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No recuperamos salario de hace 30 años
De acuerdo a estadísticas del Ministerio de Trabajo, el salario mínimo ha caído de S/. 1400 en 1981 hasta los S/.600 en que está ahora (ver gráfico).
Este enorme deterioro se debió fundamentalmente a dos causas: 1) la hiperinflación de 1987 a 1991, originada en el primer gobierno de Alan García, cuando bajó hasta 400 soles mensuales y, 2) las leyes antiobreras de Fuijmori en el periodo 1992-94, que recortaron los derechos sindicales y permitieron la proliferación de las “services”, lo que hizo que el salario mínimo bajara hasta S/. 180/mes.
Antes del primer gobierno de Alan García el salario estaba en S/. 1,400 y todavia no nos recuperamos, la constitución de Fujimori quito derechos laborales y la protección de AGP a los services y grupos económicos el 2006-2011 ampara la explotación .
Pero Alan García si cobro remuneraciones anteriores, según la opinión de especialistas, ilegalmente

En el Plan de Gobierno elaborado por Jorge del Castillo y expuesto por Alan García en el 2006 no había una sola palabra referida a Salario, sueldo mínimo, remuneración, defensa laboral y menos derechos sindicales.

Pero en empleo ofreció terminar con el abuso de los 'services', garantizar el pago de las horas extras y la jornada de 8 horas. También ofreció proteger los derechos de los trabajadores formales revisando la legislación laboral en un contexto que armonice la competitividad y el respeto a su condición de trabajadores.

Alan García no cumplió. Los services fueron más abusivos, la jornada de 8 horas no se cumple y los derechos de los trabajadores no existen. Alan García traiciono al Frente Único que Víctor Raúl impuso como doctrina en defensa de las clases explotadas.

Mientras se hablaba de crecimiento económico, PBI en cifras crecientes los cinco años, de bonanza económica y un país en desarrollo, los porcentajes del salario en cinco años no creció al mismo ritmo, postergándose la Justicia Social que el Apra ofreció desde 1930.

Asi quiere postular para el 2016, semejante demagogo que se sometio a los grupos de poder.

Falacias sobre el salario mínimo

Miercoles, 29 de junio de 2011
Por Humberto Campodónico

En los últimos 5 años el salario mínimo fue aumentado en tres oportunidades: en enero del 2006 subió de 460 a 500 soles mensuales; en enero del 2008, subió a 550 soles mensuales y en febrero del 2011 subió a S/. 600/mes. En total, el salario mínimo ha aumentado en 30%, bastante menos que el PBI en el mismo periodo.

¿Pero cómo está el salario mínimo real, es decir, lo que los trabajadores reciben una vez descontada la inflación? Las estadísticas del Ministerio de Trabajo lo miden en relación a un año base (que han fijado en 1994=100) y éstas nos dicen que estaba en 249 en enero del 2006 y está ahora (a mayo del 2011) en 256. Por tanto, su aumento en términos reales no es de 30% sino de solo 2,8% (256/249).
Se podría decir, sin embargo, que si bien el salario mínimo casi no ha aumentado en estos últimos 5 años, eso sí podría haber sucedido en años anteriores. Pues no. De acuerdo a estadísticas del Ministerio de Trabajo (elaboradas por Julio Gamero), el salario mínimo ha caído de S/. 1400 en 1981 hasta los S/.600 en que está ahora (ver gráfico).

Este enorme deterioro se debió fundamentalmente a dos causas: 1) la hiperinflación de 1987 a 1991, originada en el primer gobierno de Alan García, cuando bajó hasta 400 soles mensuales y, 2) las leyes antiobreras de Fuijmori en el periodo 1992-94, que recortaron los derechos sindicales y permitieron la proliferación de las “services”, lo que hizo que el salario mínimo bajara hasta S/. 180/mes.

De allí en adelante el salario mínimo recuperó una parte de su poder adquisitivo anterior, llegando a S/.600/mes, cifra muy lejana a los S/.1400 de hace 30 años. Esa es la realidad de las cosas. Según Ipsos-Apoyo, un hogar del sector E de Lima gana S/. 730 mes (se considera que dos personas trabajan), lo que no le alcanza y necesitaría S/. 1350/mes para vivir, lo que no se cubre con los dos salarios mínimos actuales (1).

Además de lo señalado, los gobiernos no cumplen con la Ley 27711 y la Ley 28318 (ambas del 2004), que establecen aumentos del salario mínimo cada dos años, mediante una fórmula que toma en cuenta la productividad y la proyección de la inflación futura, la misma que es determinada por el Consejo Nacional del Trabajo.

¿Por qué? Simple y llanamente porque los gobiernos se zurran en los derechos de los trabajadores, lo que no sucede en Chile, Colombia, Brasil y Argentina –que tienen una institucionalidad similar– porque allí sí se cumplen las leyes laborales. Esta es la realidad.

La cuestión es que el aumento del salario mínimo tiene un efecto directo positivo sobre el aumento de la demanda interna, que es clave para el crecimiento económico. Lógico, con un salario tan bajo el nivel de demanda insatisfecha es enorme, motivo por el cual casi el 100% del aumento se destinará al consumo, lo que incluye la producción de las micro y pequeñas empresas.
De otro lado, tampoco es cierto que el aumento del salario mínimo constituye un “sobrecosto” laboral que impide la formalización. En efecto, el DL 1086 (Ley MYPE) que dado para la formalización (reduciendo vacaciones, sueldos y CTS) no ha surtido efecto pues ésta no ha aumentado: solo el 2,53% de las microempresas se acogió a esa ley (2). Lo que sí ha sucedido es que más trabajadores pierdan sus derechos

(1) ¿Por qué son tan bajos los salarios?, www.cristaldemira.com, 21/3/2011. (2) “PPK: Gato por liebre”, 18/3/2011.

SUPLEMENTO DOMINGO LA REPUBLICA JULIO 24, 2011

Subir el Salario Mínimo Vital

Por Javier M. Iguíñiz Echeverría
Profesor principal del Dep. de Economía de la PUCP

Varias exageraciones rodean el debate actual sobre el Salario Mínimo Vital (SMV). Una, que es un instrumento privilegiado para la generación de empleo; otra, que lo es para bajar la informalidad; una tercera, que afectará la competitividad de la economía; una cuarta, que aumentará la inflación. El aumento del SMV sería la fuente de todos los males imaginables.

1. SMV: fin más que medio

El salario no es principalmente un medio para estimular o frenar la generación de empleo asalariado. De ser un mero instrumento para ese fin, habría que reducir aún más el salario, deteriorar aún más las condiciones de trabajo, quitarles el seguro a todos los que todavía lo tienen. El salario no es tampoco un mero costo de producción; es también y, sobre todo, un beneficio, parte del valor agregado de la actividad económica, de la razón de ser de la economía. Ni instrumento de política, ni costo; la extensión del salario decente es, ante todo, uno de los fines de la economía, uno más importante que el aumento del PBI per cápita.
En efecto, el nivel de la remuneración mínima es una medida principal del éxito o fracaso de la economía. En la medida en que los sueldos y salarios son el ingreso fundamental de una enorme proporción de las familias, es la base de la legitimidad social de los empresarios, de los gobernantes y de la institucionalidad de la economía capitalista. Una remuneración que se aleja de los requerimientos para sostener a la familia obliga a decisiones trágicas, a abandonos de la responsabilidad familiar y a múltiples riesgos, forzados por la necesidad de subsistir. ¿Por qué un SMV de 600 soles, esto es, de 4 soles per cápita al día, no es “vida extrema” en los noticieros?

2. INFORMALIDAD: problema y solución

Se argumenta que una elevación del SMV aumentará la informalidad. En primer lugar, por mucho que la evasión de la ley es un problema serio, a menudo gravísimo, la informalidad no es la principal ni la más peligrosa evasión de la ley, menos aún el principal problema del Perú. Más importantes son, por ejemplo, la desnutrición infantil o la incapacidad de comprender lo que se lee. La actividad económica informal es un problema pero también una solución y una consecuencia de la carencia de trabajo, especialmente del adecuado, que sufre el país y que se refleja también en la migración al exterior. Es, por otro lado, una alternativa al desempleo abierto, como se comprueba al analizar tanto los ciclos económicos como los niveles de la tasa de desempleo en diversos países. Cuanto mayor es la informalidad, menor suele ser el desempleo abierto. La extensión de la informalidad se debe a factores mucho más importantes que el SMV.

3. SMV y productividad

Los salarios individuales dependen en parte de la productividad en la empresa en que se trabaja pero también opera la relación inversa. Podemos relacionar positivamente el aumento de los sueldos y salarios con una mayor productividad por varias vías. Una es por la mayor motivación de quien labora como asalariado. Otra es por la mejor salud del trabajador. A más largo plazo, por la educación y salud de los hijos.

Pero también hay un efecto a través de la nueva tecnología que las empresas tienen que incorporar al proceso productivo cuando los salarios reales son altos o rígidos a la baja y no hay más remedio que competir bajando los costos de producción por una vía distinta de la de los salarios. Se evita así la tentación del atajo espurio para sobrevivir en la competencia a base de bajos y estancados salarios, baja calidad de producción y agresiva competencia de precios. Esa competencia no eleva la competitividad; exprime la que hay. Colaborar a la innovación facilitando apoyo, crédito y mercados dinámicos es crítico para generar pequeñas empresas que provean de nuevos empleos decentes. A mediano plazo, no subir salarios es promover la informalidad.

4. SMV e inflación

Un mayor salario en empresas formales obliga a pensar más en innovar los procesos productivos y adquirir, con base en crédito y apoyo técnico, equipos que reduzcan costos totales por unidad de producto incluso con salarios en aumento. Cuando el aumento del SMV ocurre en plazos previsibles y con criterios (productividad, inflación) claros se puede programar más adecuadamente y tener planes permanentes de innovación tecnológica. Así se llega a la evolución que Adam Smith destacaba y que permite elevar salarios y vender más barato.

5. SMV y empleo

Por supuesto que una subida intempestiva de los salarios afecta negativamente el empleo en algunas empresas que operan en el límite inferior de la competencia en sus respectivas ramas o mercados. Pero más importante es que el crecimiento del empleo depende más del crecimiento de la economía que del nivel del salario. Un alto crecimiento de la economía mucho más que neutraliza, al punto de hacer muy poco importante el reducido efecto negativo que seguramente tiene en algunas empresas la elevación del SMV. No se ha demostrado que el aumento del SMV o su disminución influyan significativamente en el crecimiento agregado de la economía.

La elevación de remuneraciones mínimas por mandato legal es, en buena medida, resultado de la tendencia de muchos empresarios a combinar el ansia de lucrar con fuertes dosis de mezquindad. Hay que distinguir entre los que pueden pero no quieren de los que, efectivamente, no pueden pagar más, a no ser que se les ayude, cosa que hay que hacer desde el gobierno.

EL COMERCIO ABRIL 18, 2011

El salario mínimo en debate

La economía y las utilidades de las empresas han crecido, pero ello no se ha visto reflejado en los sueldos

(Ilustración: Claudia Gastaldo)
LUIS DAVELOUIS LENGUA

“Si se debe o no elevar la remuneración mínima es una discusión bizantina”, afirma el profesor de la facultad de Economía de la Universidad del Pacífico, Gustavo Yamada. Y en parte tiene razón. Se trata de un pleito de más de dos décadas con creación de grupos y comités de trabajo y consejos nacionales de por medio. Pero nada parece funcionar.

En esos últimos 20 años, la economía ha venido creciendo a una tasa promedio de 5%, lo que significa que, en ese lapso, el PBI casi se ha duplicado mientras que los salarios no han corrido igual suerte. Si acaso –según el profesor Carlos Anderson de Centrum Católica– “apenas superan el nivel que tenían en 1973”.

De hecho, el índice de salario mínimo del INEI, entre el año 2000 y enero de este año muestra un pequeño crecimiento. ¿Cómo es eso posible (o justo) si, en ese mismo lapso, las utilidades de las empresas peruanas marcaron récords espectaculares?

Por poner dos ejemplos: hace 10 años (en el 2000), el Banco de Crédito tenía un patrimonio neto de S/.1.740 millones y hoy supera los S/.5.539 millones ; pasó de obtener una utilidad neta de S/.70,2 millones en el 2000 a una de S/.1.209 millones en el 2010 ¡más de 1.600%! Otro: la compañía minera Milpo –en el período mencionado–, pasó de un patrimonio neto de S/.294,5 millones y una utilidad neta de S/.12,5 millones en el año 2000 a un patrimonio de S/.540 millones y una utilidad de S/.129,6 millones tan solo 10 años más tarde.

Eso no ha sucedido con los sueldos que, según el ex viceministro de Hacienda, Waldo Mendoza, se han mantenido constante en los últimos 10 años mientras que el PBI creció 50% en términos reales. Así, parece más que evidente que es necesario elevar los ingresos de los trabajadores en, al menos, la mitad de eso.

SÍ SE PUEDE
El principal argumento en contra de elevar la remuneración mínima ha sido y es esgrimido por el sector empresarial en su mayoría. Sostienen que hacerlo obstaculizaría la formalización de las empresas que están en el sector informal e incluso el regreso de algunas a la informalidad al elevar los costos de contratación y todos aquellos asociados a los salarios. Pero también se señala que los salarios son un precio como cualquier otro y que, por ello, deben formarse por oferta y demanda; y, en ese sentido, una remuneración establecida por ley, genera una seria distorsión en el mercado.

“La realidad es más compleja que eso,explica Anderson,el 52% de la economía es informal y está bajo una opacidad total, el salario mínimo tiene, en ese sentido, una función de señalización que el sector informal adopta para la toma de decisiones,no es tan verdad que cause desempleo”.

Para él, el meollo del asunto es que la mentalidad del empresario nacional “es inflacionaria (...) por eso exigen márgenes de entre 25% y 30% (altísimo comparado con estándares internacionales: las empresas más grandes del ránking de “Forbes” marginan 7% en promedio) pues, de lo contrario, piensan que la inversión no vale la pena (...). Eso no tiene sentido en una economía no inflacionaria como la actual”. Según Anderson, se trata de que el empresario flexibilice los márgenes y “muestre su alma siendo más solidario (...), las personas no sienten el crecimiento ni el bienestar asociado a él y por eso reclaman”.

Otro argumento en contra es la competitividad: elevar los costos laborales juega en contra. “La competitividad no está ligada ni a políticas mercantilistas, ni a depredación de recursos naturales, ni a salarios bajos (...), el salario en Suiza es de US$19,5 por hora, de US$11 en EE.UU. y de US$7,5 en España mientras que en América Latina es de US$3,5 y en África de US$1.En ese sentido, nosotros deberíamos ser más competitivos que Suiza y claramente no lo somos”, explica el profesor de Centrum Católica, Alejandro Indacochea.

El ex presidente de la Confiep, Ricardo Briceño, opina que ese análisis peca de simplista: “hay sectores intensivos en capital y no en mano de obra que no tendrían ningún problema, pero los que son intensivos en mano obra, como el textil y el agropecuario, están acogotados porque tienen márgenes muy pequeños”.

El presidente de la Asociación de Exportadores (ÁDEX), José Luis Silva Martinot, insiste que la competitividad podría verse afectada pero que, más que eso, le preocupan las mypes y pymes que no podrían afrontar los costos mayores y desaparecerían o se volverían hacia la informalidad.

“Como principio, pienso que la gente debe ganar más pero me preocupa que las pymes regresen a la informalidad porque los costos las sacan del mercado”, asegura.

El presidente de la CGTP, Julio Bazán, sostiene que la “opinión de los empresarios no se ajusta a la realidad (...), la competitividad debe medirse con la región y estamos muy por debajo incluso que los salarios que se pagan en Bolivia (...), elevando el salario mínimo crece el mercado interno para las propias mypes y pymes (...), el mínimo debe ser S/.750”.

El empresario textil y presidente de los textileros de Gamarra, Diógenes Alva, está de acuerdo: “S/.600 es muy bajo, se debe elevar al menos a S/.750 para darle vida digna a los trabajadores; cuando el trabajador gana más, hay más mercado interno que solo crece si hay más consumidores (...) yo soy empleador pero fui empleado, yo sé cómo es”. El INEI, lamentablemente y a diferencia de países como Ecuador, no publica información para comparar el costo de la canasta básica y el ingreso mínimo. “El INEI no quiere dar esa cifra”, afirma Indacochea.

¿QUÉ HACER?
Tres de cada cuatro trabajadores no están en planilla, es cierto, y los incentivos y subsidios que el Estado les dio a las mypes no se han materializado –como seguramente se esperaba– en un paso masivo de estas al sector formal. Aparentemente, el tema de los costos no es tan determinante, ¿o sí?

“En la gran empresa puede haber espacio, pero hay sectores en los que no lo hay, particularmente entre las mypes y pymes y, en especial, en provincias (...), el salario mínimo se usa como referencia y base en la agroexportación y el sector textil y pueden ser afectados (...), tal vez habría que ir a un esquema de salarios mínimos diferenciales, pero ¿cómo lo supervisas?”, sostiene la ex ministra de Economía, Mercedes Aráoz.

Según Yamada, la heterogeneidad productiva en el Perú es tan amplia que, así como hay grandes empresas internacionalmente competitivas, hay cientos de miles de mypes “que pagan el salario mínimo y menos”. También el costo de vida es distinto: mucho mayor en Lima y las grandes ciudades que en las medianas y en el ámbito rural. De lo que se trata es de alcanzar el equilibrio, no por buena onda, sino por sentido de equidad y para que el modelo pueda asegurarse a sí mismo la continuidad.

LA REPUBLICA ABRIL 9, 2011

Salarios caen aquí más que en todo el mundo

Una manera de ver si un país está avanzando hacia la igualdad es ver cómo evoluciona la participación de los salarios en el ingreso nacional. Si ésta crece, entonces la torta se está repartiendo mejor porque, de un lado, están aumentando su poder adquisitivo y, de otro, está disminuyendo la distancia con los ingresos de los que más tienen.

Los estudios más recientes demuestran que esta participación de los salarios (PS) viene bajando. Dice Engelbert Stockhammer, de la Universidad de Viena, que en los países del Área Euro, la PS ha pasado de 70 a 62% desde 1960 al 2007, mientras que en EEUU cayó de 72 a 66%. La nota más dramática la pone Japón, pues la PS cayó de 79 a 64% en el mismo periodo.

En América Latina, según un estudio de Juan M. Graña, de la UBA (1), la cosa también es complicada. Pero antes de comentar lo que sucede en algunos países, debemos destacar que en la Región la PS en el ingreso nacional es mucho más baja que en EEUU, Europa y Japón, oscilando alrededor de 30 a 40% en las décadas del 70 y 80.

Dice Graña que en la década del 90 el comportamiento de la PS fue negativo en toda la Región, registrándose una leve recuperación en la década del 2000. Chile es el que tiene la mayor PS con 38%, seguido de Brasil y Colombia con 36%; viene luego Argentina con el 30% (los datos son del 2005). Para el caso peruano, Graña consigna una de las cifras más bajas: 23% de PS en el ingreso nacional en el 2005.

La cuestión es que el caso peruano constituye un tema de laboratorio para el análisis de la distribución funcional del ingreso porque ha continuado disminuyendo fuertemente, incluso en los años de boom económico, entre el 2003 y el presente (a principios de los 90 la fuerte caída se debió al fujishock, permaneciendo luego estancada hasta el 2002).

La contraparte es que el excedente de explotación (principalmente constituido por las ganancias empresariales) tiene el comportamiento exacto inverso: sube de 52 a 58% con el fujishock y del 59 al 63% con el boom del 2003 al 2010. Igual que una boca de cocodrilo.

Cuando se mide esta caída en términos monetarios, tenemos que cada punto porcentual equivale a S/. 4,300 millones (el PBI del 2010 fue S/.434,000 millones). Por tanto, si la PS ha caído 10%, los asalariados han perdido ingresos por S/.43,000 millones, los que se han ido a engrosar el Excedente de Explotación.

Resumiendo, podemos decir que si bien la torta está creciendo, la repartición de sus frutos no está llevando a la equidad. Esto sucede también en Europa y EEUU (donde las políticas de austeridad disminuirán aún más los salarios). Pero los niveles de PS siguen estando allá por el 60% del ingreso nacional. En América del Sur la cosa tampoco va muy bien, pero en los países que tienen ingresos similares o superiores al nuestro la PS está por encima del 30% (en Chile 38%).

Solo aquí tenemos una PS del 20% y que, al revés de lo que sucede en otras partes, sigue cayendo aun cuando el país crece. ¿Qué les parece?

(1) Juan M. Graña, “Distribución funcional del ingreso en la Argentina, 1935 -2005”, Instituto de Investigaciones Económicas de la Universidad de Buenos Aires.
LA REPUBLICA MARZO 21, 2011

¿Por qué son tan bajos los salarios?
Por Humberto Campodónico

Según el INEI, en Lima Metropolitana una persona está adecuadamente empleada si gana 745 soles al mes o más y está subempleada si gana menos de esa cantidad. ¿Cuál es la proporción entre ambas? Pues que de los 4.3 millones de la PEA ocupada de Lima, el 56.6% está adecuadamente empleado y el 43.4% está subempleado. Por tanto, una gran cantidad está subempleada, ¿no es cierto?

Esta línea divisoria tiene una fuerte dosis de arbitrariedad porque si se considerara adecuadamente empleados a los que ganan, por ejemplo, más de 1,000 soles al mes, esa cantidad disminuiría y aumentaría la cantidad de subempleados.

La cuestión de fondo es que los salarios de los limeños son sumamente bajos.

Esto lo corrobora el ingreso familiar promedio de Lima, que fue de S/. 1,141/mes en diciembre del 2010. Ojo, el “ingreso familiar promedio” se refiere al ingreso de por lo menos dos personas del hogar, lo que es diferente del ingreso personal de 745 soles.

Esta cantidad también es baja. Dice Ipsos-Apoyo que el Nivel Socio-Económico E (el más bajo) tiene un ingreso familiar promedio de S/. 730/mes y que necesitaría ganar S/. 1,350/mes para vivir. Y en el nivel D el ingreso familiar promedio es de S/. 1,030 por mes y necesitarían S/. 1,640 para vivir.

La pregunta es, entonces, ¿por qué los salarios son tan bajos? ¿Acaso la productividad de las empresas se ha estancado y eso “no da” para subir los salarios? Pues no. Dice el Marco Macroeconómico 2009-2011 del MEF (1) que la productividad aumentó de 100 a 128 del 2001 al 2007, al mismo tiempo que bajó el Costo Laboral Unitario de 100 a 78. Y esa tendencia se ha mantenido hasta hoy.

O sea que hay margen para el aumento de los bajos salarios (en Lima y en el Perú) y eso no causaría inflación porque la productividad ha aumentado.

Entonces, ¿por qué no aumentan? Una razón central es la caída de la participación sindical y, por tanto, de la capacidad de negociación salarial, como consecuencia de la legislación fujimorista, lo que se mantiene hasta hoy.

En efecto, los asalariados privados han venido aumentando, pero la cantidad de sindicalizados se ha mantenido estable, con lo cual la tasa de sindicalización ha disminuido del ya bajo 8.5% hasta la pequeñísima cifra de 4.5% en la actualidad (ver gráfico).

Por tanto, una de las vías de solución a los bajos salarios pasa por fortalecer los sindicatos. Eso mismo dice Paul Krugman en EEUU, donde en Wisconsin está en marcha una ofensiva de la derecha económica para liquidarlos:

“Si queremos una sociedad donde la prosperidad se comparta, la educación no es la (única) salida: tenemos que construir esa sociedad directamente. Debemos restaurar el poder de negociación que los sindicatos han perdido en los últimos 30 años, para que los trabajadores así como las superestrellas tengan el poder para negociar buenos salarios” (New York Times, 6/03/2011).

El problema, por tanto, no es la rigidez salarial de los “sobrecostos laborales” ni “liquidar el poder de las cúpulas sindicales” como propone la derecha económica, desde Alianza por el Gran Cambio de PPK hasta la Alianza Fujimorista. La cosa es al revés: habrá mejores salarios cuando haya más sindicatos.

(1) Ver “Los ratones del salario mínimo”, www.cristaldemira.com, 16/01/2009.
LA REPUBLICA MARZO 4, 2011

La isla de la fantasía
Por Humberto Campodónico

En el Perú, desde el 2005 hasta la fecha, los sueldos han crecido 5.2% anual en promedio, lo que constituye una excelente performance. Puede, por tanto, afirmarse que sí ha habido “chorreo” del crecimiento económico pues, en ese lapso, el PBI aumentó, grosso modo, en la misma cantidad.

El mejor año fue el 2006, cuando los sueldos aumentaron 5.5% (ver gráfico), mientras que el peor año fue el 2007, con solo 4.8%. Desde el 2008 hasta la fecha la tasa anual de crecimiento de los sueldos se ha estabilizado en 5.2%.

Para el 2011 se estima que más crecerían los sueldos en el sector financiero (6.25%), seguidos por el sector minero (5.65%), de consumo masivo (4.91%) y farmacéutico (4.13%). El crecimiento promedio de los sueldos en el 2011 sería de 5.24%, ligeramente superior al crecimiento de 5.20% en el 2010.

Lo importante es que el 47% de las empresas peruanas prevén aumentar sueldos en el 2011, mientras que el 51% aún no ha definido los incrementos a otorgarse, ni tampoco el valor de los mismos. Tan solo el 2% de los encuestados respondió diciendo que no otorgaría aumentos.

Las cifras provienen del “Estudio Salarios y Beneficios”, realizado por la consultora Deloitte por quinto año consecutivo y tiene un nivel de certeza mayor a 90%, habiendo participado las 236 compañías más importantes del Perú. De estas, el 28% son nacionales y el 72% son multinacionales. Dice el estudio que el 30% pertenece al sector industrial (incluye minería y petróleo), el 40% al sector servicios y el 30% restante al sector comercial.

Los lectores ya se habrán dado cuenta de que el estudio de Deloitte está referido a los más altos niveles gerenciales de las empresas que operan en el Perú. Claro, porque para la mayoría de la población no existe eso de que los salarios crecen al 5% anual, todos los años. Lo contrario es cierto, como vemos más adelante.

Dice Deloitte que “las remuneraciones anuales más altas se encuentran a niveles gerenciales en el sector minero y financiero y ascienden en promedio a S/.357,000 al año (S/.30,000 mes). Después viene el sector consumo masivo con S/. 327,715 anuales (S/. 27,300 mes) y el de telecomunicaciones con S/.284,261 (S/. 23,688 mensuales).

Es importante tomar en cuenta que estos sueldos no incluyen el pago adicional por utilidades anuales, lo que aumenta sustantivamente los ingresos de los Ejecutivos. Eso podría explicar la diferencia con las encuestas que realiza la empresa Mercer, que dice que las remuneraciones totales de los ejecutivos peruanos ascienden en promedio a US$ 23,360 por mes, lo que equivale a S/. 65,400 soles mensuales (1).

Puede decirse que las remuneraciones de los sectores gerenciales son la “isla de la fantasía” cuando se les compara con los sueldos y salarios de la mayoría de la población. Dice el Ministerio de Trabajo que el sueldo promedio (empleados) en Lima está en S/. 2,500 por mes (abril del 2009) mientras que el salario (obrero) es de S/.1,110 por mes. Estas con cifras nominales. Si se les descuenta la inflación para que sean “reales”, dice el Mintra que los sueldos y salarios están en los mismos niveles que… en 1994.

En todos los países existe una diferencia salarial entre ejecutivos, de un lado, y empleados y obreros, de otro. Pero las diferencias “peruanas” que crea el modelo económico son abismales. Y cada día crecen más.

(1) Ver “23,360 dólares al mes”, www.cristaldemira.com, 16/01/2010.

LA REPUBLICA FEBRERO 18, 2011

Perú: Salarios en el piso
Por Humberto Campodónico

Todos los días leemos y escuchamos que el PBI tiene tasas de crecimiento “chinas”. Y que esto se debe a los enormes flujos de inversión que llegan y continúan llegando al país. Pero pocas veces se analiza en detalle su incidencia en los salarios y el poder adquisitivo de la población.

En el Perú el salario mínimo es uno de los más bajos de América Latina, como nos lo recuerda Julio Gamero en reciente trabajo (1). Se aprecia (ver gráfico) que si bien el PBI per cápita del Perú crece de 100 a 143 del 2000 al 2009, no sucede lo mismo con el salario mínimo, que solo aumenta de 100 a 114.5.

O sea que ese mayor crecimiento del PBI per cápita (que es un promedio) no conlleva una mejora paralela de la capacidad adquisitiva de la mayor parte de la población. O, también, que el crecimiento del PBI se distribuye de manera desigual.

No sucede lo mismo en otros países de América Latina, donde el salario mínimo vital pasó de 100 a 150 en el mismo periodo.

Dicho de otra manera: allá el crecimiento de la economía propició una mayor inclusión social pues la masa salarial aumentó su participación en el ingreso nacional. Lo que nos permite decir algo evidente: en el Perú el estilo de crecimiento está generando una mayor desigualdad social.

De otro lado, estadísticas recientes del Ministerio de Trabajo, dicen que el 2009 la Población Económicamente Activa (PEA) de Lima ascendió a 4.39 millones de personas. De este total, el 3% no tiene ingresos y el 21.7% gana menos de S/. 500/mes (menos que el salario mínimo). 35% tiene ingresos que van de los 500 a 1,000 soles mensuales y un 18.5% adicional gana entre 1,000 y 1,499 soles mensuales.

En total, el 78.5% de la PEA de Lima gana menos de S/. 1,500 mensuales, lo cual es otra forma de apreciar los bajos niveles de ingresos existentes.

Este “dato limeño” debe insertarse en un total nacional: “actualmente, más del 60% de la PEA ocupada del Perú –unos 8.6 millones de un total de 14.4 millones– está subempleada, es decir, trabaja menos de 35 horas a la semana y/o sus ingresos son inferiores al valor de la canasta mínima de consumo familiar” (Gestión, 14/2/2011).

Lo expuesto aquí nos dice claramente que es irresponsable seguir afirmando que la mera inversión es condición necesaria y suficiente para un crecimiento con redistribución. Sin un cambio de las leyes laborales y la puesta en marcha de políticas que promuevan ganancias de competitividad y la diversificación de la actividad productiva (para no depender de los recursos minerales), seguiremos en lo mismo. ¿Hasta cuándo?

(1) A un año del TLC con EEUU, www.redge.org.pe

El Apra fundacional defendia a los trabajadores, ahora Jorge del Castillo y Alan García representan a la derecha más reaccionaria

 
 

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