays, el único republicano en la región de Nueva Inglaterra, perdió la reelección frente al demócrata Jim Hines.

La combinación de la probable victoria del candidato presidencial demócrata, Barack Obama, y una mayoría demócrata en ambas cámaras del Congreso –algo que solo ocurrió con Bill Clinton, en 1992–, le permitirá a la oposición avanzar su ambiciosa agenda en la sesión legislativa de enero próximo.

La lista de prioridades incluye un cronograma para la retirada de las tropas estadounidenses en Irak, ampliar los recortes tributarios para la clase media, expandir la cobertura médica para los niños y la aprobación de un segundo plan de estímulo.

También querrán promover una mayor regulación del sector financiero, a raíz del descalabro en Wall Street precipitado en parte por los problemas del sector hipotecario.

Sin embargo, el analista John Fortier, del conservador American Enterprise Institute, dijo que, en medio de un gran déficit fiscal y la mayor crisis económica desde la Gran Depresión de los años treinta, Obama y sus correligionarios "tendrán que ser pragmáticos en su lista de prio‘ridades".

CLAVES

Efecto bush. Según observadores, la crisis económica y la impopularidad del presidente George W. Bush han causado en gran parte la derrota de los republicanos en las urnas.

Cámara de representantes. La oposición demócrata logró mantener el control de la Cámara de Representantes de Estados Unidos, en unos comicios históricos marcados por una cifra récord de participación ciudadana en las urnas.


"Estamos haciendo historia"

Se ha extendido una corriente de euforia entre los jóvenes afroamericanos de Washington DC, una ciudad mayoritariamente negra que ya celebra su victoria.

La Universidad Howard, un centro con mayoría de estudiantes afroamericanos, ha vivido el recuento de votos con una gran fiesta, que esperan culminar con la proclamación de Barack Obama como el primer presidente negro de Estados Unidos.

Más de 1.000 jóvenes reunidos en el gimnasio del complejo universitario, con camisetas, chapas y otros complementos de su candidato, seguían en grandes pantallas los resultados electorales, estado por estado.

Cada vez que Obama sumaba un triunfo en el recuento, el edificio temblaba, con expresiones de júbilo, abrazos e incluso lágrimas, anticipando una jornada que puede ser inolvidable para muchos de ellos.

"Estamos haciendo historia", dijo a la agencia española EFE Conrey Briscoe, vicepresidente de la organización de alumnos.

 

Peru 21
Opinión | Mié. 05 nov '08

Segunda mitad

El gabinete Simon se presenta ante el Congreso.
Autor: Augusto Álvarez Rodrich
El día de mañana, cuando el gabinete presidido por Yehude Simon se presente ante el Congreso, es un momento clave para el gobierno. No tanto por el riesgo de que el nuevo Consejo de Ministros no obtenga el voto de confianza que va a solicitar, el cual está asegurado, sino porque esta presentación debería servir para establecer, con claridad, los objetivos de una administración que ingresa a la segunda mitad del período para el que fue elegido.

Entre los temas que la oposición ha solicitado que estén incorporados en la agenda de temas prioritarios del nuevo gabinete se encuentran la corrupción, la crisis económica y los conflictos sociales. Se trata, sin duda, de tres asuntos cruciales en el momento actual, que seguramente serán abordados por el gabinete Simon.

El primero –la corrupción– es fundamental si se tiene en cuenta la relevancia que la opinión pública le ha puesto a la sensación de falta de honestidad en el sector público debido a la crisis de los 'petroaudios’.

La respuesta a este grave problema no se encuentra, ciertamente, en meros impulsos de entusiasmo o de voluntarismo, como fue la ONA, sino en planes bien estructurados para atacarlo desde la raíz. Es necesario el reforzamiento de la capacidad de identificar los robos en el sector público, así como de aplicar las sanciones más rigurosas ante estos casos.
Finalmente, también es importante la señal que proyecte el sistema político en la próxima designación del contralor general de la República.

El segundo tema relevante en el discurso de mañana del nuevo premier debiera ser el enfrentamiento correcto y oportuno de las consecuencias de la crisis financiera internacional que se encuentra en pleno proceso evolutivo, incluyendo el reforzamiento de la capacidad de comunicación con todos los agentes económicos –consumidores y productores– con el fin de que se puedan tomar decisiones oportunas y que no haya un susto exagerado, ni se nos pase la misa de once si las cosas se complican mucho.

El tercer componente de la agenda del gabinete debería ser una mejora sustantiva en la capacidad de enfrentar oportunamente los casi 200 conflictos sociales que hay en todo el país, pues la explosión de varios de ellos pueden mellar bastante al gobierno.
César Hildebrandt

¿Obama o McCain? ¡Me da lo mismo!

Mientras escribo estas líneas el mapa electoral del New York Times empieza a colorearse de azul y celeste por el noreste y de rojo y rosado por el centro, dando un indicio de que la pelea será más recia de lo previsto aunque el triunfo de Barack Obama parece estar más cerca por los votos electorales que lleva de ventaja (81 contra 8 a las 9:30 hora estándar del este). Que McCain no es un cadáver lo demuestra Fox News, que insiste en crear el clima que en las elecciones pasadas le permitió al aparato corporativo-militar organizar el robo de las elecciones en favor de George Bush.

Supongo que algo de justicia y un poco de ciudadanía queda en el voto popular de los Estados Unidos, un país que ha convertido la democracia en un juego de dos partidos muy parecidos, la libertad de expresión en un negocio para los Rupert Murdoch y el capitalismo –ayer creativo y pujante- en un lío entre bandas bancarias.

A mí me gusta Norteamérica. Me eduqué leyendo a sus novelistas, me emocionaron sus películas y admiré siempre su papel decisivamente antifascista en la segunda guerra mundial.

Tenía quince años y estaba interno en el colegio militar cuando nos llegó la noticia del asesinato de John Kennedy.

No lo podíamos creer. ¿Kennedy muerto por un pobre diablo que le disparó con un rifle de 70 dólares desde lo alto de un almacén de libros? Era una de esas noticias que vienen con un misterio infame incorporado.

Las discusiones de los muchachos de esa época se basaban en el duelo fenomenal que la historia nos había impuesto como espectáculo: en la Cuba donde antes Frank Sinatra iba a cantar y a drogarse un grupo de barbudos liderado por un titán de la dignidad latinoamericana estaba haciendo lo que nadie se había atrevido a hacer; en los Estados Unidos que por mil razones no podíamos odiar, un presidente joven y por primera vez católico estaba tratando de establecer lazos distintos con países como el nuestro y para eso había creado la Alianza para el Progreso, el primer marco continental de una relación comercial más fluida y menos asimétrica.

El año anterior, sin embargo, habíamos estado al borde de la desaparición. En octubre de ese 1962 aterrador, Estados Unidos había estado a punto de bombardear atómicamente a Cuba, la isla de los barbudos numantinos. La serenidad de la dirigencia comunista de la Unión Soviética –hay que decirlo- nos había salvado de un holocausto planetario.

Y todo eso era consecuencia de la invasión que en 1961 Washington había organizado desde Guatemala en contra de Cuba. Fue a partir del desastre de Bahía de Cochinos que Fidel Castro convenció a Nikita Kruschev de que montara misiles nucleares de alcance medio en el centro de la isla y apuntando a blancos norteamericanos.

Discutíamos mucho sobre esos asuntos. Y muchos pensábamos que a Kennedy los halcones le habían doblado la voluntad y la CIA lo había mentalmente secuestrado y las provocaciones de Castro lo habían puesto contra la pared.

Pero también pensábamos que el intento de invadir Cuba había sido algo muy sucio y que Fidel Castro había sido conducido al padrinazgo de los rusos por la incomprensión de la administración Kennedy y el sabotaje a tiendas, almacenes, fábricas y cosechas que la CIA había financiado con la ayuda de los cubanos disidentes que todavía estaban en Cuba.

En medio de nuestra ingenuidad de mozalbetes nos preguntábamos: ¿Cómo puede haber cubanos que se opongan a la gesta independentista de Castro?

Ignorábamos, por supuesto, qué estaba construyendo el líder cubano. Al principio pensamos que eso era el socialismo que anunció en el discurso de 1961, un marxismo matancero y alegre, libertario y nuevo.

Pero al poco tiempo encerraron a Hubert Matos, el jefe de los barbudos en Camagüey. Y poco después vino la guerrilla del Escambray, al mando de otro revolucionario del Movimiento 26 de Julio –Eloy Gutiérrez Menoyo-. Y después llegó el aplauso de Castro a la invasión soviética de Checoslovaquia. Y al mismo tiempo la campaña y reclusión de los homosexuales que afeaban tan viril proceso. Y para remate llegó el asqueroso caso de Heberto Padilla, el mejor poeta de su generación obligado por el propio Castro a decir en público que era un agente de la CIA, que su contacto era un periodista canadiense que se había fugado de la isla y que solicitaba el perdón de sus compatriotas para sus vastos crímenes.

Allí nos dimos cuenta –pero ya teníamos 23 años y éramos unos viejos y hubiese sido el colmo que no nos hubiésemos dado cuenta de lo evidente- de que Castro había suprimido toda libertad en nombre del futuro, toda crítica en homenaje a la paz marxista y cualquier asomo de dignidad individual en nombre de las multitudes que cada vez lo amaban menos y le temían más.

Y en cuanto a Kennedy, ese fue otro mito que el tiempo derribó. Y no es que nos enteráramos solamente de sus vicios privados y sus hipocresías al escoger. Es que tuvimos que llegar a la conclusión de que el presidente que iba a cambiarlo todo no había cambiado nada. En lo que se había esmerado, más bien, era en concederle más territorio del que ya tenía al aparato industrial-militar. Y tampoco era cierto que al momento de ser asesinado tenía planes para retirarse de Vietnam del Sur.

Kennedy había llegado como Barack Obama a la política de los Estados Unidos: como una ola de limpieza y renovación, de idealismo y regeneración. Cuando lo mataron ya era, sin embargo, el presidente espectral que la derecha norteamericana había soñado. Sus mil días no tuvieron nada de épicos, como sostuvieron sus biógrafos amigos. Fueron gris continuación de los días de Eisenhower, que habían sido a su vez extensión de los de Truman: días de voracidades, de United Fruit y Rockefeller gobernando al alimón. No Tocqueville, sí Hearst.

Así que así fue como nos quedamos huérfanos los que jamás accedimos a callar ante el imperio vulgar de los Estados Unidos ni ante el imperio hipócrita y aun más criminal de la Unión Soviética ni ante la equidistancia mentirosa de Haya de la Torre y Perón (peones de Washington) ni ante la farsa de la Cuba estalinista.

Pero preferimos la orfandad a la mentira. Y desde esa carencia de iglesias y paraguas, desde la intemperie de siempre, ahora que vemos tan matizado el mapa electoral de los Estados Unidos la verdad es que no nos cuesta reiterar lo que hemos ya escrito en esta columna y dicho en televisión: con McCain o con Obama nada de lo que debería de veras cambiar habrá de cambiar en el país con más poder y menos razones del planeta.
 
   
     
 

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