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Palabras con ocasión de la presentación del libro Bajo Cero de Zoila Capristán
De allí que formule como principio que Muchas personas resienten la idea de que el arte es un reflejo de la moral, pero los principios morales en el arte no puede ser evitado ni siquiera por el resentimiento.el arte debe tratar de elevar e idealizar el espíritu, incorporando las ideas sobre la naturaleza compleja, valiosa y heroica de la vida humana, así como sopesar ese valor frente a los otros; que el sentido de la vida de un artista es el combustible de su voluntad; y que, Si tiene voluntad, entonces el aspecto crucial de su vida es su valor, que debe actuar y crear arte en su semejanza.si tiene voluntad, entonces el aspecto crucial de su vida es su valor, pues debe crear el arte a su imagen y semejanza. Si no lo tiene, entonces, su arte está determinado por fuerzas que escapan a su control. Ése es el arte de Bajo cero. Ése es el arte de Zoila Capristán.
Clima que perjudicará a provincias enteros. Pobladores y ganado en peligro.

El libro Bajo Cero de Zoila Capristán me ha suscitado unas preguntas que quiero compartir con ustedes. Para evitar conflictos de género con la autora, feminicemos las preguntas.

¿La mujer puede encontrar la felicidad en la tierra, o está condenada a la frustración y la desesperación? ¿Tiene la mujer el poder de la elección, el poder de elegir sus objetivos y, para alcanzarlos, ser titular del poder de dirigir el curso de su vida? ¿O es ella un juguete indefenso de fuerzas más allá de su control, que determinan su destino con crueldad? ¿Puede la mujer, por naturaleza, ser valorada como buena o despreciada como mala? Éstas son preguntas metafísicas. Las respuestas a estas preguntas requieren de abstracciones, que podemos llamar juicios de valor metafísico.

Dado que tales juicios son tan amplios, extensos y complejos, ninguna mente humana podría aplicar adecuadamente los principios que nos permitirían darles respuesta y ordenar nuestra realidad de modo que podamos entenderla. Un intermediario es necesario, un puente que nos permita salvar el inacabable abismo que se extiende entre lo abstracto y lo concreto. Este intermediario es el arte, el que, en su sentido más amplio incluye el mito, la leyenda, los íconos religiosos, los libros de poesía, las novelas, las películas o los cómics.

Siendo un intermediario entre lo abstracto y lo real, y estando sujeto a la manifestación del artista, el arte es una recreación selectiva de dicha realidad, estando subordinada, en primer término, a los juicios de valor metafísico de un artista, que proyecta sus abstracciones en el libro, el lienzo o la película. La razón por la cual el arte tiene un profundo significado personal para el propio artista es que el arte confirma o niega su propia conciencia, en tanto propiedad del espíritu humano de reconocerse en sus atributos esenciales y en todas las modificaciones que en sí mismo experimente, según se apoye o se niegue en su punto de vista sobre la realidad.

Luego, el arte está sujeto a la apreciación del público que la observa y la juzga, que la interpreta y la cuestiona, coloreada por sus valores personales, arraigados en su psique, o por cualquier grado de impacto emocional que la obra tenga en ellos, llegando en algunos casos a cobrar existencia más allá de lo pensado o proyectado por el propio artista.

En tal sentido, el arte no es un objeto de lujo sino una necesidad crítica de la vida humana, no una necesidad material, sino una necesidad de la mente racional del hombre, la facultad de la que depende su supervivencia material. En efecto, preguntémonos ¿Cómo comprenderemos el mundo que nos rodea y nos es hostil sino tenemos una manera de escribirlo en un poema o de volcarlo en un lienzo? ¿Acaso no hemos aprendido con el evangelista que al principio era el Verbo, y luego éste fue hecho carne y habitó entre nosotros? Además, el arte es tan importante que, sin ambas proyecciones, o careciendo de alguna de ellas, la mente humana no sería capaz de llevar a cabo plenamente su función como parte de un organismo vivo, que somos todos nosotros. En una sola frase, con el arte, pensamos. Sin él, nos embrutecemos.

En tal sentido, el propósito del arte en este libro, Bajo Cero, es la concreción del punto de vista fundamental de la mujer, de sí misma y de su existencia, que coincide con lo que el hilo de nuestras reflexiones busca demostrar. No es su propósito, ni debe serlo, expresar de forma acrítica la realidad, o de darle únicamente un contenido orientado hacia la bajeza, la ruindad, el mal, la inestabilidad emocional, el regodeo en la miseria y la depravación, como si fuesen los únicos atributos del humano actor. Esto, como sabemos, ha ido ocurriendo con gran parte de la literatura contemporánea, y muchísima de la literatura peruana. Felizmente, no es el caso de la obra que presentamos.

Nuestra autora da a su libro un trance de agonía, en el sentido griego del término, la lucha o combate por la vida humana, la contienda postrera contra la muerte, ese ministro inexorable que no dilata ejecución alguna, como escribiera el autor de Macbeth. Eso puede producir en un espíritu asertivo y sensible como el de Zoila Capristán un ansia o deseo vehemente, la angustia o la aflicción. Observamos esa ansia cuando la poeta nos dice "invoco al fuego para incinerar mi carne / que no quede átomo alguno en la tierra / cuando la nave llegue a su destino / ¡ningún rastro mío se levante!"; el deseo, cuando observa "caen de maduros los besos que no te di / deseos se deslizan violentos bajo el ombligo / cuando tus manos imaginarias acarician / fluye la costra de la piel / se desliza el caparazón".

La angustia queda patente en varios de los poemas de Bajo Cero. Por ejemplo, cuando nos advierte "el frío me cala / en el fondo no hay sitio / anudarse la garganta fuerte /muy fuerte"; o, "evoco la tristeza de la lluvia que taladraba mis párpados / al perfume del barro / tarde que se desmorona quejándose de frío".  Finalmente, la aflicción se deja sentir cuando escribe: "fue el acto del profeta / el día en que los pájaros encumbraron vuelo llorando / cuando de mi cuna crecieron enraizadas rosas negras / ¡la nefasta noche en que nací!".

Sin embargo, en esa lidia contra la muerte, nuestra poeta, esta Minerva Mirabal de la literatura peruana que se enfrenta contra la dictadura del pobrismo y la decadencia humanas en nuestras letras, cuando dice "que delire de día / inventando el lienzo de lo cotidiano / por la noche, ahuyente las estrellas que se desmoronan por los deseos / que las calles solitarias se compongan de partituras / que transite la vergüenza desnuda y en el cuerpo quepa la libertad".

De esta suerte, Bajo cero se distingue por su heroicidad, un valor escaso en nuestra literatura más reciente. La poeta llama a la acción, diciendo a las mujeres "cultiva tu raíz en el abismo / la cicuta poco a poco inmuniza / rompe las tablas / como serpiente que muta de piel".

Finalmente, cabe argüir que muchos de los actuales poetas, escritores y artistas peruanos, al alabar esta descomposición integral del ser humano, contribuyen al embrutecimiento general de nuestra sociedad. Son, al decir de Zoila Capristán, "verdugos asalariados que cumplen su deber".

Cuando esta baja policía literaria se mofa e insulta a aquellos creadores que intentan tomar otra acción, valor o actitud en sus obras, como la libertad, la solidaridad o la equidad, a las que toman como una caricatura de la esencialidad humana, se convierten en los cómplices de este genocidio cultural, "los buitres en espera", como versa nuestra poeta, de reclamar su parte, añado yo.

Al plasmar el miasma en su literatura como si fuese la esencia del hombre, la única variable o tema de sus creaciones, son los albañiles de este muro que se ha construido entre el pueblo peruano y su cultura. Pero el alma de la literatura peruana no es una cloaca, como tampoco lo son las almas de sus personajes, y ciertamente no lo es el alma del Zoila Capristán, que aspira, parafraseando al verso de Vallejo en La cena miserable, a que "todos hayan comido pan ese día" (Y cuándo nos veremos con los demás, al borde de una mañana eterna, desayunados todos).
Los poemas de Bajo Cero fueron hechos para tiempos como éstos, donde todos los creadores se solazan en la podredumbre, donde cualquier persona interesada en el progreso, el bienestar y el desarrollo del entorno en el cual vive, y en el suyo propio, es un paria, un ignorante, un ser despreciable, y donde es difícil considerar que constituye una obligación moral que el arte represente una versión ideal de la realidad.
De allí que formule como principio que Muchas personas resienten la idea de que el arte es un reflejo de la moral, pero los principios morales en el arte no puede ser evitado ni siquiera por el resentimiento.el arte debe tratar de elevar e idealizar el espíritu, incorporando las ideas sobre la naturaleza compleja, valiosa y heroica de la vida humana, así como sopesar ese valor frente a los otros; que el sentido de la vida de un artista es el combustible de su voluntad; y que, Si tiene voluntad, entonces el aspecto crucial de su vida es su valor, que debe actuar y crear arte en su semejanza.si tiene voluntad, entonces el aspecto crucial de su vida es su valor, pues debe crear el arte a su imagen y semejanza. Si no lo tiene, entonces, su arte está determinado por fuerzas que escapan a su control. Ése es el arte de Bajo cero. Ése es el arte de Zoila Capristán.

Muchas gracias. 
HECTOR ÑAUPARI

Libro BAJO CERO de la escritora ZOILA CAPRISTAN

Zoila Capristán.
   Visita su blog
(http://zoilacaprist an-poesia. blogspot. com/).

Cuando en una colectividad se propagan el tedio de los automatismos y el desinterés general, hasta el punto de convertirse en señas habituales y en un factor más de desintegración, y, al mismo tiempo, se proscriben de forma cotidiana los valores más esenciales, el rescate de los mismos y su preservación empiezan a ser preocupaciones justas, fundamentales, y la función de humanizar se torna indispensable.

Apuntando en esta dirección, es claro que pocas actividades poseen el valor trascendental que representa el impulso a la cultura, en sus manifestaciones más heterogéneas. Y es notorio también que, entre esa diversidad, destaca con nitidez una de las más elevadas y de más cabales satisfacciones: la labor literaria, por su inmensa proyección sobre todos los ámbitos de la realidad, cimentando el espíritu de contemplación, análisis o crítica; por su capacidad de sensibilización y por contribuir tanto al acervo colectivo como al crecimiento individual.

Es por ese camino por donde marchan nuestros esfuerzos. Y es así que, tras la publicación del poemario multiautoral Morada Poética (2007), EDITORIAL VAGÓN AZUL se honra de presentar al público esta nueva obra: Bajo Cero, de Zoila Capristán, que reúne la poesía forjada durante años de trabajo, expresión de energía y pasión creativas. La integridad de estas páginas revela un auténtico compromiso con el quehacer literario, y las constituye en una edición de lectura imprescindible para quienes se complazcan ante todo ejemplo de sensibilidad bien formulada, y quien preste mirada atenta a la escena de la literatura en el Perú y las voces que van aflorando.

Nos enorgullece entregar al lector una producción bibliográfica de gran calidad, con la misma exigencia de celo y rigor con que fue escrita, y que con seguridad le será de valiosos fines. Este paso supone la consecución de los nobles propósitos arriba mencionados, convencidos del poder que tiene el libro y movidos, por ende, a la promoción y difusión del trabajo literario, un deber que resulta para nosotros tan imperioso como satisfactorio. Esperamos la amplia acogida del público, y hacerlo partícipe en esta gran empresa de devolver la expresión artística al lugar que le corresponde, desde donde relumbre tutelar y siempre flameante.

Richard Varela
Editor

La CASA DE LA LITERATURA PERUANA
Y
VAGON AZUL EDITORES

Invitan a la presentación del libro

BAJO CERO

de la escritora
ZOILA CAPRISTAN

En la Casa de la Literatura Peruana
JR- ANCASH  207, LIMA
ESTACION DE DESAMPARADOS
AL COSTADO DE PALACIO DE GOBIERNO

SABADO 13 DE MARZO 2010

PROLOGO

“Aparten de mí este cáliz”

Bajo cero de Zoila Capristan no es solo la ópera prima de muestra el manejo diestro de la palabra por parte de una poeta ya cuajada, sino un gran aporte a la reciente poesía peruana escrita no solo por mujeres. Libro río, que se presta a varias lecturas: tumultuoso, poliédrico, incandescente como es la vida contemporánea. La poeta ha volcado las visiones de una realidad fragmentada, convulsionada y dramática, pero bajo este velo (que roza con lo absurdo kafkiano) ha plasmado una historia lírica, en donde palpita una voz soterrada (canto villano) que hace contrapunto con esa otra voz mayor (brechtiana). Es decir, hay dos tonos que obedecen a dos planos: el del mundo interior (representado por la tumba intemporal de la muerte o la memoria) y el exterior de lo contingente (el mundo apocalíptico de hoy, la convivencia entre guerras e injusticias).

El drama humano-vallejeano empieza con el nacimiento, nacimos en un mundo de viejas estructuras verticales de poder: “la renta/ el tributo/ la ofrenda/ son pedradas que de arriba caen“. Este pecado, nos dice, fue inventado por ese patriarcado que aun perdura, sobre todo en sociedades como la nuestra: “En el lado oscuro no existe Satán/ coexiste Eva masticando la manzana“. Por tanto, la voz de la mujer estigmatizada es subversión, es marginal, es peligrosa: “Sospecha que soy la puta de Caylloma“, nos dice ironizando a este reino de la hipocresía moral. Nuestra condición humana-demasiada-humana nos confronta cotidianamente a esos estamentos que nos coactan: “Señor Juez, declare la incompetencia de mi abogado/ diluya en la  hoguera  las llaves de la libertad“. El poder es caníbal, pero es un poder que solo oculta su fracaso, sustentado solo en la fuerza. La carencia de fundamentos, de credibilidad que legitime esa fuerza, hace que la víctima empiece a avistar un cambio: “Que no tenga conciencia que existe el Perú y todos hayan comido pan ese día“. Pero la injusticia es mundial: “Mi alma es una catacumba donde van a penar los muertos“, dice uno de los versos que abordan los estragos de la guerra (o destrucción) en el oriente de hoy. El triunfo de la deshumanización es la imagen que se propaga mediáticamente en un mundo llamado posmoderno: “celebran la muerte de un Cristo asesinado que yace junto a ellos“. Es en este mundo ya sin mitos, pero con las mismas guerras - guerras que ya no pueden ocultar su absurdo -, en que la poeta desenmascara las mentiras de una falsa épica.

“Soy una ladrona que su desliz esconde en el tálamo de un solitario hostal/ en mi perturbada fuga burlo a la muerte y no me halla“, como decíamos la voz poética conoce su precariedad y su talante insurrecto (“la muchacha mala de la historia”, denominaba María Emilia Cornejo). Su mirada evidencia lo que la mano del hombre trata de tapar: “Una niña fue violada en su cuna”, pero por miedo, vergüenza o machismo al desenlace fatídico de esa historia censurada se le califica como “muerte natural”. No hay muerte natural, nos dice ella, la muerte es una invención religiosa y política. Zoila Capristan utiliza el símbolo del ataúd para desacralizar la muerte y denunciar sus ocultamientos: “Me conmueves/ con tus ojos cargados de ataúd/ con tu muerte a pausas“. Por otro lado, la muerte es dual, puede ser, también, el lugar más seguro: “Allí las dos juntas/ Tal vez de espaldas/ En el sepulcro“.

Bajo cero es también un libro íntimo de íntimas voces: “Tengo una manera callada de existir/ un hálito de aire para respirar/ silenciosa manera de hilvanar pasos“. Aquí habita el padre: “Vigilante hostigo las pisadas de mi padre”. La madre: “Madre, perduro en la misma noche que me desterraste”. Y “Teresa que come  heces“, y Maya y Lola. La memoria, en donde habitan aquellos fantasmas, es una celda que la libera: “he experimentado el peregrino placer del infierno/ tras los barrotes”. Y es bajo ese cálido manto en donde puede surgir el amor: “amanecer un domingo con tu cuerpo enlazado al mío”. Su voz entonces se torna descarnada, aquí hemos llegado al fondo de su exilio subterráneo, bajo el silencio de una gélida paz. Su trayecto es un descenso órfico hacia las verdades más profundas.

El título del presente libro de poemas nos dice su significado sin decir, así como los poemas hablan desde su silencio-cero sobre aquello que está encima del corazón, que es lo vedado, lo callado por la dictadura del poder perpetuo que escribe la historia oficial de esta humanidad en peligro de extinción. “Expío mi conciencia con la médula blanca de mi bandera Peruana“, dice la poeta como pocas veces se ha visto en nuestra tradición. “¡Hombres silenciosos aparten de mí este cáliz!”, exclama, y esa voz es necesaria, urgente, en estos tiempos pacatos. ¿Para qué escribir poesía en tempos frívolos? Justamente para poner el dedo en la  llaga de este país al pie del orbe: “No ardo/ Hay frío/ No hay tiempo/ Solo orbita/ Todo es efímero”, escribe desde lo más revelador y hondo.

La poesía es esa mariposa que empuñará siempre la poeta. Vuelo, libertad, belleza, para un mundo que necesita de más poesía.

Miguel Ildefonso

BAJO CERO



Impregnada queda
la desolación de estar bajo cero
días en que me pongo el traje al revés
y resbalo con la cáscara del que me antecede
la otra parte sonríe
goza
impotente solo miro
con lagrima de río.

Días en que sobro en todas partes
se está demás en la tierra infinita
los huesos estorban
toco una puerta
y no puedo entrar por el techo,
ni  un agujero alcanzo.

Días infectados de lepra
pero ni los leprosos llaman
abran  un poco del espacio
sólo una silla donde sentarse
un rincón donde dormir
un cajón donde cruzar los huesos
la renta
el tributo
la ofrenda
son pedradas que de arriba caen
lapidan
es castigo por osar existir
por acompasar el cortejo de la respiración.

Busco el bolsillo y quedo manca
el frío
el frío
el frío me cala
en el fondo no hay sitio
anudarse la garganta fuerte
muy fuerte.

HILVANAR PASOS



Tengo una manera callada de existir
solo un hálito de aire para respirar
para apenas prolongar
una manera silenciosa de hilvanar pasos
como no queriendo
animar el fuego atroz de este mundo
estoy en la esquina del ataúd
acariciando mi seco hueso
donde el tiempo en cada segundo carcome mi piel
sola apenas me siento
prefiero el mudo silencio a su voz
puede escuchar la hiena
y venir a reclamar mi alma
los buitres olerme
y habitar mi sien.

Quiero la noche más oscura
no tomare el pan que no merezco
ni besare tus labios pidiendo perdón por ello
puede al fin sucumbir el sol en su abismo
agonizar la noche en su eternidad
igual mi casa permanecerá como un panteón
sembrado de túmulos lúgubres
de difuntos sin nombre que nadie tiene ya el recuerdo
no tienen velas
ni oración maldita
ni corona roja en su día.

Mi cuerpo mismo es un cementerio
de muralla de piedra
lapidas de puta magdalena
los muertos se cobijan en mi
hay muchas tumbas subyacentes
que se escapan por mis dedos
en mi mirada
en una noche contigo
en que termínanos oliendo
a fétido mortuorio.

NN


Abre los ojos,
al dividirlos
rozan con una habitación tres por tres
Es una tumba
En la lapida se lee:
"NN VIVIO SOÑANDO CON LA MUERTE"
tiene tres ventanas
las colocaron para atormentarla
y hacerla sufrir más
aun después de muerta,
por allí llegan los sonidos que detesta y la estremecen
palabras de la gente mezcladas con lamento
al llanto de un anciano
vacío cotidiano
a veces observa por la ventana
humanos convertidos en bestias a fuerza de sobrevivir
el hambre los denigra,
quita condición a lo humano.

El humo de los carros asfixia
le recuerda el hacinamiento diario
la nausea indistinta
se vuelve a la cripta
y mira a su amigo insecto hacer la trampa
solo lo observa,
el ruido de afuera es ensordecedor
se tapa los oídos
cierra los ojos
espera levantarse un día
y leer en su puerta
"NN MURIO SOÑANDO CON LA VIDA"

ALFABETO DE PIEDRA


En el lado oscuro no existe Satán
coexiste Eva masticando la manzana
un pordiosero extiende sus manos hacia Dios
Zaratrusta agrieta las tranqueras de la ceguera.

Eva imperturbable ajena a las cadenas no asoma mirada de reproche
lleva tras su desnudez un manto de virgen
y copula en lechos de espinas negras
que emergen desde la hondura de su corazón.

Las melodías poseen las llaves de quebrados recuerdos
desciende la angustia y la mortandad
a callar el rumor del sol que me fragmenta
y en quimera de difunto; sueño que nunca existimos.

Ellos desvelan los sentidos en un alfabeto de piedra
miden en monedas la distancia 
entre el polvo y las estrellas
el discernimiento de los misterios y otras cositas componen sus días
mientras yo; subterránea a mi sombra hurgo la razón del absurdo.

En el lado oscuro un hombre santo, vencido por su  codicia, se convierte
en el lado oscuro habita un hombre que nació muy pequeño
que ordena matar a los rendidos.

En el lado oscuro convivo con mi santidad.

 
 

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