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"LUIS ALBERTO SÁNCHEZ Y EL CONVERSATORIO UNIVERSITARIO DE SAN MARCOS"
(TITO LIVIO AGÜERO VIDAL)
"...una generación que ha hecho historia en un doble significado: el de ser protagonistas de un acontecimiento histórico y el de haber realizado obra de historiadores. El año de 1919 esos jóvenes universitarios casi no superaban en edad la veintena (eran todos nacidos en la década del 90, salvo Basadre y Sánchez) no obstante su juventud promovieron desde ese conversatorio un movimiento de revisión y empezaron a diseñar un programa de análisis de las cuestiones fundamentales del país desde el ángulo del acontecer histórico. El Perú empezaba con aquellos a tener conciencia de sí mismo"
Luis Alberto Sánchez, Raúl Porras Barrenechea, Ricardo Vegas García, Guillermo Luna Cartland, Carlos Moreyra y Paz-Soldan y Jorge Basadre. Se publico esta foto con un comentario de José Gálvez, en que los bautizaba como la Generación Centenario.
"En el Conversatorio se discutía no sólo de los problemas de la universidad, sino también de los que se referían a la situación del país y a sus antecedentes históricos. La prueba es que en la relación de sus integrantes figuraban no sólo quienes habrían de destacar en el proceso universitario y en las luchas políticas, sino también en el esclarecimiento del pasado histórico de nuestro país"
La lejana Lima de las dos primeras décadas de este siglo fue el escenario de un acontecimiento realmente singular, la Universidad de San Marcos, una de las casas de estudio con mayor abolengo, tradición e historia de toda América, había dejado su papel rector y dirigencial de la cultura peruana. Los principales focos de irradiación ya no se localizaban en sus aulas, como tampoco los escritores más destacados y los pensadores más relevantes ocupaban sus cátedras. Si uno quería tener un contacto cercano con la intelligentzia del país tenía que salir a buscarla en las calles, en la redacciones de las revistas o periódicos, en las tertulias de los círculos literarios o en las nuevas asociaciones de pensamiento que se habían creado, no sólo al margen de la Universidad sino inclusive en abierta y directa confrontación con ésta. Por este motivo no podía sorprender que Manuel González Prada (1848-1918) como Abraham Valdelomar (1888-1919) y José Carlos Mariátegui (1894-1930) hayan tenido un discurso antiacadémico y antiuniversitario.

En este panorama un grupo de estudiosos e intelectuales, vinculados a las ramas de la filosofía, como Alejandro Deustua (1849-1945) y a las letras como José de la Riva Agüero (1885-1944) y Víctor Andrés Belaúnde (1883-1966), todos miembros de la denominada generación de 1905, ya sea desde la cátedra o los libros, trataron de dar un nuevo curso a la Universidad, aunque este intento de "reforma" fue hecho desde arriba, pues no contó con la participación activa de los otros estamentos universitarios, especialmente de los alumnos. Las grandes dotes intelectuales y el enorme prestigio que sus investigaciones les daban determinaron que se constituyesen en un referente obligatorio para todo universitario sanmarquino que quisiera huir de la mediocridad y la monotonía permanente y cotidiana de las aulas.

Un grupo de estudiantes, todos ellos de la Facultad de Letras y de la especialidad de Historia, y que mostraban a su corta edad ansias enormes por emprender nuevas aventuras intelectuales, sintieron que aquellos profesores, especialmente los afines a su carrera, como Riva Agüero y Belaúnde, eran un "espejo" en el cual ellos podían mirarse. Lo arielistas o novecentistas, como también se les conocía a estos consagrados hombres de letras, conocedores de la ascendencia que tenían sobre aquellos muchachos los convocaron a sus reuniones semanales y los invitaron a colaborar con artículos y ensayos en su revista Mercurio Peruano. Sánchez recuerda en 1969, ya totalmente distanciado de sus otrora maestros, con cierta ironía o burla fina, cómo eran aquellos sesiones.

                        "A mediados de 1918, Víctor Andrés Belaúnde, de quien Porras era antiguo amigo y admirador fundó la revista Mercurio Peruano y organizó las reuniones de los martes, en su casa de la calle Juan Pablo. En uno de sus típicos arrebatos verbales Víctor Andrés Belaúnde llamó a su grupo la protervia, dando al término un tinte elogioso. Esta protervia era una pequeña maffia de gentes conservadoras, afanadas en parecer inquietas, intelectuales y eruditas, cuya rebelión duraba tres horas semanales. Hacia las 11.30 de la noche, la insurgencia moría en la jicara de un sabroso chocolate virreynal, sopeado con tostadas y bizcochos olorosos y sápidos. Acudían ahí muy pocos jóvenes Porras, Leguía, Vegas y yo...Cuando presidía Víctor Andrés Belaúnde, monopolizaba la palabra. Surgían los giros gráficos a que era tan adicto: así por ejemplo, llamaba comederos a los cargos públicos. Otras veces se planteaban temas específicos. Una noche, Losada y Puga con su atronadora voz académica propuso: Vamos a discutir hoy sobre el heroísmo. Mire a Raúl Porras; bajó los ojos hurtando una sonrisa. Jorge Guillermo se frotó las manos, tras la espalda. Ricardo Vegas me quedó mirando muy serio, como cuando quería no romper a carcajadas. Este martes ni me quedé al chocolate" (1) .

De ningún modo los jóvenes se limitaron a asistir a los conciliábulos arielistas; ellos no querían convertirse en meros espectadores: aspiraban a tener un rol no sólo en el futuro de la vida cultural peruana sino también en el presente. Como producto de esta inquietud de trascender intelectualmente apareció el Conversatorio Universitario en 1919. Sus integrantes, como ya adelantamos, eran todos sanmarquinos y estudiantes de Historia, y además se habían formado bajo el magisterio del gran historiador chileno don José Toribio Medina (1854-1931), quien estuvo en el Perú en dos oportunidades, en 1921 y 1930, y cuyo archivo y biblioteca era una de las más valiosas de todo el continente.

                        "La admiración que la generación del centenario, mejor dicho el Conversatorio Universitario profesaba a don José Toribio Medina, era antigua y profunda. Quien quiera que haya estudiado la historia, la literatura, el derecho, la cultura latinoamericana durante los trescientos años de virreynato evalúa perfectamente la deuda contraída con Medina" (2) .

Jorge Puccinelli ha ratificado el peso intelectual que tuvo este prestigioso hombre de letras sobre estos futuros historiadores.

                        "...los José-toribios se llamaron irónicamente entre sí los de más definida orientación historicista, en clara alusión al magisterio de Medina"(3) .

Además de pasar por el filtro de las enseñanzas de Medina también tuvieron una decidida y activa participación en la Reforma Universitaria de 1919 que tuvo como centro la Facultad de Letras. Sánchez recuerda a Raúl Porras Barrenechea y a Guillermo Luna Cartland como los decididos directores de este movimiento de reivindicación juvenil, cuando en las oficinas del diario La Razón, de José Carlos Mariátegui y César Falcón, se reunían todas las mañanas para planear la estrategia y táctica a seguir.

 
Luis Alberto Sánchez
 
 
Tito Agüero Vidal
 

"Fue ahí donde nació la Reforma Universitaria, o, al menos, donde se fortaleció y orientó el movimiento ...Para dar vida a la Reforma había que realizar una campaña periodística: es lo que hicimos y a la que cooperó con actividad y desinterés La Razón. En sus columnas, Porras, Guillermo Luna Cartland y Humberto del Aguila, vaciaban sus críticas cada vez más punzantes y demoledoras. No hablaban de sistemas. Porras nunca fue un guerrero de vasta estrategia, sino más bien un guerrillero valeroso y audaz. En esa ocasión aplicó toda su ciencia satírica y su conciencia limeña contra éste, ese y aquel catedrático tachado a fin de demoler el muro sacando piedra por piedra, ladrillo por ladrillo. Todas las mañanas, a las once nos reuníamos en la sala de redacción, a la vista y paciencia de Mariátegui y Falcón que asistían sonrientes a nuestras alegres y bélicas sesiones. Para orientar la campaña en Medicina, núcleo central de los ataques, actuaban Lorente y Caravedo" (4) .

Aunque, si bien el Conversatorio Universitario surge en 1919, se remontan en realidad al año de 1917, según el mismo Sánchez, fecha en que la ascendencia de los catedráticos arielistas era todavía muy fuerte, cuando Belaúnde en una brillante conferencia propuso una serie de acciones concretas con el fin de dinamizar y oxigenar la Universidad de San Marcos.

                        "En esa Federación de Estudiantes de 1917 se escuchó una conferencia de Víctor Andrés Belaúnde, quien había dado una vuelta por América y volvía con algunas ideas nuevas. Una de ellas fue la de los Seminarios y Conversatorios que está inserta en un folleto titulado La vida universitaria. Entonces decidimos nosotros, ya que los Seminarios resultaban un poco intrincados, hacer un Conversatorio que siempre resultaba más fácil. Al fin y al cabo parece tertulia y las tertulias son más gratas que los Seminarios, y así fundamos el Conversatorio con un ánimo bien concreto" (5) .

De inmediato, Raúl Porras Barrenechea (1897-1960) y Jorge Guillermo Leguía (1898-1934), los más entusiastas y dinámicos del grupo, lanzaron la iniciativa de hacer efectiva la idea de Belaúnde. Ricardo Vegas García, Manuel Abastos, Guillermo Luna Cartland, Carlos Moreyra Paz Soldán, José Quesada, José Luis Llosa Belaúnde, Jorge Basadre y por supuesto Luis Alberto Sánchez fueron los otros integrantes que se sumaron a la propuesta de Porras y Leguía (6) . David Sobrevilla hace una rápida presentación de este proceso tomando fundamentalmente como fuente la versión que diera Jorge Basadre.

                        "El año 1919 como una derivación del Comité de Reforma Universitaria formado el mismo año, se organizó el Conversatorio Universitario, con la finalidad de presentar sus puntos de vista del ambiente que precedió y rodeó a la emancipación (Jorge Basadre). El ciclo de conferencias tuvo lugar el año siguiente como una preparación a la celebración del centenario de la independencia política el 28-7-1821" (7) .

Efectivamente, faltaban sólo pocos años para celebrar el centenario de la independencia del Perú (1921), pero Sánchez tiene una lectura distinta que Basadre sobre las verdaderas intenciones que ellos tuvieron: se pensó escribir una historia alternativa a la oficial o convencional.

                        "Se acercaba el primer Centenario de la Independencia del Perú, de esa Independencia que dicen que no fue Independencia, pero que la seguimos celebrando con Somos Libres y todo lo demás...y pensamos los jóvenes de entonces que podíamos intentar escribir una historia distinta de la que circulaba y emprendimos por eso el estudio de la época de la Independencia" (8) .

El objetivo trazado, si seguimos a Sánchez, dejaba ver la inconformidad de estos universitarios con lo que eran hasta ese entonces las líneas directrices de la historiografía peruana.

                        "...la idea era estudiar, al margen de todo criterio tradicional, los orígenes y desarrollo del movimiento emancipador del y en el Perú. Queríamos producir una nueva historia de ese período" (9) .

Así, llegada la fecha se realizaron sendas conferencias, algunas de las mociones presentadas fueron incluso publicadas, como en los casos de Jorge Guillermo Leguía ("Lima en el siglo XVIII"), Raúl Porras Barrenechea ("Don José Joaquín de Larriva") y Sánchez ("Los poetas de la revolución")(10) . Las demás exposiciones no llegaron a editarse, eso sucedió con Ricardo Vegas García que habló sobre Lord Cochrane, y con Manuel Abastos, que disertó sobre Bartolomé Herrera.

                        "Posteriormente, el mismo día de la celebración, apareció una fotografía de los conferencistas, acompañados de Ricardo Vegas García, Guillermo Luna Cartland, Carlos Moreyra y Paz-Soldan y Jorge Basadre, con un comentario de José Gálvez, en que los bautizaba como generación del centenario. Después se ha hecho usual denominar a Leguía, Porras, Sánchez y Basadre como miembros de la generación de 1919 o de la reforma universitaria"(11) .
 
La audacia que mostraron no se redujo sólo a dar un conjunto determinado de charlas, pues como su mirada era mucho más amplia que la de los universitarios comunes que habían estudiado y estudiaban todavía en la Universidad de San Marcos, siguieron realizando diversas actividades de diversa índole. Para comenzar y en actitud paralela -y por que no decirlo desafiante- frente a sus maestros, comenzaron a reunirse semanalmente para leer, discutir y debatir sobre los diversos temas que salían después de la lectura colectiva de un libro.

                        "El Conversatorio Universitario dió lugar a otras conversaciones, que se realizaron en la casa de Raúl Porras...Nos reuníamos los lunes y no sé si expresa o implícitamente, queríamos competir con los martes de Víctor Andrés Belaúnde que en la calle Juan Pablo reunía La protervia con los chocolates de El Mercurio Peruano que empezó a aparecer en 1918. Pero nuestras reuniones fueron los lunes y eran reuniones en las cuales más que conversar, leíamos; se escogía un libro, se leían páginas y se comentaban después de un chocolate, que desde luego no siempre se tomaba allí sino que íbamos al Palais Concert en donde nos esperaban hasta las 12 de la noche" (12) .
 
Juan de Dios Guevara nos recuerda que en estas reuniones de estos jóvenes estudiantes universitarios de historia la política no fue una materia ajena a sus preocupaciones.

                        "En el Conversatorio se discutía no sólo de los problemas de la universidad, sino también de los que se referían a la situación del país y a sus antecedentes históricos. La prueba es que en la relación de sus integrantes figuraban no sólo quienes habrían de destacar en el proceso universitario y en las luchas políticas, sino también en el esclarecimiento del pasado histórico de nuestro país" (13) .

Como era de esperarse tampoco se quedaron sólo en el estudio y en las reuniones. Se dedicaron a realizar otras tareas vinculadas con su profesión. Sánchez, por ejemplo, recuerda que todos ellos se avocaron a trabajar con ahínco en la Biblioteca Nacional.

                        "...organizar el catálogo de la valiosísima y caótica colección de Papeles Varios (unos tres mil volúmenes) en que don Ricardo Palma había coleccionado, con diligencia y amor pero sin orden, cuanto folleto y hoja impresa cayó en sus manos, durante los veintitantos años de Director de la Biblioteca Nacional" (14) .

Según mención de Ismael Pinto, Sánchez con sus compañeros, también realizaron una importante labor en el Salón América.

                        "No debemos olvidar que, igualmente, Luis Alberto Sánchez dedicó algunos años de su vida a la Biblioteca Nacional, de la que  llegó a ser director. Allí, trabajó hombro a hombro con sus pares del Conversatorio Universitario, en la clasificación de los riquísimos fondos que constituían el denominado Salón América, que fuera devorado luego por el incendio del año 43" (15) .

Pero junto a las inquietudes propiamente intelectuales se encontraban simultáneamente las ideológicas y políticas y con ellas también las primeras acciones concretas de rebeldía. Recordemos, que ya habían participado en el Comite de Letras que había impulsado la Reforma Universitaria, cuando en la misma fecha del mencionado centenario, Sánchez junto con Manuel Abastos y Víctor Raúl Haya de la Torre fueron los artífices de un acto de solidaridad con el gobierno mexicano, que por esos años se había constituido en un símbolo para los jóvenes progresistas del Perú y de toda la América Latina.

                        "Pero eran los días de la Revolución Mexicana, de la que nuestra generación, y en especial Haya de la Torre, estábamos orgullosos. Vasconcelos acababa de ocupar la Rectoría de la Universidad Nacional de México después de su exilio en el Perú de 1916 a 1917. Uno de los más altos exponentes de la intelligentzia revolucionaria, exmiembro del famoso Ateneo de la Juventud y compañero de Vasconcelos, el filósofo Antonio Caso, llegó como Embajador Extraordinario de México a las fiestas del centenario. A pesar del receso, resolvimos recibirlo en San Marcos. Capitaneados por Haya de la Torre rompimos las puertas del Salón General de la vieja Casa, y ofrecimos nuestro libre homenaje al Maestro, autor de La Existencia como Economía y como Caridad y Drama Per Música. Haya presidió la actuación teniendo a su derecha al maestro Caso. Hubo cuatro discursos: el de Haya, el de Manuel Abastos, el mío y el de don Antonio, quien respondió con un mensaje lúcido y optimista. Al finalizar, improvisamos una manifestación callejera a favor de México. La policía no se atrevió a detener al juvenil cortejo que rodeaba a un hombre bajo, moreno, de mentón audaz como una proa, cabello abundante e hirsuto, y que saludaba majestuosamente a las gentes que lo aplaudían. Al llegar a la casa de la Embajada Especial, en el Pasaje Velarde, Caso pronunció otro discurso. Luego nos obsequió libros suyos, de Vasconcelos, de López Velarde, de Jesús T. Acevedo, de García Icazbalceta, de lo más representativo de su patria. Fue una tarde memorable: la única nota vivida en medio del ambiente cortesano de la amaestrada conmemoración"(16) .

Pero sin lugar a dudas sólo cuando la mayoría de ellos accedió a la cátedra universitaria en la misma Universidad de San Marcos sus cualidades y dotes historiográficas, reconocidas ya por algunos sectores de la intelectualidad, alcanzaron un reconocimiento mayor. Este acceso redundó positivamente en sus investigaciones, pues no sólo perfilaron más nítidamente sus preferencias temáticas sino que también las nuevas responsabilidades asumidas los estimularon o obligaron a desarrollar, mejorar y pulir su metodología de trabajo e investigación, a consolidar sus respectivos marcos teóricos, a emprender ambiciosos estudios, etc. Aunque no habían dejado de ser todavía en el fondo los impetuosos e impulsivos estudiantes que decidieron allá en 1917 hacer un corte en la investigación histórica del Perú.

Augusto Tamayo Vargas, quien fuera uno de sus alumnos, reconoce la enorme trascendencia que tuvo para su promoción la presencia de estos nuevos profesores universitarios.

                        "Quiero repetir aquí algo que dije hace algún tiempo. En los años emotivos de la década del 30, las promociones de estudiantes que embargados de una nueva emoción fundaban Seminarios de Cultura y Centros de Estudios Peruanos y que concebían su acción rebelde como fruto precisamente de su calidad de universitarios recibieron lecciones de profesores jóvenes que habían irrumpido en el ámbito de San Marcos con un nuevo sentido de interpretación de la realidad, de ahondamiento de nuestros problemas, pero a la vez con afirmación de que ellos debían ser abordados sin perder la visión del mundo y del hombre universal; y con una conciencia de que había que hacerlo con criterio científico, con una técnica -si así puede llamarse- más allá de todo simple impresionismo o de una asimilación absurda de conocimiento sin dirección. La presencia de profesores como Luis E. Valcárcel, como Jorge Basadre, como Jorge Guillermo Leguía, como Manuel Abastos, como Luis Alberto Sánchez, como Raúl Porras Barrenechea, formaban al lado de las más antiguas figuras de Alberto Ureta, de José Gálvez, de Julio C. Tello, de Mariano Ibérico Rodríguez, un grupo seleccionado, pero no aislado del resto de la sociedad, si no encargado de una función en el seno de la misma: de conducción del conocimiento, pero sintiéndose sus integrantes copartícipes de las preocupaciones de una vida totalizadora" (17) .

Pero la presencia de estos jóvenes catedráticos se explica fundamentalmente por la existencia de una coyuntura política concreta y que a la postre fue propicia para su ascenso a tales cargos: en 1931 se realizaron elecciones para la rectoría en la vieja Alma Mater, se presentaron dos candidatos: Víctor Andrés Belaúnde y José Antonio Encinas. La victoria de Encinas posibilitó que Jorge Guillermo Leguía ocupará la Secretaria General de la Universidad, que Jorge Basadre fuera nombrado Bibliotecario, que Raúl Porras Barrenechea ejerciera la dirección del Colegio Universitario y que finalmente Sánchez tuviera a su cargo la Dirección del Departamento de Extensión Cultural.

A pesar de haber partido todos ellos de una matriz generativa común, como es el de haber estudiado letras en la Universidad de San Marcos, de haber tenido como maestros a los escritores arielistas o novecentistas, el de haberse formado como historiadores bajo la dirección intelectual y moral de José Toribio Medina, de haber participado en las luchas por la reforma universitaria, de simpatizar con la revolución mexicana, de trabajar en la Biblioteca Nacional, de ocupar cargos administrativos y la cátedra en la misma Universidad y de ejercer la crítica literaria; con el pasar de los años cada uno de ellos tomó su propia dirección, aunque siempre enmarcados dentro de la historia como disciplina madre o matriz.

                        "Porras y Basadre empezaron también como críticos literarios. Pero Porras derivó a la diplomacia, la historia de los límites...Cuando empecé a publicar mi Literatura Peruana, Basadre dejó la crítica y se dedicó a la historia de la República. De modo que dejaron para mí sólo la crítica literaria" (18) .
 
Pero no sólo los avatares de la vida los separaron sino que el mismo anunció de 1921 de una viraje teórico y práctico en la historiografía peruana no fue realizado por muchos de ellos porque no quisieron entrar a una confrontación directa y frontal con la generación predecesora.

                        "Dentro del Conversatorio Universitario y en figuras aisladas que pertenecen a este período, hay sin embargo actitudes parciales o totalmente divergentes y que tienen más bien un carácter solidario con el grupo novecentista, estos son los casos de Porras, Martín Adán y Basadre" (19) .

La aparición del Conversatorio Universitario en 1920 y su posterior evolución significó en el medio intelectual peruano el anuncio de un cambio radical en los estudios de historia. Por esa fecha José Carlos Mariátegui se encontraba en Europa pero al regresar al Perú y especialmente cuando leyó los primeros trabajos de estos jóvenes historiadores, a algunos de los cuales ya había conocido personalmente años atrás, para una mente como la suya no pasó desapercibida las calidades y competencias intelectuales de estos hijos de Clío.

                        "El escritor peruano tiende a la improvisación fácil, a la divagación brillante y caprichosa. Nos faltan investigadores habituados a la disciplina de seminario. La universidad no los forma todavía; la atmósfera y la tradición intelectual del país no favorecen al desenvolvimiento de las vocaciones individuales. En la generación universitaria de Sánchez -lo certifican los trabajos de Jorge Guillermo Leguía, Jorge Basadre, Raúl Porras Barrenechea, Manuel Abastos-, aparece, como una reacción, ese ascetismo de la biblioteca que en los centros de cultura europeos alcanza grados tan asombrosos de recogimiento y concentración. Esto es, sin duda, algo anotado ya justicieramente en el haber de la que, de otro lado, puede llamarse, en la historia de la universidad, generación de la reforma" (20) .

La importancia del grupo no ha dejado de ser reconocido por la intelectualidad peruana posterior. Estuardo Núñez, por ejemplo, dice lo siguiente:

                        "...una generación que ha hecho historia en un doble significado: el de ser protagonistas de un acontecimiento histórico y el de haber realizado obra de historiadores. El año de 1919 esos jóvenes universitarios casi no superaban en edad la veintena (eran todos nacidos en la década del 90, salvo Basadre y Sánchez) no obstante su juventud promovieron desde ese conversatorio un movimiento de revisión y empezaron a diseñar un programa de análisis de las cuestiones fundamentales del país desde el ángulo del acontecer histórico. El Perú empezaba con aquellos a tener conciencia de sí mismo"(21) .

David Sobrevilla ha señalado, implícitamente, que la mejor forma de medir o valorar en su justa y exacta dimensión la tarea intelectual de una generación o de un grupo de personas no es sólo la permanencia o vigencia de sus obras en el tiempo ni la repetición de sus esquemas interpretativos o análisis sino de la incapacidad o imposibilidad de parte de los pensadores e intelectuales subsiguientes para reemplazarlos por otras propuestas o visiones alternativas.

                        "...desde los años 70 vamos abandonando la gran interpretación que de la realidad peruana se había ofrecido en los años 30 y se comienza a delinear una nueva interpretación. En principio se halla provista de más y mejores datos, y va siendo obtenida con instrumentos más avanzados de trabajo. No obstante, guardémonos de un progresismo y optimismo fáciles, autosatisfechos y engañosos: si actualmente están dados los elementos para superar, pongamos por acaso la visión de la Historia de la República de Basadre o del desarrollo de la Literatura Peruana de Sánchez, aún no contamos con una visión acabada, como la que ellos han ofrecido" (22) .

De tal manera que aplicando tal criterio se puede afirmar que las propuestas de Sánchez o Basadre, por mencionar a los dos autores más prolíficos del Conversatorio Universitario, permanecen todavía hasta nuestros días como dos hitos insuperados y en tal sentido todavía conservan una juvenil actualidad.

1. SÁNCHEZ, Luis Alberto (1969). Testimonio Personal. Memorias de un Peruano del Siglo XX. El Aquelarre 1900-1931. Segunda edición. Lima: Mosca Azul, 1987, T. I, pp. 172-173.

2. SÁNCHEZ, Luis Alberto (1969). Ob., cit., T. I, pp. 227.

3. PUCCINELLI, Jorge (1967). "Luis Alberto Sánchez o la crítica literaria". En: Libro de Homenaje a Luis Alberto Sánchez en sus 40 años de Docencia Universitaria. Lima: PLV, pp. 384.

4. SÁNCHEZ, Luis Alberto (1969). Ob., cit., T. I, pp. 268-269.

5. SÁNCHEZ, Luis Alberto (    ). "Recuerdo de Raúl Porras". En: Homenaje a Raúl Porras Barrenechea. Lima: UNMSM, 1984, pp. 82.

6. Luis Alberto Sánchez (ob., cit., T. I, pp. 131) y Jorge Puccinelli (ob., cit., pp. 383) mencionan también a Víctor Raúl Haya de la Torre como miembro del Conversatorio Universitario. Lo cierto es que Haya en 1917 había llegado de Trujillo a Lima y inmediatamente partió al Cusco, donde estaría por el espacio de 7 meses. De nuevo en Lima, Haya priorizó el trabajo dentro de la Federación de Estudiantes del Perú (FEP), del cual llegó a ser Presidente, y la consolidación misma de la reforma universitaria. Es cierto que guardó una estrecha relación con muchos de los integrantes del grupo, de forma muy especial con Raúl Porras Barrenechea, y participó en varias actividades de este círculo juvenil pero pensamos que no sería exacto incorporarlo como un miembro activo. Hay consenso que en la histórica foto de la revista Mundial (julio de 1921) aparecen todos sus integrantes.

7. SOBREVILLA, David (1980). "Las ideas en el Perú contemporáneo". En: La Historia del Perú. Varios Autores. Lima: Mejía Baca, T. XI, pp. 233.

8. SÁNCHEZ, Luis Alberto (    ). Ob., cit., pp. 82.

9. SÁNCHEZ, Luis Alberto (1969). Ob., cit., T. I, pp. 130.

10. VARIOS AUTORES (1919). Conversatorio Universitario 1800-1825. Lima: Imprenta SS.CC.

11. SOBREVILLA, David (1980). Ob., cit., T. XI, pp. 233-234.

12. SÁNCHEZ, Luis Alberto (    ). Ob., cit., pp. 83.

13. DIOS GUEVARA, Juan de (1984). "Homenaje a Raúl Porras Barrenechea". En: Homenaje a Raúl Porras Barrenechea. Varios Autores. Lima: UNMSM, pp. 119.

14. SÁNCHEZ, Luis Alberto (1969). Ob., cit., T. I, pp. 142.

15. PINTO, Ismael (1994). "Luis Alberto Sánchez". En: Expreso. Lima, 8-II-1994, pp. 83.

16. SÁNCHEZ, Luis Alberto (1969). Ob., cit., T. I, pp. 138.

17. TAMAYO VARGAS, Augusto (1967). "Ofrecimiento de homenaje a Luis Alberto Sánchez". En: Libro de Homenaje a Luis Alberto Sánchez en sus 40 años de Docencia Universitaria. Varios Autores. Lima: PLV, pp. 456-457.

18. SÁNCHEZ, Luis Alberto (1979). "60 años de escritor, 60 años de sublevación" (Entrevista). En: Suplemento Dominical de El Comercio. Lima, 11-XI-1979, pp. 12.

19. SOBREVILLA, David (1982). "Una historia de las ideas en el Perú contenporáneo". En: Quehacer. Lima: DESCO, # 18, pp. 120.

20. MARIATEGUI, José Carlos (1928). "La Literatura Peruana de Luis Alberto Sánchez". En: Peruanicemos al Perú de José Carlos Mariátegui (Quinta edición. Lima: Amauta, 1979, pp. 141). El artículo apareció originalmente en la revista Mundial (Lima, 24-VIII-1928).

21. NÚÑEZ, Estuardo (1984). "Porras y Sánchez". En: Homenaje a Raúl Porras Barrenechea. Varios Autores. Lima: UNMSM, pp. 176.

22. SOBREVILLA, David (1982). Ob., cit., pp. 123.

 

   
     
 

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