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Dialéctica y Aprismo
Por Luis PACHACUTEC (seudónimo de Víctor Raúl Haya de la Torre)

Haya de la Torre ha recordado que, viajando a través de América Latina, desde sus ciudades modernas con gentes burguesas vestidas de frac, hasta sus vastas regiones salvajes o semisalvajes, se viaja como en la famosa y fantástica novela de Wells: "La Maquina del Tiempo", a través de la historia de la cultura humana. Vale decir, a través del Tiempo. Y en un mismo país, digamos el Perú, o Brasil, o Méjico, coexisten todos los grados del desenvolvimiento social desde el salvajismo, sin excluir el caníbal, hasta el hombre moderno, re­finado y quizás decadente. Las zonas histórico-geográficas son completas. Si en el Perú recorremos de la costa a la selva, iremos pasando del siglo XX, al siglo XIII o XIV en las organizaciones feudales y semibárbaras de su agricultura andina, hasta tropezar con las tribus desnudas de los bosques tropicales. Ante esa realidad viva, "teatro de  la historia", el Aprismo formula  una nueva interpretación del marxismo para la América Latina y transporta la concepción einsteniana del espacio-tiempo al campo histórico-social de este complejo conglomerado de regiones y razas, de formas de producción y credos de cultura. Así, niega y continua el Aprismo al marxismo.
Presentación De: Rocío Valencia Haya de la Torre
Valencia Haya de la Torre, Rocío. Periodista graduada de la Universidad Complutense de Madrid y del Instituto de Relaciones Publicas (IRCOM) en Francia. Miembro de la Federación de Periodistas del Perú desde el 2007 y miembro del Taller de Estudios Sociales y Políticos “Antenor Orrego” desde el 2004. Fundadora de la lista digital “Familia Aprista”

“…el Aprismo no es una escuela política marxista idéntica a la Social Democracia de la Segunda Internacional, al Comunismo oficial de la Tercera, o al Comunismo trotzquista de la Cuarta. El Aprismo es una escuela nueva” Víctor Raúl Haya de la Torre
Doblado en cuatro, con anotaciones de la mano de mi padre y dentro de la primera edición de Espacio Tiempo Histórico (        ) encontré un valioso artículo del diario chileno HOY firmado por Luis Pachacutec (seudónimo que usaba Haya de la Torre en los años 30) El artículo fue publicado el 12 de Noviembre de 1935 según anotación de Alberto Valencia Cárdenas, dentro de la sección Política y Economía del diario y se titula: Dialéctica y Aprismo.
En este articulo, Haya de la Torre explica magistralmente la contribución de Karl Marx al Aprismo pero al mismo tiempo aclara: “Recordemos ante todo que el Aprismo ha hecho suyas las bases filosóficas de Marx. Empero, tengamos presente que el Aprismo no es una escuela política marxista idéntica a la Social Democracia de la Segunda Internacional, al Comunismo oficial de la Tercera, o al Comunismo trotzquista de la Cuarta. El Aprismo es una escuela nueva”
Este documento tiene un valor incalculable en la medida que resuelve la pregunta constante en todas las generaciones de hayistas, de si el Aprismo pertenece a la escuela marxista o si como afirma un Haya de la Torre maduro, después de la fundación de su partido en 1931 y la primera decepción electoral en las urnas se trata de una escuela nueva, con nombre propio. Haya de la Torre fundamenta su postura de independencia total señalando cual es la línea filosófica y dialéctica que une y separa al marxismo y al aprismo.  Según explica el maestro indoamericano, no se puede entender la diferencia sin antes haber estudiado la dialéctica. Con ese propósito cita la definición que hace Hegel de la dialéctica: “Dialéctica es la fuerza irresistible ante la cual nada se mantiene firme en las cosas; es la progresiva determinación inherente al pensamiento mismo y resultante de la propia negatividad de este” Luego añade: “Tal es como el Aprismo dentro del marxismo niega y continua, vale decir avanza y se mueve con el ritmo dialectico del pensamiento”
A continuación, el artículo de Víctor Raúl Haya de la Torre que he tenido el honor de scanear, transcribir y editar, fiel al original: 

Periódico HOY de Santiago de Chile con fecha 12 de noviembre de 1935, sección: Política y Economía (fecha anotada a lápiz por el Dr. Alberto Valencia Cárdenas) páginas 29 a la 32.
POLITICA Y ECONOMIA
Dialéctica y Aprismo

Por Luis PACHACUTEC (*)

Bajo el nombre de Luis Pachacutec se disimula, o mejor dicho, se acusa una destacada personalidad cuya silueta político - moral ha rebasado las fronteras de la tierra en que naciera para incorporarse de lleno a las figuras interconti­nentales. Sus postulados, sus doctrinas, su ideario america­nista, lo siembra el autor de este artículo, convencido de que sus semillas han de fructificar en el surco fecundo de las nacionalidades de las tierras generosas del Nuevo Mundo.

Alguna vez hemos intentado ya analizar y exponer sintéticamente lo que podríamos llama las bases filosóficas del aprismo. Solicitados a proseguir en esta labor, afrontamos el tema nuevamente, proponiéndonos reducirlo a los límites de un breve artículo.
En la primera de sus apretadas y sugerentes lecciones sobre "Caracteres de la Edad Contemporánea", decía Juan Teófilo Fichte que "filosófica sólo puede llamarse aquella visión de las cosas que reduce una

Víctor Raúl con Salvador Allende (centro)

multiplicidad dada en la experiencia a la unidad del principio uno y común y que a la inversa, explica íntegra­mente por esta unidad todo lo múltiple y lo deriva de ella". Tan precisa y brillante defi­nición puede servirnos de línea normativa al exponer panorámicamente el significado filosófico de los principios apristas.

Negación y Continuidad: Dialéctica.
Recordemos, ante todo, que el Aprismo ha hecho suyas las bases filosóficas de Marx. Empero tengamos presente que el Aprismo no es una escuela política marxista idéntica a la Social Democracia de.la Segunda Internacional, al Comunismo oficial de la Tercera, o ni al Comunismo trotzkista de la Cuarta. El Aprismo es una escuela nueva. Es una concepción político-económica que "dentro de la línea de inspiración filosófica marxista, toma; al apli­carse a la -realidad latinoamericana, una dirección  diferente de  la que hasta ahora siguen en Europa los  otros tres principales movimientos basados en marxismo. Política y socialmente, esta dirección original del Aprismo se explica sin dificultad como un resultado de la confrontación científica de la realidad histórico-geográfica, étnica, económica, cultural de los pueblos latinoamericanos, cuyos grados de evolución y modalidades de relación son características y hasta únicas. Así, la razón de ser del Aprismo aparece comprensible v realista. Es un caso de adaptación y no de imitación, de asimilación y no de imposición de las normas políticas y sociales que los pueblos con más antigua cultura y con mayor grado de desarrollo ­material han señalado como justas, avanzadas y factibles.­ Pero si sólo anotáramos la línea ostensible de separación o diferenciación político-social entre el Aprismo y las otras escuelas y partidos marxistas que existen en el mundo, no habríamos adelantado mucho. El - Aprismo resultaría, así, una variante del socialismo o comunismo europeos. Y proclamar tal cosa seria arbitrario y falso. O,-lo que es más grave, implicaría caer en la maliciosa y rebajada forma de pre­sentar al Aprismo que han adoptado los incultos oligarcas reaccionarios peruanos. Manteniendo pues, nuestro plan de análisis para el desarrollo de este tema, precisemos cuál es la línea filosófica, o, más exactamente, dialéctica, que separa y une al marxismo y al Aprismo.
    Para percibirla mejor, no olvidemos que es dialéctica. Y para usar una definición clásica recojamos las
ilustres palabras de Hegel: "Dialéctica es la fuerza irresistible ante la cual nada se mantiene firme en las cosas; es la progresiva determinación inherente al pensamiento mismo y resultante de la propia negativi­dad de éste", Ergo, son el movimiento y la negación perennes los que determinan la con­tinuidad. Y es así que dialécticamente, nada puede continuarse sin un proceso simultáneo de negaciones. Tal es cómo el Aprismo dentro del marxismo, niega y continúa, vale decir, avanza, y se mueve con el ritmo dialéctico del pensamiento.

Lo que se niega y lo que permanece
Conviene no olvidar que el marxismo sustenta sus fundamentos filosóficos próximos y re­motos en principios teóricos de valor univer­sal. Los viejos apotegmas de Heráclito, el Os­curo, forman su honda y lejana raíz dialéctica: "Somos y no somos; todo pasa, todo se mueve: nada permanece; todo está en eterno retorno", etcétera.
Vagamente en Descartes; más cercanamente en Kant, con el enunciado de las antinomias de las cuatro ideas cosmológicas; y más preci­samente, en Fichte, que avanza planteando el sistema de oposiciones,-tesis, antítesis y sín­tesis-•, vemos realizarse el proceso de aclaración y definición de la dialéctica moderna. Hegel supera el método fichteano elevándolo de lo subjetivo a lo absoluto y lo rectifica estableciendo que la negación no viene de fue­ra sino que es parte esencial del pensamiento y del ser. Los grandes principios hegelianos "todo está contrapuesto; lo que mueve al mundo es la contradicción; todo fruto es semilla, etc. “se universalizan y precisan en la grandiosa interpretación idealista de la Historia. Y es esa máxima expresión de la dialéctica de Hegel la que adopta Marx -con no menor grandeza, negándola y continuándola en su concepción del materialismo histórico.  

A través de todo aquel magnifico y extenso proceso de aclaración y sistematización de la dialéctica, sus preclaros descubridores van marcando simultáneamente el ritmo de un movimiento progresivo de negaciones y continuidad. Y es que como anota Engels, los hombres han pensado siempre dialécticamente sin reconocerlo, al igual que hablan en prosa antes de poderlo saber. Del mismo modo el mundo y la naturaleza evolucionan y viven dialécticamente y solo cuando el hombre lo descubre es que su pensamiento puede encontrar la propia clave.

De Heráclito a Marx subsisten, pues, como principios invariables en el desarrollo dialéctico del pensamiento filosófico, tres esenciales: el principio del "eterno movimiento", el principio de la eterna contradicción "negación" y el del eterno devenir" como expresión sintética de los dos anteriores. Son estos enunciados los que permanecen a través de todo el proceso de definición de la dialéctica. Los encontramos en los postulados de contenido más opuesto, ya sea cuando Hegel nos dice: “Espíritu sin movimiento es una palabra vana" o cuando Marx formule que "Materia sin movimiento es tan inconcebible como movimiento sin materia".

Despejando lo que es fundamental en la dialéctica, quedan, pues, precisadas dos ideas centrales: la de la negatividad -o negación- de la negación para expresarnos con Hegel-, y la de la continuidad o permanencia de lo esencial que es el integrante afirmativo del proceso dialéctico del devenir. Porque conviene no olvidar que la negación para que continúe no debe anularse. "Negar en dialéctica no es simplemente decir que no, o declarar que una cosa no existe, o destruirla de un modo cualquiera"(Engels), tal como cuando sustraemos aritméticamente 10 de 10, llegando a cero, o sea, a nada. La verdadera expresión matemática de la negación dialéctica se llama en los tres tiempos de desarrollo de la formula algebraica: más por menos, igual menos; por mas, igual mas. Porque siempre el resultado de la negación de la negación debe ser una afirmación para que haya continuidad.

Marxismo "congelado y dialéctico
Queda dilucidado que dentro de la evolución dialéctica de las ideas tampoco puede haber continuidad sin negación, y que si Marx niega para continuar a Hegel y este a Fitchte y Fitchte a Kant, etc., el Aprismo no puede librarse de negar a Marx para que dialécticamente lo continúe. Pretender que el movimiento dialectico del pensamiento se detiene en Marx y que sus propias leyes filosóficas valen para todo el Universo, con excepción de ellas mismas, es absurdo. Tal conclusión supondría que la dialéctica del pensamiento humano llega a paralizarse, transformándose en dogma estático y, consecuentemente, anti dialéctico. El comunismo ha planteado, por razones políticas, tal posición, y a ese quieto, frio y fijo concepto de lo que es la concepción de Marx ­subconsciente de la gran mayoría de los comu­nistas—, es lo que llama Haya de la Torre "el marxismo congelado".
En ningún aspecto de la gran teorización marxista puede encontrarse pensamiento alguno que aparezca por generación espontanea en la mente de su actor y fuera del ritmo evo­lutivo y dialéctico de la negación de la negación. La originalidad de las grandes, ideas--según -la expresión de Plejanoff—, solo son "geniales perfeccionamientos", avances o vuelos; de la mente humana. -, "saltos cualitativos" diría Hegel-, que toman como punto de partida una idea anterior de la que, separa para ir hacia adelante. Por eso es que Marx filósofo no es fácilmente comprensible sin estudiar detenidamente a todos sus predecesores, desde Feurbach y Hegel hasta Demócrito y Heráclito. "Sin co­nocer la filosofa hegeliana, es difícil poder asi­milar el método de Marx", repite Plejanoff. Más aún, resulta casi imposible apreciar a Marx economista, sociólogo o teórico-político, sin conocer a Mill, Ricardo, Smith o a Fourier. Quesnay, Rousseau y Moro hasta Aristóteles y Platón.

El marxismo puede aparecer claro a una men­te inculta, pero esa visión será unilateral. Dara la idea de un marxismo inmóvil, dogmático, mesiánico, por ende incompleto. Este caso es muy frecuente, porque no es accesible la ver­dadera comprensión del marxismo como un producto del progreso del pensamiento filosófico, sin conocer la historia de ese progreso en sus diversas etapas. Además, la captación y comprensión del marxismo como "concepción del mundo" supone vasta y profunda cultura científica. Engels escribió bien claro en uno de los prólogos de su "Antiduring" (1885): "Para con­cebir la naturaleza de una manera dialéctica y al mismo tiempo materialista es preciso conocer las matemáticas y las ciencias naturales”; y nos advierte en seguida que Marx fue "ein grundlicher Mathematiker". Es así como la dialéctica se demuestra e ilustra por el algebra y el cálculo diferencial o por lo que hay de fundamental y -permanente en los principios de la evolución  y selección biológica. Recordemos en este punto que Eveling y su esposa, la hija de Marx, sostenían que la concepción darwiniana del mundo orgánico es paralela e integrante, en sus valores esenciales, a la concepción marxista que también puede explicarse por aquella.

Siguiendo pues, el Aprismo el progreso dialéctico, rechaza al marxismo como dogma inmóvil, yerto, “congelado”. Lo acepta como expresión del pensamiento en “movimiento vivo”  (Hegel), en progreso; vale decir, sujeto a la perenne negación del perenne devenir. Así, el Aprismo esta dentro de de un marxismo dialectico vital, que no es “verdad eterna” sino parte del eterno proceso de contradicciones que van marcando la evolución del pensamiento humano determinado por el ser y sus condiciones de existencia, de aquí es que, no solo política y socialmente sea el Aprismo un movimiento nuevo. Filosóficamente, es un nuevo resultado de la dialéctica marxista, un hegeliano "salto cualitativo” (qualitativen Sprung) o un original perfeccionamiento ideológico.

Línea que une y separa
      No nos apartamos del punto de vista del Aprismo a sostenerse y demostrarse en este análisis: el marxismo como concepción dialéctica, basada en la negación de la negación está también sujeto a ella. No se puede ser marxis­ta sin aceptar que el marxismo para ser con­tinuado debe ser negado. Mas como “negar dialécticamente no es simplemente decir que no”, sino negar una vez y después negar la negación para obtener un valor el proceso dialéctico debe cumplirse haciendo siempre posible su continuidad. Sólo así ex­plica el progreso.
     El ejemplo hegeliano de la semilla que colo­cada en el surco propicio, germina, deja de ser semilla, “se niega”, para convertirse en planta que es algo superior a la semilla; o el del torpe gusano que deviene crisálida y de ella maripo­sa: o el de la magnitud positiva que, algebrai­camente multiplicada por menos da menos y que multiplicada nuevamente por menos da más, pero elevada al cuadrado—o sea la mag­nitud primitiva en un grado superior-, (aX—a X—a = a2), explican claramente el verdadero sentido de la negación dialéctica. Vale decir que la negación debe realizarse sujeta a condi­ciones naturales o lógicas de continuidad. Esas condiciones que en Biología o en Matemáticas están determinadas o por leyes naturales o por principios científicos, en, la evolución de la his­toria y del pensamiento lo están también por sus propias normas de desarrollo. En ellas tie­nen rol fundamental como realidades y como conceptos el Espacio y el Tiempo, determinantes también del proceso dialéctico de la evolución orgánica.
Limitemos la idea del Espacio a lo que He­gel llama "la base geográfica de la Historia Universal", y que Marx reconoce también co­mo "determinante del carácter de los produc­tos de la naturaleza que sirven a las necesida­des del hombre" (Plejanoff). Tomemos el con­cepto Tiempo, como expresión de la edad de la cultura viva de un pueblo, grado de evoluci6n de su desarrollo económico, y comparación de su progreso con el de otros pueblos. Por este camino, nos acercamos a la culminación de la línea dialéctica que separa y une, al mismo tiempo al marxismo y al Aprismo. Pero nos aproximamos también a lo que es más interesante y nuevo en la filosofía aprista: su invocación al relativismo moderno como medio para explicarse mejor.

Relativismo y Aprismo
El marxismo interpreta cualquiera de las etapas de la evolución del mundo o de la Historia. La existencia de una tribu de salvajes, la caída del imperio romano, el descubrimiento de las Américas o la revolución industrial ingle­sa pueden ser—como se sabe—, interpretadas marxistamente. Lo es también el imperialis­mo económico moderno—etapa culminante del capitalismo insospechada por Marx. Empero, la aplicación del marxismo como norma o teorización política; la adaptación de reglas mar­xistas para la vida del Estado moderno, es de­cir, el descendimiento de Marx de su eminente plan de gran teórico total al de adiestrador particular de cada caso, plantean una disyuntiva: o se adopta-el marxismo como dogma y se cumple sumisamente lo que enuncio en detalle como aplicable a su tiempo ya su medio, o, se le niega y rectifica en aquello que la realidad haga imperativo. El solo progreso de la técnica
en los instrumentos de producción y de circulación de la riqueza, determinan objetivamente una nueva actitud interpretativa.
La grandiosidad de una concepción filosófica, fascina siempre. Si la fascinación persiste aquieta y paraliza, rinde y ata la mente con ­ligaduras de entusiasmos apasionados y prose­litistas. El  marxismo ha deslumbrado a mu­chos que cegados por su luz no han visto el camino para avanzar. Para ellos, dar un paso adelante habría sido profanación. Si a esto se añade que los impugnadores de Marx aparecen casi siempre violentos, simplistas, enardecidos no es difícil comprender por que lo que debió ser flexible y sagaz actitud de mentes dialécticas se convirtiera en empecinada inmovilidad defensiva de dogmaticos adustos.  Los partidos, la lucha revolucionaria, la tradición guerrera de Europa, han dado al marxismo político, tremendo aspecto de irrecusable imperativo.
Pero el Aprismo plantea el hecho histórico del Marxismo en América Latina, en donde “lo que hasta ahora acontece no es sino el eco del Viejo Mundo y el reflejo de ajena vida" para recordar las palabras de Hegel sobre aqueste continente. Por nuestra realidad geográfica e histórica, por el ritmo o intensidad de nuestra vida económica, por la "yuxtaposición y co­existencia de diversas etapas de evolución hu­mana" Espacio y Tiempo tienen un singularísimo valor determinante en el proceso de nuestras contradicciones históricas. Aquí, con las, variantes del espacio varia el tiempo.
Expliquemos esto:
Mientras en Europa se vive un tiempo homogéneo, vale decir una misma etapa de progreso y de cultura, a nivel, con ligeras diferencias de retraso relativo en señaladas regiones; en América Latina las zonas geográficas (espacio) marcan profundas diferencias de grado de evolución (tiempo). Si en Europa casi, todos sus pueblos, como ocurre también en Estados Unidos, viven ya en siglo XX por su grado de cultura y por su desarrollo económico, no es así en nuestra América. La zona de Buenos Aires vive en el siglo XX, pero no en el Chaco ni en la gigante Olla Amazónica, que en "tiempo-cultura" están bastante lejos de las centurias de Babilonia o de Egipto. Haya de la Torre ha recordado que, viajando a través de América Latina, desde sus ciudades modernas con gentes burguesas vestidas de frac, hasta sus vastas regiones salvajes o semisalvajes, se viaja como en la famosa y fantástica novela de Wells: "La Maquina del Tiempo", a través de la historia de la cultura humana. Vale decir, a través del Tiempo. Y en un mismo país, digamos el Perú, o Brasil, o Méjico, coexisten todos los grados del desenvolvimiento social desde el salvajismo, sin excluir el caníbal, hasta el hombre moderno, re­finado y quizás decadente. Las zonas histórico-geográficas son completas. Si en el Perú recorremos de la costa a la selva, iremos pasando del siglo XX, al siglo XIII o XIV en las organizaciones feudales y semibárbaras de su agricultura andina, hasta tropezar con las tribus desnudas de los bosques tropicales. Ante esa realidad viva, "teatro de  la historia", el Aprismo formula  una nueva interpretación del marxismo para la América Latina y transporta la concepción einsteniana del espacio-tiempo al campo histórico-social de este complejo conglomerado de regiones y razas, de formas de producción y credos de cultura. Así, niega y continua el Aprismo al marxismo.
 La ampliación de esta ultima parte, queda para otro artículo.

L. P.
(*) Luis Pachacutec era el seudónimo utilizado por Víctor Raúl Haya de la Torre durante esta primera etapa de clandestinidad del partido aprista peruano.
Nota del editor: las negritas pertenecen al autor y a la publicación original del diario Hoy.

 

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