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Justicia :::: El pasado ultra de Duberlí Rodríguez, el magistrado que verá la apelación de Fujimori.

Segunda Tanda

Duberlí Rodríguez era el único Supremo penalista llano a asumir la histórica responsabilidad.

La bancada fujimorista puso el grito en el cielo al conocer que el presidente de la Primera Sala Penal Transitoria, Duberlí Rodríguez Tineo (60 años), que resolverá el caso en segunda instancia, mantuvo vínculos con grupos de extrema izquierda en los años 70’s.

La designación de Rodríguez por parte del presidente del Poder Judicial, Javier Villa Stein, estaba cantada debido a la escasez de vocales supremos especializados en temas penales. Fue elegido en diciembre pasado y será secundado por los magistrados José Antonio Neyra, Julio Enrique Biaggi, Elvia Barrios y Roberto Barandiarán.

Entre 1985 y 1990, Rodríguez Tineo fue diputado por Izquierda Unida representando a la Unión Nacional de Izquierda Revolucionaria (UNIR), también conocida como Patria Roja, cuyos líderes son Alberto Moreno, Rolando Breña y César Barrera Bazán.

Nacido en Huarmaca, un inhóspito villorrio de los Andes piuranos, Rodríguez estudió derecho en la Universidad Nacional Pedro Ruiz Gallo de Chiclayo.

Agosto de 1987, Rodríguez, diputado de la Izquierda Unida, junto a entonces ultra Yehude Simon. en respaldo a “presos políticos”.

El congresista Luis Falla La Madrid, chiclayano y actual presidente de la comisión de presupuesto, lo recuerda así: “Presidía la Federación de Estudiantes Universitarios y pertenecía al Frente de Estudiantes Revolucionarios (FER), organismo de fachada de la izquierda. Era muy activo políticamente hablando”, cuenta.

Proviene del distrito judicial de Lambayeque y ostenta el grado de magíster en Derecho (Ciencias Penales). Además estudió en la Universidad de Alicante, España. Ha ocupado el cargo de vocal superior titular en Lambayeque desde 1996.

Héctor Vargas Haya, ex presidente de la Cámara de Diputados en 1989, declara que “era un joven diputado muy efusivo, virulento contra el régimen de Alan García. Tenía la misma posición visceral de Yehude Simon, que por entonces era diputado por Izquierda Unida. Ambos representaban a Lambayeque. Yehude y Duberlí se ocuparon de hacerle la vida imposible a García. Se oponían a todo: la aprobación del Presupuesto General de la República, la construcción del tren eléctrico, los mercados del pueblo y los dólares MUC, entre otros temas”.

Desde la orilla fujimorista, Carlos Raffo espolea y dice que “sería un síntoma preocupante y peligroso porque pondría en riesgo la imparcialidad de la segunda instancia. Claro que el caso lo verá un colegiado pero él es la cabeza. Sobre sus andanzas en el Congreso 85-90 al lado de Yehude, no nos llama la atención porque nosotros hemos dicho que el actual Premier ha sido militante del MRTA”.

Para César Barrera Bazán, ex diputado de Izquierda Unida y amigo personal de Rodríguez, “es absurdo que los fujimoristas lo cuestionen por su vieja participación en Izquierda Unida. Fue un adherente en el UNIR pero no fue militante”.

A diferencia de Vargas Haya, resalta que Rodríguez “fue un buen parlamentario, coautor del Código Civil que se aprobó en esa época. Su especialidad eran derechos humanos y descentralización. Lo quieren satanizar por haber sido de izquierda”. Perteneció a las comisiones de Derechos Humanos y Descentralización.

Explica que después de su mandato, el hoy vocal supremo abandonó los predios izquierdistas y se dedicó de lleno a su carrera judicial en Chiclayo, “hasta llegar a los más altos peldaños de la judicatura. Hoy en día no mantenemos ningún tipo de comunicación, ni vinculación política”. A través de sus asesores, Duberlí Rodríguez se excusó de declarar para esta nota.


Justicia :::: En Semana Santa le llegó su San Martín. Cómo se forjó la histórica pena de 25 años impuesta a Alberto Fujimori.

Máximo Rigor

Alberto Fujimori solicitó de inmediato un recurso de nulidad de la sentencia. Ahora viene el partido de la apelación.

Fue un patatús naranja. El grupo político fujimorista recibió la sentencia de 25 años impuesta al líder en medio de gestos lívidos y de pasmo. Durante casi dos horas y veinte minutos de lectura dirigida por el presidente de la sala, el magistrado César San Martín, el resto del país escuchó la parte medular de un documento que alcanzó todas las bases: desde los albores de un gobierno sin brújula capturado por Vladimiro Montesinos hasta las referencias de juicios internacionales relevantes para este proceso que tomó 161 audiencias y casi un año y cinco meses.

Alberto Fujimori fue condenado por asesinato con alevosía, lesiones graves y secuestro agravado. Las causales directos fueron los dos más sonados crímenes del Grupo Colina, las masacres de Barrios Altos y La Cantuta, y los secuestros del sótano del Servicio de Inteligencia del Ejército. Pero la sentencia de 711 folios establece una línea de tiempo y de análisis de los hechos que va mucho más allá, y que le permitió al tribunal sentenciar al ex presidente como cabeza de un aparato organizado de poder que perpetró delitos en el marco de una estrategia de Estado.

La sentencia marcó un precedente histórico no solo para el Perú, sino para los autócratas que todavía gobiernan en el mundo. Confirmó el gran profesionalismo del tribunal presidido por San Martín y pulverizó la estrategia de Defensa del abogado César Nakazaki, quien se empeñó en inventarse un universo formalista donde las órdenes para cometer los asesinatos solo podían expresarse en directivas escritas y tener correspondencia en la legislación.

Los severos jueces no respondieron con una pizca de ingenuidad.

La sentencia, que fue colgada de inmediato en la página web del Poder Judicial, se extiende puntillosamente en el sangriento derrotero del Grupo Colina. Es en esa secuencia de quince meses, y no de bárbaros hechos aislados, donde se enmarca la política de guerra sucia cuyos hitos fueron Barrios Altos, el 3 de noviembre de 1991, y La Cantuta, el 17 de julio de 1992.

Allí están los asesinatos de la familia Rodríguez el 23 de enero de 1992 (cinco personas, incluyendo una mujer embarazada de ocho meses), de Pativilca el 29 de enero (seis personas), de la Carretera Central en febrero (un estudiante), de Pamplona Alta en marzo (una persona), de los campesinos de El Santa el 2 de mayo (nueve personas. Una de los familiares sobrevivientes, Marisol Barrientos, protagonizó uno de los testimonios más conmovedores de las audiencias públicas de la Comisión de la Verdad y Reconciliación, cuando recordó vívidamente el rostro descubierto de Santiago Martín Rivas), de la familia Ventocilla en Huacho (seis personas) y el periodista Pedro Yauri el 25 de junio, de Santiago Gómez Palomino el 9 de julio y el asesinato de una persona en Chanchamayo en noviembre, que San Martín identificó como la última acción de Colina. En total, el tribunal responsabiliza al escuadrón de la muerte del asesinato de aproximadamente 50 personas.

“Es razonable inferir que tan vasto plan criminal, y el compromiso institucional que significó, sólo pudo llevarse a cabo con la decidida participación del Jefe de Estado en funciones”, concluyó el juez San Martín. Subrayó además que ha quedado acreditado que las víctimas de Barrios Altos, entre las que se contó un niño de ocho años, y La Cantuta no eran miembros de Sendero Luminoso. Ante la prensa esto volvió a ser reivindicado por Gisella Ortiz, la vocera de los deudos que vio así satisfecho el derecho de respetar la memoria de sus familiares. La atingencia es significativa porque remarca que las acciones del Grupo Colina, más que inscritas en una estrategia conducente a terminar con el terrorismo, entorpecieron y mancharon el desempeño de las fuerzas del orden, dolorosamente madurado y corregido a lo largo de tres gobiernos.

El documento también abunda en la cadena encubridora repasada en la última edición de CARETAS. San Martín responsabilizó a Fujimori por un “elaborado mecanismo de encubrimiento que incluyó al SIN, el Ejército y el Legislativo, coordinados para conseguir la impunidad”. El último eslabón de esta cadena, definida en buena medida tras el autogolpe del 5 de abril de 1992, fue la promulgación de la Ley de Amnistía, que a decir del magistrado “archivó todos los casos de violaciones de Derechos Humanos y logró la impunidad de las más altas esferas”.

En España y América Latina aluden a las comilonas de una festividad ibérica para decir que “a todo cerdo le llega su San Martín”. Significa que todas las personas responderán tarde o temprano por sus actos. La sentencia le cobra a Fujimori todos los pecados pero sus partidarios también parecen ver en ella una rendija de redención.

Como era de esperarse, Fujimori interpuso recurso de nulidad de la sentencia. Por el contrario, el Ministerio Público, representado por el fiscal supremo José Peláez, se declaró conforme con todos sus extremos. Cabe la posibilidad que en la apelación la sentencia se vea reducida. Si en cambio es confirmada por la Corte Suprema, la de Keiko Fujimori será una curiosa campaña presidencial cuyo único objetivo final será el indulto del padre.

Consultado, el ex procurador anticorrupción César Azabache apuntó a que, si bien en sus considerandos San Martín calificó los crímenes como de lesa humanidad, el texto de la sentencia no lo tipifica en la categoría que correspondería en ese caso, que es la de genocidio, sino como homicidio calificado que es un delito común. Esto significa que la pena impuesta es plausible del beneficio de por buena conducta. El propio abogado de la parte civil, Carlos Rivera, reconoció a la salida de la audiencia que Fujimori no saldría el 10 de febrero del 2032, como calculó San Martín, sino en la mitad de tiempo. Cabe añadir que esta semana la Corte Suprema ratificó la sentencia previa de seis años que Fujimori recibió por el allanamiento ilegal a la casa de Vladimiro Montesinos.

Para el jurista Diego García Sayán, que además es miembro de la Corte Interamericana de Derechos Humanos, la referencia de “lesa humanidad” hecha por San Martín proscribiría de todos modos la posibilidad del indulto o la amnistía. También recuerda la importancia de las menciones que la sentencia hace de ese tribunal internacional, pues es la instancia que dejó sin efecto la Ley de Amnistía (ver artículo de García Sayán en esta edición).

Otra enterada fuente consultada recuerda que sigue vigente un decreto legislativo que reduce al mínimo los beneficios otorgados por secuestro agravado, que es el delito por el que también se culpa a Fujimori en los casos del periodista Gustavo Gorriti y el empresario Samuel Dyer.

En los próximos días el debate ayudará a leer la letra pequeña. Con todo, los beneficios siguen siendo un triste consuelo para quien tiene la edad y consecuentes achaques del ex presidente. Pero su hija Keiko, a quien ha declarado su heredera política junto con su hermano Kenji y que salió al frente para rechazar la sentencia, sacó a pesar de todo el lado bueno de la situación. “No podrán debilitarnos políticamente”, prometió. “Es más, nos sentimos fortalecidos. El fujimorismo seguirá avanzando, hoy estamos primeros en las encuestas y seguiremos así”.

Los partidarios del ex presidente tienen en la condena un argumento político muy apreciado en el Perú: el martirologio.

Dos encuestas publicadas en los últimos días arrojan luces sobre la percepción ciudadana sobre el juicio. En el muestreo de Apoyo, hecho a nivel nacional, un 23% prefería que Fujimori fuera declarado inocente. Resulta muy interesante que una mayoría, el 40%, se inclinaba por una sentencia de “culpable con pocos años”. El 30% se mostró favorable a una pena de muchos años.

La encuesta realizada por el Insitituto de Opinión Pública de la Universidad Católica muestra que el 67% de limeños considera a Fujimori culpable y el 25%, inocente. De similar modo, un 72% creía que sería condenado como culpable, pero solo por algunos cargos.

Otras respuestas proveen interesantes entrelíneas. Un 31% se declara a favor de las ideas fujimoristas y un 40% considera el juicio parte de una venganza política de los enemigos del fujimorismo. En aparente contradicción, el 75% reconoce que durante el proceso se respetaron los Derechos Humanos del ex presidente y el 67% considera que la actuación de los jueces fue imparcial.

Resulta clave que un total de 44% considere que una sentencia de culpabilidad de Alberto Fujimori sería lo más conveniente para el futuro político de su hija Keiko (30% dijo que de “culpable con pocos años” y un aún significativo 14% de “culpable con muchos años).

Pero es de esperar que luego de la oleada de compasión venga un bajonazo de marea, pues el siguiente juicio contra Alberto Fujimori es el del caso de los US$ 15 millones de pago de “CTS” a Vladimiro Montesinos. Así como el proceso oral que acaba de concluir escudriñó toda la terrible historia de los crímenes del Grupo Colina, lo que se viene explorará la cleptocracia que Alberto Fujimori y Vladimiro Montesinos instauraron durante sus años en el poder. De nuevo se manifestará lo que se podría llamar el síndrome Pinochet. Los crímenes contra los Derechos Humanos cometidos por el dictador chileno no lograron establecer un consenso de repudio con tanta facilidad como sí ocurrió cuando fueron descubiertas sus cuentas millonarias en el Banco Riggs.

Los cálculos del saqueo practicado con el erario público durante la década fujimorista, según la Procuraduría Anticorrupción, llegan a los US$ 2 mil millones. Los montos recuperados por la Justicia son relativamente exiguos. El Fondo Especial de Administración de los Dineros Obtenidos Ilícitamente, Fedadoi, ha recibido apenas un poco menos de US$ 130 millones.

¿Ese es el modelo económico del que se puede jactar el fujimorismo? ¿Aquel que esquilmó un Estado al que le faltan recursos? Si se le suma un indesligable modus operandi político que copó todos los estamentos del poder y que se extendió incluso más allá, a los medios de comunicación y otras instituciones que no terminan de recuperarse tras casi diez años, su legado termina de perfilar una silueta desoladora. Los herederos de Fujimori tienen ahí un desafío francamente formidable.

El presidente Alan García, que se cuidó de opinar sobre la inminente sentencia, sí respondió el lunes 6 a los intentos fujimoristas por medir con un mismo rasero a los tres mandatarios que gobernaron durante los años del terrorismo.

“Nosotros fuimos, nadie lo duda, un gobierno plenamente democrático”, aclaró García. Nosotros no interrumpimos la vida democrática del país. El problema es que un hecho que aparentemente se parece (se refería a masacres como la de Acomarcca), cambia cualitativamente de sentido cuando se interrumpe la democracia y aparece una fórmula dictatorial en la que todo depende de una persona... Entonces, resulta más difícil demostrar si la persona sabía o no sabía, si era directamente responsable o no. La virtud de la democracia es que usted tiene los medios de comunicación, que son los primeros fiscales en nombre de la opinión pública, tiene el Parlamento que puede hacer sus investigaciones, tiene un Poder Judicial independiente, pero si usted no tiene nada de eso, toda la culpa viene hacia usted. Para eso existe la democracia, que también es una forma para defender a los gobiernos que pueden trabajar porque tienen sistemas de fiscalización permanentes que evitan los excesos”.

Antes, el viernes 3, el ex presidente de la Comisión de Verdad y Reconciliación, Salomón Lerner Febres, recordó que, si bien el informe final de la CVR encontró responsabilidad “política y moral” en Alan García y Fernando Belaunde, el caso de Alberto Fujimori era el único donde se estableció además “responsabilidad penal”.

Las contundentes respuestas se adelantaron de alguna manera al espíritu de la sentencia dada a conocer el martes. Un documento que los tres magistrados comenzaron a redactar casi cinco meses antes, en noviembre del año pasado.

Entonces ya había transcurrido casi un año de proceso. Los primeros capítulos trabajados fueron los de los antecedentes procesales del juicio y sus incidencias. Luego, a inicios de enero, cuando culminó la presentación de las pruebas, comenzaron a escribirse las partes de la valoración de éstas y los fundamentos.

Es normal, contrario a lo que han expresado juristas como Javier Valle Riestra, que se comience a escribir la sentencia antes de su pronunciamiento. No puede ser de otro modo si se quiere cumplir con el plazo de solo cinco días luego de finalizar el juicio oral, otorgado por el Código de Procedimientos Penales. Eran 70 mil folios los que se acumularon a lo largo del juicio.

Fue protagónico el papel del magistrado César San Martín. Durante todo el proceso, tomó nota de las audiencias en su computadora Laptop. Es conocido entre sus colegas por la facilidad para categorizar la información, resumirla y establecer los puntos principales con solo escucharla. Es preciso y rápido. Para elaborar la sentencia echó manos a estos resúmenes.

Según fuentes del Poder Judicial, el magistrado Víctor Prado estuvo encargado de la elaboración de la parte de antecedentes jurídicos y la jurisprudencia relativa al caso. San Martín se encargó de la sustentación doctrinaria. Es reconocido como uno de los mejores procesalistas penales y sus libros de derecho procesal penal son de referencia obligada. Además se encuentra al día con las últimas tendencias jurídicas, sobre todo las españolas. Difícil estereotipar a este limeño de 54 años, además. Si bien fue cesado luego del autogolpe, antes debió salir del país porque, siendo presidente de la Sala de Terrorismo, su esposa fue víctima de un atentado.

Luego de concluir que Alberto Fujimori sería condenado, el último fin de semana los magistrados San Martín, Prado Saldarriaga y Hugo Príncipe Trujillo, deliberaron si elegían la figura penal de autoría mediata o la doctrina de la “ignorancia deliberada”, usada ampliamente en España y que viene de la figura penal anglosajona “willful ignorance”. Se decantaron totalmente por la primera.

Michael Reed es directivo del Centro Para la Justicia Transicional (ICTJ por sus siglas en inglés), la única organización internacional que se sopló cada una de las audiencias. Cuando, antes de darse a conocer la sentencia, CARETAS le preguntó por lo que era digno de destacarse en el juicio, respondió que “cómo el tribunal y todas las partes demostraron paciencia absoluta para aceptar el examen de más de cien testigos y peritos. En situaciones así la gente se exaspera y se vuelve intolerante. Lo segundo es la estrategia de comunicación del tribunal, de transparencia y apertura. Muy pocas cortes en el mundo la tienen. Cuando el tribunal se llegó a sentir manipulado, colgaban un comunicado en la página web. Igual que los resúmenes de cada audiencia, publicados a pocas horas de lo acontecido”. Para Reed el juicio fue sencillamente “extraordinario”.

Con la experiencia, el Perú político cambiará seguramente de semblante. Pero más que euforia o rabia, debería ser parecido al gesto grave y reflexivo que tuvo San Martín mientras la secretaria del juzgado leía los apartes de la sentencia.

Si Fujimori derrotó a Sendero, ¿por qué lo seguimos combatiendo?

Dom, 12/04/2009 - 23:36

Por Mirko Lauer

Las dos emboscadas en el VRAE esta semana constituyen otra sangrienta nota a pie de página a la derrota de Sendero Luminoso en los años 90. Es verdad que el SL con enorme capacidad de fuego y de desarticulación de los años 80 desapareció con la captura de Abimael Guzmán y buena parte de su plana mayor en 1992.

Pero 17 años después SL sigue siendo una presencia en la política peruana. Asesina en la zona del narcotráfico. Gana elecciones en importantes universidades peruanas. Hace esporádicas apariciones en las que se consideran antiguas zonas de influencia. Que no parezca a punto de tomar el poder del Estado no lo hace menos presente.

Cuando en su primera campaña reeleccionista Alberto Fujimori ofreció terminar con los remanentes de SL para 1995, sabía de lo que estaba hablando: el capítulo de esa violencia en el país no estaba cerrado, y el fenómeno todavía justificaba una promesa electoral. Promesa que, hoy lo sabemos, no era nada fácil de cumplir.

En los mismos años 90 en que el primer senderismo derrotado menguaba, el narcotráfico se desarrollaba: pasó de ser una actividad agraria y dispersa a ser un negocio industrial, concentrado e internacionalizado. En dos palabras, con Fujimori pasamos de exportar pasta básica a exportar cocaína. Ese fue uno de los salvavidas de SL.

A primera vista no es lo mismo un SL dedicado al terrorismo de alta intensidad ideológica por todo el país que un SL asociado a un negocio pragmático en zonas alejadas de las capitales del país. Sin duda los habitantes de las zonas cocaleras semiliberadas por el narcotráfico y los deudos de los policías y soldados muertos no lo ven así.

Hay, pues, un primer SL que ha quedado atrás. El del pensamiento Gonzalo, el de la división en dos tendencias con objetivos diferenciados, el del cronograma para la toma del poder del Estado y el del genocidio indiscriminado. Pero hay algo llamable un segundo SL, que es hijo del encuentro del primero con la llegada de los cárteles de la droga.

Basta echar una rápida mirada a Colombia o a la frontera norte de México para entender la peligrosidad de la situación que hemos heredado de los años 90. No es el rebrote senderista originalmente imaginado, como un retorno de la antigua capacidad operativa y el decorado maoísta. Ahora es una acumulación en torno de una enorme tasa de ganancia ilegal.

De modo que la idea de que fuimos librados del terrorismo en los años 90 tiene que ser tomada con algo de pinzas. Se resolvió la amenaza inmediata, es cierto. Pero una parte importante del problema fue potenciada y pateada hacia adelante. La escalada de bajas en el VRAE, segura y no tan lenta, es una clara demostración.

Perú 21 Marco Sifuentes

Geishas del siglo XXI


En la década de los 90 la prensa se vendió mediante una mecánica sencilla: copiar y pegar. Había una central en el SIN que proveía de información a la mayoría de medios y esa era la única fuente admisible para los periodistas que se pusieron el kimono. Las geishas copiaban y pegaban lo que les daba Montesino y listo. ¿Quién se iba a tomar la molestia de cruzar la información, de corroborar si lo que dijeron era verdad o no? Nadie. No había cómo.

Una década después, la sentencia contra Fujimori ha desencadenado que viejas (y nuevas) geishas repitan en la prensa puro bullshit, como dirían los gringos. El problema es que ahora no la tienen tan fácil: gracias al acceso libre a la información en Internet es sencillo desbaratar sus jugarretas.

El ejemplo más alucinante es el la encuesta de CPI, que mereció primeras planas y largos minutos en radio y televisión. Según la empresa de Manuel Saavedra, el 59.4% de los limeños desaprueba la sentencia a Fujimori. El problema es que esa no es la verdad.

En la web del diario Correo se consigna el desagregado del dichoso sondeo. Uno puede bajarse el PDF y descubrir la viveza: en realidad, SOLO EL 26.2% de encuestados piensa que se le debió absolver (es decir, el núcleo acostumbrado de fujimoristas). Pero Saavedra, quién sabe por qué, decidió agrupar también a los que sí están de acuerdo con la condena pero creen que debió ser de menos (¡o más!) años bajo el rubro de "en desacuerdo", inflando artificialmente a los fujimoristas.

Releyendo las cifras, el resultado debió presentarse así:

SE LE DEBIÓ CONDENAR 69%
SE LE DEBIÓ ABSOLVER 26.2%
NO SABE / NO OPINA 4.8%

Para los interesados en profundizar en las deficiencias de la encuesta, el blog Espacio Compartido ha publicado un post de Armando Rendón con 18 objeciones al sondeo de CPI.

Sobre la sentencia misma también se ha desatado una campaña de desinformación, aprovechando que el ciudadano común no sabe que puede acceder a las 708 páginas del fallo del juzgado de San Martín a través de la web del Poder Judicial o de http://tinyurl.com/fujisentencia

Por ejemplo, en este mismo diario un señor Oliver Stark (mucho gusto) sostuvo ayer que afirmar que Fujimori conocía de las actividades de Montesinos y Colina "es , por decir lo menos, una gran y exagerada cojudez". Una cojudez. Como los derechos humanos, supongo. Lo que es francamente cojinova -disculparán que no sea tan castizo como Stark- es opinar sobre un texto que evidentemente no has leido.

Los capítulos XIII y XV de los fundamentos de hecho de la sentencia son claves. El primero detalla los otros crímenes de Colina: en total, once operativos, el primero ocurrido en noviembre de 1991; el último, un año después. No fueron solo Cantuta y Barrios Altos. Y desde el primer día la prensa independiente (Gorriti, noviembre 1991) ya advertía que se trataba de ejecuciones de paramilitares.

En el capítulo XV se detalla que autoridades del régimen como Máximo San Román o el general Rodolfo Robles, alertaron de estos casos. ¿Resultado? Fueron expectorados del gobierno de la peor forma. La sentencia detalla literalmente decenas de evidencias similares. Vamos, es cuestión de leer, no es tan complicado, muchacho.

También habría que consultar el fallo antes de manosear los nombres de las víctimas de la Cantuta porque se ha descartado su militancia en Sendero. Algunos periodistas deberían consultar la página 697 (en el Capítulo IV de la Parte III):

"No existe la menor información consistente de órganos policiales, de inteligencia o del Ministerio Público -menos sentencias judiciales- que de una u otra manera permitan sostener, siquiera a nivel de sospecha razonable, que algunas de las víctimas de Barrios Altos o de La Cantuta participaron en los dos grandes atentados, precedentes de los hechos en su agravio, o que militaron o estén vinculados al PCP-SL."

Más claro, ni el agua. La parte civil pidió que se restablezca la reputación de las víctimas de la Cantuta y los jueces han dicho, simplemente, que no existe ningún motivo para llamarlos terroristas. Legalmente, prevalece el principio de presunción de inocencia. Es súper sencillo, coleguitas.

Mi amigo Uri Ben Schmuel, director del diario La Razón y gran consumidor de blogs, se queja de que el sentimiento de la blogósfera peruana no corresponde al de la calle. Dice que la cholósfera está dominada por caviares que se mueven en un ghetto "cuyos confines no llegan más allá del campus de la urbanización Pando y dos o tres cafetines y librerías de moda".

Quizás esos serán los blogs que lee Uri. Pero en este país hay 14 mil blogs y es cuestión de navegar un poco en Perublogs para encontrar gente de Trujillo, Cusco, Cañete, Arequipa, Cajamarca, Iquitos y todos lados celebrando que la justicia se haya impuesto el martes 7 de abril y -ojo aquí- lamentando la salida del clóset de varias geishas.

Ninguno de esos bloggers es -como sostiene equivocadamente Uri- aspirante a periodista. Son ciudadanos comunes y corrientes, son nuestro público, no quieren ser periodistas. Y, vamos, después de la algunas portadas de esta semana ¿quién querría serlo?

Ilustración de Andrés Edery

Bonus Links

Heduardo también le manda links a Uri.

El Malapalbrero destruye a Jaime De Althaus. Hilarante.

Gonzalo Gamio y la prensa conservadora.

Roberto Bustamante le pide un deslinde a la derecha, con dos párrafos buenísimos:

A la izquierda (o a un sector de ella) se le reclama periodicamente un deslinde con la violencia, con "la revolución por la vía armada". Es un reclamo legítimo, creo, y que además incide en la necesidad por una apuesta por la democracia como sistema de valores, como sistema político. (...)

La misma crítica es extensible a buena parte de la derecha peruana, sobre todo en la semana de la sentencia a Alberto Fujimori, por crímenes de lesa humanidad. ¿No se debería reclamar también un deslinde con el autoritarismo como forma de gobierno? ¿Crecimiento económico -en entredicho, además, teniendo en cuenta la enorme corrupción, justamente económica- sin derechos humanos? ¿Los costos sociales de la reinserción del Perú al sistema financiero mundial? ¿Las cuotas de sangre para la revolución capitalista en el Perú?

En su blog, Martín Tanaka dialoga y matiza el post de Bustamante. (Por cierto, Mr. Stark -¿será primo de Tony?- tiene que leer urgente este otro post de Tanaka analizando en frío la sentencia a Fujimori.).

Augusto Álvarez Rodrich también le da su chiquita a Stark.

Finalmente, me robo el último post de Álvaro Portales:

 
 

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