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Teoria del desarrollo
Pero quizás el hecho que más pesó en el poder que las dos entidades ejercen sobre los países más pobres fue el nivel de endeudamiento de muchos de ellos y la dependencia de sus créditos. Al operar de manera mancomunada desde los ochenta del siglo pasado, los dos pasaron a jugar un papel determinante en los países pobres: el Banco Mundial adoptando la visión  monetarista del FMI y los países recibiendo las recetas que algunos de los dos organismos ofrecían a cambio de recibir alivio en su endeudamiento  o de beneficiarse con empréstitos en sumas que sobrepasaban sus posibilidades fiscales. De tal manera, las políticas definidas desde Washington para América Latina –expresadas en el Consenso de Washington- se repartieron en todo el mundo como la doctrina del desarrollo. Uno a uno, los países más pobres transformaron sus sistemas de salud, de educación, de pensiones, de vivienda y asistencia social, al cambiar su oferta pública  de servicios por esquemas de aseguramiento con participación de entes privados.
TITO LIVIO AGÜERO VIDAL
Tito Livio Agüero Vidal - Egresado de la facultad de derecho y  licenciado en Sociología en la especialidad de política (Pontificia Universidad Católica del Perú), egresado de la Maestría de Ciencia Política (UPIGV-ICD), Miembro del Taller de Estudios Políticos ¨Antenor Orrego¨, Catedrático de la Escuela de Ciencia Política (Universidad Nacional Federico Villarreal). Directivo del Círculo de Estudios Vanguardia Aprista.

“Una concepción satisfactoria del desarrollo debe ir  mucho más allá de la  acumulación  de riqueza  y del crecimiento del producto nacional bruto y de otras variable relacionadas con la renta…El desarrollo tiene que ocuparse más de mejorar la vida que llevamos y las libertades que disfrutamos”.                               (Amartya Sen)

Existen un número importante de términos que aparentemente tienen un significado muy parecido y que han sido usados indistintamente durante muchos años e inclusive en los propios medios académicos y/o intelectuales. Así, palabras como utopías (ya sean las renacentistas o las propiamente socialistas), crecimiento, prosperidad, progreso, bienestar, civilización, y por supuesto, desarrollo.

La siguiente separata aborda de manera muy sucinta pero panorámica lo que muy bien podría denominarse la Teoría del Desarrollo.

Aquí no se señalarán sus orígenes desde tiempos inmemoriales, ni se enfatizara las diferentes disciplinas que han abordado la temática del desarrollo: filosofía, economía, antropología, sociología, ciencia política y literatura pero si se intentara presentar un acercamiento económico. Por eso se verá la hegemonía que ha tenido la economía en la temática del desarrollo y el sesgo economicista que le ha dado. También se abordará como la región latinoamericana recepciono este discurso. Para después adentrarnos a las formulaciones que se hicieron al interior del Banco de Reconstrucción y Desarrollo, más conocido como Banco Mundial y del Fondo Monetario Internacional (FMI) sobre el desarrollo. Para finalmente señalar las nuevas orientaciones teóricas que tendría hoy el desarrollo en el mundo moderno.

II. Las Ciencias Sociales y la Teoría del Desarrollo.-

Un rápido recorrido histórico  mostraría  que la manera de expresar  los planteamientos alrededor del desarrollo varía ampliamente: a veces se tratan de discursos filosóficos –como en cuanto a las corrientes de la Modernidad (Jürgen Habermas, etc.) y Postmodernidad (Jean Francois Lyotar, Michael Foucoult, Gianni Vattimo, etc.) -; a veces, de discursos literarios –fábulas utópicas-; otras veces, son más bien altamente técnicos y de formalización matemática –como la propuesta de los economistas neoclásicos-; otras sociológicos –teoría de la dependencia o el enfoque sobre los derechos ciudadanos-, y otras dirigidos hacia el activismo –como los miembros de los grupos antiglobalización, participantes de los diversos Foros Sociales Mundiales o los movimientos juveniles de los indignados-. Al margen de ello, todos los planteamientos –más o menos técnicos, más o menos filosóficos- tienen una expresión  política explícita o implícita. Esta diversidad demuestra que no hay ninguna fórmula para concebir el desarrollo y que todas las expresiones ayudan a comprender un fenómeno amplio y complejo.

III. Economía y Teoría del Desarrollo: Paradigma Tradicional u Ortodoxo.-

El tema es amplio y complejo porque, en última instancia, se trata de pensar la sociedad del futuro. En el debate sobre el desarrollo sobresale nítidamente la perspectiva económica, de modo que podría decirse que, a  lo largo de casi setenta (70) años, este enfoque es el que mayor influencia  ha ejercido. Ha prevalecido, en el desarrollo, un paradigma que lo identifica con el crecimiento de la economía. Los estudios empíricos demuestran que este último  es un instrumento poderoso para elevar el nivel de vida de la población, pero ya desde los inicios de la economía clásica los autores alertaron sobre la relación entre  crecimiento y equidad social (Adam Smith, David Ricardo, James Mill, John Stuart Mill, Thomas Malthus y Jean Baptiste Say). Hasta qué punto había que crecer primero para distribuir después o cómo es preciso primero atacar la desigualdad para posibilitar el crecimiento han sido temas  de constante preocupación de todo tipo de economistas. Y resolver el problema de la inequidad es quizás uno de los retos más grandes con los que se encuentran gobiernos y entidades de desarrollo por igual. Allí entran a jugar un papel importante perspectivas no-economicistas sobre el origen de la desigualdad el papel de los valores y la cultura, aquel de las instituciones (Max Weber) y las leyes, el rol de los derechos ciudadanos y sociales, el tejido social que soporta la organización social, etc.

En la medida en que la ciencia económica se fue sofisticando en su formulación y sus métodos, el resto de los científicos sociales se fueron marginando del punto de vista económico, pues para contribuir al debate sobre crecimiento económico había que estar altamente informado en cálculo y estadística. También había que aceptar el paradigma respectivo: aquel que planteaba que, para entender una economía –es decir, una  sociedad compuesta por una serie de mercados en constante interacción-, era preciso pensarla en términos de variables mensurables y en equilibrio, con relaciones  múltiples de las cuales solamente el cálculo diferencial puede dar cuenta. Tal alienación del resto de científicos sociales sobre el papel de la economía en el desarrollo hizo que los dos tipos de discursos –el de los economistas neoclásicos (2) con sus modelos matemáticos y el de los politólogos, sociólogos, etc. con sus planteamientos discursivos- se divorcian casi por completo, sin que unos y otros se leyeran o considerasen relevante lo que los otros hacían. Y tal alienación se ha exacerbado por el hecho que la economía sea la única ciencia social cuyos aportes se exaltan con un Premio Nobel anual, otorgados por la Academia Sueca. Efectivamente, ni la sociología, ni la ciencia política, ni la antropología, ni la historia, etc., han sido considerados merecedoras de este importante galardón.

Incluso el planteamiento económico del desarrollo ha prevalecido por la capacidad de los economistas de entender su razonamiento hacía áreas del saber que tradicionalmente eran tratadas por otras ciencias sociales. Así, las economías de la salud, de la educación, de la asistencia social, de las instituciones, o la perspectiva económica de la familia, la demografía y las leyes son planteamientos prevalecientes y “autorizados”  para analizar aquellos fenómenos. Adicionalmente, la prestación de servicios sociales  como salud, educación o vivienda es vista bajo la perspectiva de un análisis de los mercados. Ejemplos de categorías teóricas económicas que se han extendido al análisis del acceso a los servicios sociales como educación, salud y seguridad social; al estudio del funcionamiento del Estado, de las instituciones y de las leyes (3) y hasta en las formas en que operan el liderazgo y la democracia (4): asimetría de la información -una condición en la que algunos miembros tienen más información que otros, lo cual les da una ventaja que resulta en desigualdad-, externalidades –el efecto que las decisiones de unos tiene sobre otros cuyos intereses no fueron tomados en cuenta o que no tuvieron opción de elegir-, riesgo moral –el gasto excedentario generado por las características o el comportamiento de los miembros de un grupo asegurado- o buscadores de renta –aquellas personas que obtienen beneficios de un programa o de la sociedad en su conjunto sin haber hecho el correspondiente esfuerzo en inversión o en el trabajo.

IV. Organismos Internacionales (Banco Mundial y FMI) y la Teoría del Desarrollo.-

De los organismos internacionales creados específicamente para propiciar el desarrollo, los dos más importantes son el Banco Mundial y el FMI pero no son los únicos. Hay que mencionar a los bancos regionales de desarrollo (Interamericano, Centroamericano, Asiático y Africano) y los diversos organismo de Naciones Unidas, especialmente, el más importante por la temática que se esta desarrollando es el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD). Lo ya dicho, la hegemonía del enfoque económico ha prevalecido en ellos, aunque su propuesta ha variado con el tiempo. Algunos conceptos han sido dominantes en distintas décadas: durante los años sesentas, el de la necesidad de llegar a la modernidad, ligado al “despegue” económico de Walt Rostow (5); en los setenta, el de la teoría del capital humano y la inversión en programas que mejorasen los niveles de salud, educación, nutrición y vivienda, para el campo, la propuesta de desarrollo rural como un paquete integrado de acciones en tecnología agropecuaria, crédito, asesoría  técnica y organización comunitaria  como alternativa a reformas agrarias fallidas; en los ochenta y noventa, los préstamos de ajuste estructural y la reforma y modernización sectorial en educación, salud y otros sectores.

Pero quizás el hecho que más pesó en el poder que las dos entidades ejercen sobre los países más pobres fue el nivel de endeudamiento de muchos de ellos y la dependencia de sus créditos. Al operar de manera mancomunada desde los ochenta del siglo pasado, los dos pasaron a jugar un papel determinante en los países pobres: el Banco Mundial adoptando la visión  monetarista del FMI y los países recibiendo las recetas que algunos de los dos organismos ofrecían a cambio de recibir alivio en su endeudamiento  o de beneficiarse con empréstitos en sumas que sobrepasaban sus posibilidades fiscales. De tal manera, las políticas definidas desde Washington para América Latina –expresadas en el Consenso de Washington- se repartieron en todo el mundo como la doctrina del desarrollo. Uno a uno, los países más pobres transformaron sus sistemas de salud, de educación, de pensiones, de vivienda y asistencia social, al cambiar su oferta pública  de servicios por esquemas de aseguramiento con participación de entes privados. Las reformas que se propusieron como condiciones para el desembolso de préstamos fueron en algunos casos impopulares y, en otros, imposibles o políticamente desastrosos  
 
V. Latinoamérica y la Teoría del Desarrollo: las Comisión Económica Permanente para
     América Latina (CEPAL) y la Teoría de la Dependencia.-

En este contexto es importante mencionar el papel jugado por los aportes de la región latinoamericana a la Teoría del Desarrollo. Durante años, la Escuela estructuralista o cepaliana predominó como teoría y como política económica que defendía los intereses de los países de la región. Sus teorías hermanas, la de la dependencia y la teología de la Liberación, con mayor contenido sociológico y moral fueron igualmente efectivas para cuestionar las relaciones de dependencia entre los países industrializados (centro) y los no industrializados (periferia). La Industrialización por Sustitución de Importaciones (ISI) fue muy efectivo en propiciar el desarrollo de las industrias y los mercados nacionales después de la Segunda Guerra Mundial, y el dedo acusador de la asimetría  de poder que se manifestaba en los términos de intercambio del comercio internacional es todavía vigente hasta nuestros días. Empero, hacia finales de los setenta, el modelo de sustitución de importaciones propiciado por la CEPAL se había agotado y el pensamiento económico para la región dejó de estar en Santiago de Chile –donde aún se halla la CEPAL- para trasladarse a Washington. Habrá que ver si los cambios políticos registrados en la región desde comienzos del nuevo siglo podrían incidir en una reversión de esta tendencia.

VI. Desarrollo Humano Sostenible (PNUD) = Desarrollo Sostenible o Sustentable +  Desarrollo
     Humano: ¿Emergencia de un Nuevo Paradigma del Desarrollo?.-

Tres hitos han marcado el quiebre del paradigma sobre el desarrollo prevaleciente hasta finales de la década de 1980: la creación de movimientos sociales antiglobalización con amplio alcance en la movilización de las masas, el movimiento ambientalista y el cuestionamiento del desarrollo como crecimiento de la economía.

Los noventa fueron años de gran movilización política  en contra del desarrollo, al menos en contra del desarrollo entendido como la expansión del capitalismo y la consolidación de las recetas neoliberales. Manifestaciones multitudinarias paralelas a la realización de reuniones de los países más ricos –el llamado G 7 y después G8 o la reunión anual en Davos del Foro Económico Mundial (FEM)-, la Asamblea de Gobernadores del Banco Mundial y del FMI y la creación del Foro Social Mundial fueron las respuestas de movimientos sociales mundiales en contra de la propuesta de desarrollo prevaleciente.

Aunque se consolidó con fuerza recién treinta años después de fundadas las entidades internacionales encargadas de propiciar el desarrollo, la perspectiva ambiental introdujo dos reflexiones fundamentales. Primero, cualquier unidad productiva  (una fábrica, una ciudad, un país) afecta su medio ambiente inmediato y el menos inmediato; por lo tanto, los problemas de las comunidades y de su territorio, por más que piensen en pequeño, están insertos dentro  de un ecosistema mundial y planetario, y afectan  directa e indirectamente a todos. Segundo, el camino del desarrollo planteado en la actualidad conlleva la destrucción del planeta y es urgente repensarlo. Esto conduce a cuestionar el afán de expansión del capital y su búsqueda de rentabilidad por distintos caminos, pues todo pone en peligro la estabilidad del medio ambiente y la futura supervivencia de todas la especies del planeta.

Como consecuencia de todo esto el movimiento ambientalista creo la categoría teórica desarrollo sostenible o sustentable que con el pasar de los años paso a convertirse en una Teoría. Ya en 1987 con el texto Nuestro futuro común, más conocido como Informe Brundtland, pero sobre todo con la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Medio Ambiente y Desarrollo realizado en Río de Janeiro en 1992, es que el desarrollo sustentable adquiere una carta de ciudadanía global.

El recusamiento de la concepción  de desarrollo como crecimiento económico tuvo sus mayores exponentes desde otras entidades internacionales, como los organismos de Naciones Unidas. Desde el ajuste con rostro humano  de la UNICEF o el desarrollo sostenible o sustentable en los años 80 del siglo XX hasta el desarrollo humano del PNUD en los noventa. Estas entidades plantearon abandonar el foco  de su intervención en el desenvolvimiento del ingreso,  para concentrarse en el elevamiento de las potencialidades humanas, en la búsqueda de mejores condiciones de vida y en el ataque a la desigualdad social y a la exclusión. Y en este punto es necesario mencionar el tremendo impacto que produjo las teorías económicas de Amartya Sen para quien el desarrollo tiene que ser conceptualizado en última instancia como una forma de libertad. La Teoría de las Capacidades de Sen fue hecha suya rápidamente por el PNUD quien en 1990 elaboro ya el primer Índice de Desarrollo Humano (IDH) y que hoy se ha convertido en la principal herramienta que mide el grado o nivel de desarrollo de todos los países. El IDH básicamente se centra en tres aspectos: educación, salud e ingresos.

Por último, y como no podía ser de otra manera, el PNUD relaciona la Teoría de las Capacidades de Sen con la Teoría del Desarrollo Sustentable o Sostenible de los ambientalistas y da nacimiento a la Teoría del Desarrollo Humano Sostenible con lo que se logra unir las dos formulaciones teóricas más importantes sobre el desarrollo y proporciona la formulación más completa que se haya construido y que constituye hoy el paradigma dominante y hegemónico en todos los espacios donde se aborda la problemática del desarrollo.

En el nuevo milenio, el Banco Mundial se ha visto asediada por todos los frentes –el movimiento antiglobalización, los ecologistas, la izquierda, antiguos vicepresidentes como el economista Joseph Stiglitz o premios nobeles de economía como Paul Krugman, antropólogos culturalistas, el movimiento juvenil de los indignados y una plétora de otros científicos sociales-, que tuvo que replantear su quehacer en varios ámbitos. Así, sus funcionarios decidieron: a) definir su misión ya no como la de propiciar el desarrollo, sino como la de erradicar la pobreza; b) plantearse problemas que afectaban el desarrollo, como el papel del Estado y las instituciones a través de la gobernabilidad; c) propender por el empoderamiento de los pobres y de las mujeres y ver a los usuarios de los servicios sociales como sujetos de derechos; d) propender por una mayor cavidades la voz de los beneficiarios en la definición e implementación de los programas y políticas; y e) asegurar mecanismos de rendición de cuentas de quienes manejan recursos y programas públicos.

VII. Conclusiones.-

“El Desarrollo Humano Sostenible es el incremento de las capacidades y las opciones de la gente mediante la formación del capital social de manera que satisfaga equitativamente las necesidades de las generaciones actuales sin comprometer las necesidades de las generaciones futuras”
(Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo-PNUD)

El discurso sobre el desarrollo tiene un carácter marcadamente etnocéntrico o para ser más precisos eurocéntrico. Así, la Teoría del Desarrollo tiene un espacio y un tiempo preciso y determinado: el tiempo, mediados del siglo XX; el espacio, los países más ricos que proponen a los no ricos seguir su sendero. Por consiguiente, se puede afirmar que estamos ante un discurso históricamente situado. Si bien de desarrollo solo se habla con propiedad desde fines de la II Guerra Mundial –especialmente en los eventos que estuvieron alrededor de los organismos de Naciones Unidas, hacia 1945- varios de los planteamientos anteriores sobre cómo lograr el progreso, la modernidad, la civilización, etc. van ciertamente en la misma dirección que aquellos que proponen la ruta del desarrollo. Por esta circunstancia son tremendamente valiosas las teorías económicas y sociológicas latinoamericanas y que deberían ser retomadas más aún ahora en que por primera vez se ha concedido el Premio Nobel a un economista de un país pobre por justamente tratar problemas de los países pobres (Amartya Sen).

Finalmente, en estos momentos es totalmente lícito preguntarse si el desarrollo tal como fue planteado por los economistas neoclásicos ha llegado a su fin, aunque quizás la Teoría del Capital Humano de Gary Becker y Theodore Schultz, deba ser tomado en cuenta y mejorado. Es posible que el paradigma del desarrollo tradicional u ortodoxo tenga sus días contados, porque además de ser cultural y políticamente imperialista, defiende en última instancia los intereses del capital y ha producido graves daños al medio ambienta. El nuevo paradigma  podría ser uno que proponga que hay que abandonar un solo camino del desarrollo y que, en cambio, se debe emprender una estrategia de rutas múltiples, definidas desde las mismas sociedades. Si esto pasara, entonces es  posible que el desarrollo se democratice y se renueve de tal manera que sea capaz de ofrecer modalidades y alternativas para que un mejor nivel de vida sea posible para todos los seres humanos que habitan en la Tierra.

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(1). El siguiente ensayo fue redactado con el fin de que sea una ayuda para todos los asistentes a la conferencia “Doctrinas Económicas y Modelos de Desarrollo” organizado por la Escuela Mayor de Ciencia Política el 22 de marzo del 2012.
(2). Cuando hablamos de economistas neo-clásicos en realidad nos estamos refiriendo a tres grupos muy concretos: El primero, conformado por Carl Menger, Wilfredo Pareto, Alfred Marshall, William Jevons y León Walras. El segundo, constituido por la autodenominada Escuela Austriaca: Friedrich von Hayeck, Ludwig von Mises, etc. Y por último, la tercera, la Escuela de Chicago: Milton Friedman, Robert Lucas, etc.
(3). En el caso del derecho es digno de mencionar el papel que ha jugado la teorías de Douglass North y que  es conocida como Economía Institucional: El nacimiento del mundo occidental: una historia económica, 900-1700 (Madrid: Sigo XXI, 1978), Estructura y cambio en la historia económica (Madrid: Alianza Editorial, 1991) y El marco institucional para el desarrollo económico. Gran charla magistral por el Premio Nobel de Economía 1993 (Lima: Instituto Apoyo y Banco Interandino, 1993).
(4). La influencia de la economía en la ciencia política tienen un primer antecedente con Joseph Schumpeter cuando utilizando la microeconomía pero para ser más precisos la Teoría de los Precios (Teoría de la Demanda más la Teoría de la Oferta) da una nueva conceptualización de la democracia (Capitalismo, socialismo y democracia. Barcelona: Orbis, 1983) pero sin duda es Anthony Downs quien fue el primero en aplicar los criterios propiamente económicos al comportamiento electoral de los votantes (An Economic Theory of Democracy. New York: Harper Row, 1965. 310 pp.). Otros autores que impulsaron esta corriente economicista en la ciencia política contemporánea son Mancur Olson, Kenneth Arrow, James M. Buchanan, Raymond Aron, Gordon Tullock y William Ricker.
(5). ROSTOW, Walt (1960). Política y etapas del crecimiento. Barcelona: Dopesa, 1972.

El Informe Brundtland, 1987-2012

El Informe Brundtland (Dra. Gro Harlem Brundtland) es un reporte socio económico y ambiental presentado luego de la Comisión Mundial del Ambiente y el Desarrollo celebrada en Tokio, Japón, en 1987. El mismo evidencia en síntesis los problemas ambientales globales y propone una serie de medidas que deben ser consideradas para revertir el proceso. El Informe Brundtland se destaca por abordar oficialmente, por primera vez, el concepto de desarrollo sostenible.

Hace poco más de 25 años la Comisión encabezada por la Dra. Brundtland advertía sobre el profundo cambio en la relación “ser humano – planeta” durante el siglo XX, destacando como el crecimiento demográfico desmedido y el aumento en el uso de la tecnología estaban provocando una alteración evidente en la atmósfera, el suelo, el agua, la flora, la fauna y las relaciones entre todos estos elementos. Numerosas circunstancias (sobreexplotación de recursos en América latina y África, degradación del suelo y la agricultura ligada a pesticidas, la catástrofe de Chernobyl y la destrucción de la capa de ozono) alentaban la hipótesis de que la humanidad había alcanzado el límite en su relación con la naturaleza, por lo que era necesario desarrollar de forma concreta y realista acciones para combatir estas temáticas alarmantes.

Paralelamente en aquellos años también se enfatizaba “la frustración” ante los intentos inocuos de instituciones políticas y económicas para adaptarse y sobrepasar las dificultades en conjunto. La eterna discusión de quién debía pagar los platos rotos en materia de medio ambiente recién comenzaba a gestarse y las responsabilidades lejos estaban de ser compartidas. No obstante, en medio de este panorama conflictivo, como una bocanada de aire fresco aparece por primera vez de forma oficial el concepto de “desarrollo sostenible”, una nueva forma de concebir el desarrollo post Rostowiano.

En Informe en 1987.

Partiendo de la premisa de que “el desarrollo toma lugar en cualquier lugar donde el hombre es activo”, el término aparece como un vocablo superlativo y conceptualmente político a nivel global. El mismo, se apoya en la voluntad por crear el cambio, con necesidades ambientales, sociales y económicas que deben ser concebidas y ejecutadas en un proceso integral de desarrollo. En clara oposición a las metodologías imperantes el concepto de “desarrollo sostenible” implica además el progreso humano como avance social, base logística de una nueva era industrial. Además, como una premisa léxica aparece en su esencia el concepto de “solidaridad” en el espacio (unirse regionalmente para combatir problemas comunes) y en el tiempo (no comprometer los recursos de las generaciones futuras).

Por el lado ejecutivo, en contrapartida de los numerosos problemas geopolíticos, la Comisión Brundtland apelaba al compromiso de la población (actor siempre secundario) en todos los niveles, argumentando que la educación en término amplio es fundamental para cambiar las actitudes en cada punto del planeta. Para ello era necesario difundir la información y por tanto, contar el apoyo de los medios de comunicación de masas pero también de padres y profesores y de todas las personas informadas.

Ya en 1987 el Informe subrayaba la importancia de los años a venir, cruciales para romper con el pasado y acabar con los mismos métodos de desarrollo que solo han ayudado a incrementar la inestabilidad. Como un deseo más que una previsión, el documento preveía “una transición exitosa hacia el desarrollo sostenible en el año 2000 y más allá” lo que “requería de un cambio masivo en los objetivos sociales”. Para lograrlo el Informe Brundtland preconizaba:

1- Revivir el crecimiento (la pobreza es la mayor fuente de degradación ambiental).
2- Cambiar la calidad del crecimiento (equidad, justicia social y seguridad deben ser reconocidas como metas sociales de máxima prioridad).
3- Conservación del medio ambiente (agua, aire, suelo, bosques)
4- Asegurar un crecimiento demográfico sostenible.
5- Reorientar la tecnología y el manejo de riesgos.
6- Integrar el medio ambiente y la economía en los ámbitos de decisión.
7- Reformar las relaciones económicas internacionales.
8- Reforzar la cooperación internacional.

El Informe en 2012.

Como una paradoja, 25 años después, el Informe Brundtland sigue vigente y muchas de sus consideraciones siguen aún sin resolverse, tanto, que el mismo podría haber sido concebido perfectamente en 2012 y pocos notarían la diferencia. La pregunta es ¿hasta que punto es factible evaluar los problemas ambientales globales coherentemente, cuando la mentalidad de análisis costo-beneficio carece aún de responsabilidad y solidaridad?.

Compartir la convicción de la Comisión “Brundtland” de que es necesario construir un futuro que sea más próspero, más justo y más seguro para todos; sosteniendo y expandiendo las bases ecológicas para el desarrollo es naturalmente posible. Solo hay que convencer y convencerse de que es imperioso trabajar para el medio ambiente y no con el medio ambiente.

En 1987 el Informe subrayaba que “lo que hoy podría parecer difícil o imposible puede ser posible en el futuro”. Estamos a tiempo no solo de aprender o pensar, sino a actuar en consecuencia, 25 años después

 
 
 

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