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Siendo difícil hacer una recapitulación exhaustiva de todos los aportes de las ponencias, quisiera solamente destacar algunas de las ideas que más me han impresionado y retenido.
En la primera presentación, Hugo Vallenas dijo algo muy importante y cierto al afirmar que se subestima el real significado que tiene la Revolución de Trujillo en la historia política nacional, y lo dice un historiador; ni siquiera el propio Partido Aprista pareciera darse cuenta de ello, lo que se evidencia con la ausencia de voluntad -vista en la dirigencia partidaria- para celebrar el aniversario de tan importante efeméride aprista.
Hugo también señaló que la Revolución de Trujillo fue un acto de consecuencia con la doctrina aprista, que encarnó desde sus inicios la representación de los intereses de las clases explotadas, luchando por la justicia social y el imperio de la democracia. Por eso, al acentuarse la tiranía sanchecerrista, no quedó más que apelar a la insurgencia popular, derecho reconocido desde siempre por el aprismo y que se consagrara en la Constitución de 1979. Fue pues un legítimo acto popular que –ejerciendo su soberanía y en defensa de sus intereses y bienestar- buscó derrocar la tiranía, inspirado también en el pensamiento de Juan Pablo Vizcardo y Guzmán, precursor de la doctrina aprista.
Sin embargo, a pesar de la extraordinaria relevancia de esta gesta heróica, lamentablemente, como lo recordó y demostró Juvenal Ñique, aún no se ha escrito la verdadera historia de dicha Revolución, ni se ha relevado su justa significación. Quedando pendiente la tarea de lograr que cale como es debido en la conciencia nacional. El c. Juvenal señaló también que queda aún pendiente hacer una reseña biográfica de decenas de heroicos compañeros y compañeras, que hasta ahora son figuras casi anónimas, a pesar que destacaron en la revolución, muchos de los cuales entregaron sus vidas en ella. ¡Tenemos que hacerlo para reivindicarlos, y hacer así justicia ante la historia! Así podremos dar – señaló el c. Ñique- tranquilidad y consuelo espiritual a sus familiares y descendientes.
Luis Alberto Salgado, aprista de siempre, reforzó la idea de ver en la revolución de Trujillo un acto de consecuencia doctrinaria, enfatizando que fue también una lucha por la defensa y reivindicación de los derechos humanos, conculcados por el Estado Oligárquico. Luis Alberto, con su vibrante y apasionado verbo nos interpeló fuerte al preguntarse si acaso todos los compañeros de ahora sentían lo mismo que los del año 1932. Da pena y preocupa pensar en la respuesta… Por eso muchos señalaron que había que reapristizar al Partido y no solo a sus militantes… Trujillo 32 es una importante fuente de inspiración para lograr aquello.
Teodoro Rivera Ayllón, veterano conocedor, como pocos, del verdadero aprismo, llamó a la juventud, ofreciendo su propio testimonio, a profundizar en el estudio de nuestra historia y ahondar nuestros conocimientos de cultura general, como lo predicó el maestro y Jefe del aprismo Víctor Raúl. En esa misma línea, acicateó a desarrollar una mayor moralidad y mística dentro del Partido Aprista, muy necesarias en nuestros días, para ello nos haría falta también beber de Trujillo 1932.
Finalmente tuvimos las refrescantes presentaciones del c. Blasco Bazán Vera y de Tito Agüero. El primero de los cuales presentó su reciente publicación sobre la revolución de Trujillo, donde aparecen nuevos enfoques, fuentes y matices, lectura altamente recomendada para las nuevas generaciones. Evidenció que aún queda mucho por escribir sobre ese magno acontecimiento.
Eso también lo ejemplificó Tito Agüero al presentar un análisis comparativo de tres obras que giran sobre la revolución de Trujillo: las de Gustavo Valcárcel, Genaro Ledesma y Margarita Gieseke, cada una de las cuales ofrecen distintos, pero complementarios enfoques, mostrando originalidad al traer nuevas fuentes y testimonios. También se destacó el gran valor de la obra de Alfredo Rebaza Acosta sobre la Revolución de 1932.
En resumen, las presentaciones mostraron que aún queda mucho por investigar, escribir y difundir sobre Trujillo 1932 y mucho también de aprender, enriquecernos y dejarnos cuestionar por lo que significó esa histórica y ejemplar gesta popular, que debe seguir siendo luz que debe iluminarnos y fuente de inspiración para el aprismo.
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