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Antenor Orrego, el hombre que se convirtió en una escuela

Por sostener estas verdades sobre la universidad y otras muchas sobre la patria, por demandar el cumplimiento del sueño de Bolívar y la unión de los pueblos de América Latina, miles de hombres y el propio Orrego entre ellos sufrieron afrentas y prisiones innobles y cinco mil trujillanos fueron ejecutados en 1932 a dos kilómetros del campus de la UPAO en los paredones sangrientos de Chan Chan. Cuando su amigo, el joven Víctor Raúl Haya de la Torre le dijo que ansiaba organizar un partido político para ejecutar el cambio y la revolución socialista, discrepó de él. -Partido, no. Escuela.- dijo fiel a su formación anarquista. –Una escuela para que los indios, los campesinos y las clases medias conozcan sus derechos y luchen por conquistarlos. De esa concepción libertaria, nacieron las Universidades Populares González Prada. El resto es historia.

Eduardo Gonzáles Viaña

Nació en Chepén, La Libertad.(Perú). Estudió derecho en la UNT. Formó parte  del Grupo “Trilce” liderado por Teodoro Rivero-Ayllón. . Muy temprano, a los 26 años, su colección de relatos”Batalla de Felipe en la casa de palomas” lo haría merecer el Premio Nacional de Fomento a la Cultura”Ricardo Palma”.“Identificaciónde David”, una novela publicada en 1974 lo haría ganador del Premio Nacional de Novela “Universo”. Luego, una permanencia en Europa por 6 años se expresaría en una profundización de sus estudios de Lingüística y Literatura en España y de Etnología en la Ecole des Hautes Etudes en Sciences Sociales de París. En los años 80, su literatura se orientaría resueltamente hacia el tema antropológico. “Habla, Sampedro. Llama a los brujos”, la conversación con un chamán del norte peruano se convertiría en un “bestseller” español y “Sarita Colonia viene volando”, la biografía soñada de una santa creada por el pueblo, sería su homenaje “a la santidad de los pobres” y un libro que ha sido considerado como una de las grandes novelas peruanas del siglo XX. Durante la década del 90 reside en los Estados Unidos trabajando como catedrático en las universidades de Berkeley y de Oregon. González Viaña tiene ya tres premios internacionales literarios: en  1999 recibió el Premio Internacional Juan Rulfo por el relato “Siete días en California”, en el 2000 su libro de cuentos “Los sueños de América” mereció el Premio Latino de Literatura de los Estados Unidos y ahora “El corrido de Dante” que acaba de ganar el Premio Internacional Latino del año 2007 en los Estados Unidos. 

Recuerdo la historia de un filósofo que se había cansado de la sabiduría humana y se hallaba sumergido en un fondo triste de escepticismo y soledad.

Una tarde, paseando frente al mar, creyó escuchar una voz infantil que acaso venía del cielo o que tal vez lo llamaba  detrás de una ola. El niño le decía:

-Toma y lee. Toma y lee.

Se llamaba Agustín, (el futuro San Agustín) y él mismo nos ha contado que esa fue su primera revelación del conocimiento humano. Leyó unas páginas de la Biblia y sintió que la gran maravilla del conocimiento radica en que es siempre incompleto como la pequeñez de un hombre frente a la serena inmensidad del mar.

Traigo a la memoria el recuerdo del Padre de la Iglesia porque esa fue exactamente la concepción que Antenor Orrego tuvo del conocimiento. “Nunca lo recibirás completo ni terminado. Conténtate con la mitad del conocimiento. La otra mitad es la que tú buscarás toda la vida.”

Nacido para maestro, lo fue de César Vallejo que, como él había nacido en 1892. Lo fue también de Carlos Valderrama, Alcides Spelucín, Francisco Xandóval,  Macedonio de la Torre, Víctor Raúl Haya de la Torre, de todo un conjunto de jóvenes asombrosos que apenas pasaban de los veinte años de edad pero que ya soñaban con innovar la estética, darle nuevos contenidos a la música y al poema, morir buscando la verdad, unir a los pueblos de América Latina y edificar una sola patria grande, común y libre.

Se conocieron en Trujillo. Nunca en el Perú y pocas veces en el resto del mundo se ha reunido en una sola ciudad un grupo tan prodigioso.

“Te lo repito. Nunca recibirás completo el conocimiento. Siempre te faltará una clave. Te pasarás la vida buscando esa palabra secreta.”

Estamos viendo en nuestros cines una hermosa versión en tercera dimensión de “Alicia en el país de la maravillas”. Como recordarán ustedes, de la misma forma que ocurre siempre en los sueños, Alicia no sabe exactamente donde está ni hacia donde se encamina. Sabe que debe correr en busca del Conejo Blanco y hacerle las preguntas indicadas. Buscar al Conejo Blanco es el camino de la sabiduría.

¿Y qué tiene que ver esto con la universidad? La universidad debería ser el inicio de una búsqueda del conocimiento y una permanente investigación que nunca terminará de saciarse. Cito a Orrego:

“Los estudiantes quieren una amplia base de integración humanista porque no quieren ser simples insectos especializados en una profesión lucrativa. Por eso quieren, ante todo, maestros que tengan un verdadero formato humano, un verdadero porte moral, una auténtica dimensión ética que los haga capaces de cualquier renunciamiento en aras de un interés superior. Porque solo de ellos surgirá la universidad nueva del futuro.”

Y lo cito otra vez:

“Todas las verdades universales deben enseñarse y profesarse en la universidad, pero reelaboradas, repensadas, re-creadas y re-interpretadas, en cierta manera, por maestros y estudiantes. Esto se llama forjar cultura bíblica y dinámica y no cultura yerta de textos literales, cultura rutinaria y de repetición simiesca”.

Por sostener estas verdades sobre la universidad y otras muchas sobre la patria, por demandar el cumplimiento del sueño de Bolívar y la unión de los pueblos de América Latina, miles de hombres y el propio Orrego entre ellos sufrieron afrentas y prisiones innobles y cinco mil trujillanos fueron ejecutados en 1932 a dos kilómetros del campus de la UPAO en los paredones sangrientos de Chan Chan.

Cuando su amigo, el joven Víctor Raúl Haya de la Torre le dijo que ansiaba organizar un partido político para ejecutar el cambio y la revolución socialista, discrepó de él.

-Partido, no. Escuela.- dijo fiel a su formación anarquista. –Una escuela para que los indios, los campesinos y las clases medias conozcan sus derechos y luchen por conquistarlos.

De esa concepción libertaria, nacieron las Universidades Populares González Prada. El resto es historia.

Cuando paseo por el campus de la Universidad Particular Antenor Orrego y veo que es una de las casas de enseñanza más importantes de América Latina, me convenzo de que es bello pasarse la vida, como lo hizo Orrego, buscando la palabra perdida. Y me doy cuenta además de que un hombre, movido por una pasión, al morir puede transformarse en una escuela.

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