|
Quienes conocimos a Víctor Raúl Haya de la Torre en vida percibimos como detestaba la exaltación de la vanidad humana, el exhibicionismo y la huachafería política, muy propia de nuestros pueblos subdesarrollados, donde la ignorancia da pie al circo que los demagogos han usado frecuentemente cuando han querido aumentar su alicaída popularidad o disimular el rechazo de la ciudadanía.
Nunca vimos al Jefe del Partido recurriendo al baile, a la presencia en la pantalla boba, alternando con seudo-humoristas o bataclanas. Los chilenos utilizan una frase lapidaria para calificar dicha conducta: políticos faranduleros. Parece estar muy de moda en el Perú, en estos tiempos de gran ausencia docente.
Recuerdo, a propósito, las palabras de Manuel Gonzales Prada reclamando que la vida pública de un político debería ser la continuación de su vida privada y, por lo tanto, quienes desempeñan la investidura de representar al pueblo deberían hacerlo comunicando valores que contribuyan a su educación y no a su degradación como es el hecho que paso a comentar.
Los diarios y la televisión de la derecha que monopolizan la información en el Perú informan que el presidente de la república presidirá una Teletón a beneficio de los niños de un conocido hospital, que expresa su dudosa mala situación económica despidiendo a 130 trabajadores con más de 20 ó 30 años de servicio. Para el efecto organiza una conferencia de prensa en la que, utilizando un pasaje de los Evangelios de la Biblia –acción que más suena a tráfico religioso que a convicción personal– justifica la razón que le asiste para convocar a una movilización para ayudar a los niños que atiende dicho centro hospitalario. Entre otros pedidos de mal gusto, solicita a una ex-vedette que lo acompañe a bailar en la ocasión anunciada, reeditando sus plumas y lentejuelas de otros tiempos. Hecho que repitió en un programa de información dominical, pero esta vez bailando en el set con su conductora, cosa que si bien es corriente observar en la pantalla chica, en el caso de un gobernante se convierte en hecho ridículo e impropio de alguien que ostenta tan elevada magistratura. Añadamos que el personaje encontró en ello el pretexto adecuado para no asistir a la cumbre de países latinoamericanos y del Caribe convocada por el Grupo de Río, cita que no contó con el consentimiento del imperio. García abdicó así de la vocación integracionista, que en el caso de un supuesto "aprista" resulta aún más grave.
Si se trataba de a ayudar a la niñez desvalida, y con el poder que le confiere la nación, ¿por qué no destinó una partida presupuestal que financiada con la debida imposición tributaria a la gran minería fortalezca la atención que prestan no sólo ese hospital sino otros como el Hospital del Niño? ¿Por que no ordenó, como suele gustarle, que el ministerio correspondiente presente un programa para resolver el trabajo de los niños que venden caramelos en la calle y que se exponen a los riesgos que ello conlleva, amen de renunciar a la escuela y a su niñez a pesar de todos los derechos que les asiste? ¿Por qué miles de niños tienen que trabajar en oficios de adultos, como en la primera revolución industrial? ¿Por qué García prefiere hacer lo que desdibuja y apena, al intercambiar el papel de mandatario por el deconductor de programa televisivo? ¿Por qué caer en la frivolidad y el sensualismo, que Haya de la Torre despreciaba, denigrando la majestad del cargo que le fue conferido por el pueblo, barateándolo por unos puntos más en las encuestas?
Termino levantando mi voz indignada y de condena sin tapujos, parafraseando al insigne Jefe y Maestro que nos enseñó a reconocer y amar verdaderamente a los niños.
20 de diciembre de 2008 |