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Reunión anual de Jefes Ejecutivos de América Latina del Instituto de Finanzas Internacionales (IIF), en la foto junto a Dionisio Romero |
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Finalmente el Sr. Presidente de la República confirmó su proyecto. Que nadie se llame a engaño. Con una frase muy bien entonada borró libros, discursos, artículos y conferencias donde criticó y descalificó al modelo neoliberal (Lo llamó Nuevo Totalitarismo en los años noventa).
Además dijo muy claramente que él trabajaba para ese proyecto. No para el APRA, la izquierda democrática y mucho menos para lo que podría llamarse “Socialdemocracia”, el Presidente es Neoliberal y Neo conservador. Podrá calificarse de izquierda o “discípulo” de Haya de la Torre, y desfilar en Alfonso Ugarte el día de la fraternidad para intentar demostrar su aprismo, pero todo ello es teatro, sicodrama para mantener hipnotizados a los leales.
Lo recientemente declarado ante los banqueros regionales en su reunión anual de Jefes Ejecutivos de América Latina del Instituto de Finanzas Internacionales (IIF), borra cualquier esperanza de un giro social, de organización de nuevas correlaciones a favor de un espacio político que acerque el estado y el mercado al pueblo. Ha ofrecido neoliberalismo para más de diez años, algo así como dos gobiernos más, donde el orientará a quién se vota para el 2011 y el mismo regresar en el 2016.
Atrás quedan las justificaciones que el pacto con la derecha era “coyuntural”, que se debía a “correlaciones de fuerza”, que era resultado de la “segunda vuelta”, que el Presidente “debía ser prudente”. Ni modo, ha sido la más grande estafa política en el Perú al comenzar el siglo XXI.
De esta forma los actores internos que se preparan para un enfrentamiento por la dirección del partido y posteriormente para luchar por la candidatura presidencial, son sólo facciones y ramas del mismo árbol. No es “izquierda” contra “derecha” ni “Aprismo contra neoliberales”, ni “cuarentones renovadores” contra “tecnócratas”, matices más matices menos, son facciones Alanistas en una intensa y brutal lucha por el poder para ocupar puestos en las listas y candidaturas.
Hay algunas excepciones como Luis Alberto Salgado, Jesús Guzmán o Luis Negreiros si finalmente se anima a participar, pero la legalidad del proceso está en entredicho, como lo confirman las múltiples denuncias a todo lo largo de la República, la composición del llamado Tribunal Electoral, los bruscos cambios de fechas y la sistemática poda de los padrones, acto delincuencial cometido con total impunidad.
Total, si el Presidente proclama a los cuatro vientos, delante de cámaras, que el puede influir en la elección del 2011 para evitar que gane el que no sea neoliberal, ¿Qué se puede esperar en el partido que Alan ha tratado como su feudo personal nombrando guaruras, comisarios y condesitos, para que le hagan el trabajo sucio?
La naturaleza del proyecto Alanista es autoritaria y corruptora. La Democracia es válida y se respeta solo a condición que “gane el que yo quiero”, es una versión refinada del viejo caciquismo criollo del Estado Oligárquico.
Hasta la derecha democrática ha protestado en el Congreso, ante las declaraciones del Presidente y las ridículas explicaciones del Presidente del Consejo de Ministros de paja, Yehude Simon.
La declaración literal de Alan ha sido “En el Perú el presidente tiene un poder. No puede hacer presidente al que él quisiera, pero sí puede evitar que sea presidente quien él no quiera. Y lo he demostrado”.
Este ciudadano que es Jefe de Estado por dos años más, es el nuevo Oscar R. Benavides, el nuevo Nicolás Lindley y Ricardo Pérez Godoy, generales golpistas que vetaron a Haya de la Torre en 1936, en 1939, en 1962. Es el nuevo y versallesco Prado que en 1945 “sugirió” a Haya no presentarse y apoyar a Bustamante.
Con este paso y pública confesión Alan García demuestra una vez más que el respeto a los peruanos y sus preferencias políticas no forma parte de sus rutinarias muestras de devoción religiosa. Pretende hacer extensivo al conjunto de la sociedad peruana el trato que con el pie y el zapato hace del Partido Aprista. Incluso sus intentos por justificar y arreglar sus declaraciones son absolutamente fallidos, ningún “modelo” está por encima de la voluntad popular.
La fascinación fujimorista-montesinista que siente García por la “Gobernabilidad autoritaria” es demasiado obvia para ocultarla. Garcia adora los “caballazos”, no la participación ciudadana, poco le importa lo que el fujimorismo hizo con su imagen, pues son lo mismo, su punto de origen los une. Y ese es el nudo gordiano que ha envilecido la política peruana en los últimos veinte años. Aquí no hay ningún consenso político, hay pacto de impunidad, de repartija, de intereses privados coludidos a la sombra de la corrupción. |