Lo que no logró el Dr. García con su campaña presidencial (que sólo logró mayoría en Lima y La Libertad) lo ha logrado con sus inconcebibles desaciertos frente a la crisis nor-amazónica: que grandes multitudes de peruanos de todas las sangres se unan en torno a su persona. Pero para condenarlo.
El 11 de junio, en 29 ciudades de Perú y 10 ciudades en el extranjero, se realizaron manifestaciones de protesta contra el gobierno peruano, acusándolo de la tragedia ocurrida en Bagua el 5 de junio y defendiendo los derechos de los pueblos nativos amazónicos a mantenerse en sus tierras. Es absurdo decir que estos movimientos fueron “comunistas” o “pagados por gobiernos extranjeros”, como solía decir el dictador Odría de los mítines relámpagos apristas contra su dictadura.
En París firmaron la condena al gobierno del Dr García varios conocidos suyos de sus días universitarios, como Daniel Cohn-Bendit, héroe de la rebelión estudiantil francesa de Mayo de 1968 y actual diputado al parlamento europeo por el partido ecologista Los Verdes; así como Alain Krivine y Michael Löwy, prestigiosos intelectuales. Otras personalidades fueron Alain Lipietz (Presidente de la delegación del Parlamento Europeo ante la Comunidad Andina de Naciones) y Olivier Besancenot (líder de izquierda que representa la tercera fuerza electoral de Francia.
Es una situación preocupante, que no se resuelve con loas al Presidente ni actitudes agresivas contra quienes se oponen a él.
La solución política impostergable
Vivimos una situación de crisis que golpea fuertemente no sólo la persona del Presidente sino la autoridad de la institución presidencial. Y la solución es rectificar, como corresponde a todo gobernante que escucha atentamente a su pueblo. El problema de fondo de todo esto es el siguiente:
1)--El Presidente debe derogar el paquete entero de Resoluciones Legislativas que se hicieron al amparo de la Ley 29157 (que le dio a mediados del 2008 180 días de facultades extraordinarias para ampliar la base legal al Tratado de Libre Comercio con los EE UU) porque se promulgaron bajo un procedimiento equivocado, que sorprendió a la ciudadanía y sobre todo a los pueblos amazónicos sobre temas fundamentales.
2)--El Presidente debe mediar para que un nuevo mecanismo de diálogo, constitucional y sin exclusiones, convalidado por el Congreso, de soluciones de consenso a todos los problemas legales relacionados con la Amazonía y el TLC con los EE UU.
3)--El Presidente debe garantizar que el diálogo y las nuevas leyes relacionadas con el tema de las tierras amazónicas respeten la condición de leyes superiores que poseen la Declaración de los derechos indígenas de las Naciones Unidas (del 29 junio 2006) y el Convenio 169 de la OIT “Sobre pueblos indígenas y tribales en países independientes” (del 7 de junio 1989).
El Pronunciamiento de Vanguardia Aprista señala con bastante detalle los pormenores de estos decretos y la manera como contradicen los tratados vigentes sobre derechos de los pueblos indígenas.
4)--El Presidente debe aclarar la contradicción entre las cifras oficiales de tierras comunales selváticas y las que maneja el titular del Ministerio del Ambiente (MINAM). El MINAM sólo reconoce 11 millones de hectáreas como tierras tradicionales de las comunidades amazónicas, cuando son 13 millones las ya demarcadas: 10,5 para 1.232 comunidades tituladas y 2,8 de reserva territorial para la supervivencia de comunidades indígenas en aislamiento . Esto fue un motivo de tensión en las negociaciones con los líderes amazónicos.
5)--El Presidente debe permitir una libre investigación de los sucesos de Bagua del 5 de junio, que precise responsabilidades y despeje dudas sobre la posibilidad de más víctimas no registradas. Y debe fomentar la reconciliación entre las fuerzas policiales y la población civil del Alto Amazonas, dejando de lado medidas represivas innecesarias. No es correcto tildar a los nativos de salvajes y de “ciudadanos de segunda clase” cuando los trágicos sucesos que todo el país condena y lamenta tienen muchos aspectos no aclarados.
Nada de esto es imposible e incluso podría permitir que el Presidente logre sus objetivos políticos respecto al TLC con EE UU en mejores condiciones. Una de las virtudes del cargo presidencial es tener margen de rectificación y de convocatoria a nuevas fuerzas políticas. Los gabinetes, por el contrario, deben asumir sus errores y dar un paso al costado cuando han dejado de ser útiles.
El actual gabinete es un obstáculo. La represión también.
El primer problema que afecta la institución presidencial es la falta de solidaridad del gabinete. Esas contradicciones incómodas entre ellos respecto a los sucesos de Bagua y ese aferrarse al cargo con argumentos irrisorios, obligan a que sea el Presidente de la República el principal blanco de las condenas de unos ciudadanos y la desconfianza de otros. Les toca a ellos, urgentemente, sobre todo al Primer Ministro, la Ministra del Interior, el Ministro del Ambiente y la Ministra de Comercio Exterior y Turismo (principales gestores y defensores de los cuestionados Decretos Legislativos y de la represión en Bagua), librar al Presidente de ese peso en el cuello e irse a su casa. Ello permitiría un nuevo alineamiento de fuerzas políticas y un nuevo proceso de negociación sobre el problema de las inversiones en la Amazonía. Cada día que pasa que esto no ocurre, el Presidente deteriora su imagen y su autoridad.
Es un error que el Presidente defienda como justas las medidas represivas impuestas en Bagua y aquellas que le son colaterales. El bloqueo militar y policial de Bagua entre los días 5 y 11 de junio no permitió el ingreso a la zona de ninguna autoridad civil, del Ministerio Público o la Defensoría del Pueblo, y permite actualmente que circulen numerosas versiones sobre otras víctimas desaparecidas.
Tampoco ayuda al Presidente que sigan habiendo pobladores de Bagua detenidos (que denuncian maltratos) en el puesto militar de El Milagro, y que subsistan órdenes de detención contra los integrantes del Frente de Defensa del Alto Amazonas.
El cierre de la radio “La Voz de Bagua”, la detención del abogado Carlos Rivera de “Ideéle” (entidad que sustenta que hay más de 30 nativos muertos) y los impedimentos para el asilo de Alberto Pizango, presidente de AIDESEP (Asociación Interétnica de Desarrollo de la Selva Peruana), añaden más leña al fuego, porque son medidas “de castigo”, tomadas por los ministros al margen de las instituciones y procedimientos legítimos para resolver las denuncias pertinentes.
El Presidente de la República requiere dar un giro de timón y librarse de este innecesario factor político en contra.
La absurda teoría de la conspiración
Los pocos “comunistas castristas” y presuntos “agentes de Venezuela y Bolivia” que pululan en nuestras organizaciones sociales han sido los primeros sorprendidos con el carácter masivo de las protestas. Y no ejercen ningún control. Esas organizaciones de pobladores nativos, esas asociaciones de defensores de los derechos humanos y la conservación ambiental, esos grupos religiosos comprometidos con el tema amazónico, esos sindicatos obreros y campesinos, esos Frentes de Defensa regionales y esa gran masa de maestros y de jóvenes estudiantes, se han sumado a una protesta que consideran urgente pero no son huestes orientadas por partidos políticos. ¿Alguien cree realmente que son gente que quiere matar más policías? ¿Qué son enemigos de la unidad del Perú al servicio de un gobierno extranjero? Es absurdo suponerlo. Más aún, la gran mayoría de estas organizaciones están vinculadas a Proyectos de Desarrollo y a Organizaciones No Gubernamentales que siguen lineamientos del movimiento internacional socialdemócrata, al cual está afiliado el Partido Aprista. La mayoría de esos líderes sociales que aparecen firmando comunicados simpatizan con la socialdemocracia. Deberían ser apristas. Y sus instituciones vinculadas a los problemas amazónicos deberían tener contacto con el Gobierno y el Partido Aprista. ¿Por qué no es así? Es un buen tema de análisis. ¿Cuál es la política social de la dirigencia nacional aprista en el movimiento nativo amazónico? ¿Cuántos líderes amazónicos tienen carnet partidario y eligieron al señor Mauricio Mulder en el último Congreso?
Acusarlos de “enemigos de la patria” y llamar a que el Partido Aprista ataque de ese modo a esos grupos le hace un inmenso favor a los precarios agitadores que allí hay. Y aumenta la brecha entre peruanos. El Presidente no tiene por qué adjetivar y condenar a priori a gente que sólo pide que se esclarezcan los sucesos y se de inicio a una nueva relación con las poblaciones amazónicas.
Al Presidente le basta con ejercer su rol mediador señalado por la Constitución y ayudar a que las partes enfrentadas se calmen y la verdad salga a luz sin restricción alguna. ¿Es tan difícil hacer esto?
El lugar del Partido Aprista
El aprismo se ha ganado un lugar en nuestra historia que no debemos empañar. Es el partido de la paz, del perdón, de la reconciliación y del esclarecimiento de la verdad. Siempre dispuesto al diálogo con sus adversarios en bien del país. No es el partido de la confrontación, la exclusión, el rencor ni la venganza política. Haya de la Torre llamó a luchar contra dictaduras defendiendo la Constitución y las plenas libertades, sumando fuerzas con todos los peruanos que así lo querían y oponiéndose a las represalias posteriores contra los vencidos. Luego Víctor Raúl condujo al Partido por la senda de la tolerancia y la fraternidad con todos los peruanos, renunciando a su candidatura presidencial en 1962 y a la hegemonía partidaria en el Parlamento en 1963 con el fin de hacer prevalecer la estabilidad republicana.
En La Asamblea Constituyente de 1978, Haya de la Torre fue el fiel de la balanza que lograba que las distintas líneas “duras” de izquierda y derecha tuvieran el menor impacto posible en la situación política, quitándoles argumentos mediante el diálogo y fortaleciendo la presencia del Partido Aprista en las organizaciones sociales de base. Hay que rescatar este vigente magisterio político.
En conclusión, no se trata de ahondar la brecha entre peruanos ni que el Presidente sea el instigador del enfrentamiento social. Hace falta que restablezca su rol de supremo árbitro político y ayude a que la verdad simplemente se abra paso y las tensiones se calmen. Y el Partido Aprista debe manifestarse como un factor de paz y esclarecimiento de la verdad. |