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Debate en torno al aprismo
Lo digo con el mejor de los criterios y sentimientos de respeto hacia el Jefe; habiendo creado el movimiento más grande, ideologizado y organizado del Perú, la estela de cariño sincero, el respeto a su personalidad y la entrega a su superior peso histórico, hizo a su vez que él eliminara la frontera entre Haya y su misma feligresía; solía decir frente a un mitin: "a veces cuando los veo a ustedes, pienso si yo he creado al apra o si el apra me ha creado a mí". Esa dualidad partido-Haya, o Haya-partido, hizo que la frontera entre Haya y su pueblo se difuminara, desapareciera; y el intérprete, el mejor, actuara con el partido como si fuera parte de su organismo y sea el único que lo interpretara y decidiera por todos.
Julio Garrido Huaynate
Julio Garrido Huaynate, abogado, escritor, poeta y analista político. Militante desde la juventud en Trujillo, enviado a la Escuela de Ciencias Políticas de Costa Rica, delegado de la juventud ante la Asamblea Mundial de la IUSY, Sec. Nacional de Prensa del CN JAP 1967, dirigente universitario en San Marcos. hijo del gran lider historico de La Libertad Julio Garrido Malaver.

           Introducción                            
La primera vez que leí un escrito de Julio Garrido Huaynate fue en los años 80 en un importante periódico limeño. Me acuerdo que en esa oportunidad Garrido abordaba un espinoso problema: la coyuntura política aprista a raíz del enfrentamiento entre Armando Villanueva del Campo y Andrés Townsend. Lo que me llamo la atención era el conocimiento profundo del autor sobre el aprismo (historia, doctrina, cultura, etc.) lo que lo llevaba a analizar el presente a partir no solo del comportamiento de los actores en los diferentes escenarios en los que se desenvolvían sino desde lo que en la teoría del análisis político se denomina predictibilidad, es decir, Garrido veía posibles escenarios políticos futuros a partir de lo que podríamos llamar grandes tendencias. Años después, cuando preparaba mi tesis de sociología en la PUCP (La temática indígena en los inicios del APRA (1930-45): un estudio de cuatro intelectuales apristas) y estudiaba al filósofo cajamarquino Antenor Orrego descubrí que más allá de su importante discurso filosófico expresado en Pueblo Continente y Hacia un Humanismo americano había una faceta poco difundida en Antenor: el de buscador de talentos. Y justamente uno de los literatos que recibió el apoyo fue el padre de Julio: el gran poeta Julio Garido Malaver. Haca dos años, cuando fuimos convocados para ayudar en la conmemoración por los 30 años de la muerte de Víctor Raúl Haya de la Torre y de la promulgación de la constitución de 1979 conocí por fin a Julio Garrido Huaynate. A partir de ahí comenzó una amistad que se vio fortalecida cuando me enteré que Julio, al igual que su padre, era también un importante literato (poeta, cuentista y novelista). Una muestra clara de su talento es el poemario Poemas para no morir.  Sin embargo, yo siempre tenía en mis recuerdos al periodista político aprista que abordaba diversos aspectos de la problemática aprista con hondura y profundidad y esperaba que algún día Julio volviera a ejercer, como hace más de 20 años, este tipo de ejercicio intelectual. Por suerte, hace poco llego a las manos de Julio el último libro del filósofo aprista Hugo García Salvatecci titulado El Apra entre dos orillas. Ochenta años de aprismo (Lima: UAP, 2009. 627 pp.) y a partir de ahí se produjo este deseado retorno. Presentamos a continuación cuatro provocadores o polémicos artículos de Julio Garrido Huaynate que pueden interpretarse como una invitación al debate y a la polémica en momentos en donde el PAP atraviesa no sólo una nueva crisis política sino también un grave problema de identidad en los planos de la teoría (ideología y doctrina) y de la praxis política.

                                                                                                     Tito Agüero Vidal

Debate en torno al aprismo (I)
Espero en esta oportunidad, iniciar un debate, una confrontación de ideas, revisión de líneas de comportamiento, aclaración de conceptos, señalización de actuaciones que han influido en el actual panorama. La crisis no empieza en marzo del año pasado, ni con el mismísimo Mulder, que la lleva al epítome; ni el 2001. Iremos revisando, paso a paso los acontecimientos desde antes incluso de la muerte del único Jefe del Aprismo: Víctor Raúl Haya De la Torre, y ojalá que él nos ilumine.
                No voy a utilizar sino un lenguaje sereno, fraterno, crítico, tratando de elevar la polémica en torno a los puntos controversiales. Trataré de mantener mi aprismo al tope. Espero que se me responda con ideas no con insultos. Seré fraterno; a la infamia no la contestaré sino en deshonrosas ocasiones; sobre todo, para los que jamás entenderán las buenas intenciones.
                A 32 años de la muerte del fundador, del único peruano que logró arquitecturar un corpus intelectual que, dio en principio, una mirada filosófica a nuestro pasado, nos sacó del eurocentrismo conceptual, para con esos instrumentos darnos un diagnóstico de nuestro presente para proyectar una ideología de unidad nacional, con un ideario peruano y subcontinental, como instrumento de lucha, con el único objeto de arribar a una sociedad más justa con PAN Y LIBERTAD y que no ha sido superada por sus neoepígonos, como lo demuestra en un libro extraordinario que estoy a medio leer: "El Apra en sus dos orillas" de Hugo García Salvatecci. Nos dejó pendiente algunos temas que insinuó y que debemos retomar.
                García Salvatecci dice: "Es que Haya De La Torre no fue un filósofo, sino un gran pensador" . La tarea entonces está inconclusa. El libro que gloso, (al cual le dedicaré un par de comentarios en línea en otra oportunidad), demuestra que esta función recién se emprende con seriedad intelectual y conocimiento de verdadera profundidad y no con la pátina superficial del político pragmático negado para estos menesteres.
                Haya se rodeo de gente de primer nivel. Era seguro de su grandeza: tuvo al "Cachorro" Seoane, Antenor Orrego, Luis Alberto Sánchez. Ramiro Prialé, gente toda ella brillante. Estoy seguro que, ninguno de ellos bajara de 130 de coeficiente intelectual y no les tuvo celo alguno, simplemente porque era genial; y a veces incluso, jugó con las vanidades de tremendos personajes. Todos ellos produjeron para el partido y el país y siempre los tendremos presente en nuestros corazones.
                Quiero significar en este recuento que las grandes obras son seguidas por grandes personajes. La política grande por gente de nivel; la otra, la crepuscular por seguidores del bastón de mano, pero no por la adhesión intelectual y espiritual a una inmensidad humana como fue la del Jefe

Debate en torno al aprismo (II)
                Antes de ingresar al momento de la muerte del Jefe y creador del aprismo, se hace necesario develar una cierta actuación del personaje protéico y de sus seguidores que, aún en el imaginario de su pueblo sigue de alguna forma funcionando y es motivo de algunas disfunciones partidarias; me refiero al comportamiento absolutista y hasta imperial con el que Víctor Raúl condujo a su pueblo y éste a su vez se le entregó como muestra de su fe en él.


Julio Garrido Malaver y Haya de la Torre ingresando a Celendín en 1962.

Lo digo con el mejor de los criterios y sentimientos de respeto hacia el Jefe; habiendo creado el movimiento más grande, ideologizado y organizado del Perú, la estela de cariño sincero, el respeto a su personalidad y la entrega a su superior peso histórico, hizo a su vez que él eliminara la frontera entre Haya y su misma feligresía; solía decir frente a un mitin: "a veces cuando los veo a ustedes, pienso si yo he creado al apra o si el apra me ha creado a mí".
                Esa dualidad partido-Haya, o Haya-partido, hizo que la frontera entre Haya y su pueblo se difuminara, desapareciera; y el intérprete, el mejor, actuara con el partido como si fuera parte de su organismo y sea el único que lo interpretara y decidiera por todos. La paradoja resulta que, siendo el partido que más ha luchado y conseguido espacios democráticos para el país, internamente era y sigue siendo en consecuencia, imperial y no democrático; aceptando los apristas que él nos llevaría a la tierra prometida.
                No estoy diciendo una novedad, sino, resaltando una característica de su personalidad que imprimió a sus seguidores. Pero como todos somos mortales, no nos enseñó a vivir sin él; esto es, o no tuvo tiempo para emplearlo en democratizar el movimiento aprestándonos para su ausencia. Craso error que hasta hoy lamentamos y lamentaremos. No nos preparó para conducirnos sin él. El despeñadero estaba ad portas.
                Otro factor importante fue que muchos de los mejores hombres que lo habían acompañado, no estuvieron a la altura que las circunstancias requerían, que hubiese sido una consecuencia con quien al cabo los hizo y les dio nombradía. Quiero en este punto, tocar a un personaje que aprendí a respetar en su actuación y temperamento y que sin embargo estaba y lamentablemente está marcado con algunas filtraciones y brechas en su actuación, que se constituye en uno de los mayores responsables de la crisis por la que hoy atravesamos; me refiero a Armando Villanueva Del Campo, a quien lo hicimos disertar en San Marcos el año anterior al terremoto del 66 que destruyó la Casona, hoy refaccionada.
                Villanueva, sin duda, con cualidades, que las tiene, no entendió que el momento, a la muerte de su Jefe, era el tempo de democratizar el partido y tuvo solo el talento para cooptarlo para su beneficio electoral exclusivo y no para proyectarlo a nuevos retos, que debió ser su función; utilizando además, un lenguaje que en los hechos contradijo. Con él empezó a debilitarse la fraternidad que tanto daño nos hizo y nos lo sigue haciendo. Digo lo anterior con, aún, un cierto cariño a su imagen como, a pesar de todo se le sigue teniendo.              

Presentación del Libro de Mariella Silva Solis con Dimas Arrieta, Armando Villanueva del Campo y Julio Garrido Huaynate

Debate en torno al aprismo (III)
Una hermandad, desde casi la niñez, fue rota por Armando Villanueva. Lo sostengo con sencillez, de manera directa; los hechos sucedieron cuando ya era previsible la desaparición de Vìctor Raùl, y empieza el distanciamiento entre Andrés y Armando. Antes, Jorge Idiáquez, el famoso secretario personal de Haya se reúne con Armando para ponerse de acuerdo sobre cómo dominar el partido.
            Nunca, ambos, habían tenido una gran amistad. “El Chayo”, mote de Idiáquez, hombre sin duda, valiente y hasta feroz, encargado de la seguridad del fundador del aprismo, manejaba una red extraña de seguridad que controlaba además el local de Alfonso Ugarte, símbolo del poder en el Apra; que, a su vez, le daba canongías para agenciarse de recursos en terrenos misteriosos, que Haya inexplicablemente consentía.
            Armando se puso de acuerdo con Idiáquez, primero, para hacerse del control del local y para cernir a los visitantes del Jefe; esto que digo, no tiene sino un peso de verdad histórica. A partir de esa conversación-acuerdo, toda visita, so pretexto de la salud del enfermo se limitó. Sánchez, Prialé, Towsend (en su momento me confirmaron los dichos), que podrían dar testimonio de ese mecanismo de segregación
            Todavía viven compañeros, que podrían dar su versión sobre estos hechos. No les he consultado; esa será labor de investigadores que algún día dilucidarán los hechos que aún gravitan en nuestros destinos partidarios y peruanos. La mala o nula relación entre Andrés con “El Chayo”, hicieron el resto. El líder lambayecano consideraba al Secretario de Haya como un simple guarda-espaldas; craso error del cual saldría mal parado.
            Un poder personal robustecía a Armando, encabezado entonces por Alan García Pérez, quien lograba capitanear a un grupo de compañeros entre los cuales se encontraban Walter Cuestas, Edilberto Ángeles, Walter Espíritu, Wilbert Bendezú, Hilda Urizar, a quienes se les llegó a conocer como “Los Muppets”, por su bajo nivel de cuadros frente a otras opciones.
            Entonces, compañeros de formación y valía, fueron preteridos, por ese grupo que actuó como una maquinaria para amarrar al Apra, y posteriormente el Congreso fraudulento que eligiera el candidato presidencial a las elecciones del 80, con los resultados que conocemos. Se han producido testimonios, declaraciones desde el mismo partido, incluso por el mismo Alan y otros cc. que me relevan de un recuento de hechos, para seguir con el tema.            

Debate en torno al aprismo (IV)

            En vida Haya, las listas parlamentarias tenìan algunas lagunas; sin embargo nunca faltaron los personajes representativos y regionales de cada lugar, con algunos olvidos. Las postulaciones a diputados y al Senado eran escogidos por prestigio y lìnea de continuidad en base a ejecutorias de vida y consecuencia aprista. Muy pocos olvidos, que, por lo general, eran compensados en la siguiente oportunidad. Aparte de algunos caprichos del mismo Jefe, como el de Ramón Ponce de León; pongo a este expradista solo como ejemplo, y algún otro impuesto por Sànchez sin la calidad suficiente del recomendado.
            A partir de la época de Villanueva las listas de postulaciòn parlamentaria se elaboran considerando la cercanía o adhesión al candidato presidencial, y no por la lìnea de consecuencia y ejecutoria aprista; esto explica en gran medida el declive de calidad de los apristas que finalmente llegan al Congreso y atenta con el antiguo prestigio del Apra en el primer poder del Estado. En consecuencia, fueron separados de la posibilidad parlamentaria figuras representativas en departamentos y provincias, lo cual retrajo y apartó a compañeros con mèritos más nítidos que los genuflexos adláteres del oficialismo partidario.
            ¿Nombres?; cientos que se retiraron de la militancia activa y algunos acabaron en otras tiendas políticas; en ese momento, la dirigencia de menor nivel copó los puestos que destruyeron mejores cuadros en todos los comités de la república, y que, hasta el día de hoy no es posible reestructurar y menos unir; en razón a que cuentan con el apoyo desde Lima, constituyéndose en espúrea costra que se mentiene ante el repudio de su propio pueblo, en la mayoría de los casos.
            A este respecto, no se hace necesario mencionar nombres, pero lo cierto y demostrable es que hay comités enteros del partido en todo el país que se repiten, fracasan y vuelven a fracasar e inexplicablemente no son removidos y pierden legitimidad en su propia circunscripción, sino que, incluso son rechazados por la militancia que cada vez se desalienta más del movimiento y la dirigencia nacional; quienes, al parecer, estarían más interesados en la jibarización que no los excluya, antes que en la proyección del partido en el milenio que corre.

Debate en torno al aprismo (V)
            Un hecho pétreo yace en la historia: Villanueva perdió frente a Belaúnde. Los sucesos posteriores lo confirmarían; no estaba preparado para ganar, ni para perder. El mismo Armando, hace varios años admitió que Townsend hubiese sido mejor candidato que él.
            La maquinaria que formó durante el período que no fue a la Constituyente, estaba conformada en promedio por operadores de bajo nivel intelectual y político que ataron al partido en lugar de democratizarlo; pienso que el trauma para Armando al fracasar, hizo que abandonada todo y se fue a Europa en “busca del itinerario de Haya”, so pretexto de escribir unos libros que hasta hoy aguardamos.
            Irresponsabilidad. Dejó a cargo de todo al todavía bisoño Alan García Pérez, que, montado en la imagen inercial imperial del Jefe y tomando el trabajo de Armando al respecto para sí, aprestó para su uso exclusivo al partido; primero arribó a la Secretaría General y luego a la candidatura presidencial con padrinazgos foráneos, que no es el caso de estas notas denunciar, para demostrar que otras fuerzas se subían a ese carro desde el extremo no aprista.
            Alan siguió cortando cabezas, anulando liderazgos que pudieran ensombrecer su figura; luego, viendo al arquitecto y su estilo de llegar y llevar las cosas, copió algunos mecanismos de su figura y ensombreció la doctrina y simbología del aprismo. Lo dicho es historia.
            Vendría el 85 en el que confluyeron muchos factores a favor de la candidatura del aprismo, y, particularmente a la de García; entre otros, lo que Pablo Macera dijo: El Apra debe llegar al poder, hasta como una experiencia siquiátrica” (disculpen si no es textual la cita); antes de llegar a esa fecha, fui tentado para incorporarme al grupo, entonces escribía en la página editorial de “Expreso”. Luego de una larga conversación, que algún día comentaré con detalles, entendí lo que se le venía al partido y rechacé la tentadora oferta. Nunca como hoy me felicito tanto por ese error para algunos que cometí el 83.
            Escribí en el verano del 85 un artículo que pasó por su propio via crusis, que lo pasaré por email, espero la semana que viene, y que está cumplido en un 100%, lo que se atisbaba para nuestro partido, no lo pude publicar sino en el “Diario de Marka”, vigente para mi dolor, hasta el día de hoy. Ya en el poder, vino la labor de doblegar a las figuras partidarias que, no estuvieron a la altura del reto demandado y que inclinaron la cabeza, sabiendo lo que venía.


Debate en torno al aprismo (VI)

            García, en la cúspide de su poder como presidente en su primer período terminó por convencer (¿), aplastar, asustar o eliminar a las figuras que pudieran hacerle contrapeso; cito una sola en este punto: a Alfonso Ramos Alva, e incorporó a su gabinete a simples secretarios amanuenses, bajando el rango de sus ministros a los cuales empobreció espiritualmente, con su burla y maltrato al humano que había en ellos.

            Recuerdo que, personalmente, criticara el comportamiento de algunos. Cuando hablé con Andrés, estaba encerrado en una torre de marfil que lo apartaba del discernimiento necesario; estaba ofendido, rodeado por un cerco familiar que lo endiosaba con sus criterios totalmente desubicados y lo ayudaron a hundirse amargando su vida. Una lástima.

            El gran Ramiro era el más conciente de lo que pasaba; en una oportunidad, desayunando me dijo: “Yo no sé que tiene este chico, ya es presidente y cree que todavía está en campaña”; en esa ocasión le pregunté, haciendo paráfrasis con el dicho de Zavalita de Vargas Llosa: ¿en qué momento se jodió el Apra?; estaba fumando un cigarrillo negro francés “Gitanés”, que no sé cómo se los agenciaba, miró al cielo o al infierno, no lo sabría decir, se le nublaron los ojos, vertió un par de lágrimas y soltó la sentencia: “Desde que en el partido dejamos de decir nosotros queremos para decir, yo quiero”. No preciso en este punto explicar más, me sigue siendo, 24 años después muy dolorosa la escena; a los pocos meses murió y quedé totalmente desolado.

            Con toda la grandeza del maestro Sánchez, su personalidad tenía brechas y giros que siempre lo ubicaban en el punto del poder donde quería ir. Tuvimos largas conversaciones los jueves que lo llevaba a pasear con un VW destartalado que mis amigos le decían Dumbo por sus tapabarros que, desprendidos parecían las orejas blandientes de un elefante; un día por un artículo mío, me llamo a su estudio en Moquegua y me dijo que Alan lo había llamado quejándose de la crítica que le había hecho. “Me ha puesto en apuros, me ha llamado, sabe que somos amigos y yo ajeno totalmente”; era dos años antes de su ascenso al poder. Me preguntó: “¿Usted cree que ese chiflado pueda llegar a la presidencia?, si es así, el loco es usted”; menos de dos años después, en una manifestación pública le dio a Alan un beso en la frente y le dijo que era el continuador de la obra de Víctor Raúl.

            Soy amigo de mis amigos, pero soy, y hoy es mucho más importante ser amigo de la verdad; es posible que el aprismo se siga extinguiendo, se siga desideologizando, periclitando más y más cada día; pero habemos apristas, que aunque algún día quepamos en un solo sofa, seguirá en nosotros la flama que encendió un hombre lleno de historia y no la confrontación egomaníaca con la historieta y el sainete. Para mí, estos hechos son dolorosos, no me regodeo al mencionarlos; entiendo que pueden vulnerar los sentimientos de compañeros y ello también me toca. Disculpen mi tristitia.

Debate en torno al aprismo (VII)

            No deseo hacer un listado de lo que fue haciéndose con el aprismo de los dirigentes, parlamentarios, compañeros a quienes nombró ministros o funcionarios claves o de embajadores; lo concluyente es que Alan los desapristizó y les obligó a cuidar la migaja de poder que les dio. Por su propio acomodo amordazaron sus conciencias, silenciaron sus críticas, asordinando sus propios espíritus. La militancia fue pervertida, envilecida mucha de ella, cuando de manera destructiva monitorearon la traición a Lucho Alva, fraguada desde el 89; incluso antes. El capítulo merece un artículo exclusivo; es hora de hablar con la verdad, sin cortapisas, la omertta terminó. Sé, me doy cuenta que este interregno del partido merece un psicodrama o un profundo calafateo espiritual. No me impulsa sino esa actitud; continuaré en esa línea.

El producto es infame. Y lo más nefasto, anuló la ética como referente de limpieza, al ver todos, que seguía triunfando, su método destructivo de valores. La cosecha de inmoralidad fue sembrada ahí, en los pliegues de cada espíritu que empobreció y humilló, y solo les abrió el camino del deshonor, la cleptocracia y el aseguramiento personal, antes que la fe en un destino mejor dentro de los postulados de Haya De La Torre. La incubadora de corrupción tiene una sola paternidad y sí, muchos hijos.

¿Qué hacía mientras tanto Armando Villanueva Del Campo?; y esa es mi crítica central a su inconsecuencia, por lo cual no tomo muy en cuenta sus opiniones actuales; fue domeñado, fue domesticado, ablandado, víctima de un epicurismo con el cual coqueteó toda la vida. Se rindió y se convirtió en su seguidor, y no en el elemento de contrapeso que tanto requería el partido y ese primer gobierno; abdicó de la función más importante que le hubiese dado al último tercio de su vida un prestigio y calidad moral para criticar y establecer fronteras y parámetros desde la atalaya de la asepsia, sin empequeñecer su historial. Digo esto último con indignación y con mirada indulgente a la vez.

Si Villanueva se hubiese parado firme, en seco, frente a las actitudes descomedidas y de mal trato a los apristas, al pensamiento de Víctor Raúl, al desvío del verdadero mensaje aprista, hubiese engrandecido su figura; se lo dije personalmente. Armando estaba en otra, quería apurar el expediente, vivir bien los días que le faltaran, pero esa actitud lo deterioró por dentro. Una lástima; se convirtió en la caja de resonancia del inquilino de la casa de Pizarro y en mozo de varas de sus deseos, hasta hoy.

¿Si el llamado a tomar el camino de contención, el más calificado por su historial no actuaba en esa función, qué podía hacer el resto? Nada pensarían y nada hicieron; mírenlos ahora, una caricatura de sus vidas y proyecciones. ¿Dónde quedó su aprismo?, ¿en qué reducto de sus afectos?, ¿en qué lugar su valentía y honestidad?; los conozco a todos, salvo a Velásquez Quesquén. Actúan no por conveniencia del partido, se parapetan en él para que no les corten la cabeza; estos compañeros han dejado de ser dirigentes, son digitígrados amaestrados. Mírenlos, y algún día, ojalá, perdónenlos.

Debate en torno al aprismo (VIII)

            En este tramo, quiero tratar un tema que algunos dirigentes no le dan importancia, por desconocimiento o interés, y que de suyo es pertinente y decisorio en el comportamiento de un partido político; me refiero a la ideología, y, en este caso, a la desideologización del aprismo, tarea de debilitamiento del movimiento que lleva ya 30 años y más.

Un verdadero partido político se ordena territorialmente con la visión filosófica del pasado de su país, mirada en ese sentido de la actualidad y proyección al futuro. La ideología le da a un colectivo social, no solo pareceres similares, conciencia crítica en un solo sentido, uniformidad de criterios, respuestas y reflejos a los embates de la lucha política; además le da entendidos de pertenencia al conglomerado, de unidad y despeja dudas.

La crítica a la desideologización del Apra; concretamente a la desapristización del partido no es antojadiza, ni sesgada, es de gravitación única en la ruta de continuidad. Algún desaprensivo dirigente (¿), ha dicho que otras veces el PAP se a unido o aliado con otros partidos y no ha pasado nada. No es así, o no era así. Un partido, como el Aprismo, ideologizado, anclado en el desarrollo de sus ideas propias puede, eventualmente unirse en un frente con cualquiera (exageremos); y, cuando el período de juntura o su ciclo concluyere, los integrantes vuelven a su propio redil sin dudas y hasta fortalecidos.

Un partido desideologizado, hoy como el nuestro, ha relajado sus mecanismos de adhesión, los puentes mentales y hasta espirituales que siempre nos unieran. Este gobierno, que en la práctica se ha confundido con sectores recalcitrantemente enemigos de nuestra historia, está siendo captado y cooptado por ideas que no nos corresponden.

Le he escuchado incluso decir a un parlamentario aprista: “la derecha tenía razón y nosotros no”. Los apristas tenemos nuestra ideología. No es la del señor Giampietri, ni la del señor Benavides y menos la de la señora Aráoz; ni la de Quimper, invitado hace algunos años en listas parlamentarias al Congreso. Somos apristas.

Incluso, estratégicamente se pudiera haber hecho un gobierno como el actual, y mejor robusteciendo los principios, desarrollando el aspecto teórico, explicando doctrinariamente las fronteras del período y sabiendo apartar el trigo de la paja. Eso no era lo importante y hoy por hoy; lo leemos en los correos, hay compañeros que aceptan ideológicamente el discurso que emana y dimana de un comportamiento errático y sin horizontes claros para nuestra patria y para el partido en especial.

Si se estuvieran implementando las ideas del aprismo, no le importaría a la militancia que incluso no les dieran lugar ni puesto alguno; a condición de hacer aprismo. No, se prefiere la aventura personal.

Debate en torno al aprismo (IX)  

            En esta entrega, es necesario tocar la actuación de Lucho Alva y su eclipsamiento, ante la falta de flejes internos de su personalidad. Lo conocí cuando llegaba al diario “El Norte” en Trujillo recién salido del Leoncio Prado y yo ingresaba en 4º de secundaria en el emblemático colegio canario, San Juan; había viajado a ésa ciudad a vivir con mi padre, quién entonces dirigía el diario símbolo del aprismo norteño.

            Nunca fuimos amigos; sin embargo siempre, a lo largo de más de 40 años, nos saludamos fraternalmente y, de acuerdo a las veleidades de su carácter, tuvimos un trato distante o a veces cercano, cuando le daba la ventolera. Es una persona muy pendular e inestable; nunca se sabe cómo amanecerá y con qué humor, ni por qué.

            Soy testigo de la gran cercanía que tuvo con Haya; todo indicaba que sería, durante buen tiempo, el delfín del Apra. No dudo de su aprismo, del cariño y admiración que le profesara y sigue profesando a Víctor Raúl; es un gran difusor del pensamiento, vida y obra del Jefe, al que le ha dedicado sendos libros, bajo su firma y el surmenage notorio de otros.

            No es un hombre de grandes bríos; sin embargo fue el capitoste durante 30 años del aprismo liberteño y llegó a ser vicepresidente, premier de García y pudo arribar a la presidencia, si no fuera porque se lo impidieron desde dentro de la organización.

            Recuerdo, que, luego de dejar el gobierno el 88, con un caudal de respaldo partidario importante dirigiendo su Instituto “Cambio y Desarrollo”, me invitó a su oficina a almorzar. Fue muy amable; entonces yo era un periodista aprista que escribía en “Expreso” con alguna notoriedad.

            Me dijo que, como había sido borrado de los padrones, estaba preparando una ceremonia para que yo, que jamás me fui del partido y Agustín Haya, regresáramos por todo lo alto; le participé mi preocupación por él, si no tomaba medidas para evitar que García lo destrozara en las elecciones en la cual, no podría el entonces presidente, evitar que el partido lo nominara para postularlo al próximo período.

            Le aconsejé que, en su condición de Secretario General, le haría un gran favor al partido si lo expulsaba. Me comunicó:

            –No Julio; eso es imposible, tú no sabes nada de alta política – yo agregué:

            –Te va a pulverizar; –luego García preparó al partido en contra de Lucho, utilizando el diario “Página Libre” y la orden para que no se le apoye. Esto es historia; en las penúltimas elecciones internas parlamentarias no fue elegido, sino impuesto.

            Hoy es un remedo de sí mismo. Su segundo apellido, Castro, también significa infernáculo, más conocido como rayuela para los argentinos y mundo para nosotros; dejémosle que vuelva a saltar ante el piso pintado de tiza y un libreto vacío. Me conmueve su orfandad.

Debate en torno al aprismo (X)

            Armando, totalmente domesticado, y Lucho empequeñecido; quiénes no estuvieron a la altura, no solo de sus propios antecedentes, sino, muy por debajo de la consecuencia hacia el Apra que les dio todo y, particularmente en relación a Haya, los demás líderes empequeñecieron aún más su estatura, y su preocupación única se convirtió en estar cerca al poder a costa de mellar su autorespeto. Perdieron alma, amordazaron sus conciencias, escondieron críticas, se arrodillaron ante la arbitrariedad con sobonería en forma rapaz. Lo más nefasto: empezaron a ver su actuación sin cortapisas para asegurarse y asegurar a los suyos. Miren la galería, no solo de personas, sino de familias metidas al Apra como negocio.

            La labor de desmontaje de la obra de Víctor Raúl tiene más de 30 años; no solo nos referimos a la desideologización, también ella consiste en torpedear el alma del aprista, cambiarlo a un cacareado e insustancial pragmatismo, decadente en el fondo. El ocultamiento de la simbología del movimiento, la cada vez más infrecuencia de los cánticos que nos unían, la mística y la fraternidad ha hecho el resto y oscurecido nuestros días y nuestro futuro.

            La falta de respeto ha sido tal, que a un ministro le hizo quemarse la mano al ordenarle meterla a un barril, al presidente del banco emisor lo cacheteó en público, a un amigo íntimo lo elevó a ministro teniendo como requisitos únicos un campeonato de yo yo y otro de marinera; y encima se mofaba en público de ellos.

            La primera magistratura dejó de ser elegante y ejemplar, para convertirse en lugar de farándula, publicidad barata y demostración de una vida desordenada que la claqué aplaudía; los últimos rescoldos de decencia se incineraron ante el altar de una egomanía cada vez más desbordante y una sensualidad papilar exultante.

            La lista de amigos, antiapristas en la práctica, es larga e interminable; gente que le quitó ubicación a cuadros profesionales del partido. No voy a señalarlos, sería ocioso, lo verdadero es que traicionaron la confianza y postergaron al aprismo. Compañeros como Lucho Negreiros se enterraron en vida en un sarcófago dirigencial de trabajadores y vecinos, cuidando su coto particular sin interesarle qué es lo que pasara con el partido, mientras él se salvara.

            La carrera se convertía en llenar sus faltriqueras. Investiguen a cada líder; vean sus fortunas, descubran sus propiedades, correteen a sus testaferros, señalen donde estudian, trabajan sus hijos; y tal vez, si de los más sibilinos y solapados sea Luis González Posada, “El Cabezón”, personaje siniestro que presentó a García ante los militares y le consiguió el apoyo material de ese grupo de lobbystas llamado “Buffete Empresarial”, que con el padrinazgo de Azzi Wolfenson, emprendieron la tarea de adueñarse del aprismo. Hoy Lucho tiene un hijo millonario.

                        Julio Garrido Huaynate

(Continuará, luego de un descanso)
 
 
 

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