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EL AMAUTA ANTENOR ORREGO ESPINOZA (1892-1960): BIOGRAFIA,  BIBLIOGRAFIA Y VIGENCIA
Sufrió fuerte persecución y fue un frecuente invitado a todas las cárceles que existían en el país en ese tiempo. Así, conoció el Real Felipe, la Intendencia de Lima, el Sexto y el Frontón; y estuvo preso en ocho oportunidades: 1921, 1927, 1929, 1933, 1934, 1944 y 1948. Su trabajo intelectual se desarrolló en el campo filosófico. Es esta actividad, reflexiva y especulativa, poco común en el Perú de ese entonces y especialmente en un medio provinciano, la que prácticamente determina y orienta todo su quehacer intelectual.
Por Tito Agüero Vidal

Con Armando revisando un próximo libro sobre Trujillo 32

Tito Livio Agüero Vidal - Egresado de la facultad de derecho y  licenciado en Sociología en la especialidad de política (Pontificia Universidad Católica del Perú), egresado de la Maestría de Ciencia Política (UPIGV-ICD), Miembro del Taller de Estudios Políticos ¨Antenor Orrego¨, Catedrático de la Escuela de Ciencia Política (Universidad Nacional Federico Villarreal). 

Los escritores nuevos del Perú son todavía
desconocidos en Europa. Antenor Orrego, el más
grande de todos...demuestra una potencia más grande
   de idealización. Orrego es más poeta, más inquieto de
   infinito, más simbólico y más sereno. Su serenidad
 desconcierta. No se explica cómo alcanza una serenidad
semejante. Coge los más diversos hechos cotidianos, las
 menudas preocupaciones de los pueblos y de los
 individuos y en lugar de refundirlos...los idealiza y extrae
 heroicas y santas afirmaciones. Es un gran poeta en
 prosa. Es actualmente el pensador más grande y                 
generoso de la  juventud peruana".
 (VALLEJO, César. Los escritores jóvenes en el Perú.
 París, febrero de 1925)

I. Introducción.-

El siguiente ensayo se redactó con el objetivo de recordar que este 17 de julio se cumplen 50 años de la desaparición física del gran pensador cajamarquino Antenor Orrego Espinoza. En tal sentido queremos rememorar rápidamente algunos datos sobre su biografía política, su producción bibliográfica y, lo que es más importante, la vigencia de su pensamiento filosófico especialmente la temática vinculada a la filosofía de la historia teniendo en cuenta que sus dos libros más importantes aluden directamente a esta preocupación (Pueblo Continente: Ensayos para una Interpretación de la América Latina y Hacia un Humanismo Americano).  

II. Biografía.-

Nació el 22 de mayo de 1892 en Santa Cruz, entonces provincia de Chota (departamento de Cajamarca). Provenía de una modesta familia de clase media que migra en 1902 a la ciudad de Trujillo. Sus estudios los realizó en el Seminario Conciliar de San Carlos y San Marcelo y en la Universidad de La Libertad. En 1914 comenzó ya a escribir artículos para periódicos y revistas de la región y del extranjero.

Cuando José Eulogio Garrido (1888-1967) formó la famosa Bohemia de Trujillo (1914-21) tuvo a Antenor Orrego como su lugarteniente. Formaron parte de este importante cenáculo juvenil César Vallejo, Víctor Raúl Haya de la Torre,  Alcides Spelucín, Macedonio de la Torre, Oscar Imaña, Juan Espejo Asturrizaga, Francisco Xándoval y  Francisco Esquerre (Esquerrilof).

En 1922 tiene la intención de seguir los pasos de su sobrino (Julio Gálvez Orrego) y de César Vallejo para emigrar al extranjero. En estas circunstancias se tropieza con Alcides Spelucín, quien le propone crear un periódico. Así surge El Norte en 1923. A partir de esa fecha comienza a poner una mayor atención a lo social y lo político. De ahí en adelante su vida estará marcada por una acción política comprometida con el cambio social. En una primera etapa será bajo un ropaje marxista (socialista), donde el influjo de José Carlos Mariátegui será notorio, y después en el aprismo.

En el PAP ocupó diversos cargos políticos de gran responsabilidad y siempre se le reputó como el filósofo de

 

La Bohemia de Trujillo 1916. Sentados (izq) : José Eulogio Garrido, Juvenal Chávarri, Domingo Parra del
Riego, César Vallejo, Santiago San Martín y Óscar Imaña. Parados: Luis Ferrer, Federico Esquerre,
Antenor Orrego Espinoza, Alcides Spelucín y Gonzalo Zumarán. Víctor Raúl Haya de la Torre estaba en
Lima en representación del Centro de Estudiantes de Trujillo.

aquélla agrupación política. Fue elegido Senador de la República en 1945 (Frente Democrático Nacional). Intervino en forma destacada, junto con Luis Alberto Sánchez, quien lo hizo en la Cámara de Diputados, en el debate sobre el Estatuto Universitario que consagró los principios de la reforma universitaria de 1919. Con el golpe militar de 1948 (Manuel A. Odría) fue despojado arbitrariamente de los cargos para los que fue elegido.

En 1946, por decisión unánime de los profesores, con el apoyo incondicional del alumnado y con el beneplácito de toda la población norteña, ocupó el cargo de Rector de la Universidad de Trujillo; desde allí inició un conjunto de reformas con el objetivo de transformar dicha casa de estudios en un centro moderno de enseñanza superior. Su labor fue sin lugar a dudas notable pues con él se fundó la Facultad de Educación y de Comercio, el Instituto de Antropología y lo que es más importante se inauguró la Facultad de Medicina para lo cual contó con la valiosa colaboración del sabio Eleazar Guzmán Barrón y formuló las bases financieras y diseño los proyectos de la actual Ciudad Universitaria en el terreno que fue donado por Vicente González Obregoso.
Sufrió fuerte persecución y fue un frecuente invitado a todas las cárceles que existían en el país en ese tiempo. Así, conoció el Real Felipe, la Intendencia de Lima, el Sexto y el Frontón; y estuvo preso en ocho oportunidades: 1921, 1927, 1929, 1933, 1934, 1944 y 1948.
Su trabajo intelectual se desarrolló en el campo filosófico. Es esta actividad, reflexiva y especulativa, poco común en el Perú de ese entonces y especialmente en un medio provinciano, la que prácticamente determina y orienta todo su quehacer intelectual. Serán con la mente y los ojos de la filosofía que se acercará a sus otras dos áreas de interés: la historia y la estética, ejercicio que muestra su gran afición por las letras, de manera especial por la crítica literaria, poesía, novela, música y el teatro. También fue un promotor cultural y una persona muy interesada por la proyección social. Era un penetrante hurgador de vocaciones y capacidades; apoyó y catapultó decidida y desinteresadamente a los nuevos valores que aparecían, en su mayoría literatos y provincianos, como fue el caso de César Vallejo, Alcides Spelucín, Nicanor de la Fuente (Nixa), Ciro Alegría, Julio Garrido Malaver, el Grupo Trilce, etc.
La proyección social se materializó en su apoyo decidido a los trabajadores azucareros en los diversos conflictos que tuvieron con las haciendas desde 1920 hacia adelante, pero también en su permanente preocupación por la labor formativa y educativa a través de las Universidades Populares.
Su producción bibliográfica, periodística y ensayística es realmente inmensa. Varios libros editados e innumerables artículos y ensayos en revistas y periódicos del Perú y del extranjero dan testimonio de una incansable labor. Muchos de estos escritos, inclusive libros, se han perdido definitivamente como consecuencia de los diversos allanamientos y persecuciones a que fuera sometido durante su larga vida como político: es el caso de Helios que era un ensayo para una filosofía o interpretación del pensamiento y de Panoramas que era una recopilación de ensayos y artículos publicados pero que fue incautado por la policía.

Een la prisión de Casamatas, Callao en 1933: Belisario Spelucín, Aníbal Secada, Jorge Otiniano, Antenor Orrego E., Agustín Suegras, Porfirio Farromeque y Francisco Spelucín Vega

En vida sus libros publicados fueron Notas Marginales-Aforísticas (1922), El Monólogo Eterno (Aforísticas) (1929), Pueblo Continente: Ensayos para una Interpretación de la América Latina (1939), Memoria de la gestión rectoral de 1946 (1946) y Memoria de la gestión rectoral de 1947 (1947). Póstumamente se han editado: Estación Primera (1961), Discriminaciones (1965), Hacia un Humanismo Americano (1966), Mi Encuentro con César Vallejo (1989), Meditaciones Ontológicas (1995) y sus Obras Completas (1995). Escribió una serie de prólogos: Trilce de César Vallejo (1922), El Libro de la  Nave Dorada de Alcides Spelucín (1926), Las Barajas y los Dados del Alba de Nicanor de la Fuente (1927), El Año Trágico de Serafín Delmar (1933) y Palabras de Tierra (1940) y La Dimensión de la Piedra de Julio Garrido Malaver.
Fue un periodista nato y su pluma fue muy reclamada no sólo en las revistas y periódicos trujillanos, limeños y latinoamericanos: Iris (1915), La Semana (1915), La Reforma (1918-24), La Libertad (1921), El Norte (1923-34), Mundial, Variedades, Claridad (1923), Amauta (1926-29), La SierraLa Tribuna (1931-60), Antorcha (1933-34), APRA, Chan-Chán, Sólido Norte, Búfalo, Renovación. Tribuna del Pensamiento Aprista, Páginas para Jóvenes Indoamericanos (Santiago de Chile), Ultimas Noticias, Nuestro Tiempo, Idea, Impacto (1956-57), Claridad (Buenos Aires), El Argentino (La Plata), Unión Liberal (Colombia), Repertorio Americano (Costa Rica), Alrededor de América (La Habana), Uruguay (Montevideo), La Pluma (Montevideo), Cuadernos Americanos (México), Antorcha (México), Nosotros (México), Cuadernos (París) y La Nueva Democracia (New York), Bohemia (Cuba), Universidad (México), Metáfora (México), etc.
El 17 de julio de 1960 muere en Lima y sus restos son enterrados en el cementerio El Ángel.

III. Bibliografía.-
Parecía que la importantísima obra de Antenor Orrego iba a quedar en el más completo olvido porque los que tenían la obligación de difundirlo -sus compañeros de partido- mostraron una gran dejadez así como por los nuevos intelectuales peruanos de los años 60 del siglo XX, de orientación izquierdista no aprista, lo "tacharon" por razones de su militancia política (Augusto Salazar Bondy). Sin embargo, vemos que a pesar de todo esto el discurso orreguiano muestra una enorme vitalidad y prueba de esto no solo son las ediciones póstumas sino sobre todo algunos importantes esfuerzos intelectuales que quisiéramos destacar.
Primeramente, el reconocimiento de todos los integrantes del Grupo Trilce de Trujillo a Antenor Orrego quien se había constituido y todavía e constituye en el gran referente intelectual de esta promoción. Efectivamente, una vez más, el discurso orreguiano había dejado una huella indeleble e imperecedera en algunos maestros y alumnos de la Universidad Nacional de Trujillo: Teodoro Rivero-Ayllón, Juan Paredes Carbonell, Manlio Holguin Gómez, Gerardo Chávez, Armando Reyes Castro, Miguel Angelats Quiroz, Julio Alarcón Carrera, Juan Morillo Gonoza, Walter Palacios Vinces, Claudio Espejo Lizárraga, Américo Herrera Calderón, Alfredo Martínez Vargas, Santiago Aguilar, Rogelio Gallardo Bocanegra, Eduardo González Viaña, Eduardo Paz Esquerre, Jorge Díaz Herrera, Lorenzo Osores, Roger Hurtado, Gerardo de Gracia Velásquez, Cristóbal Campana Delgado y los hermanos Mercedes y Manuel Ibáñez Rosazza. Sin duda, el momento más significativo fue el acto que realizó el Grupo Trilce el 8 de noviembre de 1959 en Trujillo llamado “Homenaje al escritor Antenor Orrego” y que justamente el libro de Manuel Ibáñez Rosazza (Antenor Orrego y sus dos prólogos a Trilce. Trujillo: Universidad Privada “Antenor Orrego”, 1995. 160 pp.) lo narra detalladamente. Por eso, no llama la atención que cuando en noviembre de 1995 se editen las  Obras Completas de Orrego en el Comité Editorial la mayoría sean integrantes del Grupo Trilce (Manuel Ibáñez Rosazza, Cristóbal Campana, Miguel Angelats, Eduardo González Viaña) y  la hija de Antenor, Alicia Orrego, y Luis Alva Castro.

Un segundo acontecimiento digno de destacar es la que efectuaron los estudiantes apristas de la Universidad Nacional de Trujillo aglutinados en el Círculo de Estudios Jurídicos Políticos “Antenor Orrego Espinoza” quienes editaron un libro que recoge todos los artículos que se escribieron a raíz de la muerte de Orrego (Antenor Orrego: Amauta y profeta indoamericano. Edición de Homenaje. Trujillo: Círculo de Estudios Jurídicos Políticos “Antenor Orrego Espinoza”, 1976). La edición que se encuentra en las Obras Completas (Obras Completas. Lima, T. V., pp.  243-330) contiene algunos escritos posteriores a la primera edición: “Orrego, Rector de la Universidad de Trujillo”, Andrés Townsend Ezcurra (“Amauta Orrego: Vida y Obra para el pueblo peruano”), Nicanor Mujica (“El Amauta descansa”), Manuel Solano (“Orrego y La Tribuna”), Luis  López Aliaga (“Ante la tumba del maestro y hermano”), Armando Cruz Cobos (“Orrego, pensador de la continentalidad”), Julio Garrido Malaver  (“Para que lo repita el tiempo”), Carlos Manuel Cox (“El precursor”), Arturo Sabroso Montoya “Defensor del trabajador”), Luis Alberto Sánchez (“Peruano, aprista y escritor”), María Colina de Gotuzzo (“Orientador y guía”), Emilio Vásquez (“Antenor Orrego, el Amauta”), Mario Cama Miranda(“El Amauta y la Reforma Universitaria”), Miguel Varillas (“Antenor Orrego a través de sus prólogos”), Felipe Cossio del  Pomar (“Mis recuerdos de Antenor Orrego”), Eudocio Ravines (“Antenor Orego”), Antero Peralta  Vásquez (“Se nos fue Antenor Orrego”), Roy Soto Rivera (“El mensaje filosófico de Antenor Orrego”), Medardo Revilla (“Antenor Orrego, filósofo de América”), Rolando Andrade Talledo (“Un recuerdo desde lejos”), Fernando González (“Antenor Orrego y el legado de su pensamiento”), Carlos Alberto Izaguirre (“Antenor Orrego, Huxley y la esencia del hombre”),  Julio Ortega Cuentas (“Orrego y Vallejo”), Carlos Manuel Cox (“Vidas paralelas: Antenor Orrego y Manuel Arévalo”), Julio Garrido Malaver  (“Antenor Orrego, maestro inolvidable”), Carlos Manuel Cox (“Elogio de Antenor Orrego”. Discurso pronunciado en el primer aniversario de su muerte en el Aula Magna de la Casa del Pueblo, Lima, 17-VII-1961), Luis Alberto Sánchez (“Interpretación del Amauta”. Discurso pronunciado en el primer aniversario de su muerte en el Aula Magna de la Casa del Pueblo, Lima, 17-VII-1961),  Teodoro Rivero-Ayllón (“Orrego y Xandóval. Una visita en el recuerdo”), Francisco Xándoval (“El verso de mi mismo” y “Borde”), Julio Galarreta González (“Haya de la Torre y Antenor Orrego”), Luis Alberto Sánchez (“El gallo vuelve a cantar tres veces. Memento sobre Antenor Orrego)”, “Antenor Orrego. Ex Director de La Tribuna (1957-1958)”, Julio Galarreta González (“Antenor Orrego: pensador y crítico literario”), Nicanor de la Fuente (“Algunas consideraciones sobre Antenor Orrego”) y Alicia Orrego Spelucín (“El perfil de mi padre”).

Por último, los días 2, 3 y 4 de octubre del 2002 en el Congreso de la República, para ser más precisos en el auditorio “Raúl Porras Barrenechea”, se realizó el primer homenaje público o mejor dicho oficial a Antenor Orrego. Efectivamente, en esos tres días se efectuó un seminario titulado “Antenor Orrego: la unidad continental y los orígenes de la modernidad en el Perú”. Las ponencias que se presentaron salieron publicados en un libro (Antenor Orrego, la unidad continental y los orígenes de la modernidad en el Perú. Lima: Fondo Editorial del Congreso del Perú, 2003. 166 pp.). Los ejes temáticos del Seminario ambiciosamente pretendieron abarcar los diferentes aspectos de la vida y obra del gran pensador norteño (“El hombre y su entorno”, “Etnicidad y cultura”, “Crítica, periodismo y estética”, “Imperialismo, unidad continental y globalización”, “Cultura popular y cultura política” y  “Antenor Orrego y los orígenes del APRA”). En este evento se juntaron intelectuales de diferente procedencia y formación intelectual pero sobre todo los discípulos del gran maestro cajamarquino. Así se pudo observar al vate Nicanor de la Fuente (Nixa) miembro de la Bohemia de Chiclayo que era una suerte de extensión natural del famoso Grupo Norte liderado por Orrego. Junto a esta primera promoción de orreguianos estaban varios miembros destacados de una segunda generación norteña: Teodoro Rivero-Ayllón, Cristóbal Campana, Lorenzo Santillán y Juan Francisco Paredes Carbonell. Como hemos visto, todos ellos constituyeron en la Universidad Nacional de Trujillo, aquella famosa casa de estudios fundada por el gran libertador Simón Bolívar, durante la década del 50 del siglo pasado el famoso Grupo Trilce. Y por último, la nueva hornada de seguidores del filósofo: Tito Agüero, André Samplonius y Hugo Vallenas, quienes en 1999 constituyeron el Taller de Estudios Sociales y Políticos “Antenor Orreo” ya no en el norte peruano sino en la ciudad de Lima (www.tellerorrego.org), etc.: Las ponencias son las siguientes: Luis Alva Castro (“Antenor Orrego en nuestro recuerdo”), Juan Abugattas (“Vigencia del filósofo de América”), Teodoro Rivero-Ayllón (“Evocación de un maestro”), Cristóbal Campana (“La identidad cultural americana en Antenor Orrego”), Eugenio Chang-Rodríguez (“Latinoamérica como Pueblo-continente”), Marcel Velásquez (“Antenor Orrego y la encrucijada de la crítica literaria moderna en el Perú”), Hugo Vallenas (Hugo. “Antenor Orrego, periodista vital”), Jeffrey Klaiber (“Teórico de la intrahistoria”),  Augusto Castro (“La filosofía y la historia”), Juan Paredes Carbonell (Las múltiples facetas intelectuales”), André Samplonius (El continentalismo latinoamericano”), Jürgen Golte (“La idea de la unidad continental”), Alberto Adrianzén (“La búsqueda de una nueva América”), Elmer Robles Ortiz (“Antenor Orrego como educador”), Cecilia Bákula (“Punto de encuentro del idealismo y el realismo”),  Víctor Samuel Rivera (“Las nociones de destino y caudillo en el pensamiento histórico de Antenor Orrego”), Tito Agüero Vidal  (“Ideólogo del movimiento aprista”), Agustín Haya de la Torre (“Contribución de A. Orrego a la formación del aprismo”),  Entrevista a Nicanor de la Fuente, Lorenzo Santillán (“Testimonio sobre Antenor Orrego”),  Antenor Orrego Spelucín (“Mensaje de los familiares de Antenor Orrego”) y Guillermo Guerra Cruz (“Mensaje del Rector de la Universidad Antenor Orrego de Trujillo”).

IV.  Vigencia.-
Desde la perspectiva de la vigencia del ideario orreguiano especialmente desde los terrenos de la filosofía e historia sin duda son tres los grandes temas que pueden y deben ser señalados. La primera es la relación siempre difícil y tensa entre lo universal y particular en la filosofía política y en la filosofía de la historia. En un contexto donde los filósofos están replanteando una multiplicidad de cuestiones teóricas hasta lo qué se entiende hoy por el pensar filosófico o el significado de lo que es la racionalidad, sin duda que las ideas de Orrego aportan reflexiones sumamente interesantes pues sin negar la universalidad del conocimiento filosófico sobre todo cuando la base de este ejercicio tiene una base que lo uniformiza que es la globalización de un sistema económico (capitalismo) y de una determinada cultura (modernidad) detecta que esta homogenización muchas veces encubre una suerte de eurocentrismo y reivindica las características específicas de lo que llamaríamos las sociedades periféricas o subalternas. Al hacerlo Orrego no niega la universalización del conocimiento sino la incorporación a lo universal de lo propiamente latinoamericano. Con lo que la reflexión de Orrego se relaciona íntimamente con las perspectivas o mejor dicho con las múltiples teorías de la postcolonialidad pero sobre todo con las actuales reflexiones y debates en la India e Inglaterra acerca de las teorías de la subalternidad que han producido todo un cambio de paradigmas en la historia contemporánea y muestra de ello son la constituciones del Grupo Sudasiático de Estudios Subalternos y del Grupo Latinoamericano de Estudios Subalternos.

La segunda cuestión central del discurso orreguiano tiene que ver justamente con el pensar propiamente latinoamericano. Cuando en la década del 20 Orrego señalaba esto no se imagino que años más tarde las universidades latinoamericanas en las facultades de ciencias sociales y ciencias políticas aceptarían por fin la existencia de un pensamiento latinoamericano y que por fin habría un libro que se titule Historia de las ideas políticas latinoamericanas. Recordemos que el primero que hizo esto fue el filósofo mexicano Leopoldo Zea (El pensamiento latinoamericano). Hoy en día, las más importantes universidades de Europa y de Estados Unidos tienen Escuelas de Estudios Latinoamericanos. Por supuesto que el pensar latinoamericano nos lleva al tema de la identidad regional y de ahí a la unidad de Latinoamérica. En ese sentido Antenor Orrego se ubica en el mismo espacio  que Simón Bolívar, José Martí, Rubén Darío, José Enrique Rodó, José Vasconcelos, Luis Alberto Sánchez, y por supuesto, Víctor Raúl Haya de la Torre.
Hay un tercer aspecto que hay que resaltar en Orrego y es que a nivel latinoamericano también se ha comenzado ya a revalorizar su pensamiento llamando la atención sobre su importancia y actualidad en los debates y polémicas que se suscitaron inicialmente alrededor de la filosofía de la dominación y la filosofía latinoamericana (Augusto Salazar Bondy versus Leopoldo Zea) a fines de los años 60 del siglo pasado, en la filosofía latinoamericana de hoy en día especialmente en los temas de la originalidad y la autenticidad (Günther Maihold: 1988) pero sobre todo en la actual filosofía de la liberación que tiene en el filósofo argentino Enrique Dussel como su máximo exponente.
Por último, pero no por eso menos importante, y aquí no se hace alusión a las ideas sino y sobre todo al hombre, como diría Sebastian Salazar Bondy, al compromiso del intelectual con su sociedad que muy bien puede plasmarse en la lucha por la justicia social y su identificación con los explotados y oprimidos. Es imposible encontrar en toda América Latina un caso parecido al de Orrego, es decir, de un filósofo que ha estado años y años encarcelado, que sufrió vejaciones de todo tipo, que fue torturado y que nunca las dictaduras militares le permitieron siquiera salir al exilio. En ese sentido vale recordar el frente único norteño que en los primeros años de la década del 20 que se enfrentó a las poderosas haciendas azucareras (Barones del Azúcar) y que lo simbolizaban el trabajador Manuel Arévalo y el  filósofo Antenor Orrego.

Bibliografía.-

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