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“Imágenes de una huella” Parte IV - Personajes que influyeron en Víctor Raúl Haya de la Torre
Orrego inculcó a todos los miembros de la Bohemia de Trujillo y del Grupo Norte, llamémosle así, una metodología de estudio sumamente exigente y analítica, que apuntaba a un conocimiento realmente exhaustivo y completo. Esta rigurosidad, propia de un filósofo, también marcará profundamente a Haya de la Torre.
AGÜERO VIDAL, Tito Livio (2007)
Tito Livio Agüero Vidal - Egresado de la facultad de derecho y  licenciado en Sociología en la especialidad de política (Pontificia Universidad Católica del Perú), egresado de la Maestría de Ciencia Política (UPIGV-ICD), Miembro del Taller de Estudios Políticos ¨Antenor Orrego¨, Catedrático de la Escuela de Ciencia Política (Universidad Nacional Federico Villarreal). 

Mi primer contacto con la producción bibliográfica de Eugenio Chang-Rodríguez (1926) fue en la Biblioteca de Ciencias Sociales de la Pontificia Universidad Católica del Perú (hoy Biblioteca Alberto Flores Galindo) a través de un libro suyo que me causo un gran impacto (La literatura política de González Prada, Mariátegui y Haya de la Torre. México: Studium, 1957. 436 pp.). Después fue un ensayo que inicialmente había sido escrito en inglés pero que apareció traducido al español en la Revista Claridad. Tribuna de la Juventud Libre (“Mariátegui y el APRA en la redefinición del indigenismo“. Lima. # 10, 1980). Por último, cuando comencé a redactar mi tesis de licenciatura en sociología política (La temática indígena en los inicios del APRA (1930-1948): un estudio de cuatro intelectuales apristas. Lima: Pontificia Universidad Católica del Perú, diciembre de 1997, 2 Tomos. 1400 pp.) leí su Poética e ideología en José Carlos Mariátegui (Trujillo: Normas Legales, 1986 238 pp.) Después tuvimos la suerte de conocerlo personalmente en 1999 y de ahí en adelante comenzó una relación de amistad que se mantiene hasta el día de hoy. Eugenio me encargo la revisión y redacción del Índice Analítico y Onomástico de la antología que preparo de Antenor Orrego (Modernidad y culturas americanas. Antenor Orrego. Páginas escogidas. Lima: Fondo Editorial del Congreso del Perú, 2004. 495 pp.).

La última aventura intelectual de Eugenio fue la redacción de sus memorias para ello le presentó a Rafael Tapia Rojas director del Grupo de Trabajo en Cultura del Congreso de la República el proyecto que tendría y tuvo tres tomos: Entre dos fuegos. Reminiscencias de las Américas y Asia (Lima: Fondo Editorial del Congreso del Perú, 2005. 530 pp.), Una vida agónica. Víctor Raúl Haya de la Torre (Lima: Fondo Editorial del Congreso del Perú, 2007. 378 pp.) y Entre dos fuegos. Reminiscencias de Europa y África (Lima: Fondo Editorial del Congreso del Perú, 2008.  319 pp.). En estas memorias colaboramos con Eugenio haciendo una revisión de los tres libros pero cuando leíamos  Una vida… le envié un correo donde le comunicaba que el c. Alberto Vera La Rosa tenía un valiosísimo archivo fotográfico y que nos parecía conveniente que algunas fotos podrían muy bien acompañar su libro. Eugenio respondió afirmativamente y nosotros rápidamente hablamos con Alberto, elegimos una buena cantidad de fotografías y nuevamente con el mismo Alberto redactamos las respectivas leyendas que acompañarían a las fotos. Sin embargo, Rafael Tapia nos dijo que muchas fotos, que eran inéditas, no tenían un correlato directo con las memorias así que propuso a Eugenio crear un capítulo (“Imágenes de una huella”) donde irían la mayoría de las fotos y me pidió ex­profesamente que redactara veinte (20) textos que se presentarán a los lectores en varias entregas.  

La Bohemia de Trujillo 1916. Sentados (izq) : José Eulogio Garrido, Juvenal Chávarri, Domingo Parra del
Riego, César Vallejo, Santiago San Martín y Óscar Imaña. Parados: Luis Ferrer, Federico Esquerre,
Antenor Orrego Espinoza, Alcides Spelucín y Gonzalo Zumarán. Víctor Raúl Haya de la Torre estaba en
Lima en representación del Centro de Estudiantes de Trujillo.

“ANTENOR ORREGO ESPINOZA (1892–1960)”

Desde los iniciales años de la famosa Bohemia de Trujillo el magisterio filosófico e ideológico de Antenor Orrego Espinoza en Víctor Raúl Haya de la Torre se debe encontrar por un lado, en la apertura a nuevos autores, textos y corrientes de pensadores latinoamericanos y europeos. Muchos de los cuales tenían escasa difusión en provincia y además estaban escritas en otros idiomas -en su mayor parte en inglés y francés-. Recordemos que desde esos años hasta sus últimos días de vida Haya de la Torre fue un espíritu muy atento y sensible a todas las expresiones estéticas y culturales. Pero no sólo es este contacto intelectual, lo cual de por sí ya era sumamente estimulante e importante, sino también el proceso mismo de estudio y aprendizaje de ellos. Orrego inculcó a todos los miembros de la Bohemia de Trujillo y del Grupo Norte, llamémosle así, una metodología de estudio sumamente exigente y analítica, que apuntaba a un conocimiento realmente exhaustivo y completo. Esta rigurosidad, propia de un filósofo, también marcará profundamente a Haya de la Torre. Ya estando el joven trujillano en Lima (1917-1923) llegará a sus manos el primer libro de Orrego Notas marginales (aforísticas) (1922), que es de claro registro filosófico, y cuando esté en el extranjero (1923-1931) leerá no sólo el segundo, El monólogo eterno (aforística) (1929), sino y sobre todo los artículos y ensayos de Orrego, escritos exprofesamente para la revista Amauta de José Carlos Mariátegui (1926-1930). En todos estos trabajos aparecerán ya las ideas orreguianas de autonomía, originalidad y creatividad intelectual, que en Haya de la Torre se van a expresar nítida e indiscutiblemente en su pensamiento político y en la materialización de la Alianza Popular Revolucionaria Americana (APRA) y sobre todo en sus primeras reflexiones sobre América Latina como el espacio desde donde surgirá lo propiamente latinoamericano como reflejo de la nueva América que ya está naciendo. Tesis que años más tarde Orrego le dará forma final en su libro Pueblo continente: ensayos para una interpretación de la América Latina y que Haya de la Torre hará también suya pero que alcanzará su forma final y definitiva en Hacia un humanismo americano, sin duda, su obra más trascendente, donde lo latinoamericano emerge a través de una suerte de conciencia de claro cuño heideggeriano luego de un largo y complejo proceso histórico y cultural.

“MACEDONIO DE LA TORRE (1893-1981)”

Macedonio o  el niño rey, como más se lo conocía, nació un 27 de enero de 1893 en la Hda. Chuquisongo, propiedad de su familia, enclavada en la sierra en donde aprende a amar a la naturaleza y a la belleza del mundo andino. Su niñez estuvo marcada por el hecho de ser el único varón de su familia quizás por ese motivo desde muy temprana edad sintió una gran apasionamiento por la pintura y admiraba asombrado los cuadros europeos de su padre que adornaban el hogar. Va a estudiar en el Seminario de San Carlos y San Marcelo, donde sus manifestaciones artísticas van tomando forma. Ahí, conoce a José Eulogio Garrido y a Antenor Orrego, futuros capitanes de la famosa Bohemia de Trujillo y el Grupo Norte. Ya siendo adolescente se incorpora de lleno a este cenáculo juvenil.

En 1915 realiza su primer viaje al extranjero, visita Chile, Argentina y Uruguay. Se dice que en su estadía bonarense, fue violinista, amigo de bohemios de entonces y se vinculó con los pintores porteños de la Boca donde destacaron Benito Quinquela Martín y Orlando Stagnaro. A su regreso al Perú, en 1917, se casa con la dama trujillana Adriana Romero Lozada Bello, su  compañera de siempre.

De 1924 a 1930 efectúa su segundo viaje fuera del Perú. Llega a la vieja Europa y recorre  Alemania, Bélgica, Italia y Francia. Su objetivo era profundizar sus dotes artísticas. Como es obvio de suponer ahi adquirió una importante y valiosísima experiencia pues gravitaban considerablemente los impresionistas. Recibió también la influencia pictórica del futurismo, surrealismo, cubismo, expresionismo y de la tendencia Die Brüke. Todo ello se incentiva en Alemania con el profesor Muller y luego en París estudia con el gran maestro Bordelle. Termina radicándose en la ciudad luz donde tiene la oportunidad de alternar con su bohemia, entre los que se encontraba su gran amigo César Vallejo. En París, además de frecuentar a pintores e intelectuales destacados participó con obras en el Salón de Otoño y en el Salón de los Independientes suscitando una elogiosa crónica de Vallejo aparecida en 1929 en la revista limeña Mundial. Asimismo, a decir de la importantísima Revue Moderne. la crítica de París fijó su atención en sus pinturas. Permaneció largos años en Italia y regreso al Perú, muy inquieto, lleno de labor muy fecunda, libre de trabas y recetas.

Como casi prácticamente ningún pintor peruano pintor peruano de esos años expuso sus cuadros en las principales ciudades del mundo: París, New York,  Miami, etc. También como pocos obtuvo innumerables distinciones, entre ellos el Premio del Salón de Otoño (París, 1928).

Antes de morir, el 13 de mayo de 1981, recibe un importante reconocimiento. El Estado peruano le otorga por  Resolución Suprema  # 0670, con el voto aprobatorio del Consejo de Ministros la Condecoración de la Orden del Sol El Presidente de la República de ese entonces Fernando  Belaunde Terry llegó hasta su lecho en la Clínica Chorrillos (cuarto 219). También estuvieron presente el  Dr. Oscar Maúrtua de la Romaña (Secretario General de la Presidencia de la República), Frank Valcárcel (Director de Informaciones) y el Dr. Luis Enrique Tord (asesor cultural de la Presidencia de la República). Sin embargo, pensamos que el principal homenaje que Macedonio hubiera querido es que se difunda toda su obra y que las nuevas generaciones de pintores puedan conocerlo pues, como es por todos sabido, durante muchos años pintó como un artista prácticamente clandestino, pues se le tendió una cortina de humo por el simple hecho de ser aprista.

Hoy, por fin, ya todos los peruanos podemos acceder a la producción pictórica de uno de los más notables, originales y versátiles pintores peruanos de todo el siglo XX (DE LA TORRE, Macedonio. Macedonio de la Torre. Lima, 2005).

En la foto Macedonio de la Torre acompañado de
Raúl Aristides Haya de la Torre junto al feretro de Víctor Raúl

”LUIS ALBERTO SÁNCHEZ (1900-1994)”

Los estudios realizados sobre Sánchez se han caracterizado por ser simplistas, parciales y descriptivos cuando no críticos y/o apologéticos. Son pocas las oportunidades que se ha intentado una aproximación objetiva, totalizante y completa -Mirko Lauer 1989, Tito Agüero 1997, etc.-. Por ejemplo, la mayoría pecan por tener una visión estática por lo que no distinguen etapas o momentos. Sin embargo, estas siempre han existido y son básicamente, desde nuestro punto de vista, tres: Arielista y Peruanista (1917-27), Socioliteraria (1927-50) y Esteticista y Culturalista (1950-94).

La primera alude a la época del Conversatorio Universitario de San Marcos (Raúl Porras Barrenechea, Jorge Basadre, Jorge Guillermo Leguía, etc.), cuando se proponen escribir una nueva historia del Perú. El grupo sintió la influencia del gran historiador chileno don José Toribio Medina. Pero junto a esta huella intelectual colectiva se encuentra otra de carácter más personal: José de la Riva Agüero. Por supuesto también el modernismo de Rubén Darío y el arielismo de José Enrique Rodó dejaron su marca.

Los libros más importantes son la tesis de 1920 Nosotros: Ensayo de una Literatura Nacional, Los Poetas de la Colonia y Los Poetas de la Revolución.

En la foto: De pie, de izquierda a derecha, Jorge Basadre, Manuel G. Abastos,
Ricardo Vegas García, Raúl Porras y Luis Alberto Sánchez;
sentados, Guillermo Luna Cartland, Carlos Moreyra y Paz Soldán y Jorge Guillermo Leguía

La segunda, se caracteriza por una mayor apertura a la problemática social y política. A nivel personal la influencia más notable es la de José Carlos Mariátegui y a nivel teórico las referencias son varias: Hipólito Taine, el marxismo entendido como materialismo histórico y antropología filosófica, el vanguardismo literario europeo (poesía y narrativa), el psicoanálisis freudiano y la novela realista. Los libros representativos son La Literatura Peruana (1ra. y 2da. edición), América: Novela sin Novelistas, Historia de la Literatura Americana, Nueva Historia de la Literatura Americana, Panorama de la Literatura Actual, Panorama de la Literatura del Perú y Balance y Liquidación del Novecientos.

La tercera y última está marcada por la búsqueda de un cierto equilibrio en su literatura entre lo individual y lo social y por un redescubrimiento de un placer estético y cultural. Todo lo cual lo lleva a dejar de enfatizar la relevancia de una serie de influencias como el marxismo, el psicoanálisis, el realismo, el vanguardismo, etc. Su obra se expresa en La Literatura Peruana (3ra., 4ta., 5ta., 6ta. y 7ma. edición), Proceso y Contenido de la Novela Hispanoamericana, Escritores Representativos de América y Historia Comparada de las Literaturas Americanas.

El Marco Teórico-Metodológico -la socioliteratura- de Sánchez tuvo un inicial avance en su primera etapa pero sin lugar a dudas alcanzó un mayor desarrollo durante la segunda mientras que en su último periplo sufrió un claro resentimiento. Por esa razón nos remitimos a este momento de creación. Aparece ya explicitada en 1934 aunque fue tempranamente utilizada en su Tesis de 1920. Se construye a partir de los siguientes postulados. Primero, la socioliteratura se define como una disciplina enmarcada dentro de las ciencias sociales, es decir, seria una suerte de sociología de la literatura. Segundo, el hecho literario no es sólo estético y cultural sino también social. Lo que lo lleva a reivindicar las fuentes populares. Por consiguiente, a través de la literatura se puede estudiar la historia social y cultural de una sociedad. Tercero, la relación entre lo social y lo individual sufre una necesaria problematización que se expresa en el predominio de la explicación social sobre la individual.

Todo esto lo obliga a realizar dos ampliaciones sucesivas a la categoría teórica llamada literatura: ésta se encontrará también en otros géneros como el periodismo, el discurso, la historia, la conferencia, la crónica, la política e inclusive en el cine y en el deporte; pero también tendrá una naturaleza oral. Con lo que la literatura ya no sólo será sinónimo de belles lettres y no se identificará sólo con el idioma dominante -en este caso el español-. Ahora, la literatura también será oral y podrá estar expresada en idiomas nativos (quechua, aymara, etc.).
Esta novísima concepción lo lleva a plantearse problemas de orden metodológico. Ahora hay que analizar toda una multiplicidad de materiales literarios como documentos inéditos, crónicas, testimonios orales, fábulas, canciones, música, cantos, cantos fúnebres, yaravíes, danza, teatro, representaciones escénicas, mitos, leyendas, pintura, etc. Es aquí donde Sánchez recurre a la ayuda de los antiguos y modernos cronistas, así como de los folkloristas y costumbristas.

A partir de la Socioliteratura Sánchez plantea un conjunto de tesis centrales sobre la literatura peruana y latinoamericana. Primero, la existencia de una literatura incaica en el Perú -quechuismo- y precolombina en América Latina. Con lo que nuestra literatura adquiere identidad y autonomía. Segundo, la historia literaria del Perú y de América Latina se inicia no con la llegada de los españoles sino mucho antes. Tercero, la melancolía aparece como la nota más característica de la literatura inca y se postula la consubstanciación entre el indio y su geografía. Por último, se afirma, en directa y abierta confrontación con toda la crítica literaria peruana anterior y de ese entonces -Ricardo Palma, Eleazar Boloña, José de la Riva Agüero, Ventura García Calderón, José Gálvez, Federico More y José Carlos Mariátegui- la existencia de una literatura peruana.

Varias veces Sánchez se había quejado que en el Perú era un autor prácticamente proscrito pues no había tenido suerte con sus libros en la medida que una gran parte de ellos fueron editados en el extranjero (sobre todo en Madrid, Santiago de Chile, Buenos Aires, México y Caracas) y para colmo incluso habían sido prohibidas de circular. Sin embargo, paradójicamente, hoy si se dan las condiciones para poder valorar y atesorar en toda su verdadera, justa y exacta dimensión su aporte a toda la historia y crítica literaria del Perú y de América Latina. Su socioliteratura, ese marco teórico y metodológico que acerca lo literario a lo social, puede ser vista y sopesada a la luz de los diversos autores que han recorrido y todavía recorren el mismo camino. Como bien lo señalaban Jorge Cornejo Polar y Marco Martos, Sánchez, a pesar que no llegó a darle un desarrollo total y acabado a su socioliteratura y quizás ahí podamos encontrar un punto para la crítica tal como de una o de otra manera lo han señalado Mirko Lauer y José Miguel Oviedo, debe ser ubicado al lado de pensadores de la talla de Georg Luckcás -La Teoría de la Novela (1916), El Significado del Realismo Crítico (1955) y Prolegómenos a una Estética Marxista (1957)-, Lucien Goldman -Para una Sociología de la Novela. Barcelona: Ciencia Nueva, 1967-, Arnold Hauser -Historia Social del Arte y de la Literatura (1957, 1969 y 1980)- y de Robert Escarpit -Sociología de la novela. Barcelona: Oikos-TAU, 1971. 124 pp.-. No menos se puede decir de su tesis de la existencia de literaturas precolombinas en el Perú y en Latinoamérica que también está totalmente convalidada por la actual antropología literaria, la  etnohistoria y los nuevos trabajos que se han escrito sobre el tema. Todo esto sin duda lo convierte en fundador y protagonista central de la literatura y de la vida literaria no sólo del Perú sino de toda América Latina por lo que con Leopoldo Zea podemos concluir que Sánchez "puede volver los ojos al pasado sin temor a convertirse en una estatua de sal. Un pasado que nace con preocupaciones de los Martí y los Rodó y se continúa con los Vasconcelos, Reyes, Caso, Henríquez Ureña, Ugarte hasta nuestro días...ha sido actor en los esfuerzos por recuperar una u otra vez la oculta identidad de esta nuestra América. No se ha arado en el mar: lo hecho, hecho está y ahora es ya consciente. Todo esto es parte de la necesaria toma de conciencia, a través de la cual los pueblos se perfilan y realizan como individuales. Individuales que por serlo hacen parte de comunidades universales de iguales entre iguales, de pares entre pares”.

“LOS POETAS DEL PUEBLO”
 
Hacia 1942 ó 1943 aparece en el firmamento literario limeño dos manifestaciones poéticas totalmente disímiles y contrapuestas. La primera aglutinaba a los llamados en ese entonces poetas puristas (Jorge Eduardo Eielson, Javier Sologuren, Sebastián Salazar Bondy, etc.). Ellos se mostraban devotos de la poesía pura y la cultivaban con técnicas heredadas de la novísimas vanguardias europeas; sus motivaciones eran exclusivamente estéticas y se inscribían en los dominios subjetivos. Sin lugar a dudas tenían como totems literarios a José María Eguren y al César Vallejo inicial.

La segunda nucleaba a los autodenominados Poetas del Pueblo, todos ellos vinculados al Partido Aprista Peruano, propugnaban en cambio la poesía social; sus maestros no eran los de vanguardia sino los Alberti, Machado, Neruda,  o el Vallejo comprometido; consideraban que la poesía, además de un hecho estético, es una forma de acción social. Conformaban este grupo de poetas sociales Gustavo Valcárcel, Eduardo Jibaja, Julio Garrido Malaver, Mario Florián, Felipe Arias-Larreta, Abraham Arias-Larreta, Luis Carnero Checa, Guillermo Carnero Hocke, Antenor Samaniego, Ricardo Tello Neira, Juan Gonzalo Rosé, Manuel Scorza, Alberto Valencia y Felipe Neira. Sin embargo, los Poetas del Pueblo no eran fundadores de una poética social sino más bien eran continuadores de una primera generación de brillantes poetas apristas que surgieron en la década del 20 y del 30 que se organizaron alrededor de la Liga de Escritores Revolucionarios del Perú y que tuvieron a la revista APRA como principal vocero. Mencionémoslos rápidamente Alberto Hidalgo, Magda Portal, Ciro Alegría Bazán, Serafín del Mar, Alcides Spelucín, Nicanor de la Fuente, Juan José Lora, Guillermo Mercado, Américo Pérez Treviño, Nazario Chávez Aliaga, etc. Ahora bien, esta continuación merece algunas precisiones porque podría hacer pensar que entre ambas promociones de poetas no existían diferencias. Efectivamente, hay una coincidencia respecto a su adscripción a una suerte de poesía social o comprometida, pero también existen notables diferencias: la generación del 20 eran poetas no solo sociales sino también indigenistas o cholistas  como también vanguardistas.

De izquierda a derecha : Luis Carnero Checa, Guillermo Carnero Hoke,
Eduardo Jibaja, Alberto Hidalgo, Gustavo Valcárcel, Víctor Raúl Haya de la Torre,
Alberto Valencia, Antenor Samaniego, Manuel Scorza, Julio Garrido Malaver, Ricardo Tello y Mario Puga.

Volviendo a los Poetas del Pueblo podemos decir que con el correr de los años el grupo se dividió y cada uno de ellos siguió su propio camino. Un sector permaneció en el PAP (Samaniego, los hermanos Arias-Larreta, Garrido Malaver, etc.), hubo algunos que se alejaron pero que después volvieron (Jibaja, etc.), otros se alejaron y trataron de volver (Willy Carnero, Scorza, etc.), mientras que un grupo sí se alejo definitivamente  (Valcárcel, Rosé y Florián). Sea que continuaran o sea que se alejaran del aprismo su participación activa como parte de los poetas del pueblo fue importante como experiencia pero sobre todo para su propio proceso de aprendizaje literario y poético, su posterior producción poética, y en algunos casos novelística, dará cuenta de todo ello de una manera indubitable.

 

 
 
 

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