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Arsenio Lupin al frente del PAP
Quezada es muy dedicado a brillar con su apariencia física, es un gesticulador cuidadoso (al punto que –dicen- sabe cuántas veces debe pestañar por oración mientras da un discurso o declaración) pulcro en su vestir, al igual que el “Tío George”, con ternos Ermenegildo Zegna, camisas Dolce & Gabbana y zapatos Gucci, en todas sus variantes según la estación y la ocasión. Con certeza no sé quién de los dos se conducirá al partido o serán acaso los dos. En cualquier caso, sentiré que el partido de la gran transformación moral y política será dirigido por aquél elegante personaje, Arsenio Lupin, quien con sus andanzas relatadas en las novelas de Maurice Le Blanc, fue el precursor del delito de guante blanco.
Por:  Juan Chacón P.
Arsenio Lupin es un ladrón de guante blanco que aparece en las novelas de detectives del escritor francés Maurice Leblanc. Cualquier coincidencia no es casualidad.

Pensé en escribir sobre los paralelos entre Víctor Raúl Haya de la Torre y Nestor Makhno, el político libertario ucraniano activista en los primeros lustros del siglo XX en Europa y que acuñó la frase “Tierra y libertad”, similar a la de los libertarios apristas, “Pan con libertad”. Además, Makhno desarrolló su praxis político-militar bajo el eslogan de “Ni con los blancos (la derecha) ni con los rojos”, parecido al del Maestro, “Ni con Washington ni con Moscú”.

Pero la verdad es que, con el respeto que merecen la memoria y el significado de Makhno y Haya, escribir ahora sobre sus parecidos en Vanguardia Aprista resultaría una suerte de maniobra distractiva, cuando el tema es el APRA y los momentos difíciles atraviesa tras las denuncias de corrupción contra sus altos dirigentes. Por lo tanto, es un imperativo decir algo al respecto.

No me quiero ocupar del reparto, de los ‘Picaporte’, de los Watson, de los Marcelo (el carnal de ‘Tin Tan’), de los Chauca, de los Sifuentes, de los Calderón o de los Pastor, sino de los principales protagonistas, ahora un poco opacados por otros sucesos, como el caso de la liberación condicional de Lori Berenson; me quiero referir a nuestros dos licenciados secretarios generales del Partido y a la vez los dos más importantes blancos de serias críticas dentro y fuera del PAP: Omar Quezada y Jorge del Castillo. En ese orden.

Sobre Omar Quezada pesan dos serios cuestionamientos: el de tener como operador político a un hermano que purgó cárcel por narcotráfico, siendo lo más grave el pretender negar tal imputación, cuando todo Ayacucho sabe que es cierto. El segundo, ser una especie de Fujimori del APRA. “Yo fui la cabeza de COFOPRI, pero no sé nada ni participé en nada en la corrupción reinante bajo mi conducción”, palabras más, palabras menos, a propósito del desmadre producido en esa entidad y que ha asqueado al país.
  
Quezada es muy dedicado a brillar con su apariencia física, es un gesticulador cuidadoso (al punto que –dicen- sabe cuántas veces debe pestañar por oración mientras da un discurso o declaración), es calculador sagaz (estuvo, a diferencia del desubicado Del Castillo, en el llano y con portátil en la celebración de la Plaza de Acho), pulcro en su vestir, al igual que el “Tío George”, con ternos Ermenegildo Zegna, camisas Dolce & Gabbana y zapatos Gucci, en todas sus variantes según la estación y la ocasión; es meticuloso en todo, pero la corrupción que atrapó por completo su institución, COFOPRI, cortesía de los funcionarios que él mismo trajo de otras entidades, se le pasó por enfrente. Cometió negligencia.

Quezada, suponiendo que es inocente penalmente, olvidó de las precauciones que la prudencia común aconseja; al aparentar con sus finas maneras que todo andaba bien en COFOPRI, objetivamente fue el mascarón de proa que la corrupción  enquistada necesitaba, y ello constituye una  impericia dolosa. Lo cierto es que su incapacidad manifiesta en materia anticorrupción no es buen respaldo para que retorne a la Secretaría General, como lo pide su reemplazante interino, Wilbert Bendezú, para decepción de algunos pero para mí no.

Del Castillo, en cambio, no tiene tan malas juntas como Quezada y, al margen de algunas trapacerías políticas que lo encumbraron en la Secretaría General del PAP y en la PCM, no tiene antecedentes de gestión pública cuestionable. Pero pasó lo del faenón, las reuniones negadas con Fortunato Caanán en la suite de éste, lo de sus viviendas propias de un ricachón y los entendimientos con Petrolera Monterrico, de su amigo Vera Gutiérrez. Imagínense qué hubiera hecho el “Tío George” si no se hubieran publicado los petroaudios.       

Del Castillo, también es cultivador de la finura y de las buenas formas. Antes de caer en desgracia con su Fuhrer, era el Gauletier encargado de la zona VIP empresarial. Mientras que Quezada era un pezzonavante local, con aspiraciones nacionales en lo personal, pero encargado de otro grupo objetivo, los provincianos, y de otro objetivo, la movilidad de éstos al interior del aparato burocrático, no precisamente para impulsar la revolución aprista, sino medrar sus fortunas personales. Sin embargo ya pronto habrá alguien que pida el retorno de Del Castillo a la Secretaría General, si es que Alan lo permite.
  
Aun siendo esto probable, creo que Del Castillo entraría en una gana-pierde. Ganaría la titularidad del cargo partidario, pero no podría postular, como el ansía, a la presidencia de la República, debido al rechazo que refleja en las encuestas; y, si lograse postular, no pasará del 5 % en el mejor de los casos. Quedará mellado y su condición de Secretario General Político con poco manejo.

En cambio Quezada, limpio, de cargos penales y administrativos (al igual que Del Castillo, a pesar de todo), regresará al mando del PAP, para trabajar en bases y fortalecer su posición, lo que hará si nadie se le opone y si no comete el error de presentarse a una reelección en Ayacucho, pues con ella evidenciará el rechazo popular con que cuenta.

El retorno con indulgencia. Ésa es la amenaza que se nos viene compañeros, verdaderos apristas, seguidores del legado de Haya  discípulos del legado moral de Víctor Raúl, “Cucho” Haya de la Torre, Orrego, Barreto, Arévalo, Negreiros, Spelucín, Showing, Cox, Mujica, el “Cachorro Seoane, De las Casas, entre tantos otros prohombres del aprismo.

Con certeza no sé quién de los dos se conducirá al partido o serán acaso los dos. En cualquier caso, sentiré que el partido de la gran transformación moral y política será dirigido por aquél elegante personaje, Arsenio Lupin, quien con sus andanzas relatadas en las novelas de Maurice Le Blanc, fue el precursor del delito de guante blanco.

¡Qué lejos del estándar dejado por Haya!

Ante esta situación, compañeros, persistamos en la tarea profiláctica y de magisterio. Tal como lo hubiera hecho Víctor Raúl de estar vivo. 

 

   

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