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Introducción
El libro de Glicerio David Villanueva Díaz —para los amigos simplemente Guely—, sin duda es un texto enmarcado dentro de lo que el profesor Eugenio Chang-Rodríguez llamó alguna vez acertadamente el género confesional (autobiografía, diarios, memorias) y que el mismo autor no duda en subtitular como memorias (Apuntes para sus Memorias). Es también un documento heterogéneo respecto a las diferentes antologías de Víctor Raúl Haya de la Torre pues, a diferencia de ellas, prescinde de una organización temática y, en cambio, presenta los múltiples escritos de Haya de manera cronológica, de tal forma que aquellos hitos centrales de su largo devenir vital se convierten en su foco más importante. En las siguientes hojas intentaremos presentar una serie de comentarios referidos a dos aspectos que nos parecen cruciales: las memorias en las ciencias sociales y los testimonios apristas.
Ciencias sociales y memoria
En los años 80, en las ciencias sociales (sociología, antropología, ciencia política, historia, etc.) del Perú comenzaron a difundirse los enfoques que ponían énfasis en los actores o sujetos, y con ello privilegiaban los conceptos de cultura, valores, subjetividad y mundo interior. Se trataba de una respuesta o rechazo a los grandes paradigmas que favorecían el estudio de las grandes estructuras (económicas, sociales y políticas) y de las categorías y datos racionales (variables e indicadores) cuantitativos, todo ello bajo la hegemonía de las teorizaciones estructuralistas, marxistas, dependentistas, cepalianas, althusserianas, etc. Así, comienzan a imponerse las visiones micro y los métodos cualitativos de investigación. Esta apertura a lo subjetivo llevó a reivindicar las memorias, los testimonios, las entrevistas, las historias orales, las mentalidades como datos relevantes del análisis social. La Facultad de Ciencias Sociales de la Pontificia Universidad Católica del Perú puede muy bien ser un ejemplo de este tránsito del mundo de la razón y de la objetividad al de la aparente no razón y de la subjetividad.
El viraje a lo subjetivo no es solo una moda pasajera o momentánea sino también tiene, como es obvio, un fundamento teórico. Va de la mano con una teorización bastante desarrollada en los últimos veinte o treinta años en las ciencias sociales, que facilita enormemente este cambio de paradigma. Ahora bien, debe tenerse presente que toda observación, y la observación de lo propiamente subjetivo no escapa a este ejercicio intelectual, tiene dos dimensiones. La observación puede ser estudiada tomando al científico social que observa, que mira detenidamente, y abordando lo propiamente observado, lo mirado detenidamente. Por eso, la observación tiene inevitablemente dos sentidos. Por un lado, se plantea la acción del investigador, que puede llamarse también la experiencia del investigador, el procedimiento de mirar detenidamente, o sea, en sentido amplio, el experimento, el proceso de someter conductas de algunas cosas a condiciones manipuladas de acuerdo con ciertos principios para llevar a cabo la observación. Pero observación, a su vez, significa también el conjunto de cosas observadas, de documentos, datos y de fenómenos. En este sentido, que pudiéramos llamar objetivo, observación sería un sinónimo de dato, de fenómeno, de hechos .
A la existencia de estos dos importantes componentes —el observador y lo observado— y de las relaciones inevitables que entre estos se establezcan habría que agregar necesariamente lo que Maurice Duverger en un clásico texto universitario manifestaba del científico social, es decir, del observador. Para Duverger, desde el momento en que este se propone observar, interpretar pero sobre todo analizar un hecho social —y es preciso hacerlo en un 90% de los casos—, aparece su subjetividad y, en consecuencia, el coeficiente personal del observador comienza a desempeñar un papel muy importante. Si bien esto representa a veces una ventaja —cuando el observador es particularmente competente—, los inconvenientes la superan ampliamente. Lo más grave no es la deformación que resulta de ello, sino la dificultad de emplear de manera colectiva los métodos clásicos de análisis al estar los exámenes de documentos en función de las diversas personalidades que los efectúan . Por eso, el ilustre intelectual francés explicaba la aparición de nuevas herramientas de análisis que supuestamente permitirían reducir esta subjetividad, sobre todo en el mundo académico estadounidense. Así aparecieron los métodos cuantitativos (semántica cuantitativa, análisis morfológico y análisis de contenido), los directos extensivos (estadística descriptiva e inferencial), los directos intensivos (entrevistas, test y medición de actitudes y observación participante) y, por último, el análisis político situacional o de coyuntura política.
La observación o análisis del libro de Guely Villanueva nos lleva obligatoriamente al terreno no solo del observador y lo observado, sino a las relaciones que se establecen entre ellos. En primer lugar, aparece la relación entre el autor de la selección de los textos, es decir, Guely Villanueva, y los escritos mismos de Víctor Raúl Haya de la Torre: ¿por qué estos documentos y no otros?, etc. Pero quizá, más importante que esto sea el vínculo de Víctor Raúl con el mismo entorno social, político, económico y cultural de fines del siglo xix y de casi todo el siglo xx que le tocó vivir. Aquí se hace referencia a su familia, a una serie de personajes de la política y cultura del Perú, América Latina y del mundo, pero también a instituciones, partidos políticos, etc. A diferencia de otras grandes personalidades, Haya de la Torre no solo es un brillante observador que realiza un agudo escrutinio y análisis exhaustivo de la realidad social, política, cultural y económica del Perú y Latinoamérica, que se plasman en lo que se podría llamar su conceptualización de la realidad, sino que es un pensador fundamentalmente propositivo, lo que se expresa en su conceptualización de la alternativa. A todo esto habría que agregar que, en el caso de Haya de la Torre, el observador se convierte al mismo tiempo en lo observado por la trascendencia de sus ideas, pero sobre todo por su accionar político y las resonancias que produce en la sociedad peruana y latinoamericana. Si esto es así, el libro de Guely Villanueva adquiere entonces una mayor significación.
Por último, la subjetividad presente en los testimonios o memorias usados en las ciencias sociales no debe anular nunca el texto. Todo lo contrario. Se parte de la idea de que es imposible anular la subjetividad, pues esta existe en los mismos métodos, teorías, categorías, variables e indicadores que, por lo general, se presentan como objetivos. Por eso, hay consenso en el mundo académico en que la subjetividad existe y que ella no debe ser ocultada bajo un disfraz de una supuesta objetividad. Aparte, habría que agregar que el mundo subjetivo no es un componente al margen de la realidad social, sino que forma parte intrínseca de la misma realidad que se quiere estudiar, analizar, comprender y, a veces, modificar. Así se concluye que la subjetividad indiscutible e innegable en los textos redactados por Haya de la Torre paradójicamente les da a los mismos un valor adicional.
Memorias apristas
El libro de Guely Villanueva se inscribe en un extensa literatura aprista que ha tratado desde hace muchos años de presentar un testimonio verosímil de lo que ha sido la vivencia de los apristas, parafraseando a Imelda Vega Centeno, ya sea que formen parte del movimiento aprista popular o del movimiento burocrático aprista. El gran iniciador de este género fue sin duda Luis Alberto Sánchez con la publicación de su Testimonio personal, que en un primer momento tuvo como editor al recordado Pablo Villanueva y cuya segunda edición corrió a cargo de Mosca Azul . Como es de suponer, las vicisitudes del PAP y de los líderes ocupan un lugar importante en la colección de LAS, pero éstas tienen el mismo peso que otras grandes preocupaciones como la vida universitaria —entiéndase la Universidad Nacional Mayor de San Marcos—, la literatura peruana y latinoamericana (crítica e historia), etc. Un discípulo de Sánchez, el profesor Eugenio Chang-Rodríguez, aborda también en dos tomos el tema del aprismo, pero al igual que su maestro LAS, este queda subsumido dentro de otras grandes preocupaciones . Sin embargo, hay tres autores apristas que utilizando el género de las memorias sí abordan de manera directa y frontal la historia del partido y que por el esfuerzo realizado merecen ser mencionados: Luis Felipe de las Casas , Alfredo Saco Miró Quesada y Armando Villanueva del Campo . Comencemos por De las Casas, cuya biografía política fue realmente singular. Aprista de la primera hora, se apartó en 1962 del partido por estar en contra de la alianza del PAP con la Unión Nacional Odriista (UNO), pero mantuvo su adhesión al aprismo, entendido como un corpus teórico u ideológico, y, en los años 80, reingresó al PAP. Sus memorias, sobre todo, nos presentan cómo fue la organización aprista durante el período que la historiografía aprista denomina la gran clandestinidad, aunque también aborda el mundo carcelario, el destierro, etc. La contribución más trascendente de su libro es que muestra la existencia de diversas corrientes ideológicas al interior del PAP, especialmente en los años 50 y 60, y que llevaron al alejamiento de Manuel Seoane, el popular y recordado Cachorro, en ese entonces el número dos del partido, y del mismo De las Casas .
Saco Miró Quesada , al igual que De las Casas, fue un destacado dirigente aprista durante los años 30, e incluso llegó a ser Secretario Nacional de Organización, sin duda el cargo político más importante. A esto se suma la inserción de una serie de documentos que el autor introduce al texto mismo (partes, informes, memos, etc.) y en los anexos del libro. Incluso Saco Miró Quesada nos presenta un polémica que entabló con el mismísimo Víctor Raúl Haya de la Torre sobre estrategia y táctica .
El libro de Armando Villanueva del Campo, al igual que el de Saco Miró Quesada, nos regala no sólo una narración desde adentro del aprismo o, para ser más precisos, desde la estructura organizativa del propio aparato partidario en un contexto de tiranías militares y oligárquicas, la misma que va acompañada de oficios, recortes periodísticos, cartas, declaraciones, etc., sino además, y sobre todo, incluye el valiosísimo diario de su padre, el Dr. Pedro Villanueva, junto al suyo mismo, escrito cuando Armando Villanueva estaba en prisión. A todo ello se suma un conjunto de entrevistas que le hace el periodista Guillermo Thorndike, en el que Villanueva del Campo recuerda aquellos difíciles momentos de la gran persecución. El libro de Villanueva no solo es un recordar, sino también un espacio para la reflexión y, con frecuencia, para la misma autocrítica . El libro resulta una importante pieza para entender la respuesta del aprismo a la violencia política que instauraron los militares y la oligarquía agroexportadora, es decir, los llamados barones del azúcar y del algodón.
Resumiendo, todos los libros de testimonios o memorias, en mayor o menor medida, permiten confirmar, aclarar, modificar o superar algunos aspectos que los historiadores apristas no lograron desarrollar a cabalidad (Luis Alberto Sánchez , Felipe Cossío del Pomar , Percy Murillo , Roy Soto y Eugenio Chang-Rodríguez ), especialmente en lo que concierne a la vida política al interior del mismo aprismo en las coyunturas de fuerte persecución política. Unidos al libro de Guely Villanueva y a toda una serie de textos que desde los años 50 han abordado muy seriamente al APRA como objeto de estudio, estos aportes permitiran sin duda construir una imagen cada vez más precisa y objetiva del aprismo y de su líder máximo Víctor Raúl Haya de la Torre.
Conclusiones
En el aprismo, Guely Villanueva es una rara avis, pues no es como la mayoría de los militantes, alguien preocupado fundamentalmente por el trabajo político de corto plazo. Provinciano él, pertenece a lo que muy bien se podría denominar el sector intelectual pensante aprista del Perú profundo, constantemente involucrado en el quehacer reflexivo e histórico. Guely Villanueva, junto a los también respetables y admirados Teodoro Rivero-Ayllón y Roy Soto Rivera, forma parte de esa triada de pensadores apristas que han dedicado su vida a la investigación académica y a la docencia política. Desde una perspectiva cronológica y regional, estas tres grandes personalidades se convierten en los depositarios del aprismo en Chiclayo, Trujillo y Arequipa. Los tres, además, establecen una relación estrecha con la cultura, especialmente con la literatura, y para ser más precisos, con la poesía. En el caso de Guely no podía ser de otra manera, pues el aprismo chiclayano tiene desde sus orígenes un olor a poesía. En efecto, desde los lejanos años 20, los vates Juan José Lora y Nicanor de la Fuente (Nixa) constituyeron la famosa Bohemia de Chiclayo, que estuvo íntimamente ligada con la Bohemia de Trujillo, que tuvo a José Eulogio Garrido como su director, y al joven filósofo cajamarquino Antenor Orrego Espinoza como su gran lugarteniente. Con los años, la Bohemia de Trujillo se convierte en el Grupo Norte y la dirección pasa de manos de Garrido a Orrego y es allí cuando surge propiamente el aprismo trujillano. Si esto es así, se nos ocurre que el libro que ahora nos presenta Guely Villanueva puede ser interpretado también como una suerte de contribución para que las nuevas generaciones chiclayanas, limeñas y peruanas accedan a un conocimiento de la vida de Víctor Raúl Haya de la Torre en textos escritos por el mismo fundador del aprismo. Entonces, Guely estaría siendo fiel a los postulados de Antenor Orrego Espinoza, el autor de Pueblo Continente y Hacia un humanismo americano, quien predicaba en el Grupo Norte en los años 20, allá en el viejo Trujillo aristocrático y conventual, que deben ser siempre las nuevas generaciones los principales recipiendarios del mensaje aprista.
Eugenio Chang-Rodríguez. Entre dos fuegos. Reminiscencias de las Américas y Asia, Fondo Editorial del Congreso del Perú, Lima, 2005, p. 20.
Felipe Pardinas. Metodología y técnicas de investigación en ciencias sociales, Siglo XXI, México D. F., 1984, p. 89.
Maurice Duverger. Metodología de las ciencias sociales, doceava edición, Ariel, Barcelona, 1981, p. 153.
La primera edición de Testimonio personal. Memorias de un peruano del siglo XX es de la década del 60 del siglo pasado. Constaba de cinco partes distribuidas en tres tomos de 1377 páginas y fotografías. Años después, en 1976, la casa editora Mosca Azul publica un cuarto volumen con las partes sexta, sétima, octava y novena, que en total constaban de 519 páginas.
La segunda edición de Testimonio personal. Memorias de un peruano del siglo xx constaba de seis tomos, todos editados por Mosca Azul: tomo i, El aquelarre 1900-1931 (328 pp.); tomo ii, El purgatorio 1931-1945 (389 pp.); tomo iii, La caldera del diablo 1945-1956 (288 pp.); tomo iv, Las confidencias de Caronte 1956-1967 (269 pp.); tomo v, El descanso del guerrero 1967-1976 (397 pp.); y tomo vi, Adiós a las armas 1976-1987 (303 pp.). Todos salieron publicados en el año 1987, salvo el tomo vi que apareció en librerías recién al año siguiente.
Las memorias de Eugenio Chang-Rodríguez constan de tres volúmenes. Hasta el día de hoy han salido a la venta ya dos tomos: Entre dos fuegos. Reminiscencias de las Américas y Asia (ob. cit.) y Una vida agónica. Víctor Raúl Haya de la Torre. Testimonio de parte. Con fotos y textos de Alberto Vera La Rosa y Tito Agüero (Fondo Editorial del Congreso del Perú, Lima, 2007, 378 pp.).
Luis Felipe de las Casas. El sectario, Centro de Investigación y Capacitación, Lima, 1981 (293 pp.).
Alfredo Saco Miró Quesada. Tiempos de violencia y rebeldía. Memorias, Okura, Lima, 1985 (415 pp.).
Armando Villanueva del Campo. La gran persecución (1932-1956), Universidad San Martín de Porres, Lima, 2004 (510 pp.).
El libro aporta un material de indudable valor político, ideológico e histórico para la verdadera comprensión del aprismo: la carta que Manuel Seoane Corrales dirige al entonces Secretario General del PAP, Ramiro Prialé, más conocida como el Memorándum de 26 de setiembre de 1962 (De las Casas, ob. cit., pp. 258-261).
11 Lo primero que llama la atención en este caso es cómo un miembro de una de las familias más oligárquicas pudo haber sido un alto dirigente en un partido como el aprista de clara factura izquierdista y antiimperialista: “De mencionarse es la cara de asombro que pusieron los registradores del partido en su local de la Calle Belén, cuando yo di mi nombre; igual asombro experimentaron nuestros familiares, sin excluir a nuestros padres. Y la sorpresa de los Miró Quesada de El Comercio se transformó en indignación, pues todos me quitaron el saludo. Cuando me cruzaba con ellos en la calle los saludaba inocentemente, pero la única reacción que obtenía era un ceño fruncido y una total ignorancia de mi saludo” (Saco Miró Quesada, ob. cit., pp. 53).
12 “Deseo sí referirme a una cuestión de concepto y estrategia sobre la cual el jefe del Partido manifestó su absoluto desacuerdo con Zapata [Saco Miró Quesada]. Me refiero a la afirmación contenida en el primer informe (16-IX-1936) de que a mi juicio la organización política del aprismo, por su índole sólo puede ser organismo de resistencia en las etapas de ilegalidad con el fin de mantener el contacto entre afiliados, realizar labor estimulante de propaganda, efectuar recaudaciones, etc., pero que la única forma efectiva de encaminar a la masa a la acción combativa y beligerante era a través de los gremios de trabajadores, tanto manuales como intelectuales.
A juicio de Víctor Raúl, por el contrario, existe una actitud de política ofensiva que corresponde a las masas políticamente organizadas. No se trata simplemente de resistencia sino de la conquista de la calle. Ésta se logra mediante la propaganda mural, los rumores, las silbatinas, acciones por sorpresa, etc.” (ibíd., p. 90 y ss.).
“... En cuanto a la metodología, analíticamente reviso y digo: Nos equivocamos. Todas nuestras revoluciones se propusieron la captura de ciudades: Trujillo, Huaraz, Cajamarca. En el año 34, Lima, Palacio de Gobierno, Huancavelica, Ayacucho, Huancayo y otra vez Cajamarca. La metodología que preponderó en quienes dirigían nuestras revoluciones era la de un libro que causó mucho daño, que se llama Técnica del golpe de Estado, del italiano Curzio Malaparte, que se publicó en Argentina en los años 30... Nosotros cometimos el error de capturar ciudades y no desplazar nuestras fuerzas al campo. La organización clandestina o de resistencia a la dictadura fue más citadina que rural” (Villanueva del Campo, ob. cit., pp. 29 y 54).
Luis Alberto Sánchez abordó el tema del aprismo a partir de dos géneros: la historia y la biografía novelada. En el primer caso son dignos de mencionar los tres tomos de sus Apuntes para una biografía del APRA que editó Mosca Azul: tomo i, “Los primeros pasos, 1923-1931” (249 pp.); tomo ii, “Una larga guerra civil, 1931-1934” (203 pp.); y tomo iii, “La violencia, 1935-1948“ (245 pp.). Y en el segundo género, como fiel seguidor y admirador de Emil Ludwig, Stefan Zweig, Lytton Strachey y André Maurois, escribió dos novelas: Haya de la Torre el político. Crónica de una vida sin tregua (Enrique Delgado Valenzuela, Lima, 1979 - 243 pp.) y Haya de la Torre y el APRA (Universo, Lima, 1980 - 414 pp.).
Felipe Cossío del Pomar. Víctor Raúl (2 volúmenes, Cultura, México D. F., 1969) y El indoamericano (Nuevo Día, Lima, 1946).
Percy Murillo Garaycochea. Historia del APRA 1919-1945, Enrique Delgado Valenzuela, Lima, 1976 (569 pp.).
Roy Soto Rivera ha escrito la biografía más extensa y completa sobre la vida del fundador del aprismo, pues abarca desde 1895, fecha en que nace, hasta 1979, momento en que fallece siendo presidente de la Asamblea Constituyente. Lleva por título Víctor Raúl. El hombre del siglo xx (3 tomos, Instituto “Víctor Raúl Haya de la Torre”, Lima, 2002 - 1526 pp.).
Chang-Rodríguez, ob. cit.
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