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¿Un New Deal con Barack Obama?
Los procesos de expansión constante del capitalismo y sus crisis cíclicas cada vez más brutales nos llevan a repensar cuál es la parte de esta máquina que necesita su recomposición para remediar que el 20% de la población mundial sea dueña del 90% de las riquezas o que la mitad del mundo viva con menos de 2 dólares al día y 1000 millones de seres humanos con menos de 1 dólar al día

Diego Díaz de la Vega Q.
Corresponsal desde New York

Diego Díaz de la Vega Q. es a partir de ahora corresponsal desde New York para Vanguardia Aprista.

 Barack Obama (cuyo nombre significa “bendito” en swahili, idioma común en Kenia) ha hecho renacer la esperanza de todo un pueblo-continente. Su elección como Presidente de los Estados Unidos, la aún primera economía del mundo,  reviste anhelos por el cambio de una ideología económica que ha fracasado en su intento por deificar a la ‘perfección’ del mercado, una profunda convicción de que la guerra solo nos conducirá a la destrucción recíproca y que niega al armamentismo que devora presupuestos suprimiendo los programas de asistencia social, del clamor de 50 millones de personas que no cuentan con un seguro social y que esperan una sociedad más igualitaria en la distribución de la riqueza.
Sin embargo, la tarea que le espera a Obama es tan grande –o talvez mayor por la complejidad de problemas que representa la globalización de los mercados- como la que tuvo que afrontar Franklin Roosevelt (1933) durante los años siguientes al crack de 1929 o la gran depresión –a quien también lo acusaron de ser socialista, siendo muy conocida su respuesta: “Mi política es tan radical como la Constitución de los EEUU” (1)- y que formuló un nuevo tipo de política que denominó New Deal (Nuevo Trato) y que ahora en el argot de la economía se denomina Keynesianismo o políticas anticíclicas. Este fue el momento definitivo que cambió el pensamiento económico, porque la defensa del capitalismo ya no se hizo teniendo al laissez-faire como fundamento filosófico y doctrina económica, sino, era el Estado quien tomaba medidas para reactivar la economía e incentivar el consumo a través de la inversión en obras de infraestructura, agricultura, estableciendo programas de trabajo temporal, brindando seguridad social y remuneraciones de desempleo (2).
 Aquellas políticas fiscales, -frente a la actual crisis financiera mundial originada en EEUU- han vuelto al debate económico  bajo el discurso de los líderes europeos y de Obama, quienes entienden las consecuencias nefastas para sus economías y las del mundo, si es que dejarán al libre mercado, valga la redundancia, actuando libremente. Empero, el colapso financiero y derrumbe de los bancos de inversiones norteamericanos nos muestran que es el viejo sistema capitalista en su fase globalizadora, quien se encuentra en una de sus mayores crisis como resultado de la desregulación de los mercados financieros, lo que conllevó a la maximalización de la avaricia en los especuladores y banqueros, cometiendo delitos de fraude hipotecario, provocando este desastre. Sólo en los últimos 30 años las economías del mundo han sufrido más de 100 crisis (si contáramos las de finales de los 90 encontraremos a México, Brasil, Indonesia, Rusia, Corea del Sur,  Suecia, Noruega, Argentina, Turquía) (3), confirmándose –nuevamente- que la búsqueda del interés propio guiada por la mano invisible que conceptualizó Adam Smith,  no ha podido llevarnos al equilibrio justo o  a un mundo más igualitario.
Los procesos de expansión constante del capitalismo y sus crisis cíclicas cada vez más brutales nos llevan a repensar cuál es la parte de esta máquina que necesita su recomposición para remediar que el 20% de la población mundial sea dueña del 90% de las riquezas o que la mitad del mundo viva con menos de 2 dólares al día y 1000 millones de seres humanos con menos de 1 dólar al día (4). Habida cuenta que el capitalismo representa ese abominable y morboso amor por el dinero y riquezas, lo que al final de cuentas significa mayor desigualdad e injusticia económica, es preciso mencionar que para el enfoque aprista, nuestro devenir económico no puede saltearse fases naturales de desarrollo, ni abolirlas por decreto (5) y sosteniendo además, que el sistema capitalista, del que el imperialismo es máxima expresión de plenitud, representa un modo de producción y un grado de organización económicos superiores a todos lo que el mundo ha conocido anteriormente y que, por tanto, la forma capitalista es paso necesario, período inevitable en el proceso de civilización contemporánea. No ha de ser eterno –porque lleva en sí mismo contradicciones esenciales entre sus métodos antitéticos de producción y apropiación-, pero tampoco puede faltar en la completa evolución de alguna sociedad moderna (6). Fue en 1930 cuando John M. Keynes publicó su trabajo “Las posibilidades económicas de nuestros nietos” avizorando que los avances científicos y tecnológicos  podrían sostener el crecimiento económico continuado a interés compuesto, o si se produce una tasa de crecimiento al 2% anual (por ejemplo el PIB) durante cien años, se obtendrá por un factor de 7,5% el aumento en el nivel de vida que hará satisfacer las necesidades absolutas. Sin embargo, es innegable que 78 años después el mundo cuenta con diferentes necesidades dependiendo del espacio-tiempo-histórico de las sociedades, y las necesidades relativas o secundarias hoy no muestran mayor diferenciación cuando hablamos, por ejemplo, de la tecnología, que es imprescindible en todos los campos de la vida (7).
Por tanto, la interpretación indoamericana del gran reto que afronta Barack Obama no solamente supone que debe reflotar la economía norteamericana para poder elevar nuestra exportaciones o recibir mayores remesas provenientes de EEUU, sino fundamentalmente, en  ayudar al encauce de la globalización dentro de América Latina, región económica que por  la convivencia geográfica de un mismo continente impone pensar en la unificación de nuestros mercados en esta fase de bloques continentales que compiten por el comercio y la inversión. Hoy más que nunca debemos impulsar aquellos planteamientos económicos del Aprismo que recobran su lozanía y fortaleza ante la cruda realidad, y que nos muestra el pensamiento sideral que tuvo Haya de la Torre para visualizar el derrotero que debían seguir las Américas. Los TLC con EEUU (como el establecido por México y Chile demuestran) no han sido la solución a  problemas que no son esencialmente comerciales sino de producción y falta de aparato industrial, de infraestructura, de una brecha cada vez mayor en la ciencia y tecnología (8) y de un analfabetismo que nos insulta al tener a  38 millones de personas o al 10% de nuestra población en esa estadística (9). Reconvengamos en plantear la tesis de la conformación de Congresos Económicos Nacionales, que con representantes de la producción, circulación y consumo, se conviertan en órganos consultivos permanentes, para delinear los aspectos económicos centrales de cada nación y establecer un plan en común, dentro de un Congreso Económico de Estados Americanos, para la formulación de políticas económicas que estén basadas en el intercambio y cooperación, constituyendo un Área de Libre Comercio –que sería la más grande del mundo- respetando las leyes de la libre competencia y del comercio, estableciendo igualmente, la unificación monetaria de América Latina y siendo la unidad política cuestión de tiempo (10). En esa misma propuesta, la transformación en la estructura orgánica de los organismos económicos internacionales (FMI, BM, OMC) es otra gran misión que se espera de Barack Obama y los líderes de Europa, ya que estas instituciones internacionales son quienes -en gran medida- han contribuido al empobrecimiento del planeta. Sus condiciones para el sometimiento económico –en el caso del FMI- y el proteccionismo arancelario han provocado la profundización de la miseria y el hambre en continentes enteros, al convertirse en los representantes legales de los Bancos Internacionales y ser los controladores de la economía mundial en beneficio de las multinacionales. Nuestra planteamiento desde Indoamérica,  debe ser el llamado a un New Deal mundial que no involucre únicamente a los países emergentes (China, India, Brasil, Rusia y Sudáfrica) sino que mire el problema en su real dimensión, contrayendo políticas de pacto internacional que midan –lo cual no se puede dar con organismos internacionales infestados por el capitalismo salvaje- el buen desempeño económico y el ejercicio democrático de los pueblos más pobres de la tierra, para la transferencia de capitales directos destinados a infraestructura, salud, educación y la alta tecnología, garantizando así el desarrollo de un mundo nuevo, donde sea la capacidad personal la que determine nuestro futuro.
El mundo entero volteó sus ojos hacia los EEUU y sus elecciones para saber cómo reaccionarían los mercados internacionales, pero su pueblo nos ha entregado una lección más grande al ir en contra de la mala historia, colocándose a la vanguardia de los países democráticos,  reafirmándose en la igualdad de oportunidades como una forma de reconstruir su futuro. Esperamos que la voz de América Latina y del mundo en desarrollo puedan adquirir esa misma igualdad y levantarnos como Anteo, después del contacto con la tierra.
Apristamente,
Diego Díaz de la Vega Q.
Juventud Aprista Peruana.
New York, 15 de noviembre de 2008.

Notas
1. - Franklin D. Roosevelt, “The Portland Speech” (21 de setiembre de 1932).
2. - Gene Smiley, Rethinking the Great Depression (2002).
3. - Joseph Stiglitz, How to Get Out of the Financial Crisis (17 de octubre de 2008).
4.-  Amnistía Internacional, Documento: Derechos Humanos, derechos indivisibles. La pobreza, una cuestión de derechos humanos (17 de octubre de 2008).
5.-  Karl Marx, El Capital. Prólogo de Marx a la primera edición alemana (1867).
6.-  Víctor Raúl Haya de la Torre, El Antimperialismo y el Apra (escrito en 1928 y publicado en 1935).
7. - John M. Keynes, Economic Possibilities for our Grandchildren (1930).
8.- Banco Mundial, Informe: Perspectivas económicas mundiales 2008: Difusión de la tecnología en los países en desarrollo (2008).
9.- UNESCO, Informe: Educación para Todos hacia el 2015: ¿Alcanzaremos la meta? (2007)
10.- Víctor Raúl Haya de la Torre, La Defensa Continental. Plan para la Afirmación de la Democracia en América-Interamericanismo Democrático sin Imperio (1942)

 

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