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¿Perder la virginidad política?
A propósito del 10 de abril y la libertad de decidir

Eso es lo que ha permitido al Alanismo manipular a su antojo a los apristas. Primero haciéndoles creer que su partido se ha reconstruido, luego ofreciéndoles gobernar y después tenerlos con la zanahoria de la expectativa para acceder al gobierno. En realidad el Alanismo (en cualquiera de sus facciones), ha tratado a los apristas como mano de obra barata para campañas electorales o para iniciativas de recolección de firmas destinadas al fracaso. Y más siniestramente, para lograr que los apristas confundan “fraternidad” con “complicidad”. Porque eso es lo que ocurre cuando se pide no hacer olas contra la corrupción.
Eduardo Bueno León
El Apra sin candidato presidencial y la libertad de decidir de los afiliados, en el Norte La Libertad el voto aprista de izquierda esta apoyando a Gana Perú de Ollanta Humala

Al  leer varios correos durante algunos días, comienza a notarse un nivel de discurso, que expresa, detrás de adjetivaciones, reclamos y melancolías, un gran miedo e incertidumbre si tiene que votarse por una opción distinta a la del APRA. Es el síndrome de pérdida de la virginidad política.
La resistencia a votar por otra opción, más allá de argumentos de índole racional que pueden fácilmente rebatirse, descansa en lo puramente emocional, en el miedo a votar y reconocer al otro.
Este discurso se simula muy bien. Son los apristas que apelan al “institucionalismo”, a la “lealtad”, dan a conocer sus curriculums vitae partidario, algunas acciones más o menos heroicas en sus tiempos de la JAP o el CUA, reproducen frases de Haya de la Torre pero no los contextualizan. Gritan a los cuatro vientos que nadie les quitará su aprismo, y ya puestos en carrera, según avanzan en su escritura, comienzan a amenazar, a insultar, nosotros somos  los leales y consecuentes, los otros, los que votarán por otros candidatos, son los traidores.

Esta tendencia es más marcada en el caso de Ollanta Humala, entonces los escribientes, se enfurecen, sienten que se intenta violarlos. Creen que Ollanta Humala es más peligroso que cualquier otro candidato, pero no porque vaya imponer una dictadura, sino porque ocupará el espacio del Aprismo, porque va a liderar el campo popular e indirectamente se consolidará el nuevo espacio del APRA: la derecha.

Eduardo Bueno León

*Sociólogo y Politólogo egresado de la Universidad Complutense de Madrid. Master en  Estudios del Desarrollo Económico y Social por la misma universidad.Estudios de Doctorado sobre América Latina  por el CELA de la UNAM. Ha sido profesor en la Universidad Anahuac,Las Américas, ITESM, y en la Universidad de Nuevo León en Monterrey. Actualmente es profesor en la Universidad Iberoamericana y en la UNAM. 

En 1977-80 fue Secretario General de la JAP en Miraflores y único miembro del CUA en 1977 que fue delegado de aula ante el Centro Federado Estudiantil en la Facultad de Letras de la UNMSM. Integró el Buró de Relaciones Internacionales del PAP en 1979 y fue coordinador de círculos de estudios políticos del cono sur de Lima Metropolitana entre 1976-78. Participó en el grupo de apoyo parlamentario del APRA en la Asamblea Constituyente de 1978-79.  

Al respecto, hay que aclarar, que el síndrome de pérdida de la virginidad política es típico de los partidos y movimientos políticos de perfil antropocéntrico e ideológico. El partido es como una “familia”, con liderazgos, solidaridades,  símbolos y tradiciones que no se pueden dejar de lado en ningún momento, so riesgo de amenazar la unidad familiar.

Eso es lo que ha permitido al Alanismo manipular a su antojo a los apristas. Primero haciéndoles creer que su partido se ha reconstruido, luego ofreciéndoles gobernar y después tenerlos con la zanahoria de la expectativa para acceder al gobierno. En realidad el Alanismo (en cualquiera de sus facciones), ha tratado a los apristas como mano de obra barata para campañas electorales o para iniciativas de recolección de firmas destinadas al fracaso. Y más siniestramente, para lograr que los apristas confundan “fraternidad” con “complicidad”. Porque eso es lo que ocurre cuando se pide no hacer olas contra la corrupción.

Los nostálgicos recuerdan a cada rato que en tiempos de Haya de la Torre, eso no era así, y tienen razón. Otros movimientos latinoamericanos, con características similares al Aprismo, como el peronismo argentino, lograron reconstruir su identidad solidaria, pero solo después que rompieron con las élites que los llevaron al desastre, como fue con el Menemismo, en el caso argentino.

Se olvida también que las raíces del pensamiento aprista es la crítica librepensadora. Haya y la generación fundadora enseñaron a  los peruanos a pensar de otra forma, a tener esperanza, a esperar desde la organización y la acción militante. Ser librepensador no es lo mismo que ser un fanático doctrinario, mucho menos un ensimismado y emasculado defensor de símbolos, citas y tradiciones absolutamente vaciadas de contenido, pero no por culpa de los apristas, sino del alanismo que decretó su extinción para poder sumarse  al neoliberalismo y el “Perro del hortelano”.
Sin embargo, hay gente, que no puede traspasar esta auténtica jaula de hierro. En algún momento se bloquearon y quedaron anulados en su capacidad crítica. 

¿Para qué se milita en un partido como el APRA? A veces se deben volver a plantear estas preguntas. Hacer revisionismo viene bien para repensar la militancia. No se ingresa al APRA solo por cuestiones familiares o identitarias regionalistas, creo que la razón principal es que se asume al APRA como un movimiento de izquierda, original, autónomo, popular, latinoamericanista y democrático. Ser Aprista es una forma de asumir los grandes valores de la izquierda mundial. No se puede ser Aprista y tener valores e ideología conservadora opuesta a los valores que surgieron con la revolución francesa. No en balde el himno de los Apristas, es la marsellesa…Igualdad, libertad, fraternidad.

Haya vinculó los valores de la revolución francesa con los valores que se plantearon, desordenada y contradictoriamente, los revolucionarios en México en 1910. La defensa de la soberanía, la construcción de la nación, una sociedad de productores, reivindicación del mundo indígena. Las generaciones posteriores de Apristas aportaron sustantivamente a estos principios como Sanchez, Seoane, Orrego, De Las Casas, Townsend, Ramos Alva.

Alan García ha aportado muy poco a este eje ideológico, y lo terminó de desdibujar con su apostasía y traición. Sus libros no se reeditan y se rematan al peso algunas   ediciones pasadas.
Sin ideología no hay pensamiento que defender o proponer. El pragmatismo no es una ideología, es administrar sin resolver, es acomodarse a los hechos, es renunciar a la capacidad transformadora de las nuevas generaciones y los actores productivos. Los “pragmáticos” del alanismo, han pasado sin pena ni gloria, solo han locupletado en la burocracia. Sus enormes barrigas y el clientelismo que han practicado, los delatan no como “compañeros” sino como conservadores con retórica de “obras”.
Usarán el logo del Aprismo, sus símbolos, sus cánticos y palmadas, levantarán el brazo, gritarán el nombre de Víctor Raúl, pero todo no pasa de un manejo ritualista para mantener bajo control a quienes no pueden trascender la jaula de hierro.

Votar por “otras” izquierdas, por razones coyunturales, no tiene porque significar perder la virginidad política. Solo los que se sienten inseguros y no conocen el pensamiento aprista entran en pánico. Votar por Ollanta Humala, por ejemplo, este 10 de   abril no implica una masiva deserción en masa para afiliarse al PN, como tampoco significa afiliarse a PP o al PPC, por parte de aquellos que quieran votarle a Toledo o PPK.
Pero un aprista, no vota por PPK, por favor, o por Keiko.

En la formación del frente Democrático en 1945, el APRA se alió con varios grupos entre ellos el PS de Luciano castillo y el Partido Comunista. Y en los años sesenta la orden de votar por Doña Maria Delgado de Odría, fue desacatada. Los apristas protestaron y se abstuvieron. Con Chirinos Soto fue diferente, se buscaba tranquilizar a la oligarquía ante lo inevitable del triunfo aprista en 1969.
Situaciones muy distintas a lo ocurrido a partir del 2006.

El APRA es más que un partido, es un movimiento constituido por personas de carne y hueso. Allí donde se den las condiciones para el cambio social, político y económico, allí estaremos los apristas que no creemos en la jaula de hierro. La organización llamada PAP, mientras esté en manos de fariseos y apóstatas, no tiene mayor relevancia ni significado histórico.
Saludos,
Eduardo Bueno León

 
 
 
 
 

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