Una tenue luz nocturna alumbraba su mirada, sus gestos, palabras, oraciones y manos, que no tiemblan. Era una noche de garúa fina y fría en la Lima que nunca llueve. Era en la casa del Patriarca esta cita. “Hola ¿Por cuántos votos perdiste?” le preguntó directamente a Andrés Tello, quien fuera candidato a la Presidencia por la Región Lima-Provincias. “Seis votos compañero” le contesto. “¡ENTONCES ESO FUE UN FRAUDE!” le contestó casi gritando, enojado, mientras intentaba abrazar a Tello. No pudo dado el tamaño de Andrés. Solo lo tomó del brazo y lo acompañó hasta su sala, donde lo sentó junto a él.
Ya estaban casi todos. Entonces Mauricio Múlder se puso de pié y los demás callaron para escuchar al Secretario General del APRA, un encargo que encierra mucho respeto y de historia en la fraternidad aprista. Un encargo que en muchos casos, ha conocido la prisión y la muerte en los gobiernos de dictaduras manejadas desde la plutocracia. Mauricio habló de Mercedes Cabanillas, allí sentada y emocionada. Luego hablaría ella, agradeciendo a la Célula Parlamentaria y al Comité Ejecutivo Nacional presentes en esa reunión, el homenaje y reconocimiento a la labor de la mujer aprista en el Congreso Nacional.
Entonces le toco el momento al Patriarca, el “responsable territorial” según sus propias palabras ya que estábamos en su casa. Recordó una página casi olvidada de “Meche”, la incertidumbre del 5 de Abril de 1992 en que asumió la conducción del partido. No era una apología, era el saludo a una de las pocas mujeres en el APRA que “ha logrado la gran responsabilidad de conducir el país desde la Presidencia del Congreso Nacional, faccionado y sin mayoría aprista. Ese es el gran mérito de Meche” dijo el Patriarca.
“Pero hoy también es el cumpleaños de Wilder Calderón” anunció al finalizar. El Congresista por Áncash se sorprendió. Los saludos ahogaron el protocolo y la formalidad. Pasamos al jardín para cantar los valses en la voz heráldica de Enrique Cornejo y los cantares de la juventud de Nidia Vilchez con huaynos que retrata nuestros pueblos.
Con “Tayo” Barreda y Andrés Tello seguíamos al lado del Patriarca, iniciando una conspiración de alegrías cómplices, provocando unos golpes de risa ante la sorprendida mirada de los demás. Eran las anécdotas del joven clandestino y Patriarca. El de las balas, el de las horas de sangre y sudor, porque no había tiempo para las lágrimas. Fue una breve y hermosa lección de historia aprista que no se podrá hallar en ningún libro, ni en la mejor conferencia y que los patriarcas saben que no pueden ni deben dejar escrito.
No hubo un gesto de tristeza. Sus relatos iban salpicados de una profunda convicción y sobre todo de satisfacción. En un momento lo miró a Tayo Barreda. “Dile a tu mamá que quiero ir a visitarla”. “No hay problema compañero Armando, cualquier día de estos la traigo” contestó Tayo. “¡No!” contestó severamente el Patriarca. “Ella es una dama y yo tengo que ir”. Luego de ello y un costado “Tayo” me dijo “pero… pensé que no la recordaba”.
Nos contó los detalles de cuando fue deportado alguna vez y como su regreso clandestino fue aclamado y celebrada por todos los diarios en el Perú. Y es que retornaba un barco con el equipo del Alianza Lima que había jugado en Chile, el famoso “Rodillo Negro”. “Lolo” Fernández, distinguido jugador del Universitario de Deportes, había reforzado al equipo y era uno de los pocos que sabía que un desconocido joven estaba retornando al Perú de polizón, pese al peligro que corría su vida. El entonces dictador Benavides, había ordenado a la policía política que lo maten donde encuentren al Secretario General de la FAJ.
Cuando arribó al puerto del Callao, Armando llevaba un terno prestado por el entrenador del equipo. El público que esperaba a los jugadores lo aplaudía, lo abrazaba, le pedía autógrafos, lo jaloneaba… y no lo dejaban tomar el taxi que lo debía sacar de tantos policías. Finalmente pudo salir y llegó a la casa de un familiar.
“¿Y tu que haces aquí? Tu madre te está buscando. Pobre mujer, como la haces sufrir”. La tía lo reprendió y no le daba tiempo para hablar. El joven clandestino estaba asustado por lo que le venía cuando llegue a casa. Apenas tuvo tiempo para decirle: “Tía… podría prestarme para pagar el taxi que me está esperando afuera”. Armando Villanueva no tenía ni para comer. Comió rápido y apresuro la partida. Recibió las recomendaciones y bendiciones de la tía y salió. No fue donde su madre, se fue a buscar a Víctor Raúl Haya de la Torre. El Jefe al verlo se sorprendió, lo tomó del brazo, lo acompañó hasta la sala de Incahuasi y lo sentó junto a él.
“Y tu que haces en México” me dijo. “Soy el soldado desconocido, compañero”. La risa fue total y nuevamente sentimos la mirada de todos. Nos explicó del México Laico de Benito Juárez y que Víctor Raúl Haya de la Torre lo tomó como vertiente ideológica para lo del 23 de Mayo de 1923 en que se quiso imponer el Sagrado Corazón de Jesús al Perú sin respetar a los peruanos con otras creencias, “…como si en el Perú la católica fuera la única religión. Por esto se le atacó a Haya de ateo. El jamás fue ateo. Esa fue obra de nuestros enemigos”
- Yo si soy ateo. Dios no existe - dijo Armando- pero creo en Cristo fervorosamente. Me siento un ateo-cristiano.
- Dios es cuestión de perspectiva compañero - le dije -, César Vallejo en su poema “Masa” afirma que Dios es la voluntad de la humanidad entera.
- Ese es un poema antifranquista publicado en su libro “España, aparta de mi este Cáliz”. Uno de los mejores de Vallejo. En ella sacrifica la estética por el compromiso social y la ideología. Muy bueno Vallejo.
El Patriarca, de barba blanca y mirada traviesa también nos habló de Ramiro Prialé: “…un hombre que pocos conocieron su calidad de escultor en madera y su gran vocación de caricaturista. Los hizo por miles, pero ignoro donde puedan estar. Quizás sus hijos lo tengan”.
Había llegado la hora de la despedida y debíamos dejar el hogar del Patriarca. Solo hasta ese momento pude entender porque mi padre nos repetía “el tiempo es el peor enemigo del hombre”. Era más de las doce de la noche. La nieta adorada de Armando se había parado a nuestro lado con una carita de pocos amigos, diciéndonos con su mirada que terminemos la conversación. El Patriarca se puso de pie, pero aún tenía otra revelación. No se quería ir, nosotros tampoco. “Yo le escribí un Soneto a Ramiro” nos dijo. Entonces se puso a declamarla completa, apoyado en su bastón y acompañándolo de gestos que solo podría verse en un actor profesional, agitando su mano libre en cada expresión. Era una oración. Condensaba el valor moral intenso de Ramiro, dirigiéndole ese canto a su amigo y compañero gravado en aliento sintiéndolo vivo y a su lado.
Tuvo que venir su esposa Lucy para decirnos que “tenía que descansar”. Al despedirnos Andrés Tello saludó su lucidez y Armando Villanueva, con esa agilidad que siempre lo caracterizó, agregó: “Las lagunas freudianas. Esas son las únicas que toda la vida he padecido”. La risa nuevamente fue total.
20Jul, 2007 -Víctor Raúl Huamán
aula_magna@yahoo.com |