Testamento escrito en Hamburgo, Diciembre 6/ 1965
Mí querido Jorge ldiáquez:
Si la operación a que voy a someterme causara mi fallecimiento, esta carta te será remitida por mi amigo el Doctor Víctor Manchego, que es la única persona del Perú que ha estado cerca de mi en estas circunstancias y a quien como a ti, recomendé no informar a nadie de mi estado de salud.
Pero escribo esta carta para decirte, ante todo, cuanto, agradezco tu sacrificada compañía de más de treinta años; ejemplo de lealtad heroica que en muchas horas de peligro me salvó la vida. Y cuanto agradezco,
Asimismo a tu esposa, a tú madre y hermanos que hayan siempre sido para mi fieles seguidores de tu línea de conducta conmigo.
Como la noticia inesperada de mi muerte hará que muchas personas te pregunten porque mantuviste en reserva las causales de mi ultimo viaje y mi enfermedad, deseo declarar aquí que fue por determinación mía que solo tu y un medico tuvieran conocimiento de lo que ocurría a fin de no alarmar y en espera de que la intervención quirúrgica tuviera feliz resultado. Para la vida del Partido, para mi familia, compañeros y amigos ha sido mejor así.
Te pido, a ti que conoces mi modo de penar, que transmitas a todos los compañeros del Partido mi declaración de que mi mayor, y acaso única, preocupación al morir es la de las consecuencia que pueda traer mi desaparición y, sobre todo y ante todo, la unidad del Partido que ha sido, es y será la garantía de su fuerza. El Aprismo debe ser siempre el gran movimiento de la Democracia y de la Justicia Social en el Perú y para que me así, debe mantener firme e indestructible su fraternidad y su disciplina y para que así sea todos y cada uno deben cooperar a este gran propósito sacrificando todo individualismo o interés personal. El Aprismo no debe repetir la historia de los partidos peruanos que han muerto con tus fundadores.
Por fortuna nuestro movimiento mantiene siempre vigentes su doctrina, su programa y su línea de acción. La evolución del mundo y el acontecer americano nos han dado la razón. Y esto es bastante garantía para la supervivencia del Aprismo como el movimiento campeón de la gran transformación peruana y continental. Lo que importa es realizarla y esa es la misión histórica de cada aprista. Yo espero, y así muero tranquilo, que la línea política seguida se mantenga; que la Coalición del Pueblo continúe dando leyes en favor y defensa de la Democracia
Social; del Perú provinciano; de los trabajadores de nuestras masas indígenas, de nuestra juventud. Porque esas fueran y son los grandes objetivos del Partido y para lograrlas se constituyó la Coalición del Pueblo. En esta carta deseo también pedirte que recuerdes a los compañeros que cooperen a mantener e impulsar la acción social del Partido, sus academias, sus escuelas, sus comedores, sus cooperativas, sus organismos infantiles y juveniles. Y que cada aprista sea un activo mantenedor de la unidad. De esa unidad que hemos defendido siempre y en la que hemos visto y vemos el poder del Aprismo. Y defender este principio; que formamos un partido de hombres libres en el cual su línea, su doctrina, su política las señalan sus integrantes en sus congresos y convenciones. Quien quiera ser aprista debe adherirse democráticamente a estas normas.
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Esta carta lleva algo de mi única preocupación el morir. La de la continuidad de nuestra obra. Espero que mi muerte sirva para unir más a los apristas. Cierro esta corta con un adiós para ti y para los tuyos, así como para los compañeros que la conozcan.
Víctor Raúl
Escrito la antevíspera de la operación en la Clínica de Hamburgo
Diciembre 6 / 1965
Algunas notas para los compañeros apristas:
Mi mas grande preocupación al someterme a esta prueba quirúrgica y arriesgar el peligro, nunca imposible, de no resistirla, no es mi propia muerte sino el porvenir del Partido.
Mucho he pensado y pienso en el efecto que la noticia de mi muerte puede causar en estos días en el Perú, y en sus proyecciones en la vida del Partido.
Claro esta que el marcha solo. Para que así sea he tratado de alejarme la lo mas que he podido a fin de que el Partido actué sin mi presencia o intervención. He tenido en mente, siempre la posibilidad de mi ausencia definitiva a la cual he querido acostumbrar a los dirigentes y afiliados del Aprismo.
En el Partido Aprista se ha logrado una efectiva práctica democrática a partir de la libertad que tiene cada aprísta de expresar libremente sus opiniones en el seno de sus comités, agrupaciones, plenarios, convenciones, y congresos, y de marcharse de nuestras filas cuando lo desee.
Por otra parte, el Aprismo es el único partido político en América Latina que periódicamente disuelve sus filas y llama a nuevas inscripciones. Esta medida se adopta cada vez que la dirección de nuestro movimiento necesita del respaldo libre de sus masas. Así, después de las elecciones generales de 1963 –como antes de las de 1962- se ordeno la reinscripción, especialmente para sancionar la línea política de la coalición del Pueblo en el Parlamento y en los municipios. En esta última reinscripción quienes quisieron ingresar a nuestras filas lo han hecho, con los que quisieron permanecer en ellas, y los pocos y señalados que disintieron se marcharon solos.
Esta libre escogencia de ser o no ser aprista, y en el caso de serlo de actuar con la línea política democráticamente adoptada, es la mejor probanza de la alta calidad y conciencia democrática del Partido, de su educadora disciplina y de su logrado sentido de responsabilidad. De aquí que el Aprismo sea fuerte y que cada compañeros sepa como debe proceder. Esta es, sin duda, la mejor garantía de la supervivencia y poder del Aprismo.
De otro lado, la línea política del Partido, que hasta las Elecciones de 1962 fue la de la Convivencia y después de las Elecciones de 1963 ha sido la de la Coalición del Pueblo, se ha justificado por los resultados: la Convivencia garantizó la legalidad del Partido y su participación en los Comicios de 1962 -y en las de 1963, cuando a pesar de todo desmintió la calumnia del “fraude” y ganó el Parlamento - , y la Coalición del Pueblo que ha permitido tener una mayoría legal de votos, las mesas directivas de ambas cámaras y la dación de leyes fundamentales que el Perú necesitaba para iniciar su emancipación del sub-desarrollo, y que las clases trabajadoras re querían como reivindicaciones sociales sin la que la revolución por medio de la ley seria irrealizable.
La unidad del Partido ha sido y es la mejor garantía de su fuerza. El ha sobrevivido a todos los planes reaccionarios que se han tramado para dividirlo. Con esta experiencia el propósito más firme y pertinaz de cada aprista debe ser el mantenimiento y la defensa de su unidad. Hace más de treinta años lo advertí:
“TODO AQUEL QUE NOS DIVIDA, ENEMIGO ES”
Faltan todavía muchas buenas leyes y muchas grandes obras que por mandato de esas leyes deben hacerse en el país. Hay que utilizar nuestras fuentes naturales de energía; hay que irrigar nuestras inmensas tierras sin agua; hay que tecnificar nuestra producción y extender el cooperativismo a todos los campos de nuestra economía indígena. Hay que hacer justicia verdadera con la Reforma Agraria, sin olvidar que para que ella sea completa se debe “crear riqueza para el que no la tiene” ampliando las áreas de cultivo y distribuyendo justamente las tierras que se irriguen. Y hay que educar más a la juventud peruana con todos los adelantos científicos y técnicos de la educación de nuestro tiempo.
Hay que vencer a la dura naturaleza del Perú pero no hay que olvidar nuestro lema aprista de que “no hay que preguntar cuanto cuestan las obras que el país necesita, sino cuanto cuesta al país no haberlas realizado”. Este lema es aplicable a todas nuestras reformas, como las leyes de la gratuidad de la enseñanza, de la Reforma Agraria, de las irrigaciones y las grandes vías modernas de penetración a la sierra y la selva.
Vuelvo a mi repetido argumento sobre el imperativo de la industrialización del país y de la tecnificación máxima de todos los renglones de su producción. Y vuelvo a recordar a los compañeros apristas que nuestro Partido, como Frente Único de Trabajadores Manuales e Intelectuales, debe tener en cuenta que la defensa de ellos lleva implícito un vasto programa de educación en todos sus aspectos de capacitación científica, técnica y artística de nuestra juventud y de su adiestramiento para que ella viva, trabaje y descuelle en el mundo de la Edad Moderna.
De poco sirve vivir en países que guardan en su suelo inmensas riquezas inexploradas, potenciales, si los hombres que viven en ellos son “los mendigos sentados sobre el banco de oro”, si sus juventudes, si sus hombres de trabajo no han sido educados, preparados, superados como expertos para el dominio de la naturaleza y para la transformación de su riqueza natural en ingente y eficaz instrumento de su emancipación económica.
Todo lo cual patentiza la evidencia del postulado aprista de que al existir la riqueza potencial de inmensas extensiones de territorio despoblado, inexplorado o desconocido, la misión del hombre latino o indoamericano es la de vencer los obstáculos de la naturaleza, dominar los suelos reacios, irrigar los desiertos, comunicar la ubérrimas regiones tropicales con los centros poblados o colonizarlos. Vale decir “crear riqueza para el que no la tiene”.
De aquí que este enunciado revolucionario aprista, que es precursor en las Universidades Populares, sea en el Programa y Plan de Gobierno del Aprismo uno de sus grandes principios doctrinarios.
El joven de nuestra América, trabajador manual o intelectual, no puede vivir al margen de la veloz evolución del orbe desarrollado y debe prepararse, primero, para no ser solamente espectador sino conocedor de ese progreso, y después para participar de él o contribuir a él; los pueblos desarrollados necesitaran tanto de los subdesarrollados como estos de aquellos. Y en esta reciproca necesidad será también de hombres capacitados, expertos en el conocimiento y trabajo, vale decir, en la experiencia y especialización de los diversos ámbitos de esfuerzo y producción que reordenaran al mundo interdependiente del porvenir.
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La lectura de estos documentos historicos nos ayudaran para que se actue con mayor sabiduria y lealtad. Asi escribiria Jorge Idiaquez al publicarlo el 12 de octubre de 1979.
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Ultimas Recomendaciones
Recomiendo especialmente los Comedores. Si de mis cosas que quedan para el Partido se puede obtener algo, que sea para mejorar el Comedor (con techo plano todo y pavimento blanco). Que no suban los precios de los comedores es un pedido especial. Que los amplíen y que se establezca un servicio de reparto a las fábricas.
Que la Navidad del Niño del Pueblo, que yo funde en 1945, se realice cada año con más extensión y mayor beneficio para los niños y las familias pobres. Y que este no se interrumpa. Contrariamente, debe celebrarse en mi memoria.
El Día de la Fraternidad debe celebrarse siempre. Debe ser el acto anual consagratorio de la supervivencia del Partido. Mi definitiva ausencia física no debe ser causa de que la conmemoración decaiga o se suprima. La misión de los Apristas es demostrar que Haya de la Torre ha muerto pero el Aprismo continúa su obra.
En mi testamento he renunciado, en nombre de mi familia, a que ningún miembro de ella pida o admita pensiones del Estado invocando mi memoria. Como político yo no he desempeñado ningún cargo público y no deseo que después de muerto aparezca alguien recibiendo dinero del Presupuesto de la República en compensación o pago de servicios que no he prestado. Desautorizo y rechazo cualquier pedido o propuesta, más si ella viene del gobierno, que se haga en tal sentido y tomando mi nombre como coyuntura.
La muerte separa cuando no deja vínculos; los que nos unen me acercan más y más a ustedes
Con mi abrazo fraterno va desde la eternidad
HAYA DE LA TORRE |