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Cien años de Enrique de la Osa, fundador del aprismo en Cuba - Parte 1- El alfa y el omega de un gran luchador antiimperialista
Coincidiendo con el Día de la Fraternidad, el 22 de febrero pasado se cumplieron cien años del nacimiento de Enrique de la Osa Perdomo (Alquízar 1909-La Habana 1996), personaje controversial que fue fundador del aprismo en Cuba, amigo y colaborador de Haya de la Torre por muchos años y notable periodista y escritor.
Hugo Vallenas Málaga
Distinguido historiador Hugo Vallenas Málaga, estudioso de la Historia Aprista, coautor con Luis Alberto Sánchez de la biografía “Sobre la herencia de Haya de la Torre” (1994), autor de “Andrés Townsend, libertad e integración en América Latina”  (Fondo Editorial del Congreso, 2004), autor de la obra de teatro en quechua “La muerte de Huáscar en Andamarca, Ayacucho -Antamarkapi Waskarpa Wañusqan, Ayakuchupi” (2007), gestor de proyectos de puesta en valor de zonas arqueológicas, áreas naturales protegidas y proyectos turísticos nacionales. Dos veces ganador del Concurso Latinoamericano de Ensayo Vida y Obra de Víctor Raúl Haya de la Torre (1990 y 1992). Miembro fundador del Taller Antenor Orrego y destacado colaborador de publicaciones y Fondos Editorial


Foto izquierda: En 1937, fortaleciendo el frente único. Eduardo Chibás (de lentes), representante del Partido Revolucionario Cubano (Auténtico), discute con Enrique de la Osa, representante del Partido Aprista Cubano, la unificación de ambas organizaciones. El PRC(A) ganó las elecciones presidenciales en 1944 con Ramón Grau San Martín y en 1948 con Carlos Prío Socarrás, ambos amigos de Haya de la Torre y solidarios con el aprismo. Chibás y el sector más radical del PRC(A), incluido De la Osa, formaron el Partido Ortodoxo en 1947, que tenía entre sus líderes juveniles a Fidel Castro y Abel Santamaría.
Foto derecha: Ron y tabaco en La Habana en 1961. De la Osa (centro), nombrado por Fidel Castro director de la expropiada revista Bohemia, celebra con el poeta chileno Pablo Neruda (derecha) y con el poeta cubano Nicolás Guillén, el nombramiento de este último como presidente de la Unión Nacional de Escritores y Artistas de Cuba. Guillén condujo de inmediato represalias contra los discrepantes con el comunismo, como el guionista y novelista Guillermo Cabrera Infante, siguiendo la directiva de Castro: “Dentro de la Revolución todo; en contra de la Revolución, nada” (Discurso a los intelectuales, 30 de junio de 1961).

Coincidiendo con el Día de la Fraternidad, el 22 de febrero pasado se cumplieron cien años del nacimiento de Enrique de la Osa Perdomo (Alquízar 1909-La Habana 1996), personaje controversial que fue fundador del aprismo en Cuba, amigo y colaborador de Haya de la Torre por muchos años y notable periodista y escritor.

En América Latina este centenario ha pasado desapercibido, pero en Cuba ha sido motivo de importantes homenajes. Lamentablemente, ninguno de los discursos y artículos cubanos que reseñan su intensa trayectoria como periodista y luchador social, mencionan que la mayor parte de su vida fue aprista. Este artículo se propone llenar ese vacío.

1. Lo que dice LA PRENSA OFICIAL DE Cuba

Los homenajes cubanos por el centenario de Enrique de la Osa celebran fundamentalmente su entrega incondicional al aparato de poder de Fidel Castro después de 1959. En efecto, De la Osa fue uno de los pocos personajes notables provenientes de los grupos políticos de ideología democrática que se mantuvo al lado de Castro después de su brusco viraje al comunismo. Sin embargo, no es posible subestimar ni mucho menos ignorar la importante contribución que De la Osa realizó para el movimiento democrático cubano en sus años juveniles. Y eso: subestimar e ignorar, es justamente lo que hacen los funcionarios cubanos.

Por ejemplo, el señor Heriberto Rosabal, hombre fuerte de la agencia cubana Prensa Latina y del diario Granma, reseña de este modo la época juvenil de De la Osa el viernes 20 de febrero de este año: “Por su filiación abiertamente antimachadista, Enrique fue encarcelado en 1927; en 1928 tuvo que exiliarse; dos años después, regresó clandestino a Cuba para participar en un golpe contra el tirano; en 1931, de nuevo sufrió prisión, primero en el Castillo del Príncipe y luego en el tristemente famoso Presidio Modelo de la entonces Isla de Pinos, hoy de la Juventud. […] Tras la caída de Machado, intensificó sus labores subversivas y antiimperialistas, y luego de la huelga de marzo de 1935 fue nuevamente apresado”.
Ver: http://www.cubaperiodistas.cu/noticias/febrero09/20/13.html

Muy bien, pero, ¿qué ideas políticas defendía ese “antimachadista”, es decir, ese opositor al gobernante Gerardo Machado Morales? ¿Al lado de quiénes “regresó clandestino para participar en un golpe contra el tirano”? ¿Qué signo político tenían sus “labores subversivas y antiimperialistas”? ¿Es acaso muy difícil decir la verdad completa? Recordemos las sabias palabras de nuestro prócer Manuel González Prada, cuando nos decía que nada era peor que el “pacto infame” de las “verdades a medias”, del “hablar a media voz”.

2. LOS PRIMEROS AÑOS: 1909-1923

Enrique de la Osa Perdomo nació el 22 de febrero de 1909 en Alquízar, localidad rural antes perteneciente a San Antonio de los Baños. Hoy en día es uno de los 26 distritos de la provincia de La Habana. De la Osa inició sus estudios en la escuela pública de su municipio y concluyó la secundaria en el Instituto Nº 1 de La Habana. Según las historiadoras cubanas Rebeca Lores, Lesbia Méndez y Teresita Hernández, autoras en común del estudio biográfico “Haya en Dela Osa: Vigencia y presencia” (1995), publicado por Luis Alva Castro en el volumen IV Concurso Internacional de Ensayo-Centenario de Víctor Raúl Haya de la Torre, De la Osa tenía sólo 14 años cuando vio por primera vez a Haya de la Torre en La Habana, en noviembre de 1923.

Recordemos que Víctor Raúl Haya de la Torre (1895-1979), recién reelecto presidente de la Federación de Estudiantes del Perú y rector de las Universidades Populares González Prada, fue deportado por el gobierno de Leguía el 9 de octubre de 1923 y embarcado rumbo a Panamá. En el istmo recibió la invitación de la Federación de Estudiantes de Cuba, presidida por Julio Antonio Mella (1903-1929), para apadrinar la fundación de la Universidad Popular José Martí, inspirada en los mismos ideales y métodos irradiados por las Universidades Populares peruanas. Haya de la Torre estuvo en Cuba entre el 31 de octubre y el 12 de noviembre de 1923, recibiendo amplio reconocimiento y solidaridad.

Estando en La Habana, Haya de la Torre recibió la invitación oficial del Secretario de Instrucción Pública de México (equivalente a ministro de Educación), José Vasconcelos, quien le ofreció una beca de estudios y expresó su solidaridad con la justicia de sus ideales. La invitación salió en las primeras planas de los diarios cubanos el día 1 de noviembre de 1923, dejando sin asidero las presiones adversas del cónsul peruano contra la estadía del estudiante peruano en la isla.

La Universidad Popular José Martí se inauguró solemnemente con presencia de Haya de la Torre el 3 de noviembre de 1923. Fue un acontecimiento de gran importancia política para los cubanos de esos días y también para la historia. La Universidad Popular cubana unió generaciones y frentes sociales; estuvieron allí, al lado de Haya de la Torre y Julio Antonio Mella, Rubén Martínez Villena (1899-1934), notable poeta que sería el organizador de la gran huelga general contra Machado de agosto de 1933; Carlos Baliño (1848-1926), veterano líder sindical que tomó las armas por la independencia de Cuba al lado de José Martí; Eusebio Hernández (1853-1933) médico y catedrático de ciencias médicas comprometido con la reforma universitaria y Enrique José Varona (1849-1933), filósofo defensor de la libertad de pensamiento que colaboró con los estudiantes reformistas y luego con los primeros grupos apristas cubanos.


Elogiosa bienvenida para Haya de la Torre del diario El Heraldo de La Habana del 1 de noviembre de 1923. La noticia incluye la invitación del ministro José Vasconcelos para residir en México.

La fundación de la Universidad Popular José Martí aparece en la primera plana del diario La Noche de La Habana del 4 de noviembre de 1923. En el centro de la foto está Haya de la Torre, con el presidente de la Federación de Estudiantes Cubanos, Julio Antonio Mella, a su derecha, y el catedrático Eusebio Hernández, a su izquierda.


Imagen de Haya de la Torre en la primera plana del diario La Prensa de La Habana del 4 de noviembre de 1923. El pie de foto menciona que es “huésped distinguido” de la ciudad.

 

Carátula y editorial de la revista Juventud de fines de 1923. Su director, Julio Antonio Mella, presidente de la Federación de Estudiantes Cubanos, dedicó esa página a un emocionado elogio de Haya de la Torre. Allí leemos: “Pasó entre nosotros, rápido y luminoso, como un cóndor de fuego marchando hacia los cielos infinitos. En su breve estancia se nos presentó: ora como un Mirabeau demoledor con la fuerza de su verbo de las eternas tiranías que el hombre sostiene sobre su hermano hombre, ora como el Mesías de una Buena Nueva que dice la palabra mágica de esperanza, ora como el camarada jovial, casi infantil, de alma pura e ingenua que lo entrega todo en aras de la amistad. […] Cuando se le sentía, más que cuando se le veía en la tribuna, se tenía la sensación de algo misterioso vagando por el ambiente, subyugaba y dominaba de tal forma al auditorio, que éste semejaba mansos cachorros de león cumpliendo las órdenes del domador, hacía reír, llorar, pensar, temer, toda la gama del sentimiento la recorría con magistral exquisitez. […] Que como él existan muchos más en todos los países de la América, es el más caro deseo de los libertadores que no han visto terminada su obra”.

Hasta la víspera de su partida, Haya de la Torre ofreció diversas conferencias en locales sindicales e institutos educativos de distintos niveles. En una de estas conferencias estuvo presente el joven escolar de 14 años Enrique de la Osa, quien muchas décadas después confesó a sus biógrafas cubanas que ese primer encuentro con Haya de la Torre despertó en él la inquietud por la política. 

El siguiente es un extracto de una de esas conferencias, que está dirigida, fundamentalmente, a los trabajadores cubanos:

“La revolución es algo grave, bello y puro, y requiere, por lo tanto, mucha gravedad, mucha belleza y mucha pureza. […] Hay una sabia fábula de los conejos que huían de los perros, y que en su huída se pusieron a discutir como si fueran latinoamericanos, tan aficionados a discutir, si los perseguidores eran galgos o podencos. Así, la energía que hubiera debido concentrarse en huir, la emplearon los conejos en discutir, llegando a ser presas de los perros; y jamás pudieron decir, en una vida ultraterrestre, si eran galgos o podencos sus perseguidores. […] Vuestros enemigos, galgos o podencos, están unidos. Marchemos al porvenir, sin discutir de antemano cómo ese porvenir será, si ha de ser un valle o si será una montaña”.
Víctor Raúl Haya de la Torre: “La moral revolucionaria”. Discurso pronunciado en el aula magna de la Universidad de La Habana el 5 de noviembre de 1923. Publicado en la revista Bohemia Azul, director: Félix Anaya, Año II, Nº 7, 1 de enero de 1924, pp. 24-25.

En todas las conferencias ofrecidas en Cuba, Haya de la Torre dio gran importancia a la herencia intelectual y moral de Manuel González Prada como patrimonio de la juventud de América Latina, a la necesidad del frente único de trabajadores manuales e intelectuales, a la unidad continental contra el imperialismo yanqui y la necesidad de integridad moral, amor por la ciencia y el estudio y “emoción social” como atributos indispensables de la nueva generación.


Imagen de los archivos del diario La Noche de La Habana, que fuera publicada en primera plana con motivo de la inauguración de la Universidad Popular José Martí, ocurrida el 3 de noviembre de 1923 (la imagen del diario con esta foto ya ha sido mostrada más arriba). Actualmente es difundida en Internet desde el sitio web de Cubaliteraria dedicado a Julio Antonio Mella, sin indicar que allí está presente Haya de la Torre, presidiendo la tribuna, al lado de Mella y del Dr. Eusebio Hernández. En la foto, Haya de la Torre muestra todavía los estragos físicos de la huelga de hambre que realizara poco antes de su deportación del 9 de octubre de 1923.

Son hechos fundamentales, como que dos y dos son cuatro, que la fundación de la Universidad Popular José Martí fue parte de un proceso continental de radicalización de la juventud en el cual fue muy influyente el ejemplo peruano; y, en segundo lugar, que eso explica la gran acogida ofrecida por los estudiantes y trabajadores de Cuba a Haya de la Torre, cuya presencia fue un factor positivo para el fortalecimiento de la unidad entre estudiantes y trabajadores en ese país.

Es realmente curioso que, debido a su estrecho dogmatismo intelectual, los comunistas cubanos no puedan aceptar hechos tan simples como estos. Invito al lector a consultar el sitio web:
http://www.cubaliteraria.cu/autor/julio_antonio_mella/index.html

En esa dirección de internet, los funcionarios oficiales que dirigen lo que se debe leer y comentar en Cuba, han publicado una detallada cronología de la vida de Julio Antonio Mella. Acerca de la fundación de la Universidad Popular José Martí, dicha cronología no menciona el precedente referencial representado por las Universidades Populares González Prada del Perú y, sobre la presencia en Cuba de Haya de la Torre, se limita a decir: “Víctor Raúl Haya de la Torre, presidente de los estudiantes universitarios en Perú, visita La Habana, por dos semanas, asiste al acto de fundación”.

Ellos quieren decir que Haya de la Torre estaba, como quien dice, de paso por Cuba y, por casualidad, estuvo presente en el acto de fundación, seguramente confundido entre los demás asistentes. Se omite que era un líder estudiantil exiliado, que era rector de las universidades populares peruanas y que por ambos motivos fue especialmente invitado por Mella y los estudiantes cubanos a dicha inauguración; y se omite que fue elegido presidente de honor de la Federación de Estudiantes, distinción que no se ha dado en la isla, ni antes ni después, a otro líder estudiantil. La cronología incluye un apartado con imágenes donde es muy fácil reconocer a Haya de la Torre, pero no hay ninguna información que indique quiénes están allí.

Es lamentable que el oficialismo castrista muestre a las nuevas generaciones la experiencia de la universidad popular como un hecho exclusivamente cubano, perdiendo por completo de vista la real fraternidad continental y el anhelo integracionista que formaron parte de sus grandes motivaciones. Como es de suponerse, el resto de la cronología ignora por completo a los apristas cubanos y presenta fugazmente a Enrique de la Osa como parte del núcleo comunista.

3. IRRUMPE el imperialismo norteamericano

Es imposible comprender el nacimiento del APRA y en particular del aprismo cubano, sin hacer algunas precisiones sobre cómo se desenvolvían las relaciones entre los Estados Unidos de América y el resto del continente. Era un momento en el cual los nacionalistas mexicanos, cubanos, caribeños y centroamericanos sentían un fuerte lazo de unidad frente a un peligro común.

El problema central de esos días era la ofensiva intervencionista norteamericana en el conjunto de la región. El presidente Calvin Coolidge (gobernante de los EE UU entre 1923 y 1929), daba gran impulso a las inversiones norteamericanas y las protegía auspiciando gobiernos autoritarios y emplazando fuerzas militares en puntos estratégicos. Desde 1900, los EE UU desarrollaban una gran ofensiva de control económico, político y militar en la franja de América Latina más cercana a sus fronteras, que excluyera cualquier asomo de influencia de las potencias europeas y asiáticas, y que contuviera, del mismo modo, cualquier intento de rebeldía que debilitara su dominio. A partir de 1920 ese afán de conquista se iba extendiendo a todo el hemisferio sur americano.

En los líderes de Washington imperaba la estrategia conocida como el “Corolario Roosevelt” de la Doctrina Monroe. El presidente Theodore Roosevelt, en 1904, había enmendado la antigua Doctrina Monroe de 1823. La vieja doctrina, que se resumía en la frase “América para los americanos”, dirigida a evitar que alguna potencia europea o asiática tenga territorios coloniales en nuestro continente, había evolucionado en un sentido peculiar. En 1845, un influyente periodista del Partido Demócrata, John Louis O’Sullivan, le añadió una interpretación mesiánica, demandando, en su muy leída columna del diario New York Morning News (‘Noticias de la Mañana de Nueva York’), la anexión del territorio de Oregon (todavía bajo dominio inglés), en tanto “es el derecho de nuestro destino manifiesto extendernos y poseer el conjunto del continente que por la Providencia nos ha sido dado para el desarrollo del gran experimento de libertad y autogobierno federal que se nos ha confiado” (New York Morning News, 27 de diciembre de 1945).

De allí en adelante, en los círculos dirigentes de los EE UU se habló de la Doctrina Monroe como la doctrina del “Destino Manifiesto”, es decir, del presunto derecho divino del país de Washington y Jefferson para dirigir los destinos del conjunto de las Américas e imponerle normas. En nombre de ese “Destino Manifiesto” los EE UU anexaron los extensos territorios que hoy forman los estados federales de Texas (1845), Oregon (1846) y California (1848).

Esta misma “Doctrina Monroe del Destino Manifiesto” implicaba intervenir en ayuda de cualquier otro país soberano de la región amenazado de ser intervenido por las potencias coloniales. Bajo esta Doctrina, en 1867 los EE UU apoyaron a los republicanos mexicanos contra el emperador Maximiliano. Y en 1898, el presidente McKinley envió tropas a Cuba en apoyo de la guerra de independencia contra España. Pero esta acción militar estadounidense no se basaba en la generosidad; tenía como finalidad la propia defensa de ese “destino manifiesto”. Un emperador francés en México o un virrey español en Cuba eran una amenaza a sus propias ambiciones de expansión.


Estampa de propaganda gubernamental de 1872 del artista John Gast, que ilustra el “Destino Manifiesto” de los EE UU: la diosa Libertad, portadora de las leyes, ilumina el camino a los pioneros que llevan el arado, el ferrocarril y el telégrafo a las tierras salvajes.

En el caso de Cuba, la “generosidad” estadounidense se tradujo en la imposición de la Enmienda Platt, ley dada por el Congreso de los EE UU en 1901 que permitía al país del norte intervenir en los asuntos internos de la isla, incluso militarmente, ante todo aquello que considere perjudicial para los intereses norteamericanos. Cuba fue obligada a incorporar dicha ley en su Constitución como condición para el retiro de las tropas estadounidenses de la isla. El obsecuente presidente cubano Tomás Estrada Palma firmó en 1903 tres tratados que ampliaban los alcances de dicha Enmienda, incluyendo la cesión permanente de la bahía de Guantánamo como sede de una base militar estadounidense.

Pronto los gobiernos estadounidenses descubrieron que la principal amenaza a su “destino manifiesto” no eran los gobiernos imperiales europeos o asiáticos sino los bancos ingleses, franceses y alemanes, que extendían amplios créditos a los países en vías de desarrollo al sur del Río Grande y luego querían cobrarlos con acciones militares anexionistas. La señal de alarma ocurrió en 1902, cuando Francia y Alemania impusieron un bloqueo marítimo a la endeudada Venezuela. Fue precisamente el presidente “Teddy” Roosevelt quien medió a favor de Venezuela con una agresiva flota naval y un esquema de respaldo crediticio. Desde entonces, extender créditos, asegurar fuentes baratas de materias primas para la industria norteamericana y controlar el tráfico marítimo en ambos océanos mediante un canal centroamericano se convirtió en parte de las estrategias del “Destino Manifiesto”.



FOTO SUPERIOR: José Martí (1853-1895) y Antonio Maceo (1845-1896), mártires de la independencia cubana durante la guerra de 1895-1898. FOTO INFERIOR: Combatientes cubanos por la independencia poco antes de la batalla de la loma de San Juan, en Santiago de Cuba, 1 de julio de 1898. La ayuda militar estadounidense llegó cuando el triunfo patriota era inminente. Una vez derrotado el ejército español, los EE UU condicionaron el retiro de sus tropas a la aceptación de la ominosa Enmienda Platt, con el fin de controlar el destino de la isla.  

Tomás Estrada Palma (1835-1908), líder del Partido Revolucionario Cubano tras la muerte de Martí y primer presidente de Cuba (1902-1906). Imagen del arribo de Estrada Palma (con sombrero de copa) a La Habana para la toma de posesión del mando presidencial el 20 de mayo de 1902; con este acto nacería la República de Cuba, pero en condiciones de estricta sujeción a los intereses de los EE UU. 

En diciembre de 1904, durante su Mensaje Anual al Congreso, el presidente “Teddy” Roosevelt añadió a esta “Doctrina Monroe del Destino Manifiesto”, un acápite peculiar: “Todo lo que este país desea es ver a nuestros países vecinos estables, ordenados y prósperos. Si una nación muestra que sabe actuar con razonable eficiencia y decencia en los asuntos sociales y políticos, si conserva el orden y paga sus obligaciones, no necesita temer una interferencia de los Estados Unidos. Una actuación errónea crónica o una impotencia que resulte en un aflojamiento de sus amarras como sociedad civilizada, tanto en América como en cualquier parte, requerirá la intervención de alguna nación civilizada, y en el Hemisferio Occidental, la adhesión de los Estados Unidos a la doctrina Monroe, obligará a los Estados Unidos, aunque muy a su pesar, en tales casos de mal actuar o impotencia, a la puesta en práctica de un poder policiaco internacional”. (Esta última frase dice en inglés: “…the exercise of an internacional police power”.)

Tales palabras del presidente Roosevelt deben ser consideradas como la partida de nacimiento del imperialismo de los EE UU. Significaban, por un lado, un esfuerzo organizado de expansión agresiva de inversiones que desplace a los competidores europeos y, por otro lado, proteger dichas inversiones auspiciando golpes de Estado y gobiernos que colaboren con sus intereses, empleando las tropas de marines allí donde la bandera de las barras y las estrellas no fuera bien recibida. En la prensa de la época dicha estrategia recibió la denominación de “política del gran garrote” (‘big stick policy’), frase con la que el propio presidente Roosevelt describía su política en conversaciones y cartas no oficiales.

El resultado de dicha estrategia se tradujo en el establecimiento de bases militares estadounidenses en Puerto Rico, República Dominicana y Cuba entre 1905 y 1906; así como la intervención estadounidense en defensa de la separación de Panamá de Colombia (para la construcción del Canal) en 1904. Desde esas bases militares y empleando como argumento el “Corolario Roosevelt”, los siguientes presidentes emplearon su “poder policiaco internacional” contra Cuba en 1906, imponiendo un gobierno de ocupación hasta 1908; contra Nicaragua en 1909 y 1912, ocupándola hasta 1925; contra Haití en 1915, manteniéndola intervenida hasta 1934; y contra la República Dominicana, ocupándola desde 1916 hasta 1924.

La política del “gran garrote” se mantuvo hasta 1930, cuando el presidente Herbert Hoover puso en revisión el “Corolario Roosevelt” y, mediante el Memorándum Clark, anunció una política de mayor neutralidad en la región. Hasta entonces, el sentimiento imperante en México, el Caribe y América Central, era de gran agitación popular contra la agresiva presencia militar norteamericana.



IMAGEN SUPERIOR: El presidente Theodore Roosevelt con su gran garrote en el Caribe. Caricatura de William Allen Rogers, 1904. El barco de guerra más grande se llama “cobrador de deudas” (‘Debt Collector’).
IMAGEN INFERIOR: Carta del presidente Theodore Roosevelt que se exhibe en la Biblioteca del Congreso, en Washington, donde afirma que su política hemisférica se guía por un viejo proverbio de África Occidental: “Habla en forma suave y lleva un gran garrote; así llegarás lejos” (‘Speak softly and carry a big stick; you will go far’).

Durante las décadas de 1910 y 1920 se temía que el “Corolario Roosevelt” concluya en nuevas anexiones y contra ello, en ausencia de democracias legítimas, la única salida era la lucha insurreccional por la plena independencia, la autodeterminación y la democracia.

Por esta razón los textos de Haya de la Torre eran, en esos años, llamados a la lucha frontal y sin tregua contra “el enemigo de fuera” (el imperialismo norteamericano) y “el enemigo de dentro” (la oligarquía colaboracionista). Este es un elocuente ejemplo:

“Nuestra campaña tiene que ser, pues, contra el enemigo de fuera y contra el enemigo de dentro. Uno de los más importantes planes del imperialismo es mantener a nuestra América dividida. América Latina, unida, federada, formaría uno de los más poderosos países del mundo, y sería vista como un peligro para los imperialistas yanquis. Consecuentemente, el plan más simple de la política yanqui es dividirnos. Los mejores instrumentos para esta labor son las oligarquías criollas, y la palabra mágica para realizarla es la palabra ‘patria’. Patria chica y patriotismo chico, en América Latina, son las Celestinas del imperialismo. […] Patriotismo significa hostilidad al vecino, odio, xenofobia, nacionalismo provincialista y bastardo. […] ¿Quién destruyó la confederación centroamericana, ‘independizó’ Panamá de Colombia y toleró la enmienda Platt en la Constitución de Cuba? ¿Los pueblos? Naturalmente que no. Las clases dominantes, las oligarquías políticas. Y lo más grave es que no lo hicieron por error, ni por inocencia, ni por ignorancia, ¡lo hicieron por paga! […] Nuestras clases dominantes nos traicionan, nos venden, son nuestros enemigos de dentro. El único camino de los pueblos latinoamericanos que luchan por su libertad es unirse contra esas clases, derribarlas del poder, castigar su traición. Esa es la gran misión de la nueva generación revolucionaria antiimperialista de América Latina. Acusar y castigar a los mercaderes de la patria chica y formar la patria grande”.
Víctor Raúl Haya de la Torre: “El pensamiento de la nueva generación antiimperialista latinoamericana contra el enemigo de fuera y el enemigo de dentro”. Discurso pronunciado en la Asamblea Antiimperialista Latino-americana realizada en París el 29 de junio de 1925. Publicado en el libro de Víctor Raúl Haya de la Torre: Por la emancipación de América Latina. M. Gleizer editor, Buenos Aires, 1927, pp. 111-114.

Cuba era uno de los países en mayor peligro de concluir como una neocolonia de los EE UU y donde se cumplía más al pie de la letra esta apreciación de Haya de la Torre. A su vez, en Guatemala, Nicaragua, Puerto Rico, República Dominicana, Panamá, etc, cada acción de insurgencia popular era efectivamente castigada con el “gran garrote” intervencionista. México tampoco estaba ajeno al mismo peligro. La situación de la región no permitía hacer política “nacional”, de “patria chica”. En cualquiera de estos países, el reclamo de efectivas libertades democráticas, de una política económica soberana e inclusive de salarios justos, dependía de una acción conjunta regional que tenga repercusión continental.

4. ORIGEN DEL aprisMO en Cuba: 1924-1926

Enrique de la Osa fue activista estudiantil en sus últimos años de secundaria y un precoz escritor. A los 17 años publicó su primera colaboración en la revista El Estudiante y contribuyó con relatos en la revista Gente, suplemento literario del Diario de la Marina de La Habana. En la Universidad, en la que estuvo poco tiempo por los avatares de la lucha política, definió su vocación de periodista.

De la Osa, al igual que muchos jóvenes cubanos de esos días, se inició en la política militante en la Liga Antiimperialista de las Américas (LADLA), organización de frente único que se fundó en México a fines de 1924, reuniendo a demócratas, nacionalistas, socialistas y comunistas de varios países de la región. La LADLA se organizaba en “secciones” nacionales y tenía aspiraciones continentales pero su alcance efectivo se limitó a México, América Central y el Caribe, especialmente Cuba.

En el Comité Continental de la LADLA, ubicado en México, el aprismo participó como corriente política proponiendo sus cinco puntos programáticos a través de dos delegados, los exiliados peruanos Enrique Cornejo Koster y Eudocio Rabines.

La Liga Antiimperialista de las Américas duró hasta 1927 y en todos los países estuvo en constante crisis por las fricciones entre los grupos independientes y los grupos comunistas subordinados a los dictados de Moscú. Haya de la Torre comenta apropiadamente las diversas limitaciones que paralizaban a la LADLA en su manifiesto “¿Qué es el APRA?” de diciembre de 1926 (luego incluido como capítulo primero del libro El antiimperialismo y el APRA):

“En el año de 1924 la Primera Liga Antiimperialista Panamericana fue fundada en México, y en 1925 la Unión Latinoamericana en Buenos Aires. […] Pero la Liga Antiimperialista Panamericana no enunció un programa político sino de resistencia al imperialismo, y la Unión Latinoamericana se limitó a fines de acción intelectual. Cuando a fines de 1924 se anuncia el programa del APRA, presenta ya un plan revolucionario de acción política y de llamamiento a todas las fuerzas dispersas a unirse en un solo Frente Único”.
Víctor Raúl Haya de la Torre: El antiimperialismo y el APRA. Ediciones Ercilla Santiago de Chile 1936, p. 35. 


Haya de la Torre en el exilio en 1926 y la primera página del Manifiesto “¿Qué es el APRA?”, publicado en inglés en la revista laborista The Labour Monthly Nº 12, Vol. VIII, Londres, diciembre de 1926, pp. 756-760.

Haya de la Torre retoma esta apreciación sobre la LADLA en su libro doctrinal escrito en 1928, El antiimperialismo y el APRA:

“La Liga Antiimperialista panamericana o de las Américas, como organismo de simple resistencia o propaganda antiimperialista es un organismo de limitada eficacia. Debemos, en primer término, arrebatar el poder de nuestros pueblos al imperialismo y para eso necesitamos un partido político. Las Ligas Antiimperialistas por incompletas, están demás y así se explica −¡oh aciertos del instinto popular!− que casi han desaparecido”.
Víctor Raúl Haya de la Torre: El antiimperialismo y el APRA. Ediciones Ercilla Santiago de Chile 1936, p. 53.

Uno de los motivos de fricción interna era la presión comunista para dar a la LADLA un carácter panamericano con sede en Estados Unidos (todavía no existía en ese país la firme discriminación contra el comunismo de los años 1940 y 1950). El Partido Comunista Mexicano (muy dependiente del “oro de Moscú” que llegaba a través del Workers’ Party –Partido Obrero– de los EE UU), causó una conmoción cuando en su Congreso de 1925 aprobó que la LADLA se “depurase” (se hiciera más procomunista) y tuviera su dirigencia central no en México sino en Chicago. Paradójicamente, los comunistas norteamericanos de mayor nivel intelectual que participaban en la LADLA a través del PCM estuvieron en desacuerdo. Ellos eran Bertram Wolfe (1896-1977) y Carleton Beals (1893-1979), quienes luego se hicieron simpatizantes del aprismo después de leer “What is the APRA?” (“¿Qué es el APRA?”, publicado en inglés en Inglaterra en diciembre de 1926) y tuvieron larga amistad con Haya de la Torre.
 
 
Manifestación antiimperialista por el Primero de Mayo en México con presencia de líderes de toda América. Encabezan el desfile el célebre pintor muralista mexicano Diego Rivera y su no menos famosa esposa la pintora Frida Kahlo, entonces recién casados. Fotografía tomada por la artista y escritora comunista Tina Modotti (1929). Entre 1924 y 1929 México fue la sede central de la agitación antiimperialista de los grupos nacionalistas, comunistas y socialistas de todo el continente, incluyendo el APRA.

La sección cubana de la LADLA, organizada en junio de 1925, tuvo como gestores a Julio Antonio Mella y José Miguel Pérez, con apoyo de tres exiliados peruanos: Esteban Pavletich, Luis F. Bustamante y Jacobo Hurwitz, activistas de la reforma universitaria peruana de 1919, docentes en las Universidades Populares González Prada entre 1921 y 1923, y militantes del naciente aprismo.

La sección cubana de la LADLA fue el embrión del futuro Partido Aprista Cubano. Cuando se fundó en 1924 había allí tres claros grupos: los nacionalistas del Movimiento de Veteranos y Patriotas de Rubén Martínez Villena, los seguidores del aprismo, a los que se unió Enrique de la Osa, apoyado por los exiliados peruanos, y finalmente los comunistas de José Miguel Pérez. Mella era el líder público que unía a estos grupos y les daba capacidad de comunicación con las multitudes.

Mella es recordado como un hombre muy activo, opuesto a los debates ideológicos bizantinos y a las discusiones administrativas típicas de los cenáculos comunistas. Aunque se proclamó marxista-leninista y participó en la fundación del Partido Comunista Cubano en 1925, nunca fue un dócil seguidor de los dictados de los comisarios a sueldo de Moscú.


Combatientes antiimperialistas cubanos: Carlos Baliño (izquierda), Rubén Martínez Villena (centro) y Julio Antonio Mella (derecha). Participaron en la fundación de la Universidad Popular José Martí en 1923 y en la organización de la sección cubana de la Liga Antiimperialista de las Américas (LADLA) en 1924. Fueron amigos de Haya de la Torre y su labor fue continuada por el Partido Aprista Cubano en 1934. Carlos Baliño (1848-1926), en 1892 estuvo al lado de José Martí en la fundación del Partido Revolucionario Cubano y fue combatiente en la guerra por la independencia de 1895-1898; fue también organizador sindical y formó en 1902 el Club de Propaganda Marxista, el primer organismo que difundió el materialismo histórico en la isla (de acuerdo con las tesis socialdemócratas de la Segunda Internacional). Rubén Martínez Villena (1899-1934), notable poeta de vanguardia, fundador del grupo literario Minorista, fue también periodista, abogado y asesor sindical; reveló grandes dotes de organizador y lideró la gran huelga general que derrocó a Machado en agosto de 1933; murió a los 35 años de tuberculosis contraída en la clandestinidad. Julio Antonio Mella (1903-1929), líder universitario que adquirió la estatura de un gran conductor de multitudes, fundó el Partido Comunista Cubano en 1925 pero pronto fue “excomulgado” por su rebeldía. Admiraba a Haya de la Torre, sin embargo, escribió contra él un opúsculo burlón “¿Qué es el ARPA?” (México, 1928) como parte de un intento de reconciliación con Moscú. Murió asesinado en circunstancias extrañas, mientras planeaba realizar desde México una expedición guerrillera hacia Cuba, como lo hizo 27 años después el Movimiento 26 de Julio de Fidel Castro Ruz.

El 27 de noviembre de 1925, en medio de una tensa situación política, Mella fue detenido y acusado de terrorismo; rechazando la acusación, el 5 de diciembre dio inicio a una huelga de hambre, mientras la sección cubana de la LADLA formó un amplio “Comité Pro Libertad de Mella”. Por el rigor de la huelga de hambre, la salud de Mella se deterioró y fue hospitalizado de emergencia el 14 de diciembre. La opinión pública cubana se sensibilizó hacia su caso.

El Comité desarrolló audaces acciones de protesta callejeras que lograron la libertad provisional de Mella el 23 de diciembre de 1925. Formaron parte del Comité Pro Libertad de Mella los cubanos Leonardo Fernández Sánchez, Rubén Martínez Villena, José Zacarías Tallet, Juan Marinello, Aureliano Sánchez Arango, Enrique de la Osa, Jorge Vivó, Manuel Cotoño y el joven estudiante de leyes Eduardo Chibás; los exiliados venezolanos Carlos Aponte, Gustavo y Eduardo Machado, Salvador de la Plaza; y los exiliados peruanos Jacobo Hurwitz y Luis F. Bustamante, quienes ya habían formado un comité aprista donde participaban De la Osa, Tallet, Chibás y otros cubanos.

En todo este trayecto, la jefatura del grupo comunista oficial (que no formaba parte de la Liga Antiimperialista) desautorizó la actividad de Mella y no le brindó apoyo alguno, generando una dura condena del pleno de la sección cubana de la LADLA, incluyendo sus integrantes comunistas. Para todos los integrantes de la LADLA en Cuba, pedirle a Mella que suspenda la huelga de hambre era pedirle algo indigno; pero lo era más todavía no solidarizarse con su delicada situación de salud. El resultado fue la ruptura pública de relaciones entre la sección cubana de la LADLA y el grupo oficial comunista. De la Osa, secretario de prensa del Comité Pro Libertad de Mella, mostró su habilidad como periodista difundiendo a todo nivel comunicados de rechazo a las acusaciones de “traición a la disciplina comunista” esgrimidas contra Mella por el pequeño cenáculo. La campaña de De la Osa logró valiosos pronunciamientos sindicales y estudiantiles de respaldo moral a Mella y de repudio al sectarismo comunista.


Misteriosa detonación de un explosivo de confección casera en la zona céntrica de La Habana en noviembre de 1925. No hubo víctimas pero el gobierno de Machado intentó acusar de este hecho a Julio Antonio Mella, como presunto organizador de una ofensiva terrorista.

En respuesta, el Comité Central del PC cubano, a través de su secretario general, Francisco Pérez Escudero, abrió un proceso disciplinario contra Mella y dictaminó el 13 de enero de 1926 que sería expulsado “de las filas proletarias” a menos que acate tres severas sanciones: “Separación total de toda actividad pública, por tres meses”; “separación de las actividades del PC por dos años”; y “reconvención privada y pública” (esto es, la aceptación privada y pública de sus culpas, un ritual luego denominado “autocrítica”). Mella, todavía débil de la sacrificada huelga de hambre, les respondió con una frase jugosamente caribeña y se marchó.

En tanto la libertad provisional obtenida sólo sería efectiva mientras no empiece el juicio ordinario, Mella no esperó a ser citado al tribunal por el gobierno y prefirió partir clandestinamente de Cuba rumbo a México, a fines de enero de 1926. En ese país fue recibido con manifestaciones de respaldo popular, ya que su caso también ocupó allí las primeras planas de los diarios. El Partido Comunista Cubano ahondó su desprestigio al enviar a su par mexicano una exaltada carta, de fecha 23 de marzo de 1926, pidiendo la expulsión de Mella de las filas comunistas de todos los países. Debía ser una carta de “circulación restringida”, sin embargo, los comunistas mexicanos, en forma muy latinoamericana, facilitaron que fuera publicada y debatida en todos los medios de prensa.

En dicha carta del PC cubano advirtió al PC mexicano que “el señor Mella, expulsado de este Partido, […] es un perfecto y descarado saboteador de los ideales comunistas, a quien le tenéis que negar toda relación y mucho menos ofrecerle tareas como si fuera un comunista acreedor a servir los ideales de los cuales ha renegado en Cuba vergonzosamente”. Luego añaden: “El señor Mella se viene dedicando a solicitar de algunos organismos obreros que nada tienen de conciencia ni de espíritu de clase, ni son capaces de apreciar lo hecho por él, que le remitan copias de certificados que le acrediten que no es ‘traidor’, […] siendo nuestra acusación de oportunista y traidor […] cuyas pruebas han de conocer por las cartas insultantes que nos ha remitido, negando suficiencia y honradez para juzgarlo, burlándose del Partido. […] Además se dedica a escribir a individuos pretendiendo crear un núcleo mellista para inclinarlo contra el Partido”.

Esta reveladora carta echa por tierra la leyenda que irradia el actual oficialismo cubano, intentando mostrar a Mella como un coherente militante comunista, y al pequeño Partido Comunista cubano fundado entre cuatro paredes en 1925 como la gran fuerza animadora de la sección cubana de la LADLA. Para colmo, añaden en el cuadro al joven periodista Enrique de la Osa entre los comunistas. Dicha leyenda no tiene ningún asidero. Mella fue un líder de masas que sólo recibió obstáculos y deslealtades de la cúpula comunista; y el pequeño Partido Comunista cubano nunca jugó ningún rol importante en la LADLA. Es más, ni siquiera estuvo allí. En cambio, los apristas sí estuvieron. Y De la Osa era uno de ellos.

Otra carta reveladora sobre Mella, el grupo comunista cubano y la sección cubana de la LADLA, es la respuesta del Secretariado Latinoamericano de la Internacional Comunista al pedido de “expulsión internacional” ya mencionado. Los jefes superiores, más astutos y trajinados, se tomaron su tiempo para responder y finalmente enmendaron la plana a los comunistas cubanos en la “Resolución sobre Cuba” del 28 de enero de 1927. Allí leemos, en primer término, una confirmación de la ausencia de la más elemental influencia comunista en las actividades en defensa de Mella de la sección cubana de la LADLA. Dicen los jefes comunistas: “El Partido Comunista se reorganizó a sí mismo en la ilegalidad, pero perdió contacto con las masas. Sólo la Liga Antiimperialista mostró signos de vitalidad al comienzo del período de represión, cuando tuvo éxito en realizar en torno a uno de sus líderes, Mella, que se declaró en huelga de hambre en la prisión, un vasto movimiento de protesta de las masas antiimperialistas”.

A continuación, la “Resolución sobre Cuba” hace el siguiente comentario sobre los efectos de la expulsión de Mella: “La rígida política seguida por el Comité Central tuvo una repercusión política contraria a aquello que el partido quería alcanzar. Lejos de hacer que Mella y sus amigos intelectuales de la Liga Antiimperialista entendieran y aceptaran la disciplina, la expulsión de Mella dio lugar a manifestaciones repetidas de individualismo de parte de los elementos intelectuales en la Liga, y creó una situación de malas relaciones entre el Partido Comunista y la Liga Antiimperialista, que Mella y sus amigos han intentado convertir en una organización rival del partido. También condujo a un aislamiento del Partido Comunista respecto de las masas populares pequeño-burguesas que apoyaban a la Liga Antiimperialista”.

Vemos así el enorme peso político que tenía entonces Mella, en forma totalmente ajena al insignificante Partido Comunista, lleno de prejuicios hacia las clases medias y los obreros no comunistas. Comprobado esto, la Resolución concluye del siguiente modo: “Es absolutamente esencial reestablecer la relación normal entre el Partido Comunista y la Liga Antiimperialista, y resolver el caso de Mella y sus seguidores, tomando en consideración los requerimientos de nuestra política general en América Central en el momento actual. El CC [el Comité Central] permitirá su readmisión en el Partido bajo la condición de que se someta a la disciplina”. En otras palabras, Mella quedaba perdonado y el PC cubano tenía que retractarse de sus insultos y acusaciones.

Esta resolución fue un importante triunfo político para Mella, que tuvo como consecuencia que él y su leal amigo Leonardo Fernández Sánchez sean, pocos días después, los únicos cubanos presentes en el Congreso Antiimperialista de Bruselas realizado los días 10 a 15 de febrero de 1927, donde también estuvo presente Haya de la Torre. Queda claro que para los comunistas Mella era un individuo distante y ajeno, pero que los jerarcas internacionales consideraban necesario.  


Fotografía de un diario de la época con algunos de los delegados presentes en el Primer Congreso Internacional contra el imperialismo y la opresión colonial, realizado en Bruselas del 10 al 15 de febrero de 1927. Según indica la leyenda original, están, de izquierda a derecha: “Marteaux (Bélgica), Chen Chuen (China), Julio Mella (México), Harry Pollitt (Inglaterra), Messali (Argelia), Sen Katayama (Japón), Giao (Indonesia), Víctor Haya de la Torre (Perú), Fournier (Francia), Lamine Senghore (colonias francesas), Barkatulla (India), Holitscher (Alemania), Roland Hollst (Holanda) y Nejedi (Checoslovaquia). Haya de la Torre y Eudocio Rabines estuvieron presentes en nombre del Frente Único de Trabajadores Manuales e Intelectuales del Perú y la sección panameña de la LADLA; Rabines representó además a la sección argentina de la LADLA; los cubanos Julio Antonio Mella y Leonardo Fernández Sánchez representaron a las secciones mexicana, cubana y salvadoreña de la LADLA.

El paso del tiempo y la represión de las dictaduras hicieron que todo este debate entre los grupos comunistas y Julio Antonio Mella fuera de muy difícil consulta hasta hace pocos años. Por suerte, después de la caída del régimen comunista soviético, extensos volúmenes de este tipo de documentación son ahora de libre acceso, incluso en Internet. Todo lo que acabamos de citar se encuentra en el blog “Baracutey Cubano” de Pedro Pablo Arencibia Cardoso, donde están además los links con las fuentes de consulta originales. El acceso es:
http://baracuteycubano.blogspot.com/2007/10/textos-imborrables-el-caso-mella.html

Entre 1925 y 1926, Mella estaba más cerca del aprismo que del comunismo y lo prueba esta carta de Haya de la Torre del 7 de abril de 1926, escrita apenas divulgada en México la noticia de su expulsión. El fundador del aprismo felicita a Mella por su rebeldía y dignidad frente a los comunistas cubanos y le comenta las limitaciones que tiene el PC mexicano por su dependencia hacia el Workers Party de los EE UU (tema ya comentado más atrás). También es interesante la manera como Haya de la Torre se refiere a Lenin. En 1917, apenas ocurrida la Revolución Rusa, Lenin ganó notoriedad mundial como representante de la creatividad política, la audacia y la heterodoxia. En 1926, el comunismo oficial, bajo Stalin, era todo lo contrario. Por esta razón, en plena lucha frontal contra el “gran garrote” yanqui, Haya de la Torre se proclama “leninista” pero no comunista. Leamos:

“Abril 7, 1926
Mi querido Julio Antonio:
Al fin he sabido de ti directamente por la postal que me han enviado. Te felicito ante todo por tu brava actitud y hasta por la expulsión del Partido Comunista.
Lo último te habrá hecho comprender lo que yo creo, que esos llamados Partidos Comunistas de América, que expulsan a hombres como tú, son partidos ‘con enfermedad de infancia’ que toman el rábano por las hojas y que serían capaces de expulsar al propio Lenin si resucitara y se inscribiera en ellos para aplicar las verdaderas tácticas comunistas, el comunismo estratégico verdadero, que esos compañeros no conocen.
No tengo tiempo para escribirte largo pero debo decirte que, cada vez más revolucionario y más leninista, desapruebo toda tendencia enferma de infancia en el movimiento antiimperialista. […] Lo leninista, lo realista, es no aparecer manejados ni conectados con Moscú ni con el PC yanqui ni con nada extranjero sino –como en China– dar a nuestro movimiento un carácter nacional y auténticamente latinoamericano popular.
Bajo las órdenes de Partidos Comunistas como el de Cuba que te expulsó, nuestro movimiento cargará con los odios de camarilla que esos partidos enfermos de infancia han deportado dentro y fuera de las clases obreras y nunca se hará en verdad el Frente Único. […] Hay que renovar. Hay que mirar el problema realística y revolucionariamente. Para los queridos camaradas del Workers Party puede ser muy bueno presentarse en Moscú y decir: ‘He aquí que traemos de los pelos al movimiento antiimperialista de América Latina’, pero para el movimiento mismo esto es estúpido.
Sigo trabajando en la organización de la A.P.R.A., Alianza Popular Revolucionaria Americana o Frente Único de Trabajadores Manuales e Intelectuales. Verdadero partido revolucionario internacional antiimperialista americano. […] Te recomiendo ser muy amigo de mis compañeros peruanos, grandes, muy grandes muchachos. Sigue trabajando y viendo la realidad y ya estaremos todos juntos en la lucha muy pronto cuando la A.P.R.A. sea un verdadero ejército rojo disciplinado y actuante pero listo a luchar como los chinos.
Te abraza.
Víctor Raúl Haya de la Torre.

Nota.- Esta carta pertenece al archivo de textos inéditos de Víctor Raúl Haya de la Torre del Taller de Estudios Sociales y Políticos “Antenor Orrego”.

5. “ATUEI” Y EL PARTIDO APRISTA CUBANO

En 1926, mientras Mella, desde México, multiplicaba sus actividades en apoyo de la sección cubana de la LADLA, esta última actuaba con un óptimo espíritu de solidaridad e idealismo, fortalecida ideológicamente tras el deslinde con el grupo comunista y encabezando actos de protesta cada vez más concurridos y significativos.

Rubén Martínez Villena y Enrique de la Osa fueron coautores de un beligerante Manifiesto de la sección cubana de la LADLA que dio lugar a una orden de detención de todos sus miembros el 17 de abril de 1926. Se luchaba contra la prolongación arbitraria del gobierno de Machado y contra la intervención norteamericana en América Central y el Caribe, que se realizaba desde la base militar de Guantánamo, en Cuba. Nicaragua estaba bajo ocupación militar yanqui, al igual que Haití y República Dominicana.


Este es otro hecho histórico que el castrismo silencia: en agosto de 1927, bajo la dirección de Enrique de la Osa, la sección cubana de la Liga Antiimperialista de las Américas decidió constituirse en sección cubana del APRA. A continuación fue fundada la importante revista Atuei, punto de partida del proyecto de fundar un Partido Aprista Cubano.
Esta fotografía de Haya de la Torre acompañaba una carta de aliento y felicitación. Allí leemos: “A los compañeros de ‘Atuei’, fraternalmente, Haya de la Torre. San José de Costa Rica, Centroamérica, 1928”.
Esta imagen y las reproducciones de la revista Atuei que aquí se ofrecen, fueron publicadas en el libro de Luis Alva Castro: Haya de la Torre, peregrino de la unidad continental. Instituto Cambio y Desarrollo, Lima, 1990.

Resistiendo el acoso gubernamental, desde la clandestinidad, la sección cubana de la LADLA publicó el vocero América Libre, donde Enrique de la Osa, firmando “De la Hoza” era el principal redactor. De la Osa quedó al frente de las actividades de propaganda y de prensa mientras los demás líderes se hacían cargo de los frentes sociales.

En febrero de 1927 había tenido lugar en Bruselas el Primer Congreso Internacional contra el Imperialismo y la Opresión Colonial, donde tuvieron una participación destacada Haya de la Torre y Julio Antonio Mella. Las organizaciones populares participantes reprochaban al Congreso haber sido excesivamente retórico, pero para los organismos de inteligencia de las potencias europeas, especialmente Inglaterra, los resultados de dicho Congreso tenían un peligroso efecto multiplicador de la agitación comunista.

Para el gobierno conservador de sir Stanley Baldwin, la voz de alarma ocurrió en el segundo semestre de 1926, durante la prolongada y sacrificada huelga de los mineros del carbón. Súbitamente se descubrió que los huelguistas recibían dinero para su caja de subsistencia de la Sociedad Cooperativa Anglorrusa, cuyas siglas en inglés eran ARCO (Anglo Russian Cooperative Society). Ante el escándalo, el sindicato minero devolvió un reciente donativo ruso de 250 mil libras. Los directores de ARCO adujeron que era un único caso, muy excepcional, realizado por razones humanitarias.

Carátula del Nº1 de Atuei, La Habana, noviembre de 1927, que muestra un retrato de Sandino por Zaravia. Al lado vemos una página interior de la revista con un poema de Pita Rodríguez y una ilustración dedicados al APRA. Atuei fue la primera revista de alta calidad periodística explícitamente aprista.

ARCO, la Sociedad Cooperativa Anglorrusa, era un organismo de intercambio cultural y comercio bilateral con sede en Londres. Entonces había entidades similares a ARCO en otros países, por ejemplo “Handelsvertretung” en Alemania y “Amtorg Trading Corp” en los EE UU, que no habían dado motivos de sospechas y parecían desempeñarse con corrección. Desarrollar estas instituciones era para el gobierno soviético una forma de ampliar y fortalecer las relaciones diplomáticas puestas en marcha en 1924.

Creció la intriga en el gobierno de Baldwin y el 12 de mayo de 1927 la policía inglesa intervino las oficinas de ARCO (es decir, la casa ARCO o ‘ARCO’s house), encontrando largas listas de correspondencia que incluían a individuos contestatarios de todos los continentes. Había comprobantes de gastos relacionados con el Congreso Antiimperialista de Bruselas, que habían servido para alojar o transportar a algunos delegados. En el caso de América Latina, allí estaban los nombres y direcciones de todos los grupos y subgrupos nacionalistas, apristas y comunistas, incluyendo los integrantes del Comité “Fuera Manos de Nicaragua”, recientemente organizado en México por la LADLA, con Mella y el aprista peruano Esteban Pavletich como principales promotores.


Valiente editorial de Enrique de la Osa contra el presidente Machado, publicado en Atuei Nº 6, que ocasionó el cierre de la revista y la prisión de su director. En uno de sus párrafos se lee: “Muchos apóstoles de la Libertad, entristecidos por la ingratitud de los libertos, han creído arar en el mar, pero en el mar –y en el vacío y en el dolor– sólo aran los dictadores y los déspotas. Ud. es un dictador”.

Por supuesto, estar en una lista de suscripciones de revistas y boletines del gobierno soviético no significaba nada, pero el gobierno inglés quiso presentar todo aquello como parte de una conspiración internacional para derrocar el mundo civilizado. Una gran campaña de prensa pretendió mostrar la complicidad de todo individuo, grupo u organización de ideas no conservadoras con la Internacional Comunista. Junto con la campaña de prensa se montó un operativo policial de gran envergadura, realizado en forma simultánea en tantos países como fue posible, en junio de 1927. En el Perú significó el cierre de la revista Amauta, junto con la detención de su director José Carlos Mariátegui y de muchos de sus colaboradores, entre ellos el joven historiador Jorge Basadre. En Cuba fue no permitir la publicación de América Libre y dictar la detención de todos los integrantes de la LADLA. A todos los detenidos de América Latina se les abrió procesos judiciales acusándolos de ser parte de una “conjura comunista internacional”.

Enrique de la Osa tuvo su gran prueba de fuego en junio de 1927, a raíz del caso ARCO’s House. Martínez Villena fue capturado y deportado, mientras De la Osa sufrió una breve detención. Cuando sale en libertad, De la Osa queda al frente de la sección cubana de la LADLA, que decide constituirse públicamente como sección cubana del APRA. Al dar este paso, el grupo cubano se distanció ideológicamente de Julio Antonio Mella, quien entonces, siempre de manera exaltada, había dado un brusco viraje reconciliatorio con el comunismo. El gran punto de deslinde con Mella fue el segundo lema del programa máximo aprista: la unión indoamericana, que los comunistas rechazaban de plano.
 


Directorio de Atuei del Nº 6, agosto de 1928. Dirigen Enrique De la Hoza y Nicolás Gamolín. El índice del contenido muestra, entre otros textos, el editorial “Dictador, sí, dictador” de De la Hoza, que generó su detención y el cierre de la revista; “Carta abierta a Mella” por Luis Elen, que es un seudónimo de Haya de la Torre; “Canto rebelde a la revolución social y palabra proletaria” del peruano César Miró, y “El mensaje revolucionario de México” por Carlos Manuel Cox.
Artículo de Haya de la Torre publicado en el primer número de Atuei, con la carátula dedicada a César Augusto Sandino.

Dos importantes exiliados peruanos llegaron a Cuba en agosto de 1927 y prestaron valiosa colaboración a De la Osa: Serafín Delmar (seudónimo del poeta Reynaldo Bolaños) y Magda Portal, esposa del anterior. Ambos participaron en el nacimiento de la notable revista mensual aprista Atuei, dirigida desde La Habana por Enrique de la Osa (quien firmaba “De la Hoza”). Atuei fue el primer medio de prensa de alta calidad periodística que expuso en forma explícita las consignas del APRA. La revista nació como parte de un proyecto político que tenía como meta urgente la fundación del Partido Aprista Cubano como sección del APRA continental, y así era expresado, sin ambigüedad alguna, en sus páginas. Enrique de la Osa era el gran animador de este proyecto.

Atuei era una forma libre de escribir Hatuey, nombre de un cacique indio cubano que combatió a los conquistadores españoles. Aparecieron seis números, entre noviembre de 1927 y agosto de 1928. Atuei tuvo en América Central y el Caribe una importancia similar a la que tuvo la revista Amauta de José Carlos Mariátegui en los países andinos. Era de un perfil político más definido que su semejante peruana, pero reunía igualmente colaboraciones destacadas en campos intelectuales variados: poesía, filosofía, crítica literaria, estudios socioeconómicos, etc, bajo la bandera común del antiimperialismo y del gran ideal de la unidad indoamericana. El aspecto estético de la revista, incluyendo diseño del formato, carátula e ilustraciones, estuvo a cargo de los notables artistas plásticos Zaravia, Antonio Gattorno y José F. Botet.

Manifiesto a la Nación del Partido Aprista Cubano de julio de 1934. Lo firma el Comité Ejecutivo Nacional del Partido. El folleto tiene en la contratapa una lista de publicaciones apristas. A lo largo del Manifiesto se sustentan el programa máximo aprista, la tesis del Congreso Económico Nacional y la tesis del antiimperialismo constructivo. El párrafo final del Manifiesto dice: “Para nosotros, revolución no es cambio de hombres, asalto al presupuesto y repartición de cargos públicos y prebendas, sino transformación política, económica y social de un régimen. […] esa es nuestra profesión de fe cuando exclamamos SÓLO El APRISMO SALVARÁ A CUBA”.  

La revista se distribuyó profusamente en Cuba, México, América Central y el resto del continente. Un colaborador frecuente fue el propio Haya de la Torre, firmando algunos artículos, sobre todo aquellos de polémica con los comunistas, como “Luis Elen”. Otro colaborador notable fue el economista peruano Carlos Manuel Cox, dirigente del comité aprista de México. También estuvo allí Manuel Seoane. Entre los colaboradores cubanos destacaron Nicolás Gamolín, Benito Novas, José Zacarías Tallet y Eduardo Chibás.

En 1927 De la Osa también organizó Orto, revista universal ilustrada de literatura y arte, en la localidad de Manzanillo. Esta revista no era menos politizada ni menos aprista que Atuei, no obstante el título y el formato de revista académica. Al mismo tiempo, De la Osa colaboraba profesionalmente con las publicaciones Bohemia y La Prensa, medios en los que ocupaba un lugar destacado como periodista de opinión.

El valiente editorial contra el presidente Machado “¡Dictador, sí, dictador!” que presidió el número 6 de Atuei, causó el cierre de la revista y la detención de De la Osa. Fue deportado en septiembre de 1928, optando por residir en los Estados Unidos. Allí prosiguió su labor como militante aprista y fundó con Eduardo Chibás, su colaborador de Atuei, la Unión Cívica de Exiliados Cubanos, cuyo órgano de expresión se llamó Libertad.

Luego, en 1930, retornó clandestinamente a Cuba y formó parte del primer grupo de combatientes antiimperialistas que intentó desarrollar una insurrección armada en la isla. Fue capturado y sufrió prisión entre 1931 y 1933, primero en el Castillo del Príncipe y luego en el Presidio Modelo de la Isla de Pinos. La amnistía que siguió a la caída del tirano Machado permitió a Enrique de la Osa recuperar su libertad y reemprender en agosto de 1933 la tarea que estuvo a punto de realizar en 1928: la fundación del Partido Aprista Cubano.

CONTINUARÁ


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